Jesse's girl 34 #2
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- Al parecer tú eres el único que piensa bien de mí, – dijo con recelo – esta mañana me encontré a Cory revisando mis cajones de la ropa, cuando le pregunté que buscaba me dijo que tenía un dinero guardado ahí y me acusó de robarlo, – su voz se tensó – no buscaba ningún dinero, no había ningún dinero ahí cuando llegamos, lo único que tenía ahí era marihuana, eso era lo que buscaba, cuando la encontré no le dije a nadie y por casi dos meses ni se había acordado que la tenía y hoy entro a la habitación, la dejo hecha un desastre y me acusó de ladrona.

Sus ojos estaban cerca de las lágrimas, pude ver la frustración y el enojo, a nadie le gustaría ser humillado de esa forma, Cory se portó como un idiota, pero más Jesse que no estuvo ahí para defenderla ¿por qué se fue con una amiga? él debió estar ahí para ella.

- Sabes que le ofrecí a Jesse la habitación de invitados si quieren mudarse con nosotros – le dije y ella negó.

- No podría dejar a Fay sola, le he tomado mucho cariño, además, Jesse y yo vamos a mudarnos pronto, volverá a los marines y estamos en espera del traslado, aún no sabemos a dónde nos van a enviar, Jesse dice que pronto tendremos noticias y que debo de estar lista.

- No estaba enterado. – le dije.

- Pensé que Jesse te había comentado algo, con eso de que salen a cenar tan seguido ¿De que hablan cuando se ven? – preguntó curiosa.

No estaba seguro de que estaba insinuando, de las veces que Jesse y yo salimos antes o ¿la única vez que fuimos a cenar con mi padre? ¿Sería que Jesse había mentido diciendo que me salía conmigo? La observé unos segundos pensando que responder.

- Jesse y yo no nos hemos visto en tres semanas, – confesé – desde que nos vimos por última vez en la parrillada en mi casa.

¡Mierda! Lo sabía, su rostro tomó en un tono pálido casi vampírico, sus labios formaron una O, casi pude ver su alma abandonando su cuerpo.

- Hola, buenas tardes – dijo la chica del Starbucks – ¿En qué les puedo servir?

- Un capuchino pequeño, dos aguas y – la observé, ella no dijo nada – un matcha latte.

- ¿Frío o caliente?

- Frío.

- ¿Tamaño?

- Grande.

- ¿Algo más? – negué – ¿tarjeta o efectivo? – le entregué la tarjeta – ¿nombre?

- Rick.

Coloqué mi mano sobre la espalda alta de Amy, le empujé un poco indicándole que nos sentáramos en la mesa más cercana mientras esperábamos, su mente parecía estar perdida en otra galaxia.

- ¿Está todo bien? – pregunté.

- No, – dijo algo angustiada – debe de ser que lo entendí todo mal, seguro me ha dicho algo que suena como tu nombre y yo asumí que decía que se vería contigo.

- Eso tiene sentido. – mentí.

- Sí, – dijo más para sí misma aún con la mirada perdida – pero ¿ustedes han hablado desde entonces, ¿verdad?

- Hemos intercambiado algunos mensajes. – respondí.

Por más de un minuto ninguno de los dos dijo nada, fue un momento incómodo, no sabía qué estaba pasando con Jesse, aunque tenía la sospecha de que él le había estado mintiendo acerca de lo que hacía, sabía muy bien por qué, Jesse no era un hombre que pudiera estar con una sola persona, quizás por sus inseguridades, quizás por su falta de compromiso, puede que ambas.

Por alguna razón pensé que al estar Jesse con Amy las cosas serían diferentes, pensé que él cambiaría, me daba cuenta que no, me decepcionaba mucho, no podía imaginar lo que debía de estar sintiendo Amy en ese momento, sentí pesar por ella, no merecía lo que le estaba pasando ¿Qué haría ahora? ¿Iba a perdonarlo? ¿Qué haría yo? ¿Perdonaría a Bev si hiciera algo así? Ni si quiera podía pensarlo.

La chica del Starbucks llamó mi nombre, me levanté de la mesa y fui por las bebidas, cuando regresé Amy tenía la mirada perdida.

- Te pedí el latte de matcha, no sé si aún lo has probado, pensé que te gustaría, Beverly lo pide todo el tiempo.

- Gracias, – ella lo tomó – sabe delicioso. – sonrió.

- ¿Ya sabes que libros comprar? – intente distraerla.

- Eso pensaba, no esperaba encontrarme con ediciones tan bonitas, – negó – ahora me los quiero llevar todos.

- Por qué no me enseñas cuáles son. – le pedí.

Ella se puso de pie de inmediato, yo la seguí, tome una canasta detrás de ella y camine sin poder evitar dar un vistazo a su trasero, sí que tiene curvas, ella giró la cabeza y notó de inmediato que la estaba observando.

- ¿Me estás viendo el culo? – preguntó y me puse rojo.

- No. – ella sonrió divertida y luego abrió los ojos en grande.

- ¿Tengo algo en el pantalón? ¿Me senté sobre pintura? – preguntó y yo negué, ella se observó con vacilación y luego me acusó – ¡Me estabas viendo el culo!

La desfachatez con la que lo dijo hizo que me sintiera avergonzado, di un rápido vistazo a mi alrededor deseando que nadie la hubiera escuchado, cerré los ojos y respire profundo, ella se rio a carcajadas y no entendí cómo había pasado de estar sería, triste y decepcionada por Jesse a totalmente entretenida conmigo, en cuanto abrí los ojos de nuevo le sonreí.

- Tendrás que caminar a mi lado si no quieres que te vea. – le dije.

Ella se acercó y caminó a mi lado, no estaba seguro si me estaba tomando el pelo o si le gustaba que la mirara, cuando llegamos a la mesa con los libros de ediciones especiales, ella comenzó a hablar de los TikTok que había visto de recomendaciones y de cuantas ganas tenia de leer varios de ellos, tomó un libro entre sus manos y comenzó a hablarme de lo que iba.

- Suena interesante. – dije al final, tomé una copia y lo puse en la canasta.

- ¿Tú qué vas a comprar? – preguntó.

- Un lector electrónico – respondí.

- ¿Ya sabes cuál? – se encaminó hacia esa área.

- Si, este. – le señale el que quería y tome una caja del estante.

- Yo he pensado en auto regalarme una Kindle por mi cumpleaños, quizás no nueva porque son muy costosas. – me dijo.

- ¿Cuándo es tu cumpleaños? – pregunté.

- Hoy. – se encogió de hombros.

- ¿Me estás tomando el pelo?

Ella negó, sacó la identificación de su país de su bolsa, la fecha era correcta, me quede viéndola confundido, era su cumpleaños ¿Por qué Jesse no estaba con ella? Deberían de estar celebrando, no podía ser que un día especial ella estuviera pasándola mal.

- ¿Jesse lo sabe? – pregunté y ella asintió.

- Se le ha olvidado o quizás lo ignoró a propósito para vengarse que me olvide del suyo, supongo que estamos a mano. – dijo.

- No es así como funcionan las relaciones. – le dije.

Ella no respondió, me sentí tentado a decir algo más, quizás una crítica hacia la inmadurez y negligencia de Jesse, pero decidí no empeorar las cosas, ya era momento que ella disfrutara su cumpleaños, tome otro de los lectores electrónicos y lo agregue a la canasta.

- No importa, – le dije – anda, escoge lo que quieras.

- ¿Qué? – preguntó confundida.

- Escoge todos los libros que quieras, te los voy a regalar por tu cumpleaños.