26
Amy
Mi suegra era… impredecible, llevábamos viviendo con ella una semana y aún no estaba segura si le agradaba o no, siempre era amable, pero a veces era pasiva–agresiva, sobre todo cuando no estaba Jesse, nunca me quejé con él sobre eso, ella adoraba a Jesse y estaba feliz de que estuviera de regreso, toda la dinámica familiar era algo extraña, como si hubiera cosas que no quisieran que yo supiera.
El día que llegamos nos mostró nuestra habitación, al parecer Cory, hermano mayor de Jesse, se estaba quedando allí, pero le tocó mudarse al sofá con nuestra llegada, nuestra estancia con ellos era temporal, es lo que aseguró Jesse, su hermano por alguna razón no estaba feliz con nuestra presencia, quizás porque le quitamos su recámara, pero me parecía que tenía más razones para odiar a Jesse, siempre intentaba evitarnos y hablaba muy poco con nosotros, conmigo ni si quiera se había presentado.
Inmediatamente después de llegar, Jesse fue a tomar una siesta mientras su mama preparaba la cena, yo desempaque nuestras maletas e intente ponernos cómodos, en las gavetas del tocador encontré un sobre pequeño con algo verde adentro y estaba casi segura de que era marihuana, la dejé donde la encontré y no lo mencioné a nadie. Me ofrecí a ayudar a mi suegra a cocinar, ella aceptó mi ayuda y me pidió que le contara que había pasado en el viaje de regreso con Bev, le expliqué los detalles y ella pareció creerme, pero no estaba satisfecha.
- Escucha, – dijo seriamente – sé que quieres a mi hijo y lo haces feliz, pero el amor no lo es todo para sobrevivir a una relación, sobre todo cuando se es joven y hay tantas diferencias de por medio. Es importante que sepas que Jesse siempre se ha juntado con gente de cierto nivel, a diferencia de sus hermanos, él ha sabido elegir bien a sus amistades y para mí ellos son como familia, si ellos no te aprueban, es posible que las cosas en tu relación se compliquen, yo quiero que lo sigas haciendo feliz, pero para eso tendrás que ganarte a esas personas.
- Bien, pero, si alguien está predispuesto a no quererme, no hay nada que pueda hacer yo para gustarle. – dije y ella sonrió.
- Si que puedes, – aseguró – eres inteligente, claro que puedes.
- ¿Usted me diría lo que tengo que hacer? – ella me observó de arriba abajo un par de veces y luego asintió.
Esa noche cenamos costillas de cerdo, Jesse conversó con su madre toda la noche contándole todas sus aventuras en Nicaragua, dejando de fuera la experiencia traumática que fue dejar mi hogar, también nos tomamos una foto los tres juntos que luego le envié al grupo de chat con mis hermanas, Jesse me advirtió que necesitaría un nuevo número telefónico, así que al día siguiente fue lo primero que hicimos, los otros días Jesse me llevó a varios lugares turísticos.
San Diego me tenía enamorada, le enviaba fotos de todo a mis hermanas y aunque las extrañaba no me quería ir de ahí, el tercer día, fuimos a un supermercado, no sabía que podía haber tantas opciones de tantas cosas, tanta variedad de arroz, tantos condimentos que desconocía que existían, nombres de comidas que daban risa y los precios, muchas de las cosas que encontraba eran muchísimo más barato que en mi país, sin mencionar lo accesible que era todo, cuando supe que podía pedir cosas por Amazon me volví loca, quería pedir de todo, tenía mi carrito lleno y cero dólar para comprar.
Esa misma semana, mi suegra me había enseñado normas de etiqueta durante la cena, primero fue un regaño frente a Jesse “no subas los codos a la mesa”, él solo agachó la cabeza y no dijo nada mientras su madre me corregía, yo me disculpé y luego me dijo “no hables con la boca llena”, así que solo obedecí, esto le causaba tanta gracia a Cory que salía de su escondite solo para observar mi humillación, el hermano de Jesse parecía unos años mayor que él, casi igual de alto, el mismo color de ojos, el cabello más oscuro, pero el rostro era más redondo y los labios más gruesos, también apuesto, pero no tanto como Jesse.
La segunda vez que me dio consejos fue mientras preparábamos la comida, me hizo ver los errores que había cometido la noche anterior y como debía mejorar, me explicó el manejo de cubiertos y el uso de la servilleta, el día siguiente decidió comprar una botella de vino y me llevó con ella a la tienda para explicarme las diferencias entre cada uno, el problema fue que eso se me olvidó rapidísimo, solo podía diferenciar entre tinto y blanco, aunque ella me había explicado con que comidas iban mejor cada uno, también me explicó en qué tipo de copa se debían servir.
- La comida va hacia ti, no tú hacia la comida, – me corrigió – y siéntate derecho.
Tantas correcciones que tenía que poner en práctica hicieron que entendiera mejor las normas de etiqueta en la mesa y que dejara de disfrutar la cena, estar pensando en hacer las cosas bien me mantenía rígida, al contrario de Jesse quien parecía relajado. Mientras aprendía todo esto recordaba que Rick lo hacía con naturalidad y me preguntaba si alguien podía divertirse con tantas cosas para tener en cuenta.
El fin de semana Jesse tenía planeado sorprender a Rick y a sus padres llegando a la cena que se suponía sería únicamente con Fay, el día anterior a la cena ella me preguntó que ropa me pondría, le comenté que no sabía que restaurante era y le pregunté que me recomendaba, terminamos en la habitación revisando todas las piezas de ropa que había traído conmigo.
- ¿Eso es todo? – preguntó.
- Sí, ¿Cree que el vestido funcione? – señalé el vestido que me obsequió Jesse.
- No, tampoco tienes los zapatos para combinarlos y no te he visto ni un solo accesorio, te prestaría los míos, pero notarían que te los estoy prestando, sería demasiado vergonzoso, tenemos que ir de compras, voy a prestarte dinero, pero en cuanto encuentres trabajo me lo tendrás que pagar. – yo asentí.
Subimos al vehículo y varios minutos después estábamos frente a una tienda, al entrar y comenzar a observar las marcas lo primero que pensé fue: ¿cómo voy a pagar esto? Luego comencé a notar los precios y fue como un shot de dopamina y adrenalina, quería llevarme todo, llenamos el carrito con tatas opciones para probarme y fue el mejor momento que pasé con mi suegra, ambas nos estábamos divirtiendo, verdaderamente me agradaba.
Luego de horas en la tienda, escogimos el outfit, y algo de ropa para el invierno, le estaba debiendo alrededor de doscientos dólares y aún no sabía cómo se lo pagaría, tampoco sentía presión, después de todo tenía tiempo para adaptarme a mi nuevo hogar.