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Amy
Fátima me llamó un par de días después, Samanta estaba al tanto de todo, cuando le conté lo que había pasado me dijo que me apoyaba incluso en mis malas decisiones, que, si quería darle otra oportunidad a Jesse, ella estaba en desacuerdo, pero respetaba mi elección.
Samanta era buena amiga, pero eso no le quitaba lo chismosa, pronto Fátima estaba al tanto de todo, me escribió para decir que estaba teniendo problemas en el trabajo y en cuanto los resolviera me llamaría, así que recibí la llamada para intercambiar anécdotas.
- Hola ¿Cómo estás? – le saludé a la cámara.
- Hola, – respondió – bien, papá y yo ya arreglamos nuestras diferencias.
- Pero, ¿Qué pasó?
- Nuestras personalidades chocaron, no es nada grave, ahora cuéntame ¿Cómo es eso que encontraste fotos de mujeres desnudas en el teléfono de Jesse?
- Eran de antes de conocernos.
- ¿Revisaste las fechas? – preguntó con ahínco y yo asentí.
- Solo algunas, me sentía demasiado enferma, no sé cómo me contuve de vomitar.
- ¿Por qué no lo dejaste? Y no me digas que es el sexo, porque por lo que me dijo Samanta, parece que eso funcionó más en tu beneficio que del suyo.
- Lo quiero, – dije sintiéndome como tonta – y quiero darle el beneficio de la duda.
- Hermanita, recuerde que ojo de loca no se equivoca, si no te ha engañado no significa que no estuvo dispuesto a hacerlo, al menos intención tenía, tú deberías de hacer lo mismo, engañarlo para que estén parejo.
- No me parece que esa sea una solución, – es una terrible idea, pensé – por el contrario, empeoraría las cosas, además no hay nadie más por quien me sienta atraída.
- ¿Ah no? ¿y el amigo ese? El guapo de Instagram que me gusta. – sugirió.
- ¿Rick? Rick tiene esposa y no estoy interesada en él o viceversa. – aclaré.
- Hermana, no nos vamos a hacer las tontas, ningún hombre por muy rico que sea va a gastar más de quinientos dólares en una librería por ti al menos que le gustes, es obvio que estaba intentando decirte algo con eso.
- Era mi cumpleaños. – le recordé.
- ¿Y eso justifica que te viera el trasero?
- Tengo un buen trasero, cualquiera podría apreciarlo. – me encogí de hombros.
- Qué me dices del día de la cena, ese encuentro en el baño ¿no te parece extraño? tienes que admitir que para que alguien haga algo así debe de haber cierto interés. – dijo Fátima. Touché.
- De todas formas, no voy a tener nada con él, sigue estando casado y es el mejor amigo de Jesse.
- Fernando era el mejor amigo de Armando y estaba comprometido, aun así, dejó todo por Teresa, – hizo referencia a la telenovela mexicana – deberías ser más inteligente e ir por el que tiene más dinero, Jesse no te supo apreciar, como Mariano no apreció a Teresa, Rick es un buen partido, si al menos te va a poner el cuerno, que te resuelva con un viaje a Dubái para ti y tus amigas, el perdón jamás se da de gratis.
- Yo no soy Teresa. – dije.
- Bueno, pero que conste que yo no perdono a Jesse, tú le pudiste perdonar ahora, pero yo sé cómo son los hombres, en el momento en que te vuelva a fallar te diré “te lo dije” – dijo con determinación.
- Está bien.
Fátima y yo hablábamos regularmente, nos mantuvimos en comunicación con Wanda siguiendo su caso, Jesse y yo comenzamos a ir al gimnasio juntos y pronto descubrí lo mucho que lo necesitaba, mis músculos tomaron fuerza de nuevo y perdí algunas libras.
La primera semana no noté mucha diferencia, prácticamente me miraba igual que siempre, pero la segunda semana mis glúteos estaban redondos, mi vientre plano y definido, mis brazos y piernas estaban marcados y fuertes, la tercera semana noté que había bajado de peso y que mi cintura se acentuaba más, Jesse ya no podía decir que estaba gorda.
En esas semanas no trabajé mucho, leí todos los libros que Rick me había comprado y decidí que volvería a Nicaragua, Jesse podría venir a visitarme cuando tuviese tiempo, él se iría a Virginia y yo intentaría volver a sacar una visa en cuanto encontrara trabajo.
Tenía mi boleto comprado, no pensaba quedarme ilegal, ya había recibido un correo de inmigración pidiéndome que me fuera si no había arreglado mi estatus, mis amigas ya estaban haciendo planes para verme y yo estaba feliz de volver, aunque quería a Jesse, no moría por quedarme sola con él.
Gran parte de mi extrañaba mi independencia como persona, ser yo, Amy, no simplemente la novia de Jesse. Faltando menos de una semana para volver fue que mi suegra comentó que la familia de Rick estaba organizando una cena para despedirnos a Jesse y a mí y por alguna razón me sentí en la necesidad de impresionar.
En la tarde del día anterior a la cena fui de compras yo sola con el dinero que había ganado en la semana, compré un par de regalos para mis hermanas y mis amigas y un outfit nuevo para mí, sin que Jesse o su madre decidieran que o como debía vestir.
🏄??♀️🏄??♀️🏄??♀️
La casa de los padres de Rick no era nada como me lo imaginaba, por alguna razón pensaba que sería como una de esas mansiones de gente adinerada que ves en la televisión, no me malinterpretes, no era una casa sencilla ni humilde, pero era bastante común, elegante y pequeña, el buen gusto no faltaba.
Lo primero que me llamó la atención fue el hermoso jardín con rosales en la entrada, me pregunté si tendrían un jardinero o si Juliana lo trabajaba personalmente, al entrar, lo segundo que me cautivó fue un antiguo reloj de piso y el piano, nunca había visto algo así. Jesse caminaba detrás de mí, Juliana y Fay se habían quedado hablando detrás de nosotros.
Adentro estaba Clay terminando de preparar la comida, nosotros lo saludamos y Jesse se ofreció a ayudarle con la preparación de la cena, el padre de Rick aceptó y se ofreció a darme un tour por la casa, había dos habitaciones, la principal, de ellos, espaciosa y con baño privado, la segunda habitación era donde dormía Rick de pequeño, ahora la habitación de invitados.
Al volver a la cocina nos encontramos a Rick, estaba entrando a la casa, no venía acompañado, vestía unos pantalones color beige y una camisa café que combinaba perfecto con su color del cabello y sus ojos, sus brazos se miraban más fuertes, sus pectorales resaltaban sobre la tela de su camisa, tenía que estar haciendo ejercicio, porque no recordaba que fuese tan atractivo.
Estaba saludando a Jesse como si no lo hubiera evitado por semanas, pero cuando sus ojos me encontraron, sus labios se curvaron en una sonrisa mucho más grande, un escalofrío recorrió mi cuerpo, Rick comenzó a acercarse a mí, de pronto estaba nerviosa, él se detuvo a pocos centímetros y se inclinó para darme un beso en la mejilla.
El contacto con su piel cuando colocó su mano sobre mi hombro hizo que se me olvidara como respirar ¿Qué me estaba pasando? Agradecí los tonos de mi piel que no era tan obvio cuando me ruborizaba, no me sentiría así si mi hermana no hubiera sugerido cosas inmorales con esta persona.
- Amy, cuanto tiempo. – dijo aun cerca de mí.
- Rick ¿Cómo estás? – respondí tratando de parecer relajada.
- Bien, gracias ¿y tú? te ves… – hizo una pausa que utilice para imaginar lo que diría a continuación ¿guapa? ¿Hermosa? ¿Irresistible? – diferente.
- ¡Oh!
- Pero en el buen sentido ¿has bajado de peso? – preguntó algo inseguro.
- ¿Entonces si estaba gorda? – ¡mierda! Jesse tenia razón.
- No ¿Quién te dijo eso? nunca has estado gorda, por el contrario, siempre me has parecido una persona atlética, tienes tu atractivo. – señaló.
- Gracias, pero si baje de peso, la comida de aquí me hizo subir al principio, aunque ya volví a mi peso normal. – aclaré.
- Ey tú, deja de coquetearle a la novia de Jesse, – le llamó su padre – ven acá.
Ambos nos acercamos a la cocina, Jesse me jaló a su lado, detrás de la isla nadie notó cuando me apretó el trasero, cuando lo voltee a ver escandalizada él me dio un beso en la mejilla.
- ¿Dónde está Beverly? – preguntó Jesse a Rick.
- No se sentía bien, iba a quedarme con ella, pero insistió en que viniera.
- ¿Está bien? – preguntó su madre – no la dejaste sola.
- No mamá, la chica del aseo se ofreció a cuidarla.
- Pero le vas a pagar. – Juliana hacia afirmaciones que sonaban como preguntas y ordenes al mismo tiempo.
- Sí mamá, no tienes que decírmelo.
- Espero que se recupere pronto. – dijo su padre.
- Yo también, – respondió Rick – voy a buscar algo de tomar.
- Cariño, – le llamó Juliana cuando lo vio alejarse – abre el Chardonnay por favor.
Rick asintió y se fue hacia el refrigerador de los vinos, cosa de ricos, lo abrió y empezó a revisarlos uno a uno, le susurre a Jesse que le ayudaría y me aleje en su dirección, él tenía en sus manos una botella, tomó el sacacorchos y comenzó a abrirla.
- ¿Necesitas ayuda? – me ofrecí y el asintió. – En mi país trabajé en un bar durante las vacaciones, se cómo servir. – puntualicé.
Tome las copas según me indicó Fay, las que eran para vino blanco, deje que él sirviera y luego lleve dos copas para Fay y a Juliana, él le entregó a Jesse y su padre quienes estaban en una conversación sobre deportes, cuando Rick volvió a encontrarme me guiñó un ojo con la botella vacía en mano.
- ¿Tú qué quieres de tomar? Si no recuerdo mal no te gusta mucho el vino. – yo asentí.
- ¿Qué vas a tomar tu? – pregunté.
- Brandy – sacó una botella del gabinete en frente de nosotros y se sirvió – ¿Quieres probar? – yo asentí, él dio un sorbo y luego me lo entregó, yo bebi y desaprobé, él se rio de mí.
- Creo que no tomaré esta noche. – le dije.
- Está bien, pero si cambias de opinión me avisas, lo que quieras. – señaló con la vista el resto de las botellas.
- Espera, – lo pensé un momento – voy a tomar contigo, pero no te diré lo que quiero, dejaré que escojas según lo que crees que me gustaría, sorpréndeme.
- Desafío aceptado.
Me alejé de la cocina a la sala hasta llegar al piano, el color rojo caoba vibraba bajo mis dedos mientras lo acariciaba, un minuto después Rick apareció con una bebida en la mano para mí, me extendió la copa, yo la acepté y tomé un trago, el sabor era dulce con un toque cítrico.
- Gracias, – le dije – me encanta.
- Un placer. – asintió.