27
Rick
La última vez que vi a Amy no se parecía en nada a la mujer que tenía frente a mí, la sorpresa fue tan grande que me olvidé disimular, esperaba que Jesse llegara, pero no que trajera a su novia, estábamos en uno de mis restaurantes favoritos con vistas al mar, también era el stakehouse favorito de mi padre, quien ocupaba la cabeza de la mesa, a su lado derecho estaba mi madre y a la izquierda yo, junto a Bev.
Amy entró del brazo de Fay, traía puesto una blusa marinero azul marino y una falda plisada que le llegaba a los tobillos, sus sandalias estilo gladiador brillantes la hacía ver más alta, su cabello recogido lucía delicado y aunque aún no estaba cerca para notarlo tanto, me parecía que traía maquillaje, se veía espectacular, su estilo le aumentaba un par de años, pero de una buena forma, estaba casi seguro que Fay había hecho eso por ella.
Fay y Amy caminaron hacia nosotros, más de cerca pude notar que traía maquillaje, era bastante sutil y su piel se veía radiante, sin embargo, a pesar de que traía zapatos altos que le ayudaba a pararse derecho, Amy seguía teniendo un caminar particular que me pareció gracioso, intenté ocultar mi risa, mi madre que estaba frente a mí me dio una patada por debajo de la mesa.
Jesse entró minutos después y se unió a ellas, todos nos pusimos de pie para recibirlos, Jesse colocó su mano sobre la cintura de Amy y no la soltó incluso mientras saludó a mi madre, ella intentó alejarse cuando mi padre se acercó a saludar a Jesse, pero él seguía sin soltarla.
Tomamos asiento y por primera vez noté a Jesse deslizando el asiento para su novia, ella se sentó de forma torpe y tuvo que reacomodarse, aquella escena parecía que la habían practicado un par de veces y aun así no les quedaba bien, intentaba no verla para no reírme, era adorable verla hacer un esfuerzo, todo aquello me causaba fascinación, dentro de mi ardía de admiración por esa señorita.
Gire un segundo para observar a mi esposa, estaba sonriendo, deslicé mi mano sobre su pierna por debajo de la mesa hasta alcanzar su mano y en cuanto sus ojos se encontraron con los míos le dije “te amo” sin palabras, ella lo entendió, no hubo necesidad de que ella respondiera porque yo sabía que me correspondía. Amy se había sentado frente a ella con Jesse a su lado.
Pedimos una botella de vino Cabernet Sauvignon de napa, todos estábamos enfocados en el menú, pero la curiosidad me ganó y desvié la mirada disimuladamente hacia Amy, quien parecía sorprendida y a la vez preocupada o horrorizada ¿es que ahora era vegetariana? ¿O le asustaban los precios?
Amy no ordenó, fue Jesse quien lo hizo por ella, quizás le costaba pronunciar el nombre de su platillo. Curiosamente se mantuvo callada la mayor parte de la cena, muy diferente a cuando la conocí por primera vez o incluso la última vez que la vi, parte de mi se sentía decepcionado, quería que mis padres y Bev vieran en ella lo mismo que yo, su comportamiento le daba la razón a Bev, quien la había descrito como alguien tímida, solo que yo sabía que ella no era así.
Jesse estuvo contándole a mis padres lo mucho que le gustó Nicaragua y cuánto deseaba volver, al final de la noche ya nos había convencido de hacer unas vacaciones todos juntos en algún momento. Mi madre y Bev habían intentado hacerle algunas preguntas a Amy, pero ella respondía únicamente con monosílabos, Jesse estaba hablando sobre su interés de volver a los marines cuando mi padre le ofreció trabajo.
- No tienes que regresar si no lo deseas, siempre te puedes unir a nuestro equipo, estoy seguro de que hay un espacio para ti en la empresa. – dijo mi padre.
- Se lo agradezco señor, pero no me apasiona vestir de traje. – bromeó Jesse.
- Su pasión son los uniformes. – agregó Fay.
- ¿Y a ti te gustaría trabajar? – preguntó Bev a Amy.
- Oh, Amy es veterinaria, – dijo Jesse – pero su título universitario no cuenta aquí.
- Pero podrías hacer otra cosa, – sugirió Bev y Amy asintió – Rick me ha comentado que le ofreció a Jesse un trabajo para ti como mi asistente, – Amy no parecía saber de lo que le estaban hablando – sería de gran ayuda tener a alguien más de apoyo en la oficina, mi pobre asistente está por renunciar de tanto estrés, si no te molesta vestir bien, que puedo notar que no, serás bienvenida.
- Amy no tiene ninguna experiencia, – interrumpió Jesse – por eso no se lo había comentado.
- Oh, esas cosas se aprenden. – insistió Beverly.
- Y su inglés no es muy bueno. – dijo Fay.
- A mí me parece que su inglés es excelente. – admití.
No entendía porque tanto Jesse como su madre no le permitían hablar a Amy, tampoco entendía como ella teniendo tanto carácter decidía estar callada. Sabía perfectamente que Jesse se rehusaba a trabajar con mi padre por su orgullo, siempre había querido estar a nuestra altura y así lo habíamos tratado, trabajar para mi padre sería un constante recordatorio para Jesse de que estaba por debajo.
Si Jesse no quería trabajar para nosotros lo entendía, pero ¿Por qué no querría que su novia trabajara para mi esposa? ¿Creería que la íbamos a humillar o menospreciar? ¿O se avergonzaba de ella? ¿Tendría miedo de que ella conociera a alguien más y se desenamorara de él? En su momento hablaría con Jesse y descubriría que estaba sucediendo.
La conversación se desvió a la comida, de pronto estábamos hablando de postres, recetas y otros restaurantes que deberíamos visitar. Jesse y yo quedamos de acuerdo en ir a entrenar juntos, y luego de solicitar el postre, me disculpé para ir al baño, pasé por recepción y entregue mi tarjeta a la chica encargada pidiéndole que se cobrara todo lo de nuestra mesa.
Me dirigí al baño como tenía planeado, no había nadie más, cuando me estaba lavando las manos alguien entró y en el momento que se entreabrió la puerta escuché su voz, del otro lado, justo en frente del baño de hombres estaba el baño de mujeres, Amy estaba hablando en español y parecía molesta, salí y podía escuchar la conversación, aunque no entendía ni un poco, su voz se estaba quebrando, como si quisiera llorar, quizás del enojo, algo le estaba molestando y comenzaba a preocuparme.
Una chica salió del baño y en ese momento la vi por unos segundos, estaba sola, no había nadie más allí con ella, tenía el teléfono al oído y la vista en el suelo, cuando levantó el rostro y nuestros ojos se encontraron noté que, en efecto, estaba llorando, luego la puerta de cerró, volteé hacia el lado del restaurante, nadie venía, me aseguré de que todos los demás siguieran en nuestra mesa en una vista rápida, luego entré al baño de mujeres con ella y cerré la puerta tras de mí.
- ¿Estás bien? – pregunté.
Ella parecía sorprendida, dijo algo en español, no sabía lo que significaba, pero se escuchaba como si acabara de maldecir, se limpió las lágrimas rápidamente con los brazos, colgó el teléfono y me observó desconcertada, haciendo que me sintiera como un imbécil ¿Por qué había cerrado la puerta? Seguro eso le había causado una impresión equivocada, quizás la había puesto incómoda, solo quería asegurarme que estuviera bien sin que nadie nos interrumpiera, ahora notaba lo mal que se veía esto.
- Lo siento, no quería asustarte, – aclaré – te vi llorando y pensé que podía hacer algo para hacerte sentir mejor ¿está todo bien? ¿ha sido algo que te han dicho mis padres o Jesse? – ella negó.
- No, es un asunto familiar, – oh no, no debo entrometerme en eso – lamento haberte hecho pensar que era otra cosa. – respondió.
- No tienes que disculparte, – dije, ella tomó un kleenex y se sacudió los mocos – lamento haberte incomodado, si hay algo que puedo hacer para…
- Ustedes siempre se están ofreciendo a hacer algo por nosotros, – me interrumpió – son tan amables, – percibí algo de sarcasmo en sus palabras – gracias.
Asentí y de pronto sentí que estaba de más, ella necesitaba espacio y no se lo iba a negar, gire hacia la puerta y mis deseos de estar a solas con ella fueron demasiado fuertes, en el momento en que mi mano tocó la manecilla de la puerta mi cuerpo se sintió pesado, ciertos pensamientos oscuros cruzaron por mi mente, pero los deseché enseguida.
- Rick, – su voz me detuvo, me gire para verla – por favor no le digas a nadie que me has visto llorando.
- No tienes nada de qué preocuparte, – le aseguré – me siento feliz de saber que aún puedes hablar. – ella se rio de mí comentario.
Escuchar su risa me hizo la noche, era tan particular y graciosa que contagiaba, un calor me invadió el pecho, quería acercarme, deseaba tocarla y aun así no lo hice, había una línea que no debía cruzar y que la mera presencia de estar a solas con ella ya me hacía sentir que la había cruzado, pero no, aún no pasaba nada, solo estaba consolando a una amiga, lo cual me hacía sentir bien.
- Por cierto, te ves radiante el día de hoy. – agregue.
- Porque me veo fatal los otros días. – entrecerró los ojos y asintió con una sonrisa pequeña.
- Para nada, pero hoy, te ves…
- Diferente. – se apresuró a decir.
- Iba a decir guapísima.
- Yo siempre estoy guapa.
La seguridad en su voz era reconfortante, como si no hubiera estado llorando segundos antes, como si mi presencia ahí hubiese logrado su cometido, ella había recuperado la compostura cuando dio un paso hacia delante, me guiñó el ojo y me dio unas palmadas en el hombro antes de salir del baño, dejándome solo atrás. En cuanto la puerta se cerró a mi espalda, me observé en el espejo y estaba temblando.
- ¿Qué mierdas me está pasando? – pensé en voz alta.