38
Amy
Cory estaba en el sofá comiendo Doritos, varias bolsas del supermercado estaban regadas en la cocina sin que nadie lo acomodase, Jesse aún no regresaba y su madre tenía un compromiso social. Tome un poco de cereal con leche y regrese a la cama para tomar el desayuno, le envié un mensaje a Samanta, necesitaba desahogarme un poco, y Fátima tenía sus propios problemas con su padre. Samanta me llamó minutos después cuando estaba por terminar de comer.
- Hola, amiga. – le saludé.
- Hola, mi orgullo internacional.
- ¿Cómo estás?
- Molesta ¿Cómo más? Este imbécil de tu novio no se apareció en toda la noche y te niega que te está poniendo el cuerno cuando es más que obvio ¿ya le preguntaste a Rick si es cierto lo que te dijo?
- Samanta, son hombres, se van a cubrir entre ellos mismos. – le recordé.
- No lo sé, Rick me parece buena gente, si hubiera querido cubrirlo lo hubiera hecho desde el principio y no te hubiera dicho que no lo había visto, yo pienso que deberías escribirle. – sugirió.
- ¿Para qué? Pasaría vergüenza, él ya debe de saberlo, conoce a Jesse desde que eran adolescentes, yo fui la única estúpida que creí en él.
- No, no, no, nada de llamarte estúpida por confiar en alguien que prometía hacerte bien, sino, yo también sería estúpida porque yo creí que sería bueno, además, tampoco tenías de donde escoger. – dijo y yo asentí.
- Es que me siento tonta, debí de tener un mejor juicio, yo sabía desde un principio que los hombres guapos como él muy poco suelen ser fieles.
- Ay, Amy, los hombres hasta los feos son infieles ¿entonces qué vas a hacer?
- Tu misma lo has dicho, no tengo opción, no conozco a nadie más acá, no tengo a dónde ir, si termino con él ¿qué voy a hacer? – pregunté más para mí misma.
- Te regresas acá, mínimo que te pague tu boleto de avión ¿no?
Las ganas de llorar me invadieron de nuevo, la idea de dejar todo otra vez era estresante, volver a comenzar de cero, pensar en que la relación por la que me puse en contra de mi familia y enfrenté al mundo entero no funcionó hacía que me sintiera miserable.
- No puedo, – mi voz se quebró – me duele solo pensar que ya no estaré con Jesse.
- Yo sé que duele amiga, he estado ahí, se cómo te sientes, lo amas y dependes de él para mucho, crees que la vida no tendrá sentido si no están juntos, no voy a mentir y decir que no va a doler dejarlo, pero ¿sabes que duele más? Quedarte, seguir siendo pisoteada hasta el punto de perder todo el respeto por ti misma, quiero recordarte lo fuerte que eres, tú saliste de tu hogar y dejaste atrás a todo lo que conocías para estar allá, eso requiere de mucha valentía, y lo hiciste porque sabes que no mereces que te traten mal, si pudiste salir de ahí, también puedes escapar de esta relación tóxica y lo mejor de todo es que no vas a estar sola, yo voy a estar aquí para ti cuando vuelvas, Wanda estará para ti, todos los que te queremos estaremos aquí.
- Gracias por decir eso. – dije entre lágrimas.
- Se que es duro, pero tienes que dejarlo, a mí también me duele ver como sufres, no puedes seguir con Jesse cuando le importas tan poco y si estuvieras sola lo entendería, pero como no lo estás porque aquí estoy yo para impedirlo, voy a encargarme de recordarte lo chingona que eres cuando a ti misma se te olvide, voy a ser tu conciencia cuando tú corazón no te deje pensar y lo más importante; voy a limpiar tus lágrimas cuando tu cuerpo esté tan cansado que no se pueda mover, yo voy a ser esa curita para tu corazón roto.
Quería decir gracias, pero tenía la garganta atorada con un nudo invisible, me sorbí la nariz y me limpié la humedad de las mejillas con el brazo, había una punzada en mi corazón latente y un pitido en mis oídos que parecía no acabar, cada palabra que decía hacia la situación más real.
Si no terminaba con Jesse, podía perder a mi amiga y si la perdía a ella, perdía parte de mí misma, Jesse tendría más control sobre mí y luego sería muy tarde para escapar, tenía que hacerlo ahora y tenía que decirlo en voz alta para hacerlo más real.
- Voy a terminar con Jesse. – dije con muy poca convicción.
Aunque lo había dicho en voz alta, no puse determinación ni fuerza en las palabras, se escuchaban ajenas a mí, tenía la necesidad de repetirlas, decirlo muchas veces hasta que se sintieran mías.
- Voy a… – las palabras se quedaron atascadas en mi garganta.
- Lo vas a hacer, confío en ti, vas a estar bien, Amy, te quiero mucho, me tengo que ir por ahora, pero quiero que sepas que estoy para ti, si necesitas llamarme de nuevo hazlo.
- Está bien, también te quiero, bye.
Me limpié las lágrimas, puse a cargar mi teléfono y luego me fui a dar un baño, tomé un libro y me puse a leer, me entretuve por horas hasta que Jesse apareció por la puerta, al verlo mi corazón cayó al suelo ¿Cómo iba a hacerlo? Odiaba que fuese tan guapo, dificultaba todo.
- Hola. – dijo de mal humor.
- ¿Dónde pasaste la noche? – pregunté sin más.
- Con mi otra novia, – dijo con sarcasmo – ya que tú piensas que es ahí donde voy cada vez que no estamos juntos.
- ¿Y me equivoco? – pregunté.
- Claro que te equivocas.
- No respondiste mi pregunta, no hablabas con Rick por teléfono y no me has dicho con quien has estado hablando, te fuiste y pensaste que al regresar ya me habría olvidado del asunto.
- Si vas a volver con los celos… – se quedó en el aire sin terminar la frase.
- ¿Qué? Jesse ¿vas a terminar conmigo? como dijiste anoche, está bien, terminemos.
- ¡Que! ¡No! Yo no he dicho eso, Amy, estás siendo irracional – se colocó una mano por detrás de su cuello – ¿en realidad eso es lo que quieres?
- ¡No! – grite estresada – lo que quiero es que podamos tener una relación basada en la confianza y el respeto, quiero poder creer cuando me dices que saldrás con tus amigos y…
- Tus problemas de inseguridad no es algo que esté en mi poder. – dijo.
- Mis inseguridades no son injustificadas, si no mintieras, si no…
No termine la frase, una palabra más y las lágrimas nublarían mi vista, cada vez que hablaba se sentía como si mi voz librase una guerra de obstáculos en mi garganta antes de materializarse en palabras, tuve que respirar profundo un par de veces antes de poder continuar.
- No te estoy engañando. – aseguró.
- Júralo. – dije con voz rasposa.
- Lo juro. – levantó la mano derecha.
- Muéstrame tu teléfono. – le pedí.
- Eso no es justo, si yo exigiera ver tu teléfono, – se lo extendí antes de que dijera más – igual no entendería lo que hablas en español.
- Jesse, si es verdad lo que dices y no me has engañado, no encontrare nada en tu teléfono.
- ¿Y qué hay de la confianza?
- La confianza la perdiste cuando me dejaste sola toda la noche. – dije sin detenerme.
- Entonces no hacemos nada juntos, – concordó – no te voy a dar mi teléfono, si no confías en mí no tenemos nada, supongo que hasta aquí llegamos, pero no puedes quedarte aquí, tienes que irte.
- ¿Qué? ¿a dónde me voy a ir? – pregunté preocupada.
- No lo sé, debiste pensar en eso antes de terminar nuestra relación.
- ¿Al menos me comprarías un boleto de regreso a Nicaragua?
- Un boleto de regreso a última hora costaría mucho dinero, tendrás que usar tus ahorros. – dijo.
- ¿Por qué estás haciendo esto? – no me lo podía creer.
- Porque no puedo dormir contigo y no tenerte, es demasiado difícil, me gustas, te deseo ¿Cómo puedes esperar que me acueste contigo sin poder tocarte? No estoy haciendo esto porque quiero, yo no quiero que nuestra relación se termine, yo te amo, si tan solo te olvidarás de esa tontería de tus celos.
Jesse parecía afectado y no estaba segura si era un sentimiento genuino, se acercó hasta cortar la distancia entre nosotros y me repetí a mí misma que no debía ceder, pero el olor de su piel era intoxicante y el dolor que sentía en el pecho me agobiaba, en el momento que su piel entró en contacto con la mía fui débil.
- Dejaré de salir de noche, – sus dedos acariciaron mi rostro – me quedaré contigo si tú te quedas conmigo.
- Jesse. – dije en un susurro.
- Lo prometo. – su dedo índice rozó mi labio inferior y la forma en que me hablaba…
- Jesse. – quería decir que no, di que no.
- Por favor, – Jesse comenzó a llorar – no quiero que te vayas.
No, no podía hacerme esto a mí misma, no podía quedarme, si contactaba a Rick él me ayudaría, me dejaría quedarme con él un par de días mientras conseguía un vuelo, te amo Jesse, pero no quiero que todo este dolor que siento en este momento se haga permanente.
- No, voy a llamar a Rick, él se ofreció a ayudarme, si quieres que me vaya porque no puedes dormir conmigo, está bien, buscaré un hotel para pasar la noche o quizás Rick y Beverly me permitan quedarme con ellos.
- Amy, – Jesse cayó sobre sus rodillas – por favor.
- Lo siento.
Me moví en la habitación en busca de mi maleta, en cuanto la encontré la coloque sobre la cama, Jesse se colocó detrás de mí para rodearme con sus brazos, estaba comenzando a temblar, era más difícil de lo que hubiera imaginado, mis fuerzas estaban flaqueando.
Jesse susurró a mi oído “por favor” y luego me besó en cuello, respiré profundo y cerré los ojos, no tenía la voluntad necesaria para alejarlo, lo quería y también lo deseaba, detesté que mi cuerpo me traicionara de esa manera, me giré para tenerlo de frente, una última vez, podía estar con él una última vez.
Jesse enredó mi cabello entre sus dedos, agité la cabeza tratando de sacar de mi esa sensación, cerré los ojos apretándolos con fuerza y antes de que pudiera abrirlos nuevamente su boca había tomado el control, él colocó una mano por detrás de mi espalda para pegarme hacia él y yo había perdido la batalla.
Seis segundos, tomó seis segundos de un beso apasionado que toda nuestra ropa acabara tirada en el piso, los nervios fueron sustituidos por el deseo, las ganas de tenerlo dentro. Mi dolor de cabeza fue sustituido por el sudor y gemidos, cuando terminamos me di cuenta de que nunca habíamos tenido sexo de esa manera.
Sentí que la cabeza me iba a explotar, no estaba entendido bien lo que acababa de pasar, me senté sobre la cama, observé la maleta tirada en una esquina, me puse de pie, tenía que irme, si me quedaba Jesse podría manipularme, recogí la maleta y él se puso de pie frente a mí.
- ¿Qué estás haciendo? – preguntó.
- Empacar, no hace mucho me corriste de la casa. – le recordé.
- Amy, acabamos de hacer el amor. – dijo con dolor en cada palabra.
- Y fue la última vez. – le avisé.
Jesse sacó el celular de su bolsillo y lo puso frente a mí, sus ojos de cachorro regañado me apachurraban el corazón ¿Qué demonios estaba haciendo?
- Sí es lo que tengo que hacer para que no te vayas. – dijo en tono de súplica.
Tomé el teléfono y vi que tenía clave, él colocó su rostro para desbloquearlo y cuando lo tuve en mis manos no quise revisarlo, tenía curiosidad, sí, pero sentí miedo también, lo cierto era que no quería ver, si descubría la verdad me dolerá más.
- Dime que voy a encontrar aquí. – pregunté a Jesse.
- Probablemente fotos de mujeres desnudas, – auch – todas son de antes de conocerte, algunas de ellas aún me siguen enviando fotos, por lo general solo las ignoro.
Sentí náuseas y recordé que tenía fotos mías también, estaba a punto de dejarlo con fotos donde salía desnuda, si no fuese porque tenía la necesidad de borrarlas ni si quiera entraría a su galería. Abrí la aplicación y encontré todo tipo de imágenes; capturas de pantalla, fotos de comida, paisajes, selfis, deslicé mi dedo por la pantalla hasta encontrar las primeras fotos, ni si quiera la tenía en privado, se me revolvió el estómago al observar a la chica.
Era más bonita que yo, lo último que quería era compararnos, el estómago me dio vueltas otra vez, la borre rápidamente, luego la siguiente, misma chica, diferente pose, Jesse no dijo nada, solo me observó hasta que se dio cuenta de que estaba a punto de borrar la mía también.
- No, no borres esa. – suplicó.
Presioné borrar de todas formas, tuve que sentarme en la cama para no cansarme, revisar toda su galería, borrar todas las fotos que tenía de mujeres me llevó al menos un par de horas y en ningún minuto él me dejó sola, cuando había terminado me sentí agotada.
- ¿Qué más voy a encontrar? – pregunté.
- Nada.
- ¿Estás seguro? Si entro a los mensajes no encontraré nada.
- No te estoy engañando Amy y espero que cuando termines te des cuenta de eso.
Abrí los mensajes, tenía varias conversaciones, di un rápido vistazo a los nombres, coronel Moreno, mamá, algunos números no registrados, abrí el de Rick, el último mensaje decía “responde el teléfono” también le preguntaba anteriormente si iba a ir al gimnasio, Rick lo estuvo evitando, pero confirmaba lo que me había dicho Jesse.
Luego de varios minutos me aburrí, no encontré nada que pudiera ponerlo en evidencia, mis sospechas eran lo único que tenía, las fotos realmente no probaban nada, quizás Jesse no me estaba engañando, si lo había hecho lo dejaría de hacer, le entregue de vuelta el celular.
- A partir de mañana iré contigo a entrenar, si vas a salir con tus amigos no quiero que haya mujeres; si puede haber mujeres puedo venir yo, y el celular lo vas a mantener desbloqueado.
Decir esas palabras hicieron que me sintiera como mi madre poniendo reglas, era extraño, pero no iba a retractarme, eran mis límites y los necesitaba, y si iba a arriesgar mi corazón a que lo rompiera otra vez, al menos merecía eso.
- ¿Si hago todo eso volverás a confiar en mí? ¿Dejarás de cuestionarme? – preguntó y yo asentí – está bien, será como tú digas, así no quedará dudas de que te amo a ti nada más.