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No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando retomé la compostura ya era de noche, me vestí y observé mi teléfono mientras sonaba, mis hermanas estaban llamando, acepte la llamada, al verme en la pantalla noté mi aspecto fatal, tenía los ojos rojos y un tanto hinchados, mi cabello estaba hecho un desastre y mis cachetes estaban inflamados.
- Hola Amy, – dijo Wanda de buen ánimo – hermana ¿Qué te pasó? ¿Te acabas de despertar? ¿Qué hora es allá?
- Acabo de tomar una siesta, – respondí y su rostro de preocupación se desvaneció – me disculpo por mi aspecto.
- Nah, te he visto en peores. – dijo, de fondo se veía el apartamento en el que vivía en Managua.
- ¿Tú cómo estás? – pregunté tranquila.
- Estoy bien. – dijo Wanda.
- Me contó un pajarito que te vieron en el pueblo. – le dije.
- Ah. – dijo Wanda.
- A mí me contaron que te vieron con mamá – dijo Fátima – ¿No habíamos quedado que no volverías?
- Si ¿Qué pasó con el pacto de hermanas? – fruncí el ceño.
- Lo siento, – dijo Wanda – solo fui por algunas cosas que había dejado y me hacían falta para la universidad, – está mintiendo – pero no fui sola, llevé a una amiga.
- ¿Qué cosas? – preguntó Fátima.
- No, – la interrumpí – honestamente no estoy de ánimos para escuchar mentiras, dinos la verdad ahora, Fátima no lleva meses enviándote dinero para que digas que necesitas nada que pudiste dejar en casa.
- ¿La verdad? ¿Estás segura de que quieren escuchar la verdad? Bien, la verdad es que ustedes ya no están acá, y yo estoy sola y extraño a mis abuelos, mi mamá me llamó para preguntarme si pensaba venir a visitarlos y se ofreció a pagarme los pasajes y darme algo de dinero, le dije la verdad acerca de mi novia y le dije que no me sentía segura de volver después de lo que había pasado contigo, ella me pidió que le presentara a mi novia, sin prejuicios, y me juró que hablaría con los abuelos para que nos recibieran a ambas, así que fui y se sintió bien poder presentarme como soy y que mis abuelos me validarán, se sintió bien escuchar a mi abuela decir que ella me ama sin importar a quien ame yo.
Las lágrimas volvieron a caer por mi rostro, estaba sobrecargada de tantas emociones, ella tenía razón, no estaba lista para la verdad, no estaba preparada para ver cómo Wanda siempre conseguía lo que quería, sentí envidia y quería ser ella, ojalá pudiera haberme presentado con mi novio sin recibir una paliza, ojalá pudiera volver a verlos con los mismos ojos de amor, ojalá pudiera sentir ese amor y aprobación de regreso.
- Yo también los extraño, – admitió Fátima – pero teníamos un trato ¿Acaso también les contaste que nuestro tío te ha abusado? – Wanda se quedó en silencio.
- Prometimos que nosotras cuidaríamos de ti, si tú no volvías a casa y nosotras no diríamos nada si tú cumplías con tu parte del trato, – le dije – pero ahora que lo has roto, nada nos impide contarle a alguien lo que te ha pasado.
- No pueden hacer eso, – dijo Wanda – si lo hacen lo voy a negar.
- Sabía que dirías algo así, por eso estoy grabando esta conversación – comentó Fátima y el rostro de Wanda palideció.
- Por favor no lo hagan, aún no estoy lista, Amy tú me entiendes, tú no denunciaste al abuelo por lo que te hizo.
- Quizás debí hacerlo, – admití – quizás deba hacerlo.
- No, tú estás allá ahora, debes de enfocarte en tu nueva vida. – enfatizó Wanda
- Wanda, creo que no ves la gravedad de todo esto, has traicionado la confianza que depositamos en ti. – le dijo Fátima – Estamos muy decepcionadas. Nosotras siempre vamos a querer protegerte porque eres nuestra hermana pequeña y te queremos, pero ahora no podemos fiarnos de que no te expondrás a que te vuelvan a hacer daño.
- Si te hacen daño a ti, también nos duele a nosotras. – dije – No entiendo cómo puedes volver a un lugar en el que nos han lastimado tanto y me duele muchísimo porque si quiero entenderlo, quiero saber lo que tú sientes, pero no puedo.
- Sabemos que estás acostumbrada a que tus acciones no tengan consecuencias, pero nosotras no somos los abuelos, vamos a hablar entre nosotras para decidir qué es lo que vamos a hacer. – le avisó Fátima.
Wanda se quedó en silencio por largo rato, luego nos despedimos sin decir más, Fátima y yo hicimos una llamada sin video entre las dos, estaba llorando desde el otro lado.
- ¿Qué vamos a hacer? – me preguntó.
- No lo sé. – admití sinceramente.
- ¿Crees que deberíamos decirle a mamá? – preguntó.
- Honestamente no siento que pueda hablar con mi madre aún, sigo molesta con ella.
- ¿Pero crees que debería saberlo? Al menos para que proteja a Wanda cuando ella llegue de visita. – dijo.
- Sí, aunque no lo denuncie, al menos evitará que ellos vuelvan a estar a solas. – dije.
- ¿Crees que mamá no hará nada? – preguntó.
- No lo sé, no sé qué creer con ninguno de ellos en este momento, tampoco esperaba que los abuelos aceptasen a Wanda sabiendo ¿Ya sabes? Que le gustan las chicas.
- Lamento que no fuesen así contigo. – dijo con tristeza.
- Nosotras siempre supimos que Wanda era la favorita. – le recordé.
- Quizás solo lo hicieron porque ya no nos tienen ahí, nos extrañan. – dijo Fátima.
- No lo sé, tampoco me interesa entenderlos, si crees que es lo mejor decirle a mi madre, adelante, no me voy a oponer.
- Bien, voy a hablar con ella mañana y te aviso.