40 #2
- No todos lo sabían, Beverly sabe por mí, es mi esposa, entre nosotros no hay secretos, pero si algún día me cuentas algo y no quieres que nadie más lo sepa te prometo que quedará entre nosotros, si en algún momento Beverly se llega a enterar ella no dirá nada, es muy discreta, y si puedo hablar en su defensa, ella ha querido decirte desde que lo supo, fui yo quien le pidió que no lo hiciera, en serio lo siento, tienes razón, mi lealtad estaba con Jesse, es mi hermano, pero eso no quita que nos preocupemos por ti, te queremos y no queríamos hacerte daño.
- Entiendo. – dijo ya resignada.
- Amy, de verdad lo siento, nunca estuve de acuerdo con lo que Jesse hacía y le pedí que dejara de hacerlo.
- Está bien, no te tienes que disculpar por las acciones de Jesse. – la falta de vida en sus palabras hizo que se me rompiera el corazón.
- No quiero que te hagas una idea errónea acerca de mi posición, en un principio me daba igual porque no te conocía, pensé que Jesse cambiaría, estaba muy enamorado de ti, ahora las cosas han cambiado, te considero mi amiga y si la relación que Jesse y tú tienen se termina, aún quiero que sigamos siendo amigos, quiero quedarme con eso, quiero ser imparcial, tú me agradas independiente de quien sea tu pareja.
- Sabes, es curioso que digas eso, de que antes no te importaba por qué no me conocías, pero luego de conocerme aún sabías cómo Jesse me era infiel y aun así me motivabas a perdonar y confiar, – pude notar el dolor en su voz, lo que hizo que me sintiera peor conmigo mismo – menos mal que somos amigos Rick, – lo dijo con sarcasmo – pero las personas que no lo son también importan y también tienen sentimientos.
- Lo sé, no soy perfecto Amy y espero que tengas en cuenta eso antes de juzgar si soy o no buena persona, soy perfectamente consciente de todos mis defectos, he hecho cosas mal, pero no he tenido la intención de hacer daño en ningún momento.
- No creo que seas mala persona, – me dijo – y no voy a dejar de ser tu amiga por esto, aún estoy muy agradecida por todo lo que Bev y tú han hecho por mí, incluso aun con todo el dolor que me carcome viva en este momento, sigo agradecida con Beverly por confirmar mis sospechas, – su voz se quebró otra vez – Jesse lo negó todo el tiempo y yo no quería aceptar la verdad porque sabía que dolería, pero necesitaba esto, necesitaba este dolor para poder decirle adiós a esta relación.
Sentí una punzada en el corazón, me dolía escucharla sufrir, me martirizaba pensar en su dolor ¿Por qué Jesse le haría algo así a alguien que quiere? En serio pensé que cambiaría, no lo entendía, había lastimado a alguien a quien yo estimaba, eso complicaba tanto las cosas entre nosotros.
- Desearía que no estuvieras sufriendo. – le dije.
- Yo también, pero así son las cosas.
- Si puedo hacer algo que te haga sentir mejor déjame saberlo. – le ofrecí.
- Hazme una transferencia. – dijo.
- ¿Que? – pregunté confundido.
- Diez mil dólares, eso me haría sentir mejor.
Supe que era una broma porque luego de varios segundos de silencio se puso a reír, no era una de sus risas alegres, era más como un intento de escapar de su dolor, aun así, lo disfruté con un sabor agridulce, me llenaba de admiración su resiliencia.
- Me gusta escucharte reír. – le dije sin pensar – Espero que mantengas ese buen ánimo y si necesitas un amigo solo llámame.
- Gracias, Jesse no merece mis lágrimas.
- A la orden, – debería haber colgado, pero no quería dejar de escuchar su voz – por cierto ¿Cómo está tu hermana?
- Está bien, está conmigo, me estuve quedando con una amiga la primera semana y he estado visitando a diferentes amigos los otros días, he estado con ella desde lo de Jesse.
- Hola Rick, – escuche la voz de su hermana – soy Wanda – su inglés no era muy bueno – ¡Que se joda Jesse!
- ¡Wanda! – le regañó Amy.
- ¿Me dijiste de un juicio?
- Es la otra semana. – aviso Amy.
- No deberías ir sola.
La idea de acompañarla cruzó mi cabeza otra vez, sin embargo, no lo sugerí, ella se quedó en silencio por algunos segundos y luego se excusó y me dijo que tenía que irse, colgó el teléfono y tuve el presentimiento de que no todo estaba bien. Volví con Beverly, quien parecía no estar de buen humor, entendía que se molestara por dejarla hablando sola, pero lo que había hecho estuvo mal, y no pensaba dejarlo pasar sin hacerla ver su error, si eso me dejaría sin sexo varias semanas no me importaba.
- Bev, lo que hiciste estuvo mal. – le recriminé.
- Y no me arrepiento, – se cruzó de brazos – alguien tenía que decirle a esa pobre niña la verdad.
- Sí, pero no era el momento y esa verdad no te pertenecía, era algo privado, – me senté junto a ella para estar a la misma altura – con lo que acabas de hacer no solo has magnificado el dolor de una persona que acaba de romper con la persona que ama, sino que has traicionado parte de la confianza que te tengo, cosas tan delicadas como esas no las dices sin pensar ni mucho menos sin consultarlo conmigo antes.
- ¡Dios! Tampoco rompí un matrimonio, no es para tanto, solo eran novios. – dijo sin la menor gota de remordimiento.
- Llevaban saliendo casi el mismo tiempo que llevamos tú y yo de casados ¿Cómo te sentirías si alguien viene a decirte que te he engañado?
- No le creería, porque se cómo eres, ella sabía que Jesse era mujeriego ¿para que se metió con él? – se quejó.
- Amy confió en él, lo normal es confiar en tu pareja, como tú confías en mí, no es su culpa que él le fallara – no logre evitar mostrar mi decepción en mi tono de voz – “El amor sea sincero; aborreced lo malo, aferraos a lo bueno” – romanos 12 9
- Hasta parece que te importa de verdad. – dijo molesta.
- Pensé que a ti también te importaba ¿no fue tu sentido de justicia lo que te inspiró a decirle la verdad en el momento menos indicado? – odiaría pensar que le hizo daño por gusto – ¿no la acabas de invitar a vivir con nosotros?
- Por su puesto, tampoco soy una perra sin corazón, a lo que me refiero es… – me observó con detenimiento – Rick, tu… ¿sientes algo por ella?
- ¿Qué? – pregunté confundido.
- Ella ¿te importa?
- Claro que me importa, por eso la estamos ayudando. – dije.
- No, no es a eso a lo que me refiero, lo que quiero decir es: Tú la quieres, no como a Jesse, ni como a Fay o ninguno de tus amigos, tú, la quieres – y entonces entendí lo que decía.
Me quedé callado por varios segundos sintiendo el peso de la culpa, quería a Amy y no se sintió tan real hasta que lo escuché decir de alguien más, en cuanto mi silencio comenzó a ser una confirmación, su rostro palideció, Bev abrió la boca y se cubrió con las manos, no podía dejarla saber esto, no podía hacerle daño.
- Bev, solo estoy un poco consternado por tu falta de tacto en este asunto, me asusta escucharte decir cosas como las que dijiste, me da miedo pensar que puedes decir cosas hirientes con la intención de lastimar o por el simple morbo, – le tome de la mano – no estoy interesado en Amy y no voy a estarlo, tengo un compromiso contigo y no pienso romperlo.
- Por su puesto que no, – negó – no se en que estaba pensando, Amy ni si quiera es tan bonita.
No lo dijo con prepotencia, fue más como un consuelo para sí misma, era verdad que Amy no le llegaba ni a los talones en lo que respecta a belleza o inteligencia, no era eso lo que me atraía de ella, sino su buen humor, su naturaleza abierta y honesta, la forma en que me generaba paz su presencia.
Amy era carismática y estaba llena de muchas cualidades que la caracterizaban, su empatía, su resiliencia, su pasión por la lectura, su humildad, su insaciable sed de aprender, sus valores, jamás iba a comparar a las dos mujeres, eran abismalmente diferentes, pero tampoco iba a evitar que Bev lo hiciera, sobre todo si la hacía sentir mejor.
Me conocía tan bien que sabía que nunca la traicionaría en cuerpo, a cómo sabía que no podía evitar que mi corazón sintiera y latiera por alguien más, quizás no estaba perdidamente enamorado de Amy, pero mentiría si dijera que no había sentido cosas.