Jesse's girl 31 #3
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Casi pude escuchar el momento exacto en el que se rompió mi corazón, crac, crac, crac y luego un pitido en mi oído, parpadeé un par de veces más e intenté decir algo, pero mi mente que antes era un caos ahora se había quedado en blanco, las palabras se ahogaban en mi garganta mucho antes de poder salir de mi boca, me estaba quedando sin aire.

- No llores, – me amenazó – tu manipulación no va a funcionar conmigo.

- No estoy… – pero no pude continuar.

- Amy…

Jesse se acercó y de pronto me sentí pequeña, las lágrimas corrieron por mi rostro, traté de girar mi rostro hacia un lado para que no me viera llorar y también para no verlo yo a él, por primera vez sentí miedo de él, y si me tocaba comenzaría a gritar.

- Amy, – volvió a llamar mi nombre – ya basta.

- Lo siento, – dije, aunque no sabía por qué me estaba disculpando. – perdón.

- Está bien Amy, te perdono, pero ya deja de llorar, te va a escuchar mi madre y va a pensar que te he hecho algo. – su voz se suavizó.

Jesse intentó acercarse y yo retrocedí, choque con la cama y terminé en el suelo, intente parar de llorar, pero estaba abrumada, el trabajo con los niños insoportables, la impotencia de no poder hacer nada por mi hermana, vivir con mi familia política sin saber si les agradaba o no y Jesse siendo cruel, todo me sobrepasaba, era más de lo que podía tolerar.

- Déjame sola. – pedí.

Jesse no dijo nada, salió de la habitación y no regresó hasta las tres de la mañana del día siguiente, olía a alcohol cuando se metió a la cama, pensó que estaba dormida, yo tenía los ojos cerrados, lo único que hice fue olerlo, había estado tomando, pero también había estado con alguien más, sentí el perfume de mujer, me dio náuseas, contuve mis ganas de vomitar mientras él se quedaba dormido.

Cuando me levanté la mañana siguiente pude ver maquillaje sobre la camiseta de Jesse, estaba segura de que la mancha negra era máscara de pestaña y la mancha roja era algún rubor, quería gritar, pero no quería hacer una escena mientras su madre estuviera presente, Jesse se dio la vuelta, y entonces mire la parte baja se su camiseta, semen, sentí arder mis venas, estaba por explotar.

Quería golpearlo, tirar las cosas y no supe con qué voluntad me contuve. No, no podía estar con alguien que me había engañado, pero ¿En realidad me había engañado? Quizás solo estaba adelantando a los hechos. Deseaba despertarlo, en lugar de eso fui a darme un baño y mientras el agua corría por mi cuerpo me permití llorar un rato más, mientras mi mente me traicionaba imaginándose a Jesse estando con otras mujeres.

Aquella frase que uso la otra noche vino a mí: No te quejes si yo consigo a alguien más para hacer lo que tú te niegas a cumplir. Era mi culpa, yo le pedí que se fuera, yo lo envié a brazos de otra. Si Jesse admitía que me había sido infiel ¿Qué iba a hacer? No tenía amigos allí, ningún otro lado a dónde ir ¿Sería capaz de perdonarlo? ¿Y si Jesse era el que deseaba terminar conmigo? Salí del baño y cuando entre a la habitación Jesse ya se había despertado.

- Buenos días. – me dijo como si nada.

- ¿Dónde estuviste anoche? – pregunté sin rodeos.

- ¿De qué hablas? Estuve aquí, dormí contigo.

- Llegaste a las tres de la mañana, ebrio y con olor a perfume de mujer. – puntualice.

- ¿Ya vas a comenzar?

- Tienes maquillaje en tu camisa, – le señalé – dime la verdad ¿estuviste con otra mujer?

- No, – dijo con seguridad – claro que no, fui con unos amigos a tomar y uno de ellos andaba con su novia, seguro me manche por accidente, quién sabe, no sé, no recuerdo mucho.

Quería decir que le creía, que no me dolía, fingir que todo estaba bien, pero la marca de semen en su camisa seguía ahí y para eso no pensé que tuviera explicación, aunque deseaba que la tuviera, quería no tener esperanzas, ser fuerte e irme, pero estaba aterrada, me senté sobre la cama y apunte con el dedo a la mancha.

- ¿Qué es esto? – pregunté y él bajó la vista.

- No sé. – respondió y se encogió de hombros.

- Jesse, es semen, – negué – no nací ayer.

- Será que me masturbe, no sé, no me acuerdo ¿Ok? Pero no te fui infiel.

No estaba satisfecha con su explicación, pero no deseaba seguir indagando en algo que me lastimaba, Jesse no admitiría que estuvo con otra y yo no tenía pruebas, tenía que creerle, porque mi otra opción era terminar la relación y la mera idea de hacerlo era aún más doloroso.

- ¿Me crees? – preguntó en un tono muy suave y yo asentí.

Jesse me tomó entre sus brazos, me era difícil respirar ese olor, él comenzó a besarme el cuello, sus manos se deslizaron por mis senos, quería estar con él solo para probarme a mí misma que le creía, pero mi fe en él no era tan grande, ese olor a vainilla intenso me hacía sentir enferma, me sentía sucia mientras en impregnaba ese olor en mi rosando nuestros cuerpos, me aleje de él completamente descolocada.

- Por favor ve a darte un baño, voy a ayudar a tu madre a preparar el desayuno. – le dije en tono de súplica sintiéndome asteada.

Jesse asintió, me encaminé a la cocina donde encontré a mi suegra, estaba preparando unos huevos revueltos, el olor a tocino se sentía en toda la casa, ella estaba al teléfono y colgó al verme.

- Estás lista, – dijo sorprendida – pero tienes que cambiarte, vamos a ir a almorzar a la casa de Rick, Clay y Juliana están preparando una barbacoa en la piscina, avísale a Jesse por favor.