23
Rick
- ¿Soy un mal esposo? – Pregunté a mi psicólogo que estaba sentado frente a mí, tenía tiempo sin verlo, desde antes de casarme, sin embargo, decidí volver porque sentía que nada estaba bien conmigo, él me recibió y escuchó cada detalle.
- No creo que seas un mal esposo, tampoco creo que tú debas pensarlo. – me dijo.
- ¿Pero no es traición? – pregunté sintiendo culpa.
- No, tener fantasías es algo normal y por lo que tengo entendido no tienes intenciones de llevar esa fantasía más lejos.
- Ni si quiera me siento atraído por ella. – confesé.
- ¿Estás seguro de eso? – preguntó.
- No estoy intentando engañarme a mí mismo si es lo que piensas, – aseguré – ella no es mi tipo.
- ¿Entonces por qué estás teniendo sueños con ella?
- No lo sé, esperaba que tú me dieras esa respuesta. – admití y él se rio.
- Solo quiero que seas honesto, no podemos llegar a ningún lado si no admites la verdad, ese es el primer paso, es completamente normal tener fantasías sexuales con otras personas aun estando en una relación y es más común de lo que te imaginas que sean con personas que ni siquiera quiera te atraen, lo que me llama la atención es que hayas venido conmigo por eso, siento que hay algo que aún no me dices.
- No quería hablar de esto con mi padre, o con cualquier otra persona, siento demasiada verguenza, no estaba seguro que fuese normal, no considero ser una persona que se preste a esas cosas, no es la imagen que quiero que perciban de mí.
- ¿No quieres que te reconozcan como un ser humano? – preguntó – ¿Ni si quiera Jesse? Quién te conoce de toda la vida y ha visto lo peor de ti. – agregó con énfasis.
No supe qué decir, guardé silencio mientras mis mejillas tomaban calor, agaché la cabeza para evitar que mi psicólogo viera que me había sonrojado, él y yo sabíamos que le ocultaba algo importante, y es que ni si quiera con él era capaz de admitir quién era la chica con la que había estado teniendo sueños.
Mientras Bev estaba de viaje su hermana le confesó que estaba embarazada, así que extendió su viaje para ayudarla a hacer compras y organizar con ella y su esposo la habitación del bebé. Mientras estaba solo en casa intentaba ocuparme en algo que fuese de utilidad; hasta llegar a la conclusión que mi vida los últimos años se había basado en el trabajo y mi único pasatiempo era estar con las personas que amo.
Quizás fue una pequeña crisis existencial, recordar mi juventud cuando tenía tantos pasatiempos que sentía que lo podía todo, la música, las compras con mi madre, la literatura, incluso los deportes. Sentía envidia que Jesse siguiera abrazando esa parte de él. Y a su vez me impedía a mí mismo ser como él, yo era un adulto fiel a mis valores.
Extrañaba ciertas cosas y aún podía retomar unas cuantas, pero no podía volver a ser aquel niño inmaduro e irresponsable que no se tomaba nada en serio. Luego de visitar a mi madre comencé a tener la crisis, me senté frente al piano que llevaba años en la casa sin ser tocado, intenté por horas terminar una canción, pero fallaba en cada intento, la falta de práctica me estaba pasando factura.
En el momento que me dolieron las manos dejé de tocar y fue cuando llamé a mi esposa, ella estaba emocionada poque sería tía, hablaba con tanto ahínco que hasta sentí que la idea de ser madre le emocionaba, no lo quise traer a colación, recordarle que me había dicho que no le gustaban los niños, me haría ver como un imbécil.
La felicidad de Bev me llenaba de gozo y aunque deseaba que no alargase sus vacaciones para tenerla conmigo, no me entrometí en su decisión, de la misma forma que ella respetó mi semana en costa rica con Jesse, antes de colgar el teléfono le recordé lo mucho que la extrañaba y le desee un tiempo grato con su familia.
Quería estar con ella, en la semana que había regresado no habíamos intimado, la deseaba y aun así priorizamos el trabajo. Parte de mi sentía que le estaba fallando, no estaba siendo el esposo que ella merecía, aunque ella dijese lo contrario, y no ser un buen marido para mí se traducía en que era un fracaso como hombre.
Me recosté sobre la cama y navegue en mis redes sociales por un rato, no solía pasar mucho tiempo ahí, por lo general solo usaba Instagram para mantenerme en contacto con mis amigos marines y con algunos otros amigos que estudiaron conmigo, de pronto noté que tanto Amy como su hermana Fátima me habían comenzado a seguir, se me hizo algo extraño, pero las seguí de vuelta, revise el perfil de Fátima primero, no me interesaba mucho, así que solo lo vi superficialmente y luego revise el de Amy.
Amy no compartía muchas fotos como su hermana, quien compartía fotos de comida, paisajes y personas, aunque no tenía idea quiénes eran. Amy no publicaba mucho, ni si quiera tenía fotos con Jesse, tenía un par de fotos de cuando estaba en la universidad, se le podía ver con un grupo de amigos limpiando jaulas de conejos y en la biblioteca leyendo un libro sola, eran de algunos años atrás, las más recientes era de ella en el mar haciendo surf, en ninguna estaba mostrando mucho su cuerpo.
Cerré la aplicación para intentar dormir, dejé que sonaran ruidos oscuros hasta terminar teniendo pesadillas que me hicieron despertar sudando más de una vez, cuando se hicieron las cinco de la mañana dejé de intentar dormir de nuevo y me quedé despierto hasta que fue hora de ir al trabajo.
Durante todo el día siguiente trabajé sin tomar descanso, sin comer e intentando no pensar, no me apetecía continuar con mi crisis existencial, mi trabajo me hacía sentir útil e importante y mantenía el estilo de vida al cual ya estaba acostumbrado, no me molestaba hacerlo, pero me dejaba agotado física y mentalmente, tenía tan poco tiempo para mí que ni si quiera entrenaba, comenzaba a perder el físico que había construido a través de años de entrenamiento.
Tenía máquinas de entrenamiento en la casa que solamente usaba Bev, luego de cenar hice algo de cardio, pero la falta de actividad física hizo que no pudiera resistir más de media hora, como no había dormido bien la noche anterior, se me hizo fácil perderme en el sueño esa noche, estaba tan cansado que se sintió como un abrir y cerrar de ojos que había durado dos segundos en lugar de siete horas, al despertar la mañana siguiente me sentía un poco más descansado.
No recordaba lo que había soñado, mi cuerpo aún se sentía un poco cargado, así que recordé un truco que solía hacer Debbie cuando estudiaba tanto que no sentía que dormir fuera suficiente, fui directo al bar, tome la botella de tequila, me serví un shot y tomé el trago de una, en cuanto el ardor me recorrió la garganta me sentí vivo de vuelta.
Fui al trabajo y esta vez me encontré que Marjorie había hablado con mi esposa y le había comentado que no había comido casi nada el día anterior, por lo cual ella le encargó que me tuviera preparado el desayuno, me fue de mucha ayuda porque no había comido nada cuando llegué, me senté sobre el escritorio a revisar los informes de contabilidad para el próximo pago de plantilla mientras comía una tostada de salmón y aguacate junto a mi café.
Decidí invitar a Marjorie a comer a la hora del almuerzo para agradecerle, pero ella ya tenía otros planes, estaba agradecido con todo el trabajo que había hecho las últimas semanas que pensaba retribuirle con un bono por su desempeño. Ella y mi esposa trabajaban de la mano, a pesar de la diferencia de edad se llevaban muy bien y eran amigas, cuando Bev no estaba, Marjorie tomaba su lugar, cuando Bev quería ir de compras ella la acompañaba.
Durante el resto del día estuve firmando documentos y en video conferencias con algunos proveedores, al finalizar la tarde, Marjorie pasó a la oficina a recordarme que me había reservado una mesa en un restaurante que quedaba a cinco minutos de la empresa para ir a cenar solo, le agradecí y me despedí de ella, Bev se estaba encargando que comiera los tres tiempos aun no estando presente, así que en cuanto llegué al restaurante la llamé mientras esperaba la comida.
- Hola Rick. – escuche desde el auricular a varias personas.
- Hola familia. – respondí con entusiasmo.
- Estamos conduciendo hacia el restaurante del esposo de Nathy, –la hermana de Bev – mamá también está con nosotros. – me informó mi esposa.
- Oh, desearía poder estar ahí yo también, estoy en el restaurante que Marjorie reservó para la cena, me dijo que tú se lo recomendaste.
- Sí, oh, mi vida, nosotros también te extrañamos, por cierto, te mandan saludos por acá, mamá me ha preguntado mucho por tu viaje a costa rica, tiene muchas ganas de visitar, quizás puedas hablar con ella luego.
- Claro que sí, intentaré hacer un tiempo para hablar con ella esta semana, estoy intentando organizarme, quiero volver al gimnasio.
- ¡Oh! Eso es genial, me da mucha felicidad escucharte decir eso, – se detuvo un momento, parecía decir unas palabras a otras personas y luego volvió a mi – cariño, acabamos de llegar al restaurante, te llamo mañana ¿Sí?
- Claro, no hay problema, llámame cuando tú quieras.
- Está bien, gracias, te amo y cuídate mucho, – me dijo rápidamente– no te olvides de comer.
- No. – pero no terminé la frase porque había colgado el teléfono.
Luego de cenar me dirigí al gimnasio, le había dado el resto de la semana libre a George, era yo quien conducía, por lo general él estaba para llevar a mi esposa a algún lado o cuando alguien más lo necesitaba, tenía la maleta con la ropa lista en el asiento trasero, me cambié y me ejercité por dos horas, al final me sentí extremadamente agotado.
Al llegar a casa tomé un baño, poco después recibí una llamada de mi madre, hablamos por media hora, me dijo lo mucho que le gustó verme el fin de semana y me preguntó si nos podríamos ver de nuevo el próximo domingo, le sugerí un partido de tenis por los viejos tiempos, ella aceptó feliz, aunque admitió que también estaba fuera de forma.
Antes de ir a dormir puse sonidos de fondo, fue cuando tuve el primer sueño con ella, por alguna razón en lugar de sonidos oscuros, opté por sonidos de la naturaleza y en cuanto cerré mis ojos me transporté a otro mundo, fue un sueño extraño, ella ni si quiera era una persona, era un ave, como esas de las que entrenan para presentar en estadios, dejarlas sueltas a que den una vuelta y que luego regresen a las jaulas, aquello me pareció terrible, por lo que tuve que robar la jaula del entrenador del ave para que no la volviera a poner ahí, las personas a mi alrededor me miraban con fascinación.
El ave regresó de su vuelo y se posó sobre el brazo enguantado de aquel hombre que reconocía muy bien, había una cuerda que amarraba el ave al brazo de él y yo sentía la necesidad de liberarla “¿alguien tiene tijeras?” Pregunté a mi alrededor, nadie me respondía, el hombre tomó al ave del cuello y la comenzó a estrangular frente a mí, no podía soportar esa escena y quizás fue el desborde de emociones intensas que me despertaron en medio de la noche, aquello había sido de los sueños más raros que había tenido.
La mañana siguiente no pude concentrarme en lo absoluto, ni en las reuniones, ni en la llamada que tuve con mi esposa. Mi mente seguía sin entender por qué había tenido ese sueño. En mi hora de almuerzo decidí incluir whiskey. Me tome dos tragos para concentrarme el resto de la tarde y parte de la noche, decidí ir primero al gimnasio antes de ir a cenar y me entretuve en ello hasta que mis piernas comenzaron a temblar.
Llegué a casa casi a las once de la noche, me serví una ensalada porque no tenía ganas de cocinar, toqué el piano hasta la media noche y cuando fui a la cama, no puse los sonidos oscuros, aún seguía perturbado por mi sueño de la noche anterior, pero decidí volver a poner los sonidos de naturaleza y ella volvió a aparecer ante mí en cuanto cerré los ojos, esta vez no como un ave, sino como ella misma.
“Te espero en el baño” me dijo mientras dejó caer su bata y su cuerpo quedó al descubierto, ni si quiera podía saber cómo se vería desnuda, pero estaba sin ropa, giró delante de mí mientras se encaminaba hacia la misma ducha donde ya había tenido fantasías con ella, pensé en mi esposa ¿Dónde estaba? Si la encontraba allí pensaría cosas, le rompería el corazón, busque a Bev con la mirada, pero no estaba por ningún lado, éramos ella y yo “te estoy esperando” me dijo desde la ducha, baje a ver mis pantalones ¡Mierda! Estaba duro como una piedra, coloque mi mano por encima y note que mi anillo de bodas no estaba.
Me encaminé hacia el baño con toda la intención de decirle que no iba a hacerlo, noté que la casa se veía como era antes de casarme y desde el umbral de la puerta la vi dentro de una bañera, ella me sonrió y me hizo señas con las manos para que entrara con ella, de pronto, ya no tenía ropa y pensé: solo voy a entrar a bañarme, no voy a hacer nada. Entre a su lado y la observé con más detenimiento, su piel, húmeda, quería tocarla, observé su cuello, luego sus hombros, memorizando y haciendo mío cada centímetro. “Tómame” su voz era dulce, “te pertenezco”, en cuanto dijo eso elevé la vista hasta sus labios y yo negué.
Me desperté deseando haberla tomado, porque solo era un sueño y en la vida real ella no me pertenecía, ella no era mía y jamás lo seria, intente cerrar los ojos para poder dormir de nuevo, pero tenía la mente despierta, la ansiedad me mantuvo sin dormir el resto de la noche, a primera hora fui al trabajo y me tome al menos tres cafés para dejar de bostezar.
Ese día me retiré temprano del trabajo e hice mi primera cita con el psicólogo, la voz de ella en mi cabeza diciendo te pertenezco no me dejaba estar tranquilo.