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Rick
Voy a tener pesadillas, era todo lo que pensaba mientras vomitaba la carne que mi padre había preparado, Bev estaba del otro lado de la puerta del baño, no deseaba ser visto, cuando por fin había acabado de sacar todo lo que había en mi estómago, bastó que le diera un pequeño vistazo al condón usado de Jesse para que la bilis subiera hasta mi boca.
- Cariño ¿estás bien? – preguntó Bev.
No estaba bien, definitivamente no lo estaba, una mujer increíble estaba del otro lado y yo me encontraba vomitando porque no soportaba la idea que mi mejor amigo tuviera relaciones con su novia, me detesté a mí mismo por querer ser yo quien estuviera con ella, me odie por no poder mantener mis deseos para una sola persona.
Amy acarició mis recuerdos con su voz: Jesse es mi primer novio… vengo de una familia conservadora… no se nos ha permitido tener novios, su forma de comunicar sus sentimientos, sin miedos, ojalá no la hubiera conocido, pero sabía que era brillante, divertida, leal, capaz, resiliente y atractiva.
Ya no podía mentirme, como cuando soñaba con ella y me ponía excusas suficientes para negar mis deseos, era claro que me atraía y no solo físicamente, me gustaba su risa, su mirada, cómo me hacía sentir, hablar con ella, y ahora sabía cómo se escuchaban sus gemidos, deseaba que no me gustara eso, pero me estaba volviendo loco.
Bev abrió la puerta y la cerró de inmediato al ver mi estado, me dirigí al lavado, mi rostro se estaba demasiado pálido frente al espejo, me cepille los dientes con los ojos cerrados, trate de no pensar, me lavé el rostro y me encontré con Beverly en la habitación.
- Pensé que era la única que se enfermaba en esta familia – dijo – ¿Necesitas que te lleve al hospital? No te ves nada bien.
- Ya lo sé. – respondí sin ganas.
- ¿Que podrá haberte echo daño? Todos comimos lo mismo, – negó – no puede ser intoxicación ¿Será el alcohol? Amy y tú tomaron varios shots de tequila y luego tomaste vino, puede ser la mezcla ¿Crees que el pepto bismol ayude? Me parece que tenemos en el botiquín de emergencia.
- Estoy bien, solo necesito descansar.
Me recosté sobre la cama, cansado, derrotado, asfixiado y perseguido por mis propios demonios, quizás yo no era tan buena persona después de todo, Bev se recostó conmigo y se durmió primero, pensé que tendría problemas para conciliar el sueño, pero el cansancio me ganó. La mañana siguiente decidí no ir a entrenar por la mañana, ni si quiera le avisé a Jesse, me levanté temprano y fui directo a la oficina, le envié un mensaje a Marjorie para que pasara por un café para mí y la cité para hablar de los planes de la semana.
- Buenos días. – saludó.
- Buenos días – respondí – ¿Traes la agenda? – ella asintió, yo bajé la vista hacia el computador – esta mañana no tenemos nada programado.
- No señor, después de almuerzo tiene una entrevista con el candidato para el puesto del trabajo, nuestro contador se va a retirar y nos ha recomendado a esta persona, la cita está a la una de la tarde.
- ¿Es el único candidato?
- No señor, hay otro candidato que sobresalió de entrevistas previas, la cita la tiene para esta tarde, le dejé el resume en el escritorio, es ese de ahí. – señaló un sobre verde.
- Lo revisaré después, necesito que me hagas una cita con mi psicólogo lo más pronto posible.
- Está bien. – ella escribió en su agenda.
- También necesito que revises el calendario, me gustaría tomar unas vacaciones de una semana, si es necesario mueve reuniones y cuando tengas fecha, prepara el comunicado para firmarlo.
- Si señor. – respondió.
- Eso es todo, gracias, Marjorie.
- A la orden ¡Que disfrute su café!
Marjorie se fue, di un sorbo al café y revisé mi celular, tenía dos mensajes de Jesse, en el primero me preguntaba si llegaría a entrenar, en el segundo me preguntaba si estaba bien, tenía una llamada perdida suya y el celular en silencio, le respondí que estaba bien, pero que tenía demasiado trabajo, minutos después Marjorie me marcó por la línea telefónica de la oficina.
- Señor, me comuniqué con la oficina de su psicólogo, dice que si es de urgencia le pueden recibir esta misma tarde a las cinco, pero a las 4:30 tiene la entrevista con el otro candidato.
- Acepta la cita a las cinco, llama al otro candidato y mueve la entrevista una hora antes, si no puede cancélalo y contrata de inmediato al candidato de la una.
- Si señor.
- Marjorie, quiero que estés presente en las entrevistas.
- Si señor.
Colgué, me sentí más tranquilo sabiendo que vería a mi psicólogo, le escribí a Beverly para informarle de mi cambio de planes, continue el día revisando contratos, estuve tan ocupado que no pensé en nada más, las horas pasaron rápido, la entrevista con el primer candidato se extendió poco más de lo esperado, para cuando habíamos terminado con él ya casi era hora de recibir al segundo candidato, trate de hacerlo lo más rápido que pude y al final Marjorie y yo estuvimos de acuerdo que el primer candidato era el más cualificado y quien tenía mejores referencias.
- Ya me voy, – le avise a Marjorie – revisamos mañana las fechas para mis vacaciones.
- Si señor, que le vaya bien.
Me sentí tentado en pedirle a George que me llevase, el problema era Beverly, que lo necesitaba más que yo, en el momento en que salí de la oficina volví a sentirme ansioso, durante el trayecto a la clínica de mi psicólogo me sentí eufórico, mi piel estaba helada como el hielo, necesitaba sacar todo de mi antes que mis propios pensamientos me consumieran.
Llegué minutos antes de mi cita, así que me tocó sentarme en la sala de espera un tiempo considerable, mientras esperaba me dediqué a responder correos, cuando me llamaron por mi nombre, me puse de pie y entré a la habitación, me senté en el mismo sillón y le conté todo desde la última vez que lo vi, puede que me haya tomado la hora entera.
Me sentí muchísimo más relajado al momento que deje de hablar, había entrado en detalles no solo de los sucesos, sino también de mis pensamientos, de las conclusiones que había sacado con respecto a mis sentimientos y de cómo me estaba asfixiando en el momento, él me observó, tomó nota un par de veces, únicamente habló cuando se aseguró que ya no tendría nada más que agregar.
- Eso ha sido… – se detuvo a pensar que más decir.
- Caótico. – termine por él.
- Desde cierta perspectiva. – asintió – Primero, me gustaría comenzar diciendo que estoy orgulloso de la forma en la que reconoces tus emociones y las implicaciones de ellas, admitir que te sientes atraído por ¿Amy, cierto?
- Amy. – respondí.
- Sí, Amy, admitir que tienes deseos por ella es un gran paso. Segundo, respondiendo a tu pregunta, sí, creo que todo esto puede deberse a la falta de sexo en tu matrimonio, es normal que desees lo que Jesse tiene, es de las personas más allegadas a ti, si fuese otra persona, estarías deseando o comparándote con esa persona, la falta de relaciones sexuales afecta el autoestima, las personas que están en relaciones y no tienen sexo, suelen tener una perspectiva de sí mismos menos atractiva, las sensaciones negativas son más constantes al punto de llevar a desajustes emocionales, tus fantasías sexuales son simplemente un síntoma de la falta de intimidad.
- Entonces ¿No estoy loco? – pregunté aliviado.
- No, a mí me parece que eres una persona fiel a tus ideales y principios, no creo que por estar teniendo estas fantasías significa que vayas a caer en la tentación de hacerlas realidad.
- Jamás le sería infiel a Bev, no podría hacerle daño nunca.
- ¿Has pensado en decirle a tu esposa como te sientes? – levantó ambas cejas – una comunicación asertiva…
- No, no voy a decirle que tengo deseos por otra mujer. – le interrumpí.
- Has pensado que ella también puede tener fantasías con otros hombres, – ¿Qué? No se me había pasado por la mente – no tienes que decirle directamente que tienes fantasías con otra mujer, pero puedes intentar indagar cómo le está haciendo sentir la falta de sexo a ella, las mujeres también tienen deseos, – me recordó – es posible que la falta de intimidad sea lo que ha generado mayor ansiedad durante el proceso de adopción, además, ya sea el estrés o la falta de sexo o ambas lo que ha influido sobre su salud física.
- Pero es ella la que no quiere tener relaciones.
- ¿Estás seguro de que solo ella? No me acabas de contar que a veces llegas muy cansado del trabajo.
- Sí. – dije avergonzado.
- Escucha a tu pareja, trata de entender mejor sus necesidades, si ella te necesita más presente durante este proceso, quizás debas darle menos prioridad al trabajo e invertir un poco en revivir la pasión.
- El problema es que no sé cómo hacerlo, no tengo idea como acercarme, ella se esfuerza en rechazarme.
- Puede que no hayas intentado el acercamiento adecuado ¿O tienes algún motivo para pensar que ella ya no te desea?
- No… no lo sé, – Me sentí más confundido de cuando llegué, no había pensado que mi esposa pudiera haberse desenamorado de mí, siempre hubo una chispa entre los dos. – no lo he pensado a profundidad, el remordimiento de sentirme atraído por otra mujer me tenía distraído, no había analizado los problemas de mi relación tan a fondo, Beverly y yo llevamos trabajando juntos mucho tiempo, siempre tuvimos una dinámica de trabajo y amistad, hemos estado incondicionalmente para el otro, creo que me gustaba tanto estar con ella que pensé que todo seguiría igual al casarnos, la convivencia en el matrimonio ha cambiado mucho esa dinámica ¿Crees que cometí un error al casarme con ella tan rápido? Quizás debimos salir por un tiempo antes de dar este paso.
- Creo que tomaste la decisión basándote en que eres un adulto que sabe lo que quiere y que no le gusta estar solo, ya has estado casado una vez, sabes cómo es y te gusta, creo que, porque en tu anterior matrimonio tenías una buena química sexual, pasaste todas tus expectativas a tu nueva relación, sin tener en cuenta que son dos personas distintas y que cada relación es diferente. – dijo y yo asentí.