22
Rick
El chofer me recibió en el aeropuerto, Bev se había estado haciendo cargo de la empresa en mi ausencia y mi padre le había estado apoyando, la semana que estuve fuera tuve que posponer algunas reuniones y cancelar otras, pero con lo que respecta a firmas y toma de decisiones ella quedó a cargo, mi esposa era capaz.
Me encontré con George, un británico que ha trabajado para la familia desde que tengo conocimiento, era el chofer de mi abuelo y ahora es el mío, le pregunté cómo habían estado las cosas y él me puso al día de lo ocupada que había estado Bev, luego me preguntó por Jesse, a quien él había visto algunas veces antes.
- Está bastante bien, sigue siendo el mismo de siempre, ahora tiene novia. – dije.
- Su padre parecía interesado en saber, quizás quiera pasar a verlo antes, su esposa me pidió que le avisara que no va a llegar a cenar, me pidió que la pasara a recoger a las diez. – me informó George.
- Estoy demasiado cansado para ver a mi padre, lo llamaré, gracias por decirme.
Extrañe a Bev, me sentí mal que tuviese que trabajar hasta tan tarde por mi culpa, hubiera preferido que estuviera en casa esperándome. Le envié un mensaje avisándole que ya había llegado y en cuanto llegamos a casa lo primero que hice fue darme un baño.
Me quite la ropa y fui a la ducha, cerré los ojos y deje el agua correr por mi cuerpo, intente visualizar el cuerpo de Bev en mi mente, pero, por un segundo, fue otra persona quien apareció ante mí, estaba mal y aun así no hice nada por dejar de preguntarme ¿Cómo se vería ella sin ropa? No tenía tanta imaginación para visualizarla en mi mente, aun así, estaba duro pensando en ella, intente luchar contra ese pensamiento y sacarla de mi cabeza, pero su rostro y su cuerpo seguían presente mientras me tocaba.
Todo ese pensamiento estaba mal, debí sentirme asqueado con solo la idea, ni si quiera sabía decir si me atraía ¿Qué me estaba pasando? Yo era un hombre fiel ¿Por qué quería hacer eso? No debí tocarme pensando en ella, sin embargo, era incapaz de detenerme, ella se había apoderado de mi mente.
Intenté decirme que no. NO, NO, NO, pero entre más lo intentaba más frustrado me sentía. Si continuaba ¿Qué estaría mal exactamente? No estaba haciendo absolutamente nada para tenerla en la vida real, no lo haría, no me interesaba, solo quería saber qué se sentiría tenerla en mi imaginación, solo ahí, nadie sabía lo que pasaba dentro de mi mente excepto yo, me quitaría las ganas de encima y no pensaría en ella nunca más.
Sus ojos, su piel, su voz, se deslizaron por mi mente como una caricia ¿Cómo se sentiría su piel contra mi piel? Mientras pensaba en el contacto, mi mano se deslizaba despacio ¿Qué tan bien cabrían sus manos alrededor de mi miembro? abrí los ojos y vi mi reflejo en el vidrio divisor de la ducha, volví a cerrar los ojos con más fuerza y aumenté la velocidad ¡Mierda! La imagine allí conmigo, cargándola contra vidrio y hundiéndome en ella, tuve que colocar una mano sobre el vidrio para sostener mi peso, me pregunte: ¿Cómo serán sus gemidos? ¿Cómo se escucharía mi nombre lleno de placer en su boca?
Llevaba semanas sin tener sexo, ya me había convertido en un animal, no, no un animal sino una bestia, no podía creer que estuviera a punto de venirme pensando en una mujer que era prohibida para mí, y aunque traté de evitarlo, no pude, y terminé diciendo su nombre en un susurro cuando me corrí, el alivio que recorrió mi cuerpo en pocos segundos se volvió una carga pesada, no porque estuviera pensando en ella, sino porque necesitaba tener sexo de verdad.
Sali del baño y me puse ropa de oficina, le avise a George que íbamos a salir, pasamos primero por la floristería donde compré un ramo de peonias, luego nos detuvimos en su restaurante favorito de Bev. Mientras George conducía hasta la empresa me pregunté si también debí comprarle algo más, había estado ausente y ella debería ser recompensada por eso, al llegar fui directo a la oficina, me encontré con Marjorie, la secretaria, me informó que mi esposa estaba en la sala de juntas y no en su oficina, así que cambie de dirección hasta que pude verla.
Estaba sentada junto a mi padre viendo la laptop al final de la enorme mesa en forma de óvalo, ella levantó el rostro y me encontró con una sonrisa que iluminó mi día, mi padre estaba junto a ella, ambos se levantaron al mismo tiempo.
- Estás de vuelta, – dijo mi padre – no te esperábamos.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó ella con un tono de felicidad – Pensé que nos veríamos en la noche.
- No podía esperar a verte, – le dije y luego me dirigí a mi padre – tampoco esperaba verte, de saber que estabas acá te habría traído algo de comer a ti también.
Ella se acercó a paso elegante, los tacones en punta resonaban sobre el piso, le entregué la ensalada y las flores y ella los recibió con entusiasmo, me dio un corto beso en la mejilla luego de agradecer y los colocó sobre la mesa, la tomé de la cintura y nos acercamos a mi padre.
- Estábamos revisando el último informe de ventas, – me explicó ella – dos vehículos tenían defectos que no fueron percibidos previos a la distribución y eso llevó a la devolución y baja en las ventas de ese modelo.
- Estábamos considerando reunirnos con el área de marketing para manejar el problema. – agrego mi padre.
- Yo me haré cargo. – le avisé a la vez que tome el asiento que antes ocupaba Bev.
Ella se colocó detrás de mí, comencé a revisar los datos en la computadora mientras ella me explicaba todo lo que había pasado en mi ausencia y de pronto sentía que no tendría tiempo de hacer nada más, mi padre se despidió de mí dos horas más tarde y me pidió que pasara a verlo tan pronto tuviera tiempo, Bev tuvo que comer su ensalada sola mientras yo discutía el asunto con el encargado de marketing, George, quien estuvo puntual a las 10 esperándonos, tuvo que esperar por dos horas más, ya que no fue hasta media noche que me desocupé.
Llegando a casa, fuimos a la cama, ninguno de los dos tenía deseos de hacer otra cosa que no fuese dormir, ni si quiera tocamos el tema, estábamos exhaustos y no podíamos desperdiciar horas de sueño, tenía varias reuniones programadas para el día siguiente y ambos éramos responsables.
La semana siguiente pasó en un abrir y cerrar de ojos, pero había prometido a mi madre ir a almorzar con ella el domingo, lo cual fue conveniente porque Bev tenía planeado irse de viaje a visitar a su familia todo el fin de semana, cuando me encontré con mi madre, ella no estaba sola, sino que se encontraba acompañada de Fay, la madre de Jesse, me hizo feliz verla.
Le di un abrazo a ambas mujeres y me uní con ellas en su mesa, mi madre había sido quien eligió el restaurante, era estilo francés y el olor a la comida me abrió el apetito de inmediato, tanto Fay como mi madre ya se habían pedido un coctel que llevaban por la mitad.
- ¿Cómo estuvo tu viaje? – Preguntó mi madre.
- Bien, Jesse se ve igual, un poco más bronceado y con el cabello más largo, pero se sigue manteniendo igual, me comentó que estaba buscando una visa para traer a su novia acá.
- ¿Entonces si va en serio con esa chica? – inquirió mamá.
- Eso parece. – dije.
- Cuéntame de ella. – me pidió Fay.
- Ella… su nombre es Amy y… – intenté buscar la forma de describirla sin sonar petulante – no compartí suficiente tiempo con ella para hacerme una idea de su personalidad.
- Basta de formalidades, – me interrumpió Fay – no tienes por qué guardarte nada en mi presencia, por favor dime honestamente que piensas de ella ¿Quiero saber que te pareció a ti? Rick.
- Bien, – agaché el rostro y antes de que pudiera decirlo ya me había arrepentido – es una niña un poco vulgar. – mi madre me observó horrorizada.
- Entonces la chica no te agrada. – inquirió Fay y yo negué.
- No, no es así, – pensé un momento y luego agregué – Jesse parece feliz a su lado. – Fay sonrió.