Jesse's girl 21
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Rick

La primera vez que vi a Amy fue en un Starbucks en Costa Rica, después de meses sin ver a Jesse tenía demasiada curiosidad por conocer a esta chica que lo había retenido en un país al cual muchas personas ni si quiera ubican en el mapa, ya había escuchado su voz en las llamadas que había hecho con Jesse, por la forma en la que hablaba no daba indicios de ser atractiva.

Jesse, como ya era de costumbre, estaba retrasado, me dio tiempo de ordenar un capuchino con dos shot extra de expreso, escogí donde sentarme, me distraje por varios minutos más en mi celular cuando lo vi entrar tomado de la mano de otra persona. Jesse no se veía muy diferente de lo habitual, un poco más bronceado, el cabello más largo y genuinamente feliz, que, a pesar de siempre se le puede notar feliz, su felicidad no siempre era real y esta vez sabía que no está fingiendo.

Cuando Jesse finge sonreír sus cejas están alzadas, hace demasiados movimientos con el cuerpo, cuando está genuinamente feliz no se mueve tanto y sus ojos se achican, justo como en este momento, su novia quien venia detrás de él no tenía nada fuera de lo común, una joven normal ¿Qué era lo que veía en ella? No era la típica chica con la que Jesse solía salir, no era alta ni delgada y ¿tenía vitíligo? ¿por qué Jesse nunca me habló de eso? ninguna mención o algo cuando la describió, nada ¿se avergonzaría de ella? No lo entendía.

Amy era: bonita. Si, pero solo porque no era fea y se esforzaba en no serlo. Tenía un cuerpo atlético, en sus piernas se marcaban sus músculos, su trasero era grande. Morena, ojos castaños y cabello oscuro, crespo, se veía muy bien, el vestido corto le favorecía, podía ver porque Jesse se fijó en ella, pero no la razón de que se quedara con ella. había visto a Jesse tener novias, si se le podría llamar así a las chicas con las que se enrollaba, y eran mucho más lindas que ella.

Me pregunté si había algo de su personalidad que le atrajese ¿su inteligencia? No, Jesse era demasiado superficial como para fijarse en eso, tampoco podría ser el dinero, no se veía como alguien pudiente, lo único que podía ser era el sexo, Jesse me había dicho que no había tenido relaciones con ella ¿se hacía la difícil? quizás Jesse la veía como un reto, pero si fuese así, se hubiera largado al conseguir lo que quería de ella.

Jesse levantó la mano para saludarme y yo hice un gesto con la cabeza, se acercaron y la noté mejor, su rostro bastante angelical, su piel nítida, sin maquillaje. Me puse de pie y estreche la mano para saludar a Jesse, él me jaló y me dio un abrazo con un par de palmadas en la espalda, en ese instante me di cuenta de que lo había extrañado, por eso estaba allí, me separe de él y volví a observar a Amy, sonreía, sus labios eran finos, dejaban al descubierto su dentadura ¿estaba nerviosa? ofreció su mano, la tomé y le di un beso en los nudillos.

- Mucho gusto, – dije – mi nombre es Rick.

- Amy. – respondió ella con voz aguda.

- He escuchado mucho de ti. – dije con formalidad.

- ¿En serio? – observó a Jesse – ¿Qué cosas?

- Solo las mejores – respondí – ¿Les apetece sentarse?

Indiqué la mesa y ellos asintieron, Jesse se sentó a mi derecha mientras yo movía la silla para que ella se sentara, note que ella no estaba acostumbrada a este tipo de cordialidades porque al momento de hacerlo pensó que yo quería sentarme ahí y cuando le expliqué lo que pretendía se sentó torpemente, hasta me pareció gracioso. Llame a un mesero para que nos tomara la orden, mientras ellos observaban el menú.

- Son demasiadas opciones ¿Qué es un macchiato? – preguntó Amy, pronunciándolo incorrectamente.

- Es prácticamente un expreso con un poco de leche. – respondí.

- Es bastante fuerte. – agregó Jesse.

- ¿No sueles tomar café? – le pregunté – pensé que Jesse había dicho que el café de Nicaragua era muy bueno.

- Lo es, pero suelo tomar el café negro, voy a probar el macchiato.

Luego de que nadie viniera a atendernos, me levanté, pedí disculpas y me alejé de la mesa en dirección a la barra, hice el pedido y me dirigí al baño, cuando regrese les lleve las bebidas, observé a Amy tomar su primer macchiato, ella sonrió luego del primer trago, le había gustado.

- Es delicioso, – dijo con emoción – es el mejor café del mundo.

- Me alegra que te haya gustado, – dije – me he tomado la libertad de reservarnos un tour por la finca, será mi primera vez en una finca cafetalera ¿alguna vez has estado en una? – pregunté y ella asintió.

- Café las flores tiene una finca en el volcán mombacho, fui hace varios años, con unos compañeros de la universidad.

- ¿Estás en la universidad?

- Ya se ha graduado, – respondió Jesse por ella – Amy es veterinaria.

El guía se acercó a nosotros minutos después y nos indicó el camino por donde debíamos ir, mientras avanzábamos nos iba dando datos de la finca, sobre qué estándares utilizaban para la selección del café, nos explicó un poco acerca del café que exportaban y del que se consumía local, fue interesante escucharlo, durante todo el tiempo caminé al lado del guía mientras Jesse y Amy venían detrás de nosotros tomados de la mano.

Finalizando el tour, luego de conocer la historia de la finca, nos explicaron que había una prueba de café, era solamente un café, bastante menos de lo que esperaba, pero nos dio tiempo para tomar algunas fotos antes, le envié una foto a mi esposa, le dije que la extrañaba, sin embargo, no obtuve respuesta de ella.

Jesse me pidió que les tomara una foto juntos con el paisaje de fondo y eso hice, Amy se veía mucho más baja a su lado, de igual manera Jesse la abrazó con fuerza, como si ella fuese la única mujer en la tierra y tuviera miedo que se le escapara de las manos, ella se giró observarlo, sus ojos brillaban llenos de amor, seguía sin entenderlo, no era una mujer culta ni educada, le gustaba el café, pero no tenía mucho conocimiento al respecto, le ofrecía amor a Jesse, pero no ningún tipo de amor que no le hubiera ofrecido antes otra chica.

Jesse le acarició el rostro, un detalle que no lo había visto hacer con nadie más, entonces hice clic, su necesidad de protegerla, de hacerle saber que estaba ahí, de amarla, pude ver la confianza que se tenían, así me sentía con Bev, y por la razón que sea que estuviesen juntos, me alegraba que fuese así, Jesse necesitaba eso.

- ¿Tú quieres una foto? – se ofreció Amy y yo negué.

Amy se acercó a mí, Jesse le agarro el trasero con descaro, algo que yo no me atrevería a hacer en público nunca, a ella no apareció molestarle, pero lo observó de una manera juguetona, como si se estuvieran comunicando telepáticamente, Jesse se rio y sentí ganas de pedirle que guardaran sus muestras de afecto para cuando estuvieran solos, no me molestaba que se estuvieran acostando, pero era inapropiado.

- Oye ¿Cómo está mi mamá? – me preguntó Jesse.

- ¿No has hablado con ella?

- No mucho, pero supuse que tú seguramente la habías visto. – respondió.

- Supones bien, – admití – la vi antes de venir, te manda a decir que le contestes el teléfono más a menudo. – dije repitiendo las palabras de Fay.

- No teníamos buen internet donde estábamos viviendo, – se excusó Jesse – de igual forma estamos planeando regresar juntos a los Estados Unidos.

- Estamos en espera de la cita en la embajada para la visa. – agregó Amy.

- ¿Qué tienes pensado hacer cuando llegues a los Estados Unidos? ¿Vas a trabajar? ¿Tienes algún propósito en específico o metas? – no quería ser entrometido, pero tenía curiosidad.

- No, – respondió con parsimonia – solo quiero coger con Jesse y que él me mantenga. – dijo con una mirada feroz.

- ¿Perdón? – solté incrédulo.

- Haces preguntas invasivas, te daré respuestas incómodas. – me guiñó el ojo y Jesse soltó una carcajada.

- Oh, lo siento, – me disculpe de inmediato – eso ha sido muy grosero de mi parte, – y muy idiota – no pretendía…

- ¿Tratarla como si fuera yo? – interrumpió Jesse.

- ¿Por qué eres tan formal? La forma en la que hablas y actúas me hace sentir como si estuviera leyendo un libro clásico. – ella frunció el ceño.

La verdad no imaginaba que a ella le gustara la literatura, así que en lugar de preguntar solo expresé mi observación en voz alta.

- Te gusta leer. – dije.

- Sí. – dijo Amy y se encogió de hombros.

- No sabía que te gustara leer. – dijo Jesse.

- ¿Por qué pensaste que no me gusta leer? – pregunto Amy a Jesse.

- Porque no tienes muchos libros. – explicó.

- Los libros son muy caros, leo en el celular y pasa que me conociste en un momento en el que no tenía teléfono, los lectores no tenemos que leer todos los días para ser lectores. – dijo muy a la defensiva.

- ¿Por qué no vas a la biblioteca? – pregunté y ella se rio.

- No hay tal cosa de dónde vengo, – explicó – tampoco hay mucha cultura lectora.

- ¿Y de dónde te nació el amor por la lectura? – preguntó Jesse en tono curioso.

- En la universidad, a mis amigas les gustaba leer y siempre querían que leyera los libros que ellas leían para hablar sobre eso y como no tenía televisión, pero si tiempo libre, me entretenía con los libros que ellas me prestaban o con los que descargaba de forma pirata, de vez en cuando utilizaba la biblioteca de la universidad, pero tampoco tenía muchas opciones para escoger, la mayoría de lo que tenían eran libros de carácter educativo o clásicos.

- ¿Y no te gustan los clásicos? – pregunté.

- Me gusta Jane Austen y me gustan las hermanas Brontë, en general las novelas clásicas de romance, sí, me gustan los clásicos.

Vaya, eso si no me lo esperaba y por lo visto Jesse tampoco, la observaba como si ella fuese una desconocida fascinante, a mi esposa también le gustaba leer, pero no leía nada que no fuese no ficción, ni que no tuviese que ver con fines educativos, seguro que ella pensaría que lo que Amy leía era una pérdida de tiempo, pero como a mí también me gustaba esa clase de libros, entendía por qué los leía.

- ¿Tienes un autor favorito? – pregunté.