Jesse's girl 36
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Amy

La tarde que pasé con Rick fue el mejor día que había pasado en semanas, por la mañana había tenido que lidiar con Jesse al olvidarse de mi cumpleaños y dejándome sola, con las insinuaciones y mal carácter de Cory y con la nostalgia de no estar con mis amigas ni mi familia en mi cumpleaños.

Había ido a la librería para distraerme y porque me quería auto regalar un libro, tanto trabajo tenía que rendir fruto, parte del dinero que ganaba lo usé para comprar comida, vivir con mis abuelos me había enseñado que nada era de gratis, también le había enviado a Wanda dinero y la otra parte la había ahorrado.

Busqué en internet librerías en San Diego y esa fue la primera que me apareció, así que en cuanto tuve demasiado con mi propia pena, pedí un Uber y me largué de la casa, desde temprano estaba recibiendo mensajes de mis amigas y familia deseándome un feliz día, pero no me sentía con ganas de contarles que no tenía nada feliz.

En cuanto llegue a la librería me puse a dar vueltas, iba por un libro y había encontrado otros que me habían gustado aún más, tomar una decisión sería difícil, así que comencé a hablar con Suset y otras amigas lectoras para que me ayudaran a elegir, les envié varias fotos de los más bonitos, les estaba haciendo un video de la sección de clásicos cuando sentí una mirada sobre mí.

Levanté el rostro y ahí estaba él, Rick, una cara conocida, en un lugar donde me sentía tan solitaria, ver su rostro se me hizo la mejor casualidad de la vida, de pronto, como si dios quisiera decirme que soy su favorita, me estaba ofreciendo todos los libros que quisiera.

Rick era más agradable de lo que me había imaginado, amable, considerado y romántico, cada vez que mencionaba a Beverly solo pensaba en la suerte que ella tenía y le pedía al cielo que él no fuese como Jesse: por favor dios, que Rick no le sea infiel a Bev. Al menos así podría seguir creyendo en el amor.

Mientras conversábamos sentí que verdaderamente me estaba escuchando, cuando le conté el asunto familiar, pude notar que si estaba interesado y no fingía ni se regocijaba con morbo por el drama ajeno, al contrario de Jesse, quien fingió interés cuando le conté para poder acostarse conmigo.

Cuando Rick me preguntó de esa ocasión en su casa sentí una vergüenza enorme, le cambié de tema, solo recordar que fue el quien nos interrumpió mientras Jesse metía sus dedos por debajo del traje de baño que Bev me había prestado, moría de pena, aún no estaba segura si me había escuchado y no quería saberlo.

Jesse había hablado con él para pedirle más tiempo para hablar, y en cuanto estuvimos solos me pidió que fuéramos a la habitación de Rick, no sabía porque quería ir, pero no me sentía cómoda, él se movió con tanta naturalidad en la habitación, encontró un condón en la mesa, se lo puso y ni si quiera me preguntó si quería hacerlo, simplemente lo asumió.

Cuando volvimos con los demás tuve que fingir que todo estaba bien, por el bien de las apariencias, me sentía extremadamente fuera del lugar, no encontraba el momento en que alguien dijera que era hora de irnos, me sentía atrapada entre máscaras y fachadas.

Volviendo a casa, Jesse parecía estar de buen humor, el cual le duró dos días, fue cuando empezó a tener las llamadas que me parecían extrañas y las cenas con Rick, casi no pasábamos tiempo juntos, la soledad me impedía ver con claridad, parte de mi quería culpar a Rick por mis problemas con mi novio.

Intenté distraerme en la lectura, en cambio la lectura hizo que mi vida pareciera una comedia, el primer libro me hizo llorar tanto que ya no distinguía si era porque quería tanto al personaje principal o porque Jesse me había dicho que estaba subiendo de peso y que si me ponía gorda ya no le iba a gustar.

El libro de los siete maridos de Evelyn Hugo se sintió más personal, como si ella fuera el alter ego que me gustaría tener, Evelyn me recordaba mucho a Samanta, cuando sufrió lo de su segundo esposo lloré con ella, fue leyendo ese libro que me planteé por primera vez dejar a Jesse, fue gracias a esa autora que comencé a cuestionarme mis propios límites.

El problema era que, tras años de abuso con mi familia, los límites ya no existían, por eso todos hacían lo que querían, incluyendo a Jesse, parte de mi se preguntaba si Jesse en algún momento volvería a ser quien era en los primeros dos meses de relación, o si alguna vez cumpliría alguna de las promesas que me hizo.

Era difícil no comparar a Jesse y a Rick, o los momentos que compartí con ambos, cuando Jesse y yo comenzamos a salir había demasiada atracción y química, de la misma forma que existía la incertidumbre y la inestabilidad, fue como ver las versiones diferentes de la misma persona, por otro lado, Rick no había cambiado, era la misma persona, de la cual iba descubriendo nuevas cosas cada vez.

Rick había hecho algo lindo por mi ¿Por qué Jesse no podía ser más como él? ¿Acaso era mucho pedir? Después de una tarde casi perfecta, cuando ya no creía posible que fuese mejor, los meseros nos llevaron un pequeño pastel con una vela, entonces cerré los ojos y pedí un deseo: Que Jesse vuelva a ser como antes.

No pensé que mi deseo se haría realidad, hasta que me desperté con Jesse a mi lado la mañana siguiente, viéndome a los ojos con el mismo amor que me entregó en san Valentín unos meses atrás y me susurró al oído: Feliz cumpleaños.

- Jesse, mi cumpleaños fue ayer. – le informé.

- No, tú me dijiste que es hoy, – se sentó sobre la cama – ayer estuve todo el día organizando tu cumpleaños.

- ¿En serio? – pregunté y el asintió.

- Arréglate, – me dijo – voy a prepararte el desayuno, vamos a pretender que hoy es tu cumpleaños, la próxima no me des mal las fechas.

No quería discutir, si él había hecho algo por mí después de tantos días malos, no le iba a quitar la intención. Me arreglé a como pidió, Jesse y su madre estaban en la cocina con una torta de pastel que decía felicidades en español, el número veintidós en grande, lo cortamos y comimos un poco con café en el desayuno.

- Te ves encantadora, – me dijo Jesse – pero esa ropa no te va a servir, como sé que te gustan los animales te voy a llevar de safari.

Abrí los ojos lo más que pude, me sentí como una niña pequeña a la que le acaban le decir que la van a llevar a Disneyland, fui directo a la habitación y cambié el vestido por pantalones jeans y camiseta, me agarré el cabello en una coleta y volví con Jesse.

Jesse condujo mientras yo me escribía con Samanta y Fátima en mensajes independientes contándoles todo lo que había pasado en las últimas veinticuatro horas, cuando llegamos al parque le pedí a Jesse que me tomara unas fotos y antes de entrar ya las estaba publicando en Instagram.

Ir al safari era uno de mis sueños frustrados de niña, estaba muy emocionada, lo primero que hicimos fue el tour del parque, me sentía como si estuviera en África, le tomé foto a todo y lo compartí en mis historias, me la estaba pasando tan bien que deseaba de todo corazón que mis hermanas pudieran compartir la experiencia conmigo.

Lo segundo que hicimos fue el globo del safari, nunca imaginé que me subiría a uno, Jesse me tomó la mano, éramos solo él y yo juntos, me dio un beso cuando estábamos en lo alto, todo en el ambiente se sentía romántico, por un segundo pensé que me pediría matrimonio, en su lugar me dijo.

- No te vayas a Nicaragua.

- No tengo opción, – dije – pero Rick me dijo que si quería podía arreglar mis papeles con su empresa para conseguir la visa de trabajo.

- ¿Rick te dijo eso? – frunció el ceño – ¿cuándo?

- Ayer, me lo encontré en la librería y estuvimos hablando por un largo rato, cuando le dije que era mi cumpleaños me compró libros.

- ¿Por qué le dijiste a Rick que era tu cumpleaños y no a mí? – parecía ofendido.

- No podía decírtelo si no estabas presente. – le recordé.

- Pudiste decirme en la mañana antes de irme o por un mensaje de texto ¿estaba Rick con su esposa cuando lo viste? – preguntó y yo negué.

- Lo siento, no se me ocurrió decirte, esperaba que de alguna forma tú te acordaras por ti mismo sin que yo te lo dijera.

- ¿Cómo me iba a acordar si tú me dijiste que era hoy?

- ¿Cuándo? – pregunté ya exasperada – yo te dije que mi cumpleaños era ayer.

- Estás equivocada. – repitió.

- Jesse, esta conversación no tiene sentido, estoy aquí, disfrutando contigo ¿no podemos pasar un buen momento?

- Está bien, lo haré por ti, para que veas cuánto te amo.

Luego del globo hicimos el safari treck y el zip line, poder ver a los animales me hizo inmensamente feliz, no dejaba de señalar cuando divisaba un animal que desconocía o que solo había visto en la televisión. Cuando el día llegó a su fin me sentía cansadísima, no tenía energía, pero mi amor por Jesse había renacido como fénix, en cuanto llegamos a la casa hicimos el amor apasionadamente y mientras estábamos en la cama un pensamiento cruzó mi mente.

- Jesse, ayer mientras hablaba con Rick, me dijo que ustedes no se han visto en varias semanas.

- ¿Eso que tiene que ver? – preguntó como si no supiera a dónde iba.

- ¿A dónde vas cuando me dices que vas a entrenar? – pregunté.

- Voy a entrenar, al principio Rick y yo íbamos juntos, pero de un tiempo acá ha tenido mucho trabajo, puedes preguntarle, si te digo que voy a entrenar con él es porque espero encontrármelo, que él no llegue no es culpa mía, no puedes insinuar que no voy a entrenar cuando ves los resultados, si tienes dudas podrías venir conmigo, te vendría bien bajar de peso.

¿Me estaba llamando gorda de nuevo?

- Sabes que, voy a ir contigo. – le dije con determinación.

- Perfecto.

- ¿Y cuándo decías que ibas a cenar con Rick? – continué.

- Iba a cenar y el cancelaba a última hora, también puedes preguntarle, terminé cenando con otros amigos.

- ¿Y las llamadas?

- ¿Qué es esto? ¿Un interrogatorio? – dijo casi gritando – ¿ahora ya no confías en mí? Se puede saber ¿cuándo te he dado motivo para desconfiar? tienes que dejar tus celos e inseguridades a un lado si quieres que esta relación funcione, a mí no me gusta que me estén controlando, – y sonaba a amenaza – así que le paras a esto o esta relación se termina.

Jesse se levantó molesto, se puso su bóxer y salió por la puerta dejándome con el corazón en la boca, solo volvió minutos después por más ropa y su celular, el corazón me latía demasiado fuerte ¿en realidad lo había presionado tanto? ¿Acaso le había lastimado con mi falta de confianza?

Me estaba sintiendo mareada y me faltaba el aire ¿cómo era que un día tan bonito podía acabar tan mal? Lo había arruinado, no debí preguntar nada, las lágrimas amenazaron con correr a cántaros y no hice nada por detenerlas, me encogí en la cama como ya lo había hecho muchas otras veces y lloré mientras el corazón me dolía.