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- No lo sé, eso no lo dicen, tampoco nadie quiere admitir quién les dijo que ¿Tú cuál crees que es la correcta? – me preguntó.
- No lo sé, puede que el video sea de la conversación que tuvimos con Wanda, Fátima se lo envió a mamá, lo de las sábanas no lo sé, fue hace muchos años, cuando el abusó de Wanda por primera vez, les dijo a todos que había sido porque le había bajado la regla, ya sabes, que tuvo su primer periodo, no creo que aún tengan en su poder sábanas manchadas, creo que las botaron a la basura.
- ¡Arg! – rugió Samanta molesta – Que tipo tan asqueroso, yo misma quiero arrancarle la cabeza.
- Lo sé, yo ya no puedo pensar en el sin que me den náuseas.
- Dicen que hoy tu abuelo fue a la policía porque lo quería matar el mismo, llego con un machete y asustó a todos, pero al final lo sacaron y lo dejaron ir sin problemas, ya sabes que es un señor mayor, eso es lo que me dijo uno de los guardias que me está intentando enamorar.
- Ojalá lo hubieran encerrado. – dije.
- Eso le dije yo a él, que se lo merecía por lo que te había hecho a ti, casi le enseño las fotos de cómo te dejó, pero dijo que, si tú no ponías la denuncia que ellos no podían hacer nada, y que, si Wanda tampoco se presentaba a declarar, lo más posible era que también dejaran libre al asqueroso violador ese, tienes que hablar con Wanda y convencerla.
- Lo intentaré, está molesta con nosotras y no nos responde los mensajes. – dije algo frustrada.
- Si necesitas que alguien vaya a Managua a jalarle el cabello, me ofrezco de voluntaria. – me reí de sus palabras y agradecí.
- Gracias por mantenerme al tanto, voy a llamar a Fátima y ver qué podemos hacer.
- Está bien, buena suerte, ya sabes que puedes contar conmigo para lo que sea. – me dijo.
- Lo sé, no te merezco, te extraño mucho.
- Yo también te extraño – respondió haciendo un puchero.
- Por cierto, cómo está eso del policía, no me habías contado. – pedí.
- No es nada serio, él me promete la luna y las estrellas, como todos, pero no me interesa, solo dejo que me invite a cervezas y cojo con él para desahogarme. – dijo despreocupada.
- ¿Estás segura?
- Amiga ¿Cuándo te he mentido?
En ese momento Jesse entró por la puerta para avisarme que su madre estaba preparando la cena, me despedí de Samanta y me uní pronto en la cocina junto a él y su madre, habían abierto una botella de vino y estaban conversando sobre política, cosa que no me interesaba en lo absoluto.
- ¿Les importa si hablo con mi hermana un momento? Hay algo importante que debo decirle. – pregunté recordando las normas de educación que me había enseñado Fay.
Fay estuvo de acuerdo, pero Jesse me lanzó una mirada de desaprobación, aun así, salí por la puerta principal de la casa y una vez sola le marqué a mi hermana Fátima para ponerla al tanto de lo que estaba pasando.
- No puedo creerlo – dijo Fátima – ¿No estás orgullosa de mamá?
- ¿Por qué le das tanto crédito? – pregunté.
- Amy…
- Es lo mínimo, es lo que cualquier padre haría, no voy a aplaudirle por hacer su trabajo.
- Ok, no voy a discutir contigo, no tengo idea de lo que podemos hacer tú y yo, es un problema que no está en nuestras manos. – me dijo.
- Entonces si Wanda no lo denuncia ¿Lo vamos a dejar como si nada?
- Si Wanda no lo denuncia y él queda libre ¿Qué crees que hará el abuelo? – preguntó.
- Quizás si le dices eso a Wanda decida hacer algo. – sugerí.
- Le voy a enviar un mensaje. – aseguró.
Jesse me interrumpió para avisarme que la comida estaba lista, no parecía muy contento, me despedí de mi hermana y entré de nuevo a la casa, me senté en la mesa a cenar con ellos, no dije nada durante todo el rato, Fay me preguntó si todo estaba bien, a lo que yo asentí, al terminar recogí la mesa mientras Jesse y su madre aún compartían algo de vino, luego me despedí para ir a lavarme los dientes y cuando estaba en la habitación Jesse apareció molesto.
- ¿Se puede saber que te pasa? – preguntó.
- No sé a qué te refieres – respondí confundida.
- ¿Por qué te has ido a hablar por teléfono cuando te he pedido que estuvieras con nosotros? ¿Con quién estabas hablando?
- Estaba hablando con mi hermana, pregunté si estaba bien y tú madre dijo que sí, no pensé que les molestaría, ustedes estaban hablando de cosas que no entiendo.
- Pero yo te pedí que te quedaras. – dijo enfurecido.
- No te escuché, no sabía que estabas hablando conmigo. – admití.
- ¿Cómo no vas a saber que estoy hablando contigo? ¿Acaso eres estúpida?
¿Qué? No te lo tomes personal, no te ha llamado estúpida directamente, SÍ QUE ME HA LLAMADO ESTÚPIDA, acaba de ofenderme en medio de una discusión, no ha sido su intención, se ha dejado llevar por el calor de la pelea, no voy a permitirle que me hable así, no discutas más con él ¿por qué no le cuentas lo que está pasando con tu hermana? no lo va a entender.
- ¿Qué dijiste? – balbucee mientras en mi mente seguía discutiendo conmigo misma.
- Oh, ahora estás sorda. – respondió aun a la defensiva.
Jesse estaba atacándome cuando yo estaba desarmada, no sabía ni qué decir, creería que años de abusó psicológico en mi familia me prepararían para ese momento y, aun así, no supe cómo reaccionar, en mi mente había demasiado ruido, no entendía lo que estaba pasando.
- Jesse – dije con la voz baja – necesito que pares. – Eso es, limites, necesito poner límites – me estás lastimando.
- No te estoy haciendo nada, – se quejó – ni si quiera te estoy tocando.
- No necesitas tocarme para hacerme daño, tus palabras son suficientes.
- ¿No te parece que estás siendo demasiado dramática? – dijo alterado.
- ¿Por qué me hablas así? – pregunté y luego parpadee un par de veces.
- ¿Así como? – dijo exasperado.
- Como si no te importara lo que siento.
- En este momento no me importa. – respondió.