30
Rick
Durante las semanas siguientes de reencontrarme con Jesse nos vimos cada mañana en el gimnasio antes de ir al trabajo. Beverly y yo decidimos llevar el asunto de la adopción con los abogados, le comentamos la noticia a mis padres en cuanto lo decidimos, Papá me felicitó y mi madre estaba extasiada con la idea, hasta ese momento no era consciente de lo mucho que le emocionaba ser abuela.
Sabía que adoptar sería costoso, pero no tenía idea de que tanto, no debería quejarme del dinero porque tenía suficiente, pero pensar en que todo ese dinero no estaba dando ningún resultado comenzaba a desesperarme, miles de dólares en el abogado, miles de dólares en los centros de adopción, todo el tiempo invertido, por semanas Bev dejó de asistir al trabajo, la mayor parte del trabajo del proceso de adopción la hacía el abogado, pero Bev quería estar involucrada.
Estaba comprometida, ella quería que todo fuera perfecto, se aseguraba que los padres no tuviesen un historial con drogas, que ambos padres fueran saludables y atractivos, todo parecía lógico, pero encontrar al bebé indicado tomaría tiempo, en un principio nos regimos por los centros de adopción en California, luego decidimos expandirnos a otros estados, la observe armar su maleta porque tuvo que viajar varias veces, se irritaba si no conseguía lo que quería, intentaba ser paciente y amoroso, pero trabajaba mucho últimamente, y yo también estaba agotado.
Ella esperaba que yo llegase del trabajo y pusiera toda mi mente y alma en la adopción, pero no tenía energía, terminaba diciendo cosas como: “Lo que tú quieras mi amor.” Y ella se molestaba y me decía: “No es lo que yo quiera, esta es una decisión de ambos”, ni cuando planeamos la boda estaba tan irritada, ya no sabía que decirle o como hablar con ella, en un momento me estaba gritando y al otro yo estaba con los audífonos encerrado en la habitación de invitados.
Las discusiones cada vez eran más constantes, una tras otra acerca de lo mismo, yo no ponía el empeño que ella quería, ella hacía drama al respecto, la última vez que me encerré en el cuarto de invitados cuando salí ella ya no estaba y no la vi por tres días, le envié un mensaje disculpándome y ella no respondió, cuando la volví a ver tampoco me habló, sentía que la había defraudado, así que decidí hablar con Jesse al respecto.
- Ni si quiera hemos tenido sexo en las últimas dos semanas. – confesé.
- Mierda – dijo Jesse – ¿Quieres ir a un burdel esta noche?
- Jesse, ya no tenemos veinte años. – le recordé.
- No nos vamos a coger a nadie, solo es para que te distraigas, lo estoy haciendo por ti, yo estoy bien atendido por mi mujer. –su comentario me pareció repulsivo.
- Las cosas ya están demasiado tensas con Bev, prefiero no empeorarlo, si se llegase a enterar de que he estado en un lugar así, es capaz de pedirme el divorcio, no sé porque te pedí consejo a ti, pensaba que ahora que tienes novia entenderías, no se ¿ustedes no discuten?
- No. – negó despreocupado y sabía que me estaba mintiendo.
- Olvídalo, Jesse.
- No, mira, te tengo la solución, vamos a cenar con tu familia, pasamos un buen rato y se le va a olvidar que está molesta contigo.
- Sabes, esa no es una mala idea.
Luego de desayunar, volví al trabajo y llame a Bev, ella no respondió así que le pedí a Marjorie que la contactara para avisarle que iríamos a cenar con mis padres y Jesse, antes de ir a almorzar ella me entrego una nota y se fue.
“No puedo, tendrás que ir tú solo y disculparme con los demás”
Cuando Marjorie regresó a la oficina, le pedí que se pusiera en contacto con George para hacerle llegar un ramo de rosas gigantes a mi esposa, la nota diría: no puedo esperar a ser padre a tu lado, ella obedeció y al llegar la noche antes de salir del trabajo recibí un mensaje de Bev.
Gracias por las flores, pero si quieres ser padre al menos muestra interés.
Prometo que estaré más involucrado.
En la cena sólo fuimos mi padre, Jesse y yo. Mi mamá estaba de viaje con unas amigas en Disneyland, y Jesse decidió venir solo, estábamos en un restaurante italiano hablando de negocios y mujeres.
- Quién diría que estar casado sería tan asfixiante, – admití – ya no sé qué hacer para complacerla, lo peor es que ya pasé por un divorcio y no voy a permitirme un segundo.
- Nadie dijo que el matrimonio era fácil, – dijo mi padre –y tú Jesse ¿te vas a casar?
- Ustedes quejándose del matrimonio no suena como algo que yo quiera hacer.
- ¿Qué van a hacer entonces cuando la visa caduque? – preguntó mi padre – ¿No estaban acá por noventa días? Como ese programa que ve Juliana. – dijo mi padre refiriéndose a mi madre.
- Supongo que cuando eso pase se quedara ilegal en el país. – respondió.
- Pero ¿no te casarías solo para arreglarle los papeles? – pregunté pensando que era algo que yo haría por la mujer que amo.
- No vamos a casarnos, – dijo Jesse – Amy solo tiene veintiún años, ni si quiera tenemos un lugar para vivir.
- Oye, si decides casarte quizás te obsequie una casa como regalo de bodas. – dijo mi padre intentando relajar el ambiente.
- Se lo agradezco señor, pero ni Amy ni yo queremos casarnos aún, lo hemos hablado, quizás en unos diez o quince años.
- En unos quince años estarás cerca de los cincuenta. – le recordé.
- No tenemos prisa, de todas formas, ya vivimos juntos, es casi lo mismo.
Mi padre y yo no insistimos más en el asunto, cuando regresé a casa esa misma noche encontré las flores que le regalé a Bev en la basura y decidí que eso había sido suficiente, había hecho todo lo que estaba en mi poder, no podía simplemente ignorarme y tratarme con desprecio como si yo no lo estuviera intentando, no le permitiría lastimarme, estaba cansado y merecía que me apreciara y me escuchara, entré a la habitación y la observé, ella estaba viendo televisión.
- ¿Por qué botaste las flores a la basura? – pregunté y ella no respondió – necesito que hables conmigo, – dije seriamente – no me voy a ir hasta que me respondas.
- Estoy molesta. – dijo por fin.
- Ya lo sé, pero esa no es forma de responder, botaste en la basura las flores que te envié, has herido mis sentimientos.
- “Has herido mis sentimientos” – repitió ella de forma burlona.
- ¡Ya basta! – grité, luego me quede en silencio varios segundos intentando relajarme para poder hablarle en tono normal – deja de hacer berrinche como niña pequeña ¡Por Dios! somos dos adultos con un problema en común, esto se soluciona hablando no evitándome.
- No me vuelvas a gritar o no me verás en un largo tiempo. – amenazó.
- ¿Y luego qué? ¿Qué es lo que necesitas? Nada de lo que hago te satisface, todo mi esfuerzo también vale, pero con tus acciones no siento que tú lo veas, tú me gritas a veces y yo no desaparezco por días ni evito tus llamadas o mensajes.
- No mientas, – negó – tú fuiste quien comenzó a evitarme, en cuanto intenté hablarte de cómo me sentía, te encerraste en la habitación de invitados y no ha sido una, sino varias veces.
- Lo siento, no debí haberme encerrado en ese momento, creo que me sentí frustrado por no poder hacer nada para cambiar tu humor y me bloqueé, quizás debí haberlo intentado más, dime ¿hubieras cambiado de humor? ¿hubieras dejado de gritarme? – ella guardó silencio – si no puedes responderme, no merezco ser maltratado.
- Deja de hacerte la víctima, tú me acabas de gritar. – ella giró los ojos.
- Lo sé y estuvo mal, lo siento – me disculpe y ella siguió callada – ¿No tienes nada más que decir? – nada – Entonces ¿Qué? ¿Vamos a seguir en este juego donde nos lastimamos? Porque no es un camino el cual quiera seguir y no creo que tú tampoco quieras.
- Rétame. – dijo cruzándose de brazos.
- No, – me levante de la cama – si piensas seguir con esa actitud voy a retirarme, esperaré a que reflexiones y me busques cuando entres en razón.
- Eso no va a pasar. – aseguró.
- Entonces ¿Qué quieres? ¿Quieres que nos separemos? – eso llamó su atención, pero siguió sin decir nada.
Volví al cuarto de invitados y esperé por horas hasta quedarme dormido, cuando me fui la mañana siguiente ella aún no había despertado, fue hasta en la noche cuando la encontré preparando la cena que me pidió disculpas por su actitud y logramos reconciliarnos.
Pasó un mes para que encontráramos a la candidata ideal, una joven de diecinueve años embarazada, saludable y hermosa, que estaba dispuesta a darnos a su bebé, le pagamos una suma exorbitante de dinero, ella haría feliz a mi esposa y era lo único que me importaba, el bebe nacería pronto y yo me había tomado el día libre en el trabajo para estar presente.
El problema fue que el parto de complicó y el bebé no sobrevivió, fue un golpe duro para todos, sobre todo para Bev, todo ese asunto era más complicado de lo que esperábamos y ella comenzó a enfermar a causa del estrés y la ansiedad, su salud decayó a tal grado que tuve que pedirle a mi padre que me sustituyera en la empresa algunos días para poder estar con ella.
Le había comentado a Jesse lo cansado que estaba y lo abrumador que había sido el proceso mientras hacíamos ejercicio una mañana, él me sugirió salir en la noche y me envió una dirección de un lugar para encontrarnos, cuando nos reunimos ahí me di cuenta de que era un club nocturno.
- ¿Qué rayos es esto? – dije molesto.
- Vamos a entrar y distraernos, no es nada malo. – me aseguró.
- No. – negué y él me tomó del brazo hasta arrastrarme a la entrada.
- Deja de compórtate como nena y agárrate esos huevos que tienes bien puestos – me dijo – ¿O que no eres hombre?
- Bien, solo voy a tomarme unas cervezas.
Jesse pagó por nuestras entradas y nos sentamos en el bar, pedimos unas cervezas y desde ahí podíamos observar a las bailarinas exóticas, no traían prácticamente nada de ropa, no me parecían atractiva, ninguna de ellas era más hermosa que Beverly o incluso que Amy. Jesse se acercó a una de ellas con un billete en mano y le susurró algo al odio, segundos después la tenía frente a mí bailándome, lo que me hacía sentir incómodo, ella decía cosas que me parecían desagradables, pero Jesse lo estaba disfrutando.
- ¿Qué le pasa a tu amigo? – le preguntó a Jesse con familiaridad.
- Es que es casado y es muy conservador. – le informó.
Él bajó la vista hacia mi anillo de bodas y luego se rio, ella le dijo algo al oído a Jesse, este levantó su mano sin un anillo, ella sonrió y luego le dio un beso en los labios, me pregunté cuántas veces había hecho eso y hasta dónde habría llegado con esas mujeres, la posible respuesta me dejó nauseabundo, me puse de pie, y me encamine a la salida, Jesse me siguió.
- ¿A dónde vas? ¿No te estás divirtiendo? – preguntó.
- No. – Salí por la puerta y él me siguió.
- ¿Qué te pasa? Ya has hecho esto antes. – me recordó, hace como diez años pensé.
- No, será que soy aburrido, no me apetece estar un burdel.
- No es un burdel, – aclaró – no son prostitutas.
- ¿Vas a negar que te has acostado con ellas?
- No, pero tampoco es nada malo. – me dijo como si nada.
- ¿Tampoco es nada malo? ¿Te estás escuchando? Jesse ¡Tienes una pareja! Acabas de besar a otra mujer, esa tipa podría tener herpes y luego podrías contagiar a Amy.
- Estás exagerando. – dijo.
- No, me parece que tú has traspasado mis límites. – advertí.
- Relájate ¿Sí? Tú no eres el único que tiene problemas, yo también estoy estresado ¿Ok? Mi hermano está siendo una mierda, lo he visto drogado frente a Amy comportarse como un imbécil, mi madre ha puesto a trabajar a Amy cuidando niños, me siento presionado para encontrar trabajo y vengo acá para distraerme, a mí me funciona, pensé que te funcionaría a ti también, no pensé que te molestaría tanto.
- Está bien, – dije más calmado – lamento lo que está pasando contigo, si Amy y tu necesitan un lugar donde vivir mientras encuentran trabajo, se pueden quedar en la habitación de invitados con nosotros.
- Gracias, lo pensaré.