Jesse's girl 42
81%

42

Amy

En todo el camino de regreso no dije nada, Samanta propuso tomarnos unas cervezas para celebrar, pero yo no me sentía de ánimos para eso, les dije que acompañaría a Rick a cenar y los encontraría después. Rick y yo fuimos a un restaurante con vistas al mar, cenamos en silencio, como si el entendiera que necesitaba espacio, no intentó hacer conversación y cuando me sentí lista le conté todo lo que mi madre me había revelado.

- Lo siento mucho. – me dijo.

- ¿Sabes que es peor? Que no me siento triste por no haberlo conocido, siento que soy un ser humano horrible.

- No lo eres. – aseguró

- Quería perdonarla, quería decirle que la perdono y no pude hacerlo.

- Eso tampoco te hace un ser humano horrible. – dijo.

- ¡Púchica! He olvidado llamar a Fátima. – recordé en voz alta.

Me levanté de la mesa y le marque a mi hermana, cuando me respondió me dijo que Wanda le envió un mensaje contándole lo que pasó y que había estado llorando desde entonces, yo le conté la conversación con mi madre y ella no dijo nada al respecto.

- ¿Por qué no me dijiste que ella fue la que te ayudó a conocer a tu padre? – le pregunté.

- Porque tú no querías saber nada de mamá, siempre que la mencionaba te ponías de mal humor, – guarde silencio porque era verdad – y ahora que te ha dicho eso ¿vas a volver a hablar con ella?

- No lo sé. – admití.

- Mamá está sufriendo mucho, ella te quiere, también te extraña, lamento lo que pasó con tu padre.

- No importa, – le aseguré – en realidad mi padre nunca me hizo falta y nunca lo necesite, siempre tuvimos al abuelo.

- ¿Cómo te sentiste al verlo de nuevo? – preguntó preocupada.

- Al principio sentí miedo, pero después al ver lo mucho que protegió a Wanda, recordé todos los buenos momentos y sentí que hasta podría perdonarlo.

- ¿Y no sentiste eso con mamá?

- Con mamá es diferente, creo que me cuesta más dar ese paso porque es quien más me duele, me sentí más traicionada por ella.

- Voy a estar orando por ti ¿y ahora dónde estás?

- Con Rick, estamos cenando.

- Me lo saludas y te lo comes de paso. – sugirió.

- ¡Fátima! Estamos hablando de cosas serias.

- Y una cosa no tiene que ver con la otra, ese hombre viajó hasta nuestro país para estar contigo en este momento, ni Jesse hizo algo así, por cierto, Wanda lo llama “el moco” me pareció divertidísimo, bueno, ningún hombre haría algo así si no tuviera interés, a ese hombre le gustas y a mí nadie me va a convencer de lo contrario, pregúntale a Samanta, ella también tiene buen ojo para esas cosas.

- Ella también está igual de loca que tú, me tengo que ir, nos hablamos otro día, te quiero. – le dije.

- Adiós, te quiero.

Colgué el teléfono y volví con Rick a la mesa, me recibió con una sonrisa, de pronto sentí tranquilidad en mi vida, después de que mis emociones arrasaron como un tornado, mi mente parecía estar en calma.

- Mi hermana te manda saludos. – le dije. Y también quiere que nos enredemos. Pensé.

- Tu hermana te ha hecho reír, sé que sonará extraño que diga esto, pero me gusta tu familia, entiendo que son disfuncionales, pero las educaron a ti y a tus hermanas con mucho amor, ustedes se apoyan y se cuidan entre sí, sé que no me compete decir esto, pero siento que tú madre merece otra oportunidad. – dijo.

- Lo sé, hasta creo que ya la perdoné, pero me cuesta decirlo, por alguna razón no puedo hacerlo.

Terminamos de comer y lo despedí en su hotel, me sentí tan cansada que al llegar a casa de Samanta fui directo a su habitación, Wanda había decidido quedarse en casa de los abuelos, sabía que estaría bien, ahora ya nadie le haría daño, mi amiga se recostó en la cama junto a mí y me entregó una cerveza.

- Dije que no quería alcohol. – me quejé.

- Solo una – me guiñó el ojo – ¿Qué tal la cena con Rick?

- Bien.

Le conté todo lo que pasó a la salida de los juzgados y la conversación que tuve con Rick, le comenté sobre lo que había pasado en las últimas semanas poniéndola al día de todo lo que pasaba en mi vida, ella escuchó con atención y cuando terminé me dijo:

- Creo que Fátima tiene razón, creo que Rick siente cosas por ti.

- ¡Pero está casado!

- ¿Y eso que tiene? Quizás no quiere a la esposa, a lo mejor lo que tú ves son solo apariencias, quizás la esposa tiene un amante y por eso lo envió para acá, a lo mejor quiere probar si le sería infiel contigo.

- Tienes mucha imaginación. – le dije.

- Y tú también ¡viste! Lo único que necesitabas era perder tu virginidad, ahora ya hasta fantaseas con tu jefe.

- ¡Cállate! – me tape el rostro con las manos.

- Pero, aunque crea que le gustes no creo que debas hacer nada con él, en esto no estoy de acuerdo con Fátima, no me parece que te involucres con un hombre casado, si de verdad le interesas debe de hacer las cosas bien, que deje a su mujer y que te pretenda cuando este divorciado.

- No creo que eso pasé. – dije.

- ¿Por qué no?

- Porque él quiere a su esposa y ella a él, no es una fachada, estoy segura, además soy la ex de su mejor amigo, creo que sería raro si él me pretendiera.

- ¿Y si es amor verdadero? – preguntó y yo negué – amiga ¿y si es tu alma gemela?

- Tú eres mi alma gemela. – le apunté con el dedo.

- ¡Bésalo! – sugirió.

- ¿Qué pasó con “no involucrarse con hombres casados”?

- No involucrarse de: no vayas a tener sexo ni una relación a escondidas, no un beso que no significa nada – me aseguró – ¿Quieres que te bese para probarte que un beso no significa nada?

- No es necesario. – le aseguré.

- Entonces bésalo, así lo dejarás con ganas de más y te darás cuenta si en realidad quiere algo contigo.

- Un día iré al infierno por escuchar tus consejos.

Samanta también me contó sobre los avances de su nueva relación con el policía, había comenzado como nada serio, luego él le compró un anillo de promesa y todo se volvió más serio. Ella estaba comenzando a enamorarse, a pesar de tener miedo de salir lastimada, se estaba dando una oportunidad, le atraía la idea de casarse, su familia ya lo había conocido y les caía muy bien.

- Que gusto verte feliz, – le dije – odio haberme perdido todo esto.

- Ojalá pudiéramos existir las dos juntas en un mismo lugar por siempre, – dijo – te extrañé tanto.

- Yo también. – reconocí.

- No se siente igual a como cuando volvías de la universidad, cuando te ibas a estudiar por meses y luego volvías, siempre me encontraba con la misma Amy, ahora eres diferente.

- ¿A qué te refieres?

- Estás mejor, más refinada, más bonita, más segura, siempre has sido bonita, pero antes no eras muy consciente de eso, es como que por fin has descubierto quién eres y lo has hecho tu personalidad, todas esas cualidades por las cuales me caes tan bien ahora sobresalen y te definen.

- Es el efecto Jesse. – le repetí las palabras de Rick.

- ¿Aún lo quieres? – me preguntó y me encogí de hombros.

- Aún me duele, – dije – pero es extraño, porque en parte siento que pase por el duelo de terminar estando dentro de la relación, a veces me pregunto si lo que sentía era amor, muchas veces se sentía pasional.

- También el que no estén juntos debe de estarte ayudando a que lo superes ¿y con Rick cómo te sientes? ¿a él lo quieres?

- No lo sé. – dije, quizás solo seguía en negación.

- Más razón para besarlo, necesitas descubrir que sientes.

La mañana siguiente Samanta tuvo que ir al trabajo, así que yo me encontré con Rick para desayunar, vestía shorts y una camisa blanca, luego de dormir por casi diez horas me sentía de mejor humor, y tenía planeado un día de diversión para nosotros.

- ¿Cómo amaneces? – pregunté.

- Bien, la cama no es la mejor, me van a cambiar a otra habitación ¿deseas que reserve una para ti? – yo negué.

Caminamos sobre la arena hasta llegar al hotel donde tenían los mejores desayunos, comimos con una espectacular vista al mar, era la segunda vez que él probaba una de nuestras comidas típicas y le había gustado, era un buen día para hacer surf, las olas rompían cerca de la orilla, lo que garantizaba que no tendríamos que nadar profundo para hacer surf.

Terminamos de comer y pedí prestado una tabla de surf en el hotel para Rick, Wanda había pasado a dejarme la mía minutos antes, Rick aún no sabía que íbamos hacer hasta que le pedí que se pusiera su traje de baño.

- Vamos a hacer surf. – le indiqué.

- Pero si yo no sé hacer surf. – me recordó.

- Claro que sabes, aprendiste cuando estabas joven, solo tienes que recordar cómo se hace. – le dije.

- Hace más de quince años, – negó – esto es una locura.

- Vamos, toma la tabla, será divertido. – intenté animarlo.

- No voy a poder hacerlo.

- ¿Dónde está tu confianza? Vamos, no es tan difícil, yo te voy a ir guiando. – le animé.

- Está bien. – dijo resignado.

Primero me aseguré de que estuviéramos cubiertos con protector solar, le pedí que me pusiera un poco en la espalda mientras yo misma me colocaba en el resto del cuerpo, su mano estaba helada y me erizo la piel al sentirlo cuando pasó su mano por la parte baja de mi espalda.

Cuando me ofrecí a ponérselo a él, extendió los brazos, exprimí la botella en mi mano y coloque el líquido comenzando por su cuello, cuando llegue a su pecho, intente pretender que no estaba nerviosa, disimulé lo mucho que me estaba gustando tocarlo, sus ojos estaban todo sobre mi, pero me era imposible sostenerle la mirada.

- ¿Estás temblando? – dijo.

- Está helado, me entró algo de frío. – mentí y él sonrió.

Terminé de ponerle protector sin delatarme y fue una tortura, al finalizar nos tomamos un par de horas sobre las tablas en la arena para explicarle lo que íbamos a hacer e intentar practicar antes de meternos al mar, me tomé mi tiempo para revisar las tablas minuciosamente e identificar cualquier daño, observe especialmente las quillas, los sistemas de quillas y los cantos.

Milagrosamente ambas se encontraban en perfecto estado, lo que me hizo pensar que era posible que alguien ya las hubiera revisado antes y le hubieran hecho ajustes, me pregunté si mi madre tuvo que ver con los cuidados de la mía, le indiqué a Rick cuando fue momento de entrar al agua y él me siguió.