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Amy
La mañana siguiente a la llamada con mis hermanas me encontré con mi suegra, quien me había dicho de una conocida que necesitaba una niñera y me preguntó si estaba dispuesta a cuidar niños, le dije que sí. Dos días después estaba en la casa de una persona de dinero cuidando a un bebé y un niño de diez años extremadamente consentido y malcriado.
Ser niñera no era tan fácil. El bebé; lloraba, se hacía caca, gritaba desesperadamente, y requería de atención casi todo el tiempo, me era muy difícil lidiar con ambos niños al mismo tiempo. Solo cuidaba de ellos los fines de semana cuando los padres quería salir, el primer pago ni siquiera lo vi, le pagué de inmediato a mi suegra el dinero que me había prestado.
Fátima por su parte se tomó varios días antes de hablar con nuestra madre, le dijo a Fatima que la extrañaba y le preguntó por mí, no dijo si me extrañaba o no, solo preguntó cómo y dónde estaba, le dijo que, si quería saber sobre mí, primero debía pedirme disculpas y hablar directamente conmigo, pero mi madre no podía contactar conmigo porque ella no tenía ni nuevo número de teléfono.
En un principio nuestra madre no creía por completo lo que le pasó a Wanda, pero una vez que escuchó el audio y recordó cómo sucedieron las cosas, admitió la verdad para sí misma, al igual que nosotras lloró y supe que intentó contactar con Wanda, pero ella no respondió sus llamadas, tampoco respondió los mensajes que nosotras le enviábamos.
Durante esas semanas mi suegra siguió dándome clases de etiqueta: A quien debo saludar primero, como debo saludar, como debo entrar y salir de un lugar, pasamos horas practicando por las noches como debía caminar en tacones; un pie por delante del otro, tacón-punta, con seguridad, derecha, incluso intentamos los libros en la cabeza, pero nunca pude mantenerlos más de tres segundos sin que se cayeran.
El hermano de Jesse seguía siendo insufrible y como yo era quien pasaba mayor tiempo en la casa con él, tenía que soportarlo, en varias ocasiones lo vi consumiendo otro tipo drogas, era deprimente y molesto al mismo tiempo, le comenté a Jesse que me hacía sentir incómoda y él me dijo: ¿qué quieres que haga? Como si no pudiese hablar con él o hacerlo parar, discutimos más de una vez por eso, en todas las ocasiones se iba de la casa y regresaba hasta pasada la medianoche.
Pasado el primer mes de vivir en los estados unidos, Jesse solicito volver a unirse a los marines, también me contó que Rick nos había ofrecido vivir en su cuarto de invitados, pero ni a mí ni a él nos pareció buena idea.
- Rick es amable, pero está intentando adoptar y pronto se estará mudando a una casa más grande y nosotros ya no seremos bienvenidos. – me dijo.
- ¿Por qué están intentando adoptar? – pregunté por curiosidad.
- Rick no puede tener hijos. – dijo en tono despreocupado.
Jamás me hubiera imaginado que un hombre como Rick no pudiera tener hijos, quise sentirme triste por él, pero luego de cuidar un bebé y un niño, no le deseaba hijos a nadie, al contrario, pensaba que él era afortunado.
- Por eso se divorció de su primera esposa, – agregó Jesse – ella quería tener hijos y cuando lo intentaron se dieron cuenta que él era estéril, ellos se divorciaron y ahora ella está casada con otro hombre y tiene una hija.
- Oh, eso es horrible. – dije horrorizada.
- Sí, esa mujer era una oportunista, solo estaba con él por su dinero, para que le pagara la universidad y sus lujos.
- ¿Cuánto tiempo estuvieron juntos?
- Creo que fueron diez años, estuvieron casados dos años, nunca le caí bien a ella.
- Wow, a alguien no le agradas, eso sí es difícil de creer.
Me era ridículo pensar que alguien solo quiera estar con Rick por su dinero, él era exitoso y apuesto, me era inimaginable que alguien pasara diez años con él y no desarrollara ninguna clase de afecto, quizás no pensara de Rick como un romántico, pero estaba segura que ese había sido un golpe duro para él y sentí pena.
- Intentó hacer que Rick se alejara de mí y no lo consiguió, ahora es ella la que no habla con él. – dijo Jesse con una sonrisa de satisfacción.
- Karma, – respondí – al menos su nueva esposa parece quererte mucho.
- Si, aunque también siento algo extraño con ella.
- Sientes como si ella no fuera del todo real. – dije.
- Yo no diría eso, pero algo parecido, por eso no quiero que trabajes para ella, me da miedo que te transformes en alguien como ella.
- Jamás sería como ninguno de ellos, – me reí – para comenzar debería de haber nacido con dinero.
- Tienes razón, – me dio un beso en los labios y luego agregó – vístete, te tengo una sorpresa.
Me arreglé de inmediato emocionada, Jesse me esperó en el auto, no sabía hacia donde me llevaba, pero estaba encantada de poder salir con él, a solas. Condujo por varios minutos hasta detenerse cerca de un edificio impresionante, bajamos del vehículo y comenzamos a caminar, una vez en la entrada me dijo.
- Bienvenida a la biblioteca central de san Diego.
Mi boca se abrió en una O, parecía más un museo que una biblioteca, el domo en la parte superior del edificio entre cristal y acero le daba un aspecto moderno, corrí hacia la puerta, estaba emocionada, mis ojos brillaron ante la enorme cantidad de libros que estaban frente a mí ¿Tendrían todos los libros que tenía pendiente en mi lista de lectura de Goodreads?
- ¿Tengo que pagar por una membresía? – pregunté y él negó.
- Tu ve y escoge los libros que desees, yo sacaré una membresía para que puedas venir cuando quieras y solicitar los libros que quieras.
Asentí y caminé despacio por los pasillos, saqué mi celular y comencé a grabar a mi alrededor, quería tomarme muchas fotos, le envié varios de los videos a mis amigas en Managua, Suset fue la primera en responder, luego una chica se me acercó a preguntarme si había encontrado lo que buscaba, así que comencé a leerle la lista de libros que quería leer.
Ella me llevó a una esquina donde tenía una computadora, revisó uno a uno los libros, varios estaban en lista de espera, otros los podrían solicitar de otras librerías y ellos podrían avisarme cuando los tuvieran, dos los tenían en existencia y fue por ellos para entregármelos, cuando los encontró Jesse ya tenía la membresía, así que sólo fue registrarlos.
Jesse me tomó varias fotos, luego fuimos a caminar por la playa, había muchísima gente, me recordó a la semana santa en mi tierra, acá se le llaman vacaciones de primavera, antes solía pasarlo con mi familia, ese fue el primer año en que dejo de ser así. Me puse nostálgica, extrañaba la comida de la temporada, la sopa de queso cada viernes de cuaresma y mi postre nicaragüense favorito, el almíbar con jocote y mango.
Se me hacía agua la boca solo de imaginarme la comida, es decir, tenía antojos, todo era diferente en San diego, el pan no sabía igual al pan de pueblo, las rosquillas rivenses no existían, en cambio ellos tenían donas, ni si quiera podía pensar en preparar la mayoría de las comidas porque no tenía la mitad de los ingredientes y a pesar de que comenzaba a extrañar todo aquello, me sentía infinitamente feliz de estar en San Diego.
Había algo en esa ciudad, quizás en parte de su historia, o puede que en la magia que se podía respirar en el aire cuando mirabas hacia el mar, cerrabas los ojos y recorría en tus pulmones un sentir cálido, como un abrazo, que te susurraba en las venas: Soy tuyo, quédate, no me dejes. Estaba enamorada de San Diego y me daba miedo tener que irme y no poder volver.
Jesse y yo nos sentamos por un momento en una banca, podíamos escuchar a las gaviotas sobre el ruido de la gente y el tráfico, abrí la galería de mi celular y observe las fotos, elegí un par de las que me tomó con los libros que había prestado en la librería, la publiqué en Instagram con la nota “mis siguientes lecturas”, marqué la primera en Goodreads como leyendo actualmente y lo compartí en mis historias.
Cuando volvimos a casa recibí un mensaje de Samanta:
Amiga, tu mamá denunció a tu tío con la policía, tienes que llamarme, no sé si estás al tanto, pero tiene que ver con Wanda, es el chisme del momento, todo el mundo está hablando de esto.
Le llame de inmediato:
- Hola Samanta.
- Hola ¿Cómo estás? – respondió.
- Bien, dime que ha pasado. – pedí.
- Hace como una semana comenzaron los rumores, no sabía cómo decirte esto, es demasiado fuerte. – su voz se escuchaba nerviosa.
- Ya lo sé. – confesé.
- ¿Lo sabes? – preguntó sorprendida – ¿Desde hace cuánto?
- Poco antes de irme de la casa. – admití.
- ¿Y no me habías dicho? – parecía ofendida.
- No estaba en mi decirte.
- Al menos eso dice lo bien que se te da guardar los secretos de los demás ¿Tu mamá también sabía? ¿Cómo te enteraste? – me preguntó ya más relajada.
- Wanda nos dijo a Fátima y a mí y Fátima le dijo a mi madre, ahora cuéntame qué es eso de la policía.
- Oh si, tu mamá puso la denuncia, días después arrestaron a tu tío, al parecer no le había dicho a nadie lo que había hecho y tu tía fue a hacerle un escándalo al trabajo de tu mamá, tus abuelos se enteraron y tu abuelo estaba furioso, tu tía aseguraba que era todo mentira, estaba gritando como loca, las malas lenguas dicen que tu abuela le pegó y que ellos le creían a tu madre porque supuestamente presentó pruebas a la policía, aún no sé exactamente qué, hay varias versiones en esa parte.
- ¿Cuántas versiones has escuchado? – pregunté con curiosidad.
- Al menos cuatro o cinco personas me han dicho algo al respecto, la señora de la tienda, una persona en la iglesia, un vecino que vino al bar y preguntó por ti, y los jefes de tu madre, no recuerdo si alguien más me dijo algo, me parece que sí, pero es difícil llevar la cuenta – dijo dejándome con la boca abierta– ¿Tienes idea de cuáles son las pruebas?
- No, yo pensaba que no había pruebas – admití – ¿Qué dicen las versiones de la gente del pueblo?
- Una dice que había una sábana manchada de sangre, otra dice que es un video de Wanda confesando lo que pasó y otra es que hay testigos.
- ¿Y quiénes son los testigos?