41 #2
- Hice lo que pude con el cabello, aunque ahora que no te has metido en agua salada por un largo tiempo se mira mejor que antes, pero lo que va a resaltar de ti es el maquillaje, me quedó perfecto. – parecía orgullosa de su trabajo.
Me despedí de ella y tomé un taxi hasta el hotel de Rick, fuimos a comer en uno de los restaurantes que estaban cerca, le pregunté a varias de mis amigas que me recomendaban y todas estuvieron de acuerdo que el de comida española era el mejor y obviamente solo quería mostrarle lo mejor a él.
Le envié un mensaje cuando estaba de camino, por tanto, me estaba esperando en la entrada del hotel cuando llegué, me bajé del taxi y el volvió a recibirme con un beso en la mejilla, luego caminamos hasta el restaurante, donde nos llevaron a una mesa para dos con una vista de lo más hermosa.
Rick, como el caballero que era jaló la silla para que me sentara primero, puse en práctica todo lo que había aprendido, desde la forma de sentarme hasta la postura y forma de expresarme, todo lo que en un principio me pesaba porque estaba sobrepensando en cómo hacerlo bien comenzaba a salir de mi con naturalidad sin si quiera darme cuenta.
- Te ves diferente ¿te has hecho algo en el cabello? – preguntó.
- Sí, lo he cortado, aquí los precios son más baratos en comparación con los de allá, también me arreglé las uñas, mi hermana me persuadió. – se las mostré.
- Están bonitas, – él sonrió – te ves muy alegre.
- Pensaste que me encontrarías echa un desastre ¿no? ¿creíste que terminar con Jesse me destruiría? – levanté una ceja.
- No, – parecía nervioso, casi tanto como cuando nos conocimos – es que, te veías tan enamorada.
- Lo estaba, pero ¿Qué haces cuando lo único que te queda es decepción? No voy a echarme a morir, tener el corazón roto no equivale a verme fea. – dije y le saqué una sonrisa.
- ¿No crees que el volverá a buscarte?
- ¿Y tú crees que volvería con él? Después de todas las mentiras, manipulaciones, las falsas promesas que nunca cumplió y todas sus infidelidades que solo causaron una gran inseguridad en mí, no gracias.
- Es difícil imaginarte sin él, – dijo mirándome a los ojos – tú fuiste su primera novia formal, el no tuvo la mejor introducción en relaciones, sus padres no fueron un buen ejemplo, todos sabíamos que él cometería errores, pero creo que esperábamos que tu… – negó.
- Escucha, no sé qué clase de expectativas tenían ustedes de mí, pero te diré las que yo tengo, no quiero ser conocida por ser la “primera novia” de nadie, tampoco quiero ser asociada ni reconocida como la novia de tal, no soy una extensión de nadie, soy una mujer que decidió estar con equis, ser la primera no me hace sentir especial, lo que hace especial a una mujer es ser la última y la única.
Los ojos de Rick brillaron iluminados por la lámpara que colgaba sobre nosotros, me miraba con gran admiración y hasta podría decir cierta adoración, lo había visto antes, cuando hablaba de su esposa, esa misma intensidad, cuando miraba a Beverly ¿Por qué?
- Es lo único que quise, – agregué – lo que quiero para mí.
- Estoy seguro de que lo tendrás.
El camarero nos interrumpió para preguntar si estábamos listos para ordenar, Rick ordenó una paella para dos y sangría, en cuanto quedamos solos volví a notar la forma en la que me estaba mirando, con fascinación, diferente a cuando nos conocimos que parecía que observaba a un animal de circo, esta vez había algo que no lograba descifrar.
- ¿Por qué me ves así? – pregunté de una vez.
- Es el efecto Jesse, – dijo con una sonrisa y yo lo observé confundida – esa seguridad que irradias es el efecto de conocer a Jesse, cuando lo conoces te hace sentir tan especial que tú te crees que eres especial, te empuja hasta sacar lo mejor de ti, hasta que te conviertes en la mejor versión de ti.
- Tienes razón, siempre habrá un antes y un después de Jesse, él marcó mi vida, aunque no del todo para bien, – sentí una punzada de dolor – no soy una persona que perdona fácil.
- Perdonarlo no significa que tengas que volver con él, – me recordó – sé lo que es que Jesse te decepcione, es la fecha y él aún me sigue fallando, pero Jesse es humano, en apariencias parece perfecto, pero no lo es, está lleno de defectos como cualquiera, cada vez que Jesse me falla recuerdo el proverbio 17, la parte que dice “El que fomenta el amor cubre la ofensa, pero el que repite el asunto separa a los amigos íntimos” (proverbios 17 9).
- ¿Cómo es que haces para citar la biblia de memoria? ¿lo practicas antes de salir?
- Iba mucho a la iglesia con mi madre, todos los domingos, influyó mucho en mi formación. – dijo.
- Es interesante, pensar que tenemos algo en común, también solía ir mucho a la iglesia con mi familia, todos los domingos, también crecí escuchando sobre el perdón, quizás no pueda citar la biblia como tú, pero tengo muchos recuerdos “perdonaos como dios os perdona” o algo así y ves cómo somos diferentes, porque tú puedes perdonar, pero yo no, justo estaba hablando de eso con Wanda antes de venir aquí, sobre perdonar a mamá, ni si quiera puedo perdonar a mi propia madre, mucho menos creo que pueda perdonar a Jesse.
- “perdonándoos mutuamente, como Dios os perdonó a vosotros en Cristo” – Efesios. – dijo.
- Lo ves. – el mesero se acercó y nos entregó las sangrías.
- No es fácil perdonar, a veces necesitamos ayuda ¿alguna vez has pensado en ir a terapia? – preguntó.
- No lo sé, digamos que lo he pensado, pero nunca lo he considerado a profundidad, más que nada porque la terapia cuesta dinero. – respondí.
- ¿Estarías dispuesta a ir si yo me ofreciera a pagarlo? – ofreció y yo asentí lentamente.
- ¿Tú ya has ido? – pregunté y él asintió.
- Luego de mi divorcio, fui a terapia por un tiempo, aún voy cada vez y cuando.
- ¿No es irónico que cites la biblia y luego en lugar de invitarme a ir a la iglesia me invitas a ir al psicólogo? – yo me reí y él negó.
- Mi madre sin duda te arrastraría a la iglesia, te diría que no sabes perdonar porque no tienes a Cristo en tu corazón. – dijo.
- Creo que es lo que diría mi abuela. – me reí con él.
Puede que fuera el alcohol, porque no había comido prácticamente nada durante el día por los nervios, puede que fuera que no había tenido sexo en más de un mes, pero comenzaba a ver a Rick de una forma inapropiada, me sentía atraída a él como persona, me gustaba estar en su compañía.
Terminamos la cena y nos despedimos, regresé con Wanda y tuve que contarle cómo me fue, al día siguiente ella y yo fuimos al hotel a recibir el auto de alquiler, Rick era el único de los tres que sabía manejar, al llegar al hotel nos encontramos con mi mamá, que estaba esperando a Wanda.
- Hola. – me saludó mi madre.
- Hola, él es Rick, – le presenté – Rick, ella es nuestra madre.
- ¿Es tu nuevo novio? – me preguntó.
No había ironía ni cinismo en su voz, era una pregunta sin malicia, sin embargo, me sentí un poco irritada, ella ya estaba asumiendo que no funcionó con Jesse y que estaba con alguien más, aunque quizás era el dolor detrás de esa verdad lo que me molestaba.
Me imaginé diciéndole que sí, me pregunté si Rick me seguiría el juego, a pesar de estar tentada por la idea, decidí no hacerlo, las situaciones de novios falsos solo funcionaban en las novelas de romance que leía, Rick me observaba esperando que tradujera en su idioma, mi madre ni si quiera había sido educada para saludar primero.
- No, él es un amigo, está aquí para apoyarme y defenderme, ya sabes, por si el abuelo intenta volver a pegarme y tú no puedes hacer nada.
- ¿Y qué esperabas que hiciera? te lo advertí Amy, tú sabías que algo así podía pasar. – dijo mi madre.
- Esperaba que mi madre tuviera un poco de compasión por mí, que tuviera en cuenta que no le había fallado antes. – respondí.
- Este no es el lugar para hablar de esto. – me recriminó.
- Perfecto, no me apetece hablar contigo; nos vemos luego.
Me gire hacia Rick y le pedí que fuese conmigo a recepción, en el camino le traduje la conversación que acababa de tener, él me escuchó y cuando llegamos con la chica verificamos la reservación.
- ¿Una habitación para una persona, correcto? – preguntó la recepcionista.
- ¿Solo reservaste una habitación? – preguntó Rick – ¿Dónde vas a dormir?
- Oh, pasaré la noche con mi amiga Samanta, no nos hemos visto en un largo tiempo, te la presentaré pronto, no debe tardar en llegar. – él parecía algo decepcionado.
- No tienes por qué quedarte con nadie, puedo pedir una habitación para ti en este momento o podemos pedir una habitación con dos camas, quiero que estés cómoda.
¿Una habitación con dos camas? La tentación era tan grande que casi dije si de inmediato, me imaginé usando lencería, recostándome de espalda ¿Querrá él que lo sedujese? ¿Sería esa la razón por la que lo estaba sugiriendo? ¿O solo estaba siendo amable? No quería estar malinterpretando ninguna señal.
- Quizás mañana, hoy quiero estar con mi amiga, tenemos mucho que hablar.
Él asintió, nos entregaron la llave de la habitación, la chica nos indicó dónde era, caminamos con ella hasta llegar a la puerta en donde nos dejó solos, dejamos las maletas sobre la cama y nos quedamos en silencio sin decir nada, me pregunté si él se imaginaba las mismas cosas que yo.
- ¿Qué te parece? – pregunté – ¿Está cómoda para el señor lujos?
- ¿Estás nerviosa? – preguntó y no respondí – creo que ya se cuando estás nerviosa.
- ¿A qué te refieres?
- Tu silencio al estar sola conmigo, tus bromas, haces eso cuando estás incómoda o cuando estás nerviosa, no siento que estés incómoda ¿o sí? – negué – ¿tienes miedo de estar a solas conmigo? ¿Por qué, no te parece que soy un caballero?
Ay, Rick, no es por lo que tú puedas hacer que tenga miedo, es por no saber qué tanto voy a poder controlarme si seguimos más tiempo solos, pensé.
- Tienes razón, estoy nerviosa, – admití – ver a mi madre después de tanto tiempo me dejó algo inestable y en un par de horas estaremos en una sala a solo unos metros de mi abuelo. – dije desviando la verdad.