29
Amy
Regresar a mi país parecía lo más factible, esperaría a que la visa se venciera y regresaría, pero entonces no tendría casa o trabajo. En san diego al menos trabajaba y ahorraba. Sin mencionar que ya me estaba apegando mi nueva vida. Aún no había hecho amigos, pero suponía que en algún momento los haría, quizás podía unirme a algún club de lectura o podría considerar trabajar con la esposa de Rick, podría aprender muchísimo de ella.
El día siguiente de la cena con la familia de Rick, Fátima me escribió la hora en la que llamaría para decidir qué hacer con respecto a Wanda, había pasado de estar molesta con mi hermana menor a decepcionada, me pregunte si mi suegra sabría que hacer, Jesse aun no sabía, él se había ido temprano a entrenar con Rick.
Mi suegra se estaba preparando para salir, aun no sabía muy bien qué hacía, de la misma forma que no sabía nada del hermano de Jesse, a veces lo veía con la computadora, lo que me daba a entender que trabajaba de forma remota, pero con su madre era diferente y me daba vergüenza preguntar.
Fay se fue y no vi a Cory en toda la mañana, así que no fue tan desagradable, a medio día comencé a preguntarme dónde estaba Jesse, era hora del almuerzo, le envié un mensaje preguntando si vendría a comer y no respondió. Durante la tarde busque trabajos en línea que podría hacer, paseadora de perros, cuidadora de mascotas, incluso dar clases básicas de español, cuando llegó la hora de hablar con mi hermana, me senté en el sofá que apestaba a porro, mi teléfono sonó y respondí la video llamada.
- Hola. – salude con la mano.
- Hola Amy – respondí Fátima – ¿Cómo estás?
- Terrible, – expliqué – no dormí nada ¿y tú?
- Con dolor de cabeza, te podrás imaginar, – yo asentí – entonces ¿Qué crees que esté pasando?
- No lo sé ¿Crees que llevo a presentar a su novia? – pregunté.
- Es posible ¿Deberíamos hacer una video llamada con ella? – dijo más como sugerencia.
- No, no respondería, sabría que venimos a por ella. – le dije.
- Si, pero tenemos que hablar con ella de todas formas ¿Por qué no la llamas tú? Podemos fingir que solamente le quieres contar sobre tu nueva vida y una vez dentro de la llamada me unes a mí y listo, la enfrentamos.
- Deberías ser tú quien la llame, – sugerí – porque debe sospechar que Samanta me ha contado todo.
- Tienes razón, voy a llamarla hoy en la noche, mantente al tanto. En fin ¿Qué tal anoche?
Le conté todo lo que pasó en las últimas veinticuatro horas, ella al contrario de Samanta, no se enfocó en mi encuentro con Rick, que lo hubiera esperado sabiendo que a ella le atrae mucho, sin embargo, su énfasis fue en el momento en que la madre de Jesse criticó mi inglés, quizás se lo tomó algo personal.
- ¿Cómo se atreve? No estudiamos el idioma por cinco años como para que venga a decirnos que no lo hablamos bien. – dijo molesta.
- No criticó tu inglés, Fátima, únicamente el mío.
- ¡Es lo mismo! – acercó el celular a su rostro – tú tienes tanta práctica como yo, lo usabas en tu trabajo con los extranjeros que llegaban al bar, llevas meses saliendo con un hombre que no habla nada de español ¡La audacia de la señora! – negó juzgándola – yo creo que no le agradas.
- No lo sé, a veces parece que si me quiere y en otras tiene esos comentarios me mantienen alerta y me impiden confiar ciegamente en ella.
- ¡Es que no puedes fiarte de alguien así!
En ese momento entró por la puerta el hermano de Jesse, sabía que no entendería lo que estábamos hablando, pero decidí no darle la oportunidad de escuchar de todas formas, así que me despedí de Fátima.
- Hablamos en la noche, me tengo que ir. – le dije a mi hermana.
- Está bien, adiós, te extraño.
- Yo también. – dije y colgué.
El hermano de Jesse se sentó a mi lado, era bastante grande, o quizás así se sentía porque yo era pequeña, de igual forma no pude evitar sentirme intimidada en su presencia.
- ¿Dónde está Jesse? – preguntó.
- No lo sé. – respondí y él se rio a carcajadas.
- Ten cuidado, no te lo vaya a quitar una niña rica – se levantó y fue hacia la cocina por agua, desde ahí volvió a hablar – ¿Y cuándo piensan irse?
- ¿Cuándo piensas irte tú? – dije sin poder contenerme – ¿No estás muy grandecito para vivir con mamá?
- Puedo irme cuando se me dé la gana, estoy acá para cuidar de ella, al contrario del resto de sus hijos que nunca están presente a menos que la necesiten.
- ¡Uy, eres un santo! Déjame voy a comenzar a hacer un altar. – solté con sarcasmo.
Me puse de pie, sabía que no iba a intimidar a nadie con mi estatura, pero tampoco me apetecía quedarme sentada viéndolo desde a abajo, al menos así quedaba claro de que si él era un imbécil, yo también podía serlo.
- Sí vas a cuidar de tu madre no deberías drogarte en su casa. – agregué.
- Esas son acusaciones muy fuertes. – levantó una ceja.
- El sillón en el que duermes huele a marihuana.
- Estás bastante relacionada con el olor –dijo – ¿Cómo sabes que soy yo? Podría ser mi madre.
- He pasado suficiente tiempo a su lado como para saber que no es ella. – dije.
- Bravo, – aplaudió – has resuelto el caso Sherlock Holmes ¿Que vas a hacer ahora? ¿Quejarte con mi madre? ¿Con Jesse? ¿Vas a llamar a la policía? – me quede callada.
Me encaminé a la habitación, no tenía ganas de seguir una discusión con él, tampoco pensé decirle nada a nadie, todos ya sabían lo que él hacia y no estaría compartiendo nada nuevo, fui a darme un baño y cuando salí de la ducha me encontré con que Jesse y Cory discutiendo.
- No se supone que se iban a quedar “por un tiempo” – agregó Cory – me parece que ese tiempo era una excusa de mierda para meter a tu zorra ilegal en la casa.
- Mamá dijo que nos podíamos quedar cuánto tiempo quisiéramos, – respondió Jesse irritado – así que si no te gusta te puedes ir tú.
- Para que luego mamá se quede sola cuando se te ocurra irte de nuevo – dijo Cory elevando la voz – ¿Por qué no intentas tu dormir en el sillón?
Jesse me observó y no respondió, jamás lo había visto discutir con nadie, aparte de mí, por lo general Jesse siempre estaba de buen humor.
- Te vas a tener que aguantar. – le dijo a Cory.
Jesse vino hacia mí y colocó una mano sobre mi espalda empujándome hacia la habitación, una vez allí cerró la puerta con seguro y me quitó la toalla, comenzó a besarme con fuerza, pero no me sentí con ánimos de responderle, sobre todo después de que su hermano me insultara y él no me defendiera.
- Jesse, no. – lo separe de mí.
- ¿Qué pasa? – preguntó preocupado.
- No puedo. – le dije.
- ¿Por qué?
- No tengo ganas. – confese.
- Las ganas se hacen. – intentó volver a besarme, pero aparte el rostro.
- No, Jess…
- Por un carajo. – gritó y se apartó de mí.
- Jesse ¿Qué te pasa? – pregunté asustada.
- ¿Qué te pasa a ti? ¿Por qué no quieres? Es lo mismo que ayer, estabas sin el menor ánimo.
- Ayer tampoco quería. – admití en voz baja con la cabeza gacha.
- ¿Entonces por qué aceptaste? – preguntó en un tono de voz más bajo.
- Quería complacerte. – dije.
- ¿Y ahora no quieres complacerme? – yo negué.
- No es eso, es que tengo muchas cosas en la mente.
- ¿Qué está pasando? – preguntó algo irritado.
- ¿Cómo esperas que esté de ánimo cuando ayer tu mamá y tú me menospreciaron? Tu hermano me acaba de llamar zorra ilegal en frente a ti y tu no has hecho nada.
- Nadie te ha menospreciado ¿De qué estás hablando? – preguntó ofendido.
- De ayer en la cena, cuando dijiste que no podría trabajar con Bev porque no estoy cualificada y tu mamá criticó mi inglés.
- ¿Y no es verdad? – preguntó.
- No, perfectamente podría aprender lo que necesito para trabajar con ella y yo sé que mi inglés no es perfecto, pero me comunico bastante bien, tú me entiendes. – puntualicé.
- No, no te entiendo la mitad de las veces, pero no te crítico para que no te sientas mal, mi madre no ha dicho ninguna mentira, tu inglés es lamentable, tú lo sabes y por eso tampoco hablaste durante la cena.
- No hable porque es lo que tú madre me sugirió hacer, me dijo que tenía que impresionarlos y la mejor manera era manteniéndome callada, dijo que esas personas así son y que me estarían juzgando por todo, solo quería hacer las cosas bien para agradarles porque eran personas que te importan a ti, lo hice por ti y tampoco tuve oportunidad de hablar cuando tú me interrumpías todo el tiempo y respondías por mí.
- Mi madre solo te ha ayudado a evitar que pases una humillación pública y tú la describes como si ella te hubiera hecho un mal en lugar de un bien, deberías estar agradecida por todo lo que te ha enseñado. – dijo molesto.
- Y lo estoy, pero eso no quiere decir que también deba aceptar que me menosprecien. – dije elevando la voz.
- Nadie te está menospreciando, estás exagerando, estás utilizando esto de excusa para no tener sexo conmigo de la misma forma que utilizabas a tu familia como excusa para no acostarte conmigo al principio.
- No es una excusa. – intente reprimir las lágrimas de frustración.
Jesse se acercó de nuevo a mi e intentó besarme, no aparte el rostro, pero tampoco le correspondí al beso, cuando se separó de mí me susurró al oído: “Demuéstrame lo contrario.” Estaba alterada, aun seguíamos en medio de una discusión ¿Cómo él podía tener ganas?
- No quiero. – le dije.
- ¿Hay alguien más? – preguntó.
- ¿Qué? No ¿cómo se te ocurre? – pregunté confundida.
- No lo sé, la única razón por la cual no deberías querer acostarte conmigo es porque te estás acostando con alguien más. – dijo. ¿Que – mierda – acababa – de decir?
- No, las cosas no son así. – negué.
- Bien, luego no te quejes si yo consigo a alguien más para hacer lo que tú te niegas a cumplir. – dijo molesto. ¿Era en serio?
- Jesse, – dije casi en una súplica – por favor. – me dejé caer sobre la cama
- Solo por hoy, espero que esto no se vuelva costumbre.
Jesse dio la vuelta y se fue, en cuanto quedé sola comencé a llorar, la presión que sentía en el pecho se volvió cada vez más grande, dolía y no sabía cómo hacerlo parar, me recosté en la cama en posición fetal, me quedé ahí dentro de las sábanas por un largo tiempo.