Jesse's girl 20
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Amy

Caminamos de regreso a casa, Jesse me tuvo que cargar parte del camino, estaba algo mareada por el vino, pero lo suficientemente sobria como para dar mi consentimiento en todo lo que mi mente venía dando vueltas, el cielo había oscurecido, las chicharras se escuchaban por todas partes, Jesse me bajó de su espalda en cuanto llegamos a la casa, abrió la puerta delante de mí y me dejó pasar primero, luego entro él, cerró la puerta a su espalda y deslizó el zipper del vestido hacia abajo.

En silencio di unos pasos hacia las escaleras, deje que Jesse me observara, luego lleve mis manos hacia la cintura del vestido para deslizarlo debajo de mi cuerpo hasta que cayera a mis pies, dejando al descubierto la ropa íntima que me puse especialmente para él, Jesse dio un paso, pero antes de que estuviera demasiado cerca corrí escalera arriba, él me siguió a la misma velocidad y me atrapó cerca de la cama, dejándonos caer a los dos.

Estábamos de lado observándonos frente a frente cuando comenzó a besarme, sin prisa, pero con una necesidad que corría tan rápido como la sangre navegaba por mis venas, el cuerpo aún me dolía, así que cuando sus fuertes brazos hicieron presión al abrazarme me quejé, él se separó de mis labios y me observó un poco preocupado.

- Lo siento. – dijo.

- No, deja que me duela. – dije volviéndolo a besar.

- Eres masoquista. – respondió.

Jesse se separó de mi para darme espacio y que me recostara por completo sobre la cama, mientras me observaba pude notar la forma en la que ardían sus ojos, sabía que haría lo que fuera por mí, haría todo para protegerme y mantenerme a su lado. Jesse me pertenecía, en ese momento era mío, y quería demostrarle que yo también era suya.

- Te amo. – le solté con ternura.

- Y yo a ti, amo todo de ti, tu risa graciosa, tu pasión por el surf, tu ambición de aprender, tu piel, tus pechos, tu cuerpo entero me vuelve loco, te amo.

- ¡Ay! – dije con el corazón en la boca.

Jesse se acercó a mi nuevamente, colocándose encima de mí, el peso de su cuerpo cayó sobre su mano, mientras con la otra recorría el mío, puse mis manos sobre su cuello para atraerlo hacia mí y poder besarlo, en cuanto puse mis labios sobre los suyos el calor en mi cuerpo se intensifico, lo sabía, mi cuerpo me pedía ser suya y él también lo sentía, porque no pasamos mucho tiempo besándonos antes de que comenzáramos a quitarnos el resto de la ropa, seria esa noche, doliera o no y seria cada noche que pasara con Jesse, quería sentirme así siempre.

Jesse tomó el condón de la mesa de noche, me observó y con la mirada me preguntó si estaba lista, yo asentí, lo observé ponérselo y acercase a mí, colocó su miembro sobre mi entrada y antes de hacer nada volvió a besarme, fue mientras devoraba mi boca que se deslizó solo poco, se detuvo conteniendo la tensión, una de sus manos estaba sobre mi cadera, la apretó suavemente cuando volvió a empujar otro poco más, esa vez sentí el dolor, pero Jesse no había dejado de besarme, así que lo deje pasar, él volvió a empujar hasta estar por completo dentro de mí, me observo a los ojos con su frente apoyada sobre la mía, luego frunció la frente y comenzó a retractarse.

- No, sigue por favor. – le supliqué y Jesse asintió.

- Está bien, todo va a estar bien, tranquila, – pidió – respira profundo.

Lo obedecí y mientras hacía lo que me pedía, Jesse se deslizó de nuevo dentro de mí, esta vez sin detenerse, antes de que pudiera quejarme del dolor, acercó su boca a mi oído, la besó causándome cosquillas y con una voz rasposa me dijo “te amo tanto”, empujo de nuevo con mucho cuidado, “eres tan bella”, otra vez despacio “me haces tan feliz” de nuevo pero un poco más rápido “podría morir aquí mismo” sus palabras iban apaciguando mi dolor hasta que este se volvió tolerable.

Jesse se movía con naturalidad dentro de mí, mi cuerpo estaba más relajado, así que enrede mis piernas alrededor de su cintura, cada uno sus músculos estaban tensos, podía sentir que le estaba costando contenerse e ir despacio, sus labios bajaron a mi cuello donde succionó con vehemencia, había intercambiado el dolor por placer.

- Amy – llamó mi nombre con deseo – ¿Cómo te sientes? ¿Aún te duele? – preguntó.

- Estoy bien. – le asegure.

- ¿Crees que puedo ir más rápido? Solo un poco. – su voz sonaba a suplica.

Asentí, Jesse aumentó la velocidad, lo suficiente como para que me sintiera incómoda, pero no se lo dije, ni se lo demostré, el dolor era mínimo, y su rostro lleno de placer lo compensaba, deseaba verlo satisfecho, no sabía cuánto tiempo se suponía que eso debía durar, pero hubiera podido estar con él toda la noche, aunque la mañana siguiente no pudiera caminar.

- Amy, quiero hacerte venir, dime que hago. – preguntó luego de un rato.

- No lo sé, – admití – ni si quiera creo que sea posible.

- ¿No sientes placer? – guarde silencio ante su pregunta y él se detuvo de inmediato.

- ¿Por qué paras? – pregunté.

- Porque no lo estás disfrutando.

- Pero aun así es especial, – dije tomando su rostro entre mis manos – estoy con el hombre que amo, es todo lo que siempre quise.

- ¿Estás segura?

- Si, por favor continúa, quiero que termines.

Jesse volvió a moverse despacio dentro de mí, luego de un rato sentí más que dolor, placer, fue maravilloso y estaba sedienta de más, estire mi cuello para alcanzar su rostro y tomar sus labios entre los míos, lo bese y entonces lo viví, más placer, gemí y eso pareció excitar más a Jesse porque en cuanto me escuchó aceleró el ritmo, Jesse dejó de besarme por un momento para observarme con la respiración agitada, era hermoso.

- Voy a parar. – informó.

- ¿Por qué? – pregunté confundida, estaba segura que él no había terminado.

- Porque si no lo hago voy a venirme y no me apetece hacer eso cuando tú tampoco puedes.

- Pero quiero que lo hagas, – le dije – ya te he hecho venir antes.

- No es lo mismo y lo sabes.

Jesse hizo el intento por salir, pero se lo impedí al colocar mis manos en su espalda baja y empujarlo de nuevo dentro mí, inesperadamente se sintió maravilloso, hizo que me arqueara y gimiera de nuevo.

- ¿Te está gustando? – preguntó y yo asentí.

- Quizás no pueda venirme esta vez, – admití – pero ya me lo compensarás.

Jesse me besó otra vez, mi cuerpo estaba totalmente relajado y dispuesto para él, era suya, ya no había vuelta atrás, mi corazón, mis pensamientos y ahora también mi cuerpo le pertenecia, se sentía bien, por un momento creí que iba a explotar, la felicidad y la planitud me desbordaba, Jesse estaba en control, había cambiado el ritmo a su gusto, sus embestidas eran cada vez más fuertes, había alcanzado el éxtasis, gimió una última vez antes de detenerse y dejarse caer sobre mí, se retiró despacio, se quitó el condón y lo tiró a un lado de la cama.

- ¡Mierda! eso fue…

- Increíble. – termine por él.

- No, mejor que increíble. – aseguró.

- Creo que, acabamos de hacer el amor. – dije.

- Acabo de hacer el amor por primera vez, – dijo perdido en sus palabras – te acabo de hacer el amor ¿Cómo te sientes?

- Bien, – admití – fue mejor de lo que esperaba.

Jesse acercó su cuerpo más al mío, abriendo espacio para que me recostara sobre su pecho, estaba cansada y parecía que él también, en cuestión de minutos nos quedamos dormidos, la mañana siguiente que me desperté, mi cuerpo se sentía hecho pedazos, mis costillas y mis caderas dolían y cuando intente levantarme las piernas me temblaban, Jesse abrió los ojos al despertar y sonrió al verme.

- Buenos días, señorita.

Me lleve las manos a mi cabello intentando peinarlo con los dedos, estaba hecha un desastre, al menos así me sentía, mi cuello hizo crac cuando moví la cabeza y los recuerdos de la noche frescos como la mañana hicieron que me entrara un escalofrío, me sacudí al sentir deseo, no podía hacer esto otra vez, físicamente me era imposible.

- Buenos días. – respondí.

- ¿Cómo te sientes?

- Me duele…

Deje la oración a mitad, Jesse se sentó sobre la cama y note en las sábanas, sobre la cama, donde la noche anterior nos amamos, sangre, ridículamente lo único que pensé en ese momento era en cómo quitaríamos esa mancha ¿Habíamos arruinado la cama de la casa que alquilamos? Negue con remordimiento, Jesse se dio cuenta, me tomo de las manos y sonrió.

- Voy a lavar las sábanas esta tarde ¿Qué te duele? ¿Necesitas un masaje?

- Un masaje no me vendría mal, – admití – deseo con todas mis fuerzas volver a hacer surf.

Jesse salió de la cama, caminó desnudo hacia el balcón, por un instante temí que los vecinos lo vieran, cuando volvió a entrar a la habitación busco su teléfono, lo observe revisarlo unos segundos hasta que sus ojos dejaron la pantalla para dirigirse a mí.

- No creo que sea buena idea hacer surf, al menos no hoy, no para ti – Jesse me observaba con fascinación – Amy.

- ¿Sí?

- Por favor, – suplicó – déjame tener una foto de ti en este momento, te ves… arrebatadora – lo pensé un momento y luego él agregó – justo ahí, con ese desastre en la cama, con tu cabello todo revuelto solo pienso “yo hice eso”, te prometo que no haré nada malo con la foto.

- Está bien – dije por fin, sabiendo que confiaba plenamente en él – no quiero que salga mi rostro.

El asintió, levantó el teléfono y me tomó las fotos, no sé cuántas, pero al acabar se acercó hacia mí y me mostró la pantalla, la foto que me enseñó se veía artística.

- ¿Puedo ponerla de fondo de pantalla? – preguntó y yo negué.

- promete no decirle a nadie que soy yo.

- ¿Bromeas? Quiero decirles a todos que eres tú, estoy por llamar al noticiero nacional para decirles que acabo de tener la mejor noche de mi vida.

- Estás exagerando. – le dije.

- No, Amy, tú eres de esas cosas que pasan y arremeten como un huracán en la vida de los demás.

- Sigo pensando que estás exagerando, no creo haber hecho nada para que diga eso.

- ¿Y cómo llamas a lo de ayer? ¿Qué crees que pasó? – señaló la cama.

- Creo que ves tu reflejo Jesse, tú eres el huracán, tú llegaste a mi vida y la cambiaste por completo, yo no he hecho nada.

- Tú lo has hecho todo, yo no habría hecho nada si tú no me hubieras sonreído el primer día, Amy, no eres consciente de tu poder, de lo que causas en los demás ¿Crees que ese amor que los demás sienten por ti viene de la nada? No, Samanta no hubiera sacrificado su mañana para que yo te hiciera un regalo si no te quisiera, tu hermana no dejaría su casa si no te amara tanto, todos a tu alrededor han sido impactados por el huracán Amy, la persona que se metió en sus vidas y causó un impacto irremediable.

- Y si me voy contigo no los volveré a ver, – solté con tristeza – los voy a extrañar – él asintió.

- Ves como eres un huracán, que cuando terminan todo está demasiado en calma y hecho un desastre a su vez, todo será demasiado aburrido en sus vidas cuando no estés y van a tener que reconstruirse.

- No me parece que el huracán sea un buen símil ¿No es el huracán algo negativo?

- No cuando se trata de ti.

Jesse me dio un beso corto en los labios y salió de la habitación para preparar café, me levanté hacia el baño y note mi maquillaje se había corrido, con la necesidad de estar con él la noche anterior olvide quitármelo, tome una toalla desmaquillante y me la pase por todos lados hasta dejarme limpia, me lave el rostro con jabón, cepille mi cabello y cuando volví a la habitación Jesse estaba de regreso con café.

- Gracias. – le dije luego de aceptar la taza de café. Ambos salimos al balcón y nos sentamos afuera.

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- Se tiene esta idea que lo único que causan los huracanes es destrucción, pero nadie ve lo que viene después, cuando a las personas les toca reconstruir todo y comenzar de cero, es una nueva experiencia, como la que yo estoy viviendo, es como si yo hubiera sido esta persona por tantos años y luego te conociera y sintiera que tengo que reconstruir quién soy para poder estar a tu altura, y me ha tocado cambiar un montón de hábitos que creía que eran buenos, pero ahora que veo esta nueva versión mía siento que me gusta más, como si fuera una mejor persona y al igual que los huracanes, fue algo inesperado, tú no me pediste que cambiara nada, yo quise hacerlo por voluntad propia ¿Sabes que hacen también los huracanes?

- ¿Que? – dije con curiosidad.

- Limpian los ríos y mantienen llenas las presas, para la naturaleza los huracanes pueden ser beneficiosos, pero los humanos somos incapaces de ver las cosas buenas en un evento natural, y luego lo llamamos desastre, como si nosotros fuésemos lo único que existe o lo único que importa.

- Hoy en un capítulo de las mujeres no son personas son desastres de la naturaleza… – solté con sarcasmo.

- Amy. – me llamó la atención.

- Lo siento, supongo que entiendo tu punto, pero ¿Qué va a pasar? Jesse, dime ¿tienes un plan? ¿Dónde viviéremos? ¿Voy a trabajar? ¿Qué quieres que hagamos si me voy?

- Espera ¿Lo estás considerando? – dijo con alegría.

- Jesse, he reconsiderado mi vida entera desde que te conocí, mírame donde estoy ahora.

- Supongo que podríamos comenzar por sacarte un pasaporte, podríamos aplicar a una visa y si no funciona, podríamos buscar otras opciones, no quiero irme y dejarte a la deriva, si tus abuelos te encuentran y te vuelven a hacer daño no me lo perdonaría, pero si otro hombre se aprovecha de mi ausencia y te roba de mi lado, sería el fin de todo para mí, no creo que tengas una idea de lo mucho que me importas.

- Creo que sí, – respondí – porque es como me siento contigo.