37
Rick
Beverly apareció a la hora del almuerzo en la oficina, sonreía animadamente mientras el sonido de sus tacones acortaban la distancia entre los dos, me puse de pie para recibirla, ella, sin decir nada, me beso apasionadamente, era una sorpresa muy oportuna, cerré los ojos para responder a la intensidad, no me había dado en beso tan largo en mucho tiempo, lo estaba disfrutando hasta que mi teléfono comenzó a sonar, era una llamada de Jesse, había recibido mensajes suyos desde la noche anterior pidiendo que lo llamara y no había respondido aún.
- ¿No vas a responder? – preguntó Beverly.
- No tengo ganas de hablar con él. – dije, ella levantó una ceja.
- ¿Por?
- Tengo el presentimiento que no dirá nada bueno y no tengo ganas de que me arruine este momento contigo.
- ¿Por qué piensas eso? – preguntó.
- Porque el domingo me encontré a su novia en la librería, sola, me contó que era su cumpleaños y que Jesse lo había olvidado, así que para animarla la lleve a cenar y le compre unos libros.
- ¡Pobrecita! – exclamó cubriéndose la boca – Jesse puede ser un patán ¿y si te está llamando para agradecerte? – la llamada terminó y el teléfono sonó de nuevo.
- No lo sé.
- Respóndele y averiguamos. – sugirió.
Si Beverly no me lo hubiera pedido no lo hubiera hecho, pero quizás ella tenía razón, después de todo, él no tenía motivos para estar molesto, yo había hecho algo noble por su novia, lo mínimo que podía hacer era agradecer, evitarlo ya no estaba más en mis prioridades, así que le respondí la llamada.
- Jesse. – dije.
- Rick ¡hasta que por fin respondes!
- He estado muy ocupado, – dije y luego lo puse en altavoz – estoy ocupado ahora, dime ¿necesitas algo?
- Sí, – dijo rápidamente – Amy me dijo que se encontró contigo en la librería y que estuvieron hablando.
- Eso es correcto. – respondí.
- Le dijiste que no nos hemos visto en tres semanas. – añadió.
- ¿Y? No nos hemos visto en tres semanas. – le recordé.
- Pero yo le he estado diciendo que nos hemos visto para cenar y que vamos juntos a entrenar.
- ¿Por qué le has dicho eso? – pregunté sabiendo la respuesta.
- Tú sabes por qué, en fin, cuando le dijiste que no nos habíamos visto, tu historia y la mía no encajaba, así que le dije que hicimos planes para comer pero que cancelabas a última hora, agradecería que si te la vuelves a encontrar por casualidad cuentes la historia que encaja con la mía, – dijo y gire los ojos – de hecho, si puedes no hablar con ella estaría mejor, así no piensa que la estoy engañando.
- ¿Y no la estás engañando?
- Rick, tú me conoces.
- La estás engañando y quieres que mienta para cubrirte, pero ¿Cómo vez que tampoco tengo tiempo para eso? Por qué no mejor dejas de engañarla y te enfocas en tu relación. – Beverly levantó una ceja en silencio.
Colgué el teléfono y vi a Beverly negar, me sentí cansado solo de escuchar la desfachatez Jesse, si en realidad quería que su relación funcionara, tendría que trabajar en ella, Amy me agradaba y ahora también era mi amiga, ya no deseaba prestarme a sus juegos.
- No puedo creer el descaro de pedirte que le dejes de hablar. – dijo Bev.
Jesse volvió a llamar, así que puse el teléfono en silencio y dejé que la llamada entrara a buzón de voz, cuando dejó de sonar noté que estaba dejando mensajes de voz, luego de almorzar con Bev regresamos a la oficina, nos quedamos hasta tarde revisando los errores del nuevo encargado en contabilidad, y buscando soluciones, al llegar a la casa Bev me comentó lo cansada que se sentía así que me ofrecí a darle un masaje.
- Eso me encantaría. – dijo.
Ella se desnudó sobre la cama, tome un poco de aceite y lo coloqué sobre sus pies, el uso de tacones la noche del concierto le afectó bastante, tenía un par de ampollas y una cortadura cerca del tobillo, ella se quejó del dolor mientras yo apretaba suavemente. El teléfono de Beverly comenzó a sonar, ella lo tomó y al ver la pantalla negó.
- Es Jesse. – dijo girando los ojos.
- Tengo como cinco llamadas perdidas, respóndele, sino no dejará de molestar. – le pedí. Ella asintió y luego respondió.
- Dime Jesse.
- Hola Bev ¿Cómo estás? – preguntó.
- Oh, muy cansada, acabo de llegar de Los Ángeles, estoy por irme a dormir.
- ¿Está Rick contigo?
- Sí ¿Quieres que le dé algún mensaje? No se encuentra de buen humor y también está cansado, han sido días pesados en la empresa.
- Oh ¿Está todo bien? – parecía genuinamente preocupado.
- Sí, es la carga de trabajo ¿Quieres que le diga algo?
- Si, dile que Amy y yo apreciamos que se ofreciera a darle el trabajo para la visa, pero que no aceptamos por razones personales, y que si no lo vuelve a mencionar…
- Está bien – le interrumpió Bev – ¿eso es todo? en serio estoy muy cansada.
- Está bien, te dejo dormir, gracias por responder el teléfono.
- Buenas noches, Jesse.
Bev colgó y parecía molesta – no lo puedo creer – se quejó – esto es inconcebible.
- Cariño…
- Jesse es imposible ¡pobre Amy! ¿Tú ofreciste ayudarle con la visa? – yo asentí – ¿y Jesse no quiere? No lo entiendo ¿por qué?
- Quizás quiere que regrese a Nicaragua, así es más fácil para él ser infiel. – me encogí de hombros.
- Y todavía tiene el descaro de llamarme a mí, – negó – alguien tiene que decirle a Amy la clase de persona con la que está saliendo.
- Y no seremos nosotros, – dije y ella me observó incrédula – no quiero meterme en ese asunto, los problemas de su relación no nos incumben a nosotros. – aclaré.
- Tú porque eres hombre, – alejó el pie de mis manos y se puso de pie – si yo te fuese infiel te gustaría saberlo, pero claro, como es la novia de Jesse te da igual, la pobre debe de estar tan confundida ¿tienes idea de lo que duele que te traicionen de esa manera?
- Bev. – la llame mientras ella se alejaba.
Respiré profundo antes de ponerme de pie nuevamente, ella tenía razón, no tenía idea lo que se sentía ser traicionado, no me había pasado y tampoco lo había hecho, me sentía mal por Amy, pero Bev debía entender que no nos correspondía a nosotros, así que la seguí a la sala.
- Bev – volví a llamarla y conseguí que me viera – ¿desde cuándo te preocupas por otras mujeres?
Hice la pregunta en tono de broma, no me tomo mucho para descubrir que lo había estropeado enormemente, su expresión en el rostro fue más que obvia, la había ofendido y mucho.
- Tú crees que soy una mujer egoísta e insensible ¿no? Piensas que soy misógina, eso es lo que piensas de mí. – me acusó.
- No, Bev, no me malinterpretes, era una broma, yo sé que no eres así.
- No pensé que me tuvieras en tan bajo concepto. – dijo con lágrimas en los ojos.
- Bev…
Ella pasó junto a mí de regreso a la habitación, intente hablar con ella, pero no me escuchaba, la observé vestirse y limpiarse las lágrimas ¿por qué dije eso? Odiaba lastimarla.
- Sabes que no fue mi intención lastimar tus sentimientos. – le dije.
- Necesito estar sola.
- Bev, ya lo hemos hablado.
- Por favor, solo por hoy.
Yo asentí, tomé mis cosas y me fui a la habitación de invitados, desde ahí revise Instagram en mi teléfono, Amy había publicado una foto en el safari park, luego vi que había actualizado su lista de lectura en Goodreads y me acordé que tenía que configurar mi lector electrónico, me tomó una hora hacerlo y descargar todos los libros.
Sin sueño y lleno de aburrimiento entré a internet, escribí Nicaragua en el buscador, encontré algunas fotos, busqué la playa de donde era originaria Amy y me entretuve por al menos una hora más en videos y lugares que visitar, busqué hoteles, aprendí sobre la comida y esas vacaciones que estaba deseando de pronto cobraron forma.
Esa semana leí todos los libros de Lore Olympus, como eran novelas gráficas las leía al menos una por día. Amy no compartió que leía, fue hasta el final de la semana que ella misma publicó que ya había terminado uno de los tantos libros, cuando recibió la caja con los libros que tenía pendiente que le llegaran me envió un mensaje agradeciendo, le respondí: un placer, y no volvimos a hablar. El libro que ella leyó fue Malibú renace, le dio cuatro estrellas al igual que yo, yo lo leí durante la semana siguiente.
Beverly y yo nos volvimos a sentar juntos para conversar lo de la adopción ese fin de semana, la agencia nos pedía que fuésemos pacientes porque el proceso podía durar hasta un año, sin embargo, Beverly no deseaba seguir esperando, así que cesamos la solicitud.
Leer en las semanas en las que Beverly y yo tuvimos que visitar al médico y hacerle exámenes para la fertilización fue misión imposible, como también era imposible que ella quisiera tener sexo, quizás por los medicamentos que estaba tomando, Bev estaba irritada todo el tiempo.
Estuve a punto de desistir de la idea, me sentía ansioso constantemente ¿y si cuando estuviera embarazada tampoco quería tener relaciones? ¿Y si luego era por el bebé? ¿En realidad quería un hijo? Ni si quiera era mi hijo, pero tenía que hacerlo, estaba comprometido.
Amy leyó todos los libros que le compré el día que nos vimos en las semanas que no la vi, ni si quiera yo pude ponerme a ese nivel, me di cuenta por mi madre que Jesse había sido trasladado a la base en Quántico, Virginia y que Amy se regresaba a Nicaragua, mis padres les habían organizado una despedida y nosotros asistiríamos.