42 #2
El sol estaba en lo alto, no era la mejor hora para estar allí, sin embargo, las olas eran tentadoras y no había hecho surf en meses, moría de ganas de hacerlo, observé a Rick, no parecía convencido, esperaba no haberlo presionado de hacer algo que él no quería.
- Concéntrate, – le ordené – comenzaremos en la orilla, es más fácil, cuando te sientas más en confianza iremos un poco más adentro, con olas más grandes.
Nos deslizamos sobre la tabla y nadamos, le indiqué cómo hacerlo, le di el ejemplo de cómo ponerse de pie y dejar que la ola te empujara, le tomó algo de tiempo, pero logró imitarme, se cayó un montón de veces a falta de equilibrio y yo me reí cada vez.
- Cuando decías que eras malo lo decías en serio. – reconocí en voz alta.
- Tengo hambre. – me dijo después de un rato.
- Vamos a comer y luego volvemos.
El asintió, almorzamos alrededor de las dos de la tarde, fuimos a comer al hotel en el que se estaba hospedando, nos pasamos riendo todo el rato, dejamos pasar una hora después de la comida para hacer digestión y volver al mar, hacer surf con Rick se sentía diferente a Jesse, que era muy bueno montando olas, nos dejábamos guiar por la adrenalina y nos divertíamos mucho, con Rick era más sencillo, sin competencia, más tranquilo, se sentía bien estar con él, se sentía correcto.
Rick y yo volvimos al agua, esta vez nadamos un poco más profundo, no sentí necesidad de explicarle, en cuanto miré la primera ola fui por ella, me puse en cuclillas sobre la tabla y me deslicé por debajo de la ola, me puse de pie con los brazos extendidos para mantener el equilibrio hasta salir por el otro lado, de la emoción deslicé la tabla para hacer una maniobra en el aire, al aterrizar de nuevo en el agua me agaché sobre la tabla para dejarme caer.
Mi cuerpo completo vibraba por la emoción de volver hacer eso, Rick estaba lejos de mí, nadaba en mi dirección, no podía evitar sonreír, me sentía feliz, estaba feliz de estar con él, de que él pudiera verme no solo triste y destruida, sino también feliz y salvaje.
- Eso estuvo increíble. – me dijo estando cerca.
Quería besarlo, deseaba lanzarme sobre él y besarlo, en ese momento no me cabía dudas, lo quería, quizás no estaba locamente enamorada como alguna vez lo estuve de Jesse, pero ya no podía negar que mis sentimientos por Rick eran reales y me iba a morir con ellos, porque él y yo nunca seríamos nada.
- Gracias – le dije – ¿Quieres intentarlo?
El asintió, hizo un par de intentos y en ninguna ocasión fue capaz de mantener el equilibrio suficiente para pararse, después de varios minutos las olas dejaron de ser buenas, así que tuvimos que esperar un buen tiempo, lo que nos sirvió para descansar, cuando vi que se acercaba una ola bastante grande no dude en tomarla, nade rápidamente, me puse de pie, pase por debajo, la ola se sintió infinita, posiblemente la más larga que haya montado jamás.
Estaba tan emocionada que casi al final la misma ola terminó botándome, cuando volví a la superficie grité de emoción, me sentía la reina del universo, capaz de todo, gire a mi alrededor, no veía a Rick, comencé a gritar su nombre, de pronto me sorprendió saliendo del agua a mi derecha.
- Aquí estás. – dije.
- Estabas tan distraída que no me viste nadar hacia ti.
- Podría hacer esto por horas, dentro de poco se pondrá el sol ¿quieres quedarte? – él asintió.
El agua golpeó nuestros cuerpos mientras nos sosteníamos de nuestras tablas, nos sentamos sobre ellas y esperamos la puesta del sol, observamos en silencio mientras el cielo se tornaba de diferentes colores, el sol fue bajando despacio, era solo una gran bola de fuego color naranja que brillaba a lo largo dejándonos ciegos y robándonos el corazón.
- Si pudieras elegir entre ser amanecer o ser atardecer ¿Qué elegirías? – pregunté.
- Elegiría el atardecer.
- ¿Por qué?
- Porque en el amanecer no se perciben todos los colores, en cambio en el atardecer se pueden ver más.
- Así es como te percibo, – le dije – como el atardecer, no hay colores opacos en tu luz.
¿Qué estaba haciendo? No podía hacer eso, si seguía así pronto sabría lo que sentía, apenas lo acababa de descubrir para mí misma y ya estaba con declaraciones románticas, culparía al atardecer por dejarme llevar en el momento, me recosté sobre la tabla y comencé a nadar lejos de él hacia la orilla.
- Espera. – me llamó y yo lo ignoré.
Cuando llegue a la orilla note que él venia detrás de mí, aún le ganaba distancia así que corrí con la tabla en mi antebrazo hasta llegar al hotel, el sol casi se había puesto, dejé la tabla sobre la pared en una esquina, me obligué a respirar, tenía que irme, tenía que mantener distancia y olvidarme de esos sentimientos.
Rick me alcanzó, colocó la tabla junto a la mía, parecía confundido, no lo culpaba, lo dejé solo sin una explicación, pero no sabía qué razonamiento darle, estaba demasiado confundida yo misma, todo en mi cabeza era un revuelo, estaba tan bien un momento y al siguiente era como si acabara de pasar un terremoto.
- ¿Está todo bien? – me preguntó.
- Sí. – respondí.
- ¿Estás segura? – yo asentí.
Me dirigí a la ducha y dejé el agua correr, luego de unos segundos me metí dentro, Rick me observaba, era esa mirada otra vez, sus ojos cafés habían oscurecido, eso que notaba… ¿Era deseo? ¿Estaría volviéndome loca? ¿Él me quería tanto como yo a él? parecía imposible, pero tenía que comprobarlo.
- Ven aquí. – le pedí.
Rick se acercó despacio, sin despegar sus ojos de mi cuerpo, podía ver cómo me recorría con la mirada lentamente, observó mis senos, mi vientre, observó las marcas en mi piel, extrañamente no me sentí incómoda, no las veía como algo malo, sino como algo que añoraba, como si deseara tocarme, su mirada se perdió en mi boca y cuando estuvo cerca volvió a mis ojos.
Hubiera hecho una broma, diría algo como: hasta pareciera que me quieres besar. pero no solo dejaría al descubierto cuan nerviosa estaba, sino que me pondría en evidencia que tanto lo deseaba, di un paso atrás para dejarlo entrar a la ducha y cuando lo hizo tuve que cerrar los ojos varios segundos para controlar todo lo que me atraía hacia él, era una fuerza muy poderosa casi imposible de combatir.
Rick cerró la llave de la ducha, abrí los ojos y lo primero que me encontré fueron sus labios entreabiertos, listos para mí, pase por detrás de él en busca de su habitación, donde dejamos las toallas, porque muy tonta olvide traerlas con nosotros, él me siguió, me gire un segundo a verlo y note que sus ojos estaban en mi trasero, otra vez.
- Lo siento. – se disculpó de inmediato.
- Está bien – dije, él se colocó a mi lado.
- No tenías nada. – dijo.
- Ya sé, tengo un buen trasero. – él se rio y asintió.
- Jesse fue un tonto por dejarte. – dijo y yo me detuve de inmediato.
- Por favor no hablemos de Jesse, – pedí – estoy cansada que todos quieran hablar de él, como si fuese la única cosa que pasa en mi vida.
- Lo siento, no sabía que te molestaba.
- Está bien, entiendo que Jesse fue importante, pero no lo es todo, Jesse ya no forma parte de mi vida, quiero ser yo, libre, dispuesta a enamorarme otra vez. – ¿Por qué carajos dije eso?
- No lo volveré a mencionar.
Seguimos andando hasta llegar, él abrió la puerta, me dejó pasar primero, tomé la toalla que estaba sobre la silla y me limpie el cuerpo, tenía su olor, debió ser la que uso antes para ducharse, él entró en el baño y salió con una toalla limpia para secarse el cuerpo, luego se dejó caer sobre la cama y me pidió que me acostara a su lado, fui del otro lado para quedar frente a él.
- ¿En qué piensas? – pregunté.
- En lo bien que la pasé hoy, no me había divertido tanto en años, – sonrió – estoy sorprendido con lo hermoso que es este país, pensaba que era diferente, ya sabes, como lo que ves en las noticias, un país pobre en guerra, no esperaba este paraíso natural, podría decir que este ha sido el atardecer más bello que he visto en la última década, espero que podamos volver en otro momento.
- Yo también.
- ¿Y tú en qué piensas? – preguntó.
Pienso en ti, en lo atractivo que me pareces, en lo bien que se siente estar juntos, en lo mucho que deseo besarte. Pensé: ¡bésalo! Con la voz de Samanta resonando en mi cabeza, le gustas también la de Fátima. Rick me observó con anhelo, estaba a pocos centímetros de mi ¿Cómo te digo lo que está en mi mente?
No podía resistirlo más, iba a morir si no lo hacía, estar enamorada de él se sentía como tener un ataque al corazón, prácticamente no puedes moverte, tu cuerpo se queda rígido, sientes un dolor terrible en el pecho, todo se vuelve borroso, te sientes mareada, casi nauseabunda, cuesta respirar y era como si el mundo se fuera a acabar si no lo besaba ahí mismo, así que me acerque despacio, cerré los ojos, pero mis labios nunca tocaron los suyos, cuando mis párpados se abrieron nuevamente, note a Rick alejarse de mí, se me cayó el corazón a los pies, me estaba rechazando ¿Qué había hecho? ¡Dios mío! ¡Era una estúpida!
Me levanté rápido, gravemente arrepentida, jamás debí haber escuchado a mi hermana o a Samanta ¡Por Dios! Que equivocadas que estábamos, Rick se levantó también con vergüenza por haberme ofendido, mire las disculpas en sus ojos, cuando la que debería de disculparse era yo, pero no logre hacerlo bien porque quería llorar.
- No… – dijo Rick.
- No, – interrumpí – por favor perdóname, no sé qué me pasó.
- No, no, no quiero… No pienses… – Rick intentaba buscar las palabras, pero solo balbuceaba.
- Lo sé, ha estado mal ¡Por Dios!
Él intentó decir algo, pero de pronto su teléfono comenzó a sonar, ambos volteamos a verlo, era su padre, se disculpó y contestó el teléfono, su rostro se tornó serio, no logre escuchar lo que decían del otro lado, solo lo escuche a él.
- ¿Está bien? – preguntó asustado, luego su rostro palideció y fue como si su alma hubiese abandonado su cuerpo – Está bien, gracias por decirme. – y colgó, él no me miró a los ojos en ningún momento.
- ¿Está todo bien? – pregunté.
- Beverly, – dijo casi ahogado – ha muerto.