Jesse's girl 24
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Amy

Una vez había visto al mejor amigo de Jesse y ya lo odiaba con todo mi ser, una vez y fue suficiente para detestarlo con toda mi alma, toda su prepotencia y arrogancia me fastidiaba, no entendía como un ser como él, con gran sentimiento de superioridad, podía ser amigo de Jesse.

La forma en la que Rick me miraba, como si yo fuese alguien insignificante, como si no estuviera a la altura, la forma en la que nos miraba a mí y a mi hermana, como si fuésemos caricaturas sacadas de algún circo, me hacían desear querer matarlo, y no tenía idea de cómo comunicarle eso a Jesse.

No podía ir y decir: sabes, ese amigo tuyo del que tanto hablas, no me agrada. Sentía que decir cualquier cosa en contra de su amigo lo pondría en una situación incómoda y las cosas entre Jesse y yo estaban algo delicadas desde que decidimos viajar juntos, el estrés de dejar mi vida atrás y mudarnos comenzaba a afectarnos.

Jesse y yo teníamos un plan, pero llegar a ese plan juntos no fue nada fácil, tuvimos muchas pláticas largas incómodas que después se sintieron inútiles, por momentos sentía que tanto hablar no nos llevaría a ningún lado, él quería este y yo oeste. Yo quería que viviéramos solos, él no tenía el sustento económico para nuestra independencia.

Me había dicho que viviríamos con su madre, yo quería buscar trabajo como veterinaria en mi país y alquilar una casa en la capital, él no quería trabajar de forma remota, quería volver a los marines, yo quería una visa de turismo, sus amigos le recomendaron que solicitara una K1, visa de prometido, porque le dijeron que era más fácil que me dieran esa, eran discusiones de nunca acabar.

En un comienzo ir a Costa Rica me entusiasmaba, sobre todo porque vería a mi hermana y podría despedirme de ella, despedirme de mis amigas en Nicaragua había terminado en muchas lágrimas, y aunque no lo admití ante nadie, me dolió estar disgustada con mi madre y mis abuelos y no poder decirles adiós. Esto solo lo sabía Jesse, pero intenté comunicarme con mi madre, le envié un mensaje de texto avisándole que me iba del país pronto, pensaba que querría verme, pero no fue así, por el contrario, solo me envió un mensaje felicitándome.

Wanda por su parte no lloró, pero sabía a ciencia cierta que le partía el corazón ver a su otra hermana irse, estaba preocupada de que me pudiera pasar algo, y yo también estaba muy asustada, por última vez le hice prometerme que no volvería a casa con los abuelos y mucho menos con su abusador, a menos que estuviera dispuesta a contar su verdad y poner una denuncia.

- El día que tú denuncies al abuelo por violencia doméstica yo voy a denunciar a mi tío por abuso sexual. – dijo Wanda.

Me dolía el corazón pensar en cómo, tanto ella como yo seguíamos justificando en cierta forma los crímenes que esos hombres habían cometido, de donde veníamos estaba tan normalizado que te golpearan y que no se hablara de ello a menos que fuera a modo de chisme, los límites no existían.

Cada vez que pensaba en denunciar a mi abuelo solamente para motivar a mi hermana, pensaba en todas las posibles respuestas de los policías ¿Tenía pruebas? Si, las fotos que me tomó Samanta, pero ¿Tenía pruebas de que lo hizo él? solo testigos ¿Mis testigos estaban dispuestos a hablar? Solo Jesse, pero él no hablaba español y era mi pareja, así que fácilmente podrían simplemente no aceptar lo que él dijera. Incluso investigue en Google ¿cuánto era la pena por violencia intrafamiliar en Nicaragua?

La ley 779 la ley contra la violencia hacia las mujeres citaba en el artículo diez, que la violencia física se le aplicará la pena siguiente: “Si se provoca lesiones leves, será sancionado con pena de ocho meses a un año y cuatro meses de prisión; Si se provoca lesiones graves, será sancionado con pena de dos años y ocho meses a seis años y ocho meses de prisión; Si se provoca lesiones gravísimas, será sancionado con pena de siete años y seis meses a trece años y cuatro meses de prisión.”

Tanto pensar en todo lo que había pasado me llevó a leerme la ley completa, a analizar lo que había pasado, no diría que lo que me pasó fue leve, no fue una simple bofetada, fueron golpes que me tomaron semanas recuperarme, pero tampoco fue gravísimo al punto de que no pudiera volver a ser yo misma, al menos físicamente, porque dentro de mi algo había cambiado.

Aunque yo sintiera que fue grave, la ley no lo vería de la misma forma, lo verían como algo leve y solo le darían seis meses de prisión a mi abuelo, o quizás nada, porque tampoco fui con un médico para que me viera, y si fuese ahora cuando he sanado por completo no serviría de nada, nada me garantizaba que me creerían, aun cuando mis abuelos no solo han infringido violencia física sobre mí y mis hermanas, si no también otros tipos de violencia según la misma ley.

Mis hermanas y yo habíamos sufrido de violencia psicológica durante años tanto por mi madre como por mis abuelos y no teníamos manera de probarlo sin que sonáramos como unas hijas ingratas y malagradecidas, aunque nosotras fuéramos las víctimas, habría forma en que la sociedad en la que vivimos lo hiciera ver como que nosotras éramos las villanas, sentía que mi abuelo merecía años de cárcel por lo que me hizo, pero también estaba ese cariño por la única figura paterna que tuve durante veintiún años y me partía el corazón visualizarle tras las rejas.

Sentía culpa por algo que no había hecho, como si yo fuese quien los traicionara, quería irme y jamás volver, no estaba segura que ese sentimiento perduraría por siempre, quizás en unos diez o quince o veinte años habría decidido perdonarles, no querría estar herida por siempre. Quizás cuando los abuelos murieran podría volver a hablar con mi madre o perdonarla, porque ni los años de sacrificio al criarnos le cubría todo el daño que me hizo el día que mi abuelo me dio una paliza, Fátima la había perdonado, pero nos amaba más a nosotras y había escogido un bando.

Quizás en un futuro ya no recordaría lo que me pasó, sabía que iba a ser así, porque los recuerdos ya comenzaban a ser escasos, aunque nada me quitaría el sentimiento de dolor, lo que me costó recuperarme tampoco se me olvidaría, eso estaría presente porque contribuyó a que mi relación con Jesse se fortaleciera, pero los detalles se esfumaban de mi mente, y de lo único que tenía recuerdos era de cómo me sentí.

Lo más irónico era que todo el odio que sentía por dentro era por todo el cariño que alguna vez sentí. Muy diferente al odio que sentía por Rick, a quien nunca llegué a querer, si en un pequeño momento conecté con él fue cuando hablamos de libros, se esfumo poco después. Rick en persona no era tan apuesto como en fotos, aunque se vistiese muy bien, elegante, al lado de Jesse, Rick era simple, no diría que feo, por si solo podría parecer simpático o atractivo a la vista, pero la belleza de Jesse opacaba a cualquiera y en especial a su mejor amigo.

Rick tenía dinero y eso se le notaba también, no intentaba ocultarlo, pero tampoco lo presumía. Rick era muy inteligente, mucho más que Jesse, aunque eso no era tan obvio, Jesse era inteligente, pero Rick además era sabio, tenía una vibra de haber vivido mucho a pesar de su corta edad, como si hubiera aprendido mucho de la vida. Rick no me dio la impresión de ser alguien romántico, ni apasionado, no como Jesse. Rick desde mi perspectiva era el ser más aburrido sobre la faz de la tierra, quizás por eso eran amigos, porque los opuestos se atraen.

- Rick me ofreció una familia cuando no la tenía, no lo entenderías, él y yo somos como hermanos, hemos pasado por mucho, siempre estamos ahí el uno para el otro, siempre puedo contar con él sin importar el que. – me dijo Jesse.

Por el amor que estos dos se tenían sabía que tendría que superar mi odio en algún momento, volveríamos a ver a Rick en múltiples ocasiones en el futuro, no podría verlo y estar refunfuñando por dentro. De alguna manera tendría que hacerlo cambiar de opinión acerca de lo que pensara de mí, necesitaba hacer que me viera como a alguien que es suficiente para Jesse, como alguien que está a su altura, tenía que ganarme su cariño de alguna forma.

Quizás en algún futuro incluso podríamos ser amigos, si mi relación con Jesse se hacía más estable y en algún momento decidíamos casarnos, significaba que su familia se convertirá en mi familia y sus amigos se convertirán en mis amigos. No quería odiar a Rick, quería ver lo que veía Jesse en él, solo no me gustaba cómo se comportaba ni cómo me miraba.

No supe qué había hecho para que se comportara de la forma en que lo hizo, tampoco supe si fue algo que no hice, lo averiguaría, y dejaría de odiarlo, como haría que él también dejara de odiarme, porque si aprendí inglés solo con mi hermana y sabia montar olas en el mar, también podía con eso, Jesse lo dijo, era un huracán y estaba por hacer de Rick un desastre.

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Nunca me había subido a un avión, se sentía surreal, ni si quiera creí que me darían la visa, Jesse y yo solicitamos la K1 que me permitía entrar a los estados unidos y permanecer en el país por noventa días en los cuales debía casarme, inventamos juntos una historia donde nos comprometimos, incluso mostramos el anillo de Pandora que Jesse me compró en nuestro viaje a costa rica, el cual pretendimos era el anillo de compromiso.

Jesse y yo no pretendíamos a casarnos aún, yo no quería, aún teníamos demasiadas cosas que trabajar en nuestra relación, en los meses que habíamos vivido juntos había notado cosas que no me gustaban de él, la despreocupación de Jesse por la vida en general, su creencia cierta que todo saldría bien sin tener en cuenta las consecuencias como si estas no existieran, y su falta de responsabilidad, lo volvían un ser egoísta e impulsivo con quien era casi imposible negociar; chocaba en comparación conmigo que siempre había tenido que preocuparme por todo y responsabilizarme no solo por mi sino también por otras personas.