25
Rick
Bev pudo tomar un vuelo directo de regreso, pero prefirió tomar el vuelo hacia Los Ángeles y que George la fuese a traer porque quería pasar por su restaurante favorito, lo cual me dio tiempo de prepararle una sorpresa, decoré la sala con globos rojo que flotaban en el techo y coloqué pétalos de rosas sobre el piso, no había hecho nada así antes, pero estaba seguro de que le iba a gustar.
Escuche la puerta abrir, era ella, el sonido de sus botas de tacón se hizo notar en cuanto cruzó la puerta, su rostro pasó de una sonrisa simple a un maravilloso brillo en sus ojos, se quedó de hielo, pensé en decir algo, pero no lo hice, dejé que lo disfrutara, cuando por fin salió de su trance, dejó la maleta a un lado, se sacó las botas una a una dejándolas a un costado y una vez descalza corrió hacia mí, la atrapé en entre mis brazos y la bese con pasión.
- Te extrañé tanto. – me dijo con dulzura.
- Yo también. – respondí mientras ella acariciaba mi mejilla.
- Te amo Rick. – dijo mientras me observaba con ternura.
- Yo también te amo, más que nada en este mundo. – dije prácticamente poseído.
- ¿Y harías cualquier cosa por mí? – preguntó.
- ¿A quién tengo que asesinar? – dije en tono de broma.
- A nadie, – aseguró – solo quiero saber si serías capaz de hacer cualquier cosa por mí.
- Pídelo. – pedí.
- Hagamos un hijo.
La solté despacio, me aseguré de que sus pies tocasen el piso antes de despegar las manos de su cuerpo, ella aún seguía teniendo sus manos alrededor de mi cuello y la vista clavada en mí, mi sonrisa se había desvanecido ¿Por qué me pedía eso? ella sabía exactamente que yo no podía darle hijos, y yo sabía que toda esa emoción con su hermana la podía confundir.
- Bev, tú sabes que no puedo darte hijos, – respondí – cuando nos comprometimos dijiste que no te gustaban los niños.
- No, tienes razón, – de pronto ya no estaba sonriendo y me sentí como un imbécil – no se en que estaba pensando.
- Bev… – su mirada ya estaba perdida cuando le hable – ¿En serio quieres tener hijos?
Me dolió hacer la pregunta, no estaba listo para eso, no quería pasar por lo mismo que había pasado en mi matrimonio anterior, no quería renunciar a ella tan pronto, era demasiado egoísta, pero no tanto como para no querer verla feliz, iba a considerar todas las opciones posibles para complacerla.
- No, – respondió agitando la cabeza –el embarazo de mi hermana me hizo pensar lo bonito que sería un hijo tuyo y mío, pero solo era una idea tonta. – cuando me volvió a mirar estaba sonriendo – Lamento haberte asustado.
- Si quieres tener un hijo… – no supe ni cómo terminar esa frase.
- No, Rick, no ¡Dios! Voy a aferrarme a lo que prometimos cuando nos casamos.
- Bev… puedes cambiar de opinión, no quiero ser yo quien te detenga.
- Rick, – maldijo para sus adentros – si quiero – dijo casi arrastrando sus palabras – no dejaba de imaginarme embarazada junto a mi hermana y eligiendo una casa más grande para nuestra familia y compartiendo la noticia con tus padres ¡oh, Rick! Lo feliz que les haría, iría de compras con tu madre, tú y yo decoraríamos la habitación del bebé juntos, he pensado tantas cosas.
Mientras la escuchaba intente con fuerzas reprimir las lágrimas, todo sonaba como un cuento de hadas, la historia que yo no podía hacer realidad, lo único que era incapaz de darle a una mujer, y lo peor era que si quería dárselo, reprimí mis pensamientos para mi antes de decir algo que pudiera lastimarla.
- Rick, tú eres el único hombre que me ha hecho querer algo así, el único hombre que me hizo querer casarme y tener una familia, no es mi hermana embarazada la que me ha hecho querer un bebé, eres tú quien me ha hecho querer tener un hijo, no puedo imaginar ninguna de esas cosas con ningún otro hombre, así que no quiero que pienses que soy como tu ex, ni que quiero separarme de ti porque ese no es mi sueño, quiero esto contigo y si no lo puedo tener o tenerlo significa que debo estar sin ti, entonces no lo tengo.
- ¿Estás segura? – pregunté.
- Por su puesto. – dijo con mucha seguridad – Rick, escúchame bien, primero me muero antes de dejarte ir.
- No deberías de decir esas cosas.
- ¿Bromeas? Mira todo lo que hiciste por mí, las rosas, los globos, nadie nunca me hizo sentir tan especial.
- Podemos considerar opciones, podríamos adoptar, podríamos consultar con un donante de semen. – dije y ella asintió con entusiasmo.
Nos sentamos y discutimos el tema por lo que me pareció horas, decidimos que adoptar sería nuestra primera opción, sobre todo porque no estábamos seguros lo que un embarazo podría hacerle a su cuerpo o su salud, investigamos en internet los requisitos de adopción, los centros y tomamos algunas decisiones, poco después me dirigí a la cocina, estaba hambriento.
Preparé pasta mientras ella desempacaba sus maletas, verla tan feliz mientras hablábamos sobre la adopción me mantuvo con una sonrisa de principio a fin, decidí ir por una de nuestras botellas especiales de champaña que únicamente abríamos cuando era momento de celebrar, saqué la botella del refrigerador y la coloqué sobre la hielera, serví la comida junto a dos flautas.
- ¿Quieres tener el honor? – ella negó.
Bev se sentó frente a mí, yo hice salir volando el corcho de la botella, serví ambas copas y me senté a su lado.
- Por nuestro futuro hijo. – propuso llena de alegría.
- Por nuestra familia. – choque mi copa con la suya y luego tomamos un trago.
- Por cierto, no vas a creer lo que pasó, – preste atención a sus palabras – estaba en el aeropuerto esperando a George cuando reconocí a alguien ¡Adivina!
- No tengo idea. – admití.
- Me pidió que no te dijera porque quiere darte la sorpresa, así que actúa sorprendido cuando lo veas. – dijo.
- ¿Quién es? – pregunte aún más interesado.
- ¡Jesse! Estaba ahí con su novia ¿Cómo se llama? – se quedó pensando.
- Amy. – respondí casi sin aliento.
- Si, ella, es exacto como la habías descrito, bajita, las manchas en la piel, cabello todo seco y descuidado, se veía un poco salvaje, sin clase ni estilo, casi me dio pesar, pero luego recordé que era la novia de Jesse y ambos están hechos el uno para el otro, – mientras la escuchaba me pregunte si así me escuchaba yo cuando hablaba de ellos – me entró tanta curiosidad cuando los vi, que me olvide por completo del restaurante y me ofrecí a llevarlos a casa, los he dejado en casa de Fay, tendrías que haber visto su rostro cuando conoció a Amy, estaba tan decepcionada, no podía ocultar su vergüenza, pobrecita, seguro se sintió mal que habíamos presenciado a la peor novia que ha tenido su hijo.
- No estoy de acuerdo, – dije sin pensar – Amy… – y antes de defenderla me detuve.
Bev me estaba observando con disgusto, como si contradecirla no le hiciera sentido, jamás la había interrumpido cuando ella hablaba de otras mujeres, nunca me había parecido que fuese algo malo.
- ¿Qué ibas a decir Rick? – soltó seriamente.
- Que Amy no era la peor novia de Jesse porque él no ha tenido otras novias, nada serio que yo recuerde, sería injusto compararla con otras que no fueron nada. – mi respuesta pareció satisfacerle porque siguió hablando emocionada.
- Oh, bueno, en eso tienes razón, en lo que no tenías razón fue cuando me habías dicho que tiene mucho carácter y personalidad, porque le estuve hablando y haciendo preguntas y nunca respondía, siempre era Jesse hablando por ella, es bastante tímida.
- Si, así me escucho. – dije en un murmullo.
- ¿Perdón?
- Nada, que tienes razón, tampoco lo entiendo.
- Pero Jesse se ve muy bien y es muy apuesto, aunque no más que tu obviamente.