Jesse's girl 19 #2
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19 #2

Bajamos las escaleras y salimos de la casa, Jesse no me soltó la mano ni si quiera para cerrar la puerta, caminamos en silencio una cuadra completa, lo admiré todo el tiempo y me sentí la mujer con más suerte en el mundo por tener a mi lado un hombre tan apuesto, que se preocupaba por mí, tenía detalles conmigo y me quería de verdad.

Llegamos al restaurante, todo estaba en silencio, mis sandalias tenían un poco de polvo del camino, pedí ir al baño, no había nadie más en el local además de la persona que nos abrió la puerta, era una pizzería, los tonos eran rojos y verdes y había muchas plantas adornando el lugar, entré al baño y me limpie los pies con una servilleta, me mire al espejo y por un instante pude ver porque Jesse estaba conmigo, estaba llena, de pies a cabeza, de un amor profundo e irremediable por ese hombre.

Regresé al salón, Jesse estaba esperándome, me tomó de la mano y nos dirigimos a la mesa del centro, no había techo en esa parte del restaurante, se podía ver el cielo en un lila rosáceo, él jaló la silla para que me sentase y yo intente con todas mis fuerzas no reírme como una tonta, estaba tan emocionada que podía ponerme a bailar en ese momento, Jesse de sentó frente a mí y pronto nos trajeron un pan con mantequilla.

- Este lugar es hermoso, ni si quiera sabía que existía. – dije.

- No existía, – respondió – me lo he inventado para ti.

- Ves, eso sí suena romántico. – recalqué.

- ¿Acaso me estás entrenando? – me observo entrecerrando los ojos.

- No, creo que tú solito te estás domesticando. – le dije.

- Jesse el perro adiestrado, – comentó – así es como me van a decir ahora mis amigos cuando les presente a mi primera novia formal.

- ¿Tiene algo de malo?

- Supongo que se les va a caer el ídolo, siempre pensaron que sería el tipo que no sentaría cabeza, a Rick le está costando aceptar que estoy cambiando.

- ¿Rick, tu mejor amigo? – pregunté al reconocer el nombre.

- Si, pero te aceptarán, y mi mamá te va a amar, espera que la conozcas, estará encantada con la idea de que senté cabeza.

- ¿Voy a conocerla?

- Claro ¿Piensas que voy a dejarte aquí desprotegida? Tú vienes conmigo para los Estados Unidos. – sentenció.

- Pero si ni si quiera tengo pasaporte o visa. – dije casi riendo.

- Lo conseguimos.

- No creo que tengas una idea clara de cómo funcionan las cosas en este país, la solicitud de la visa es costosa y la mayoría la niegan. – le expliqué.

- Entonces te cruzaré ilegal por la frontera ¿estarías dispuesta a eso? – preguntó y al ver que iba en serio deje de sonreír.

- Pero…

Deje la oración a la mitad, las ideas cruzaron tan rápido por mi mente que no fui capaz de poner las palabras en orden ¿en qué momento se le ocurrió que me llevaría a los Estados Unidos? Ya se había visualizado presentándome a su familia y lo sabía por la emoción en su voz mientras lo comentaba, en el brillo en sus ojos mientras hablaba de lo serio de nuestra relación, pero lo que me llenaba de ternura era su intento de protegerme y no dejarme sola, su necesidad de cuidarme sin ser posesivo y la promesa de que volvería transformándose en el “estaremos juntos por siempre”.

Me sentía feliz y a la vez contrariada, lo amaba y quería estar con él, pero a la vez no estaba segura de querer dejar mi vida, jamás me había planteado la idea de irme, acababa de terminar mi carrera, debería estar buscando trabajo, si me iba no podría desarrollarme como veterinaria, me sentiría miserable al pensar que estudié cinco años para nada, que me maté trabajando y aguante tanto en mi casa por nada, aunque también entendía que no tenía muchas opciones, estaba reducida a lo que Jesse me ofreciera.

De todas formas, mi hogar acá ya estaba roto, pero de eso a irme ¿lo amaba tanto como para abandonar todo lo que conocía y empezar de cero? ¿Se daba cuenta de lo que me estaba pidiendo? ¿Sabía que era un sacrificio o solo estaba siento egoísta? Y si me iba ¿valdría la pena? Yo sabía que ya no volvería a ver a mis abuelos ni a mi mamá, posiblemente tampoco a Fátima, pero ¿Wanda? Mi hermanita ¿qué iba a pasar con ella? Supuse que si me iba y encontraba trabajo tendría mejores formas de ayudarla.

- ¿Te estoy pidiendo mucho? – preguntó – ¿Aún no estás lista?

- No, es que… no sé ¿en qué momento pensaste en todo esto? – pregunté saliendo de mi ensimismamiento.

- No lo sé, – confesó – estos días contigo, me he dado cuenta cuanto me gusta nuestra relación y sobre todo me di cuenta que tengo lo que se necesita ¿Te hago feliz, no es así? – yo asentí ante sus palabras – y cuido bien de ti, – afirmó – siento que, durante todos estos años pensaba que no estaba listo para una relación porque no me sentía capaz de tener lo que se necesitaba, no tuve el mejor ejemplo al crecer, mi padre no trataba a mi madre como se espera de un hombre, pensaba que por ser su hijo sería un fraude al igual que él, cuando murió sentí que tenía una oportunidad para ya no mirarlo y reflejarme en él, sentí que podía intentarlo y luego vine acá y no había nadie para juzgar a mi yo del pasado, nadie me conocía, y tú apareciste y me encantaste, me dieron tantas ganas de estar contigo, de crear algo contigo, que me dije a mi mismo que ya era momento, estoy contigo porque quiero y porque te quiero, – me tomó las manos por encima de la mesa – y porque nos encontramos en el momento perfecto, muchas cosas tuvieron que salir mal, para que lo nuestro pudiera salir bien.

- ¿Qué pasó con tu padre? – pregunté.

- Murió de una sobredosis. – respondió como si nada.

- Lo siento. – Mi corazón sintió una punzada.

- Está bien, no teníamos una buena relación, – admitió – de todas formas, es algo que me llevó a ti, a nosotros, a auto descubrir esta nueva parte de mí, soy una persona diferente cuando estoy contigo y me gusta serlo, quiero seguir haciéndolo todo lo que me permitas.

- Jesse… – el corazón me palpitaba demasiado rápido.

- No voy a presionarte, voy a darte tu espacio y…

- No, – le interrumpí – si quiero, quiero que lo sigas haciendo, quiero que sigamos trabajando en lo nuestro, a mí también me gusta nuestra relación y me gusta que me cuides, me encanta esto. – señale entre nosotros.

- ¿Entonces? ¿Cuál es el “pero”?

- No, supongo que me tomo algo por sorpresa, – reconocí – necesito tiempo para procesarlo. – él asintió.

- Está bien, disculpa que lo haya soltado de esa manera.

El mesero, mismo que nos abrió la puerta, apareció para retirar la canasta de pan y ofrecernos vino, coloco las copas, luego descorcho la botella frente a nosotros, sirvió y se retiró, minutos después regresó con una bandeja con ambos platos, pasta, olía delicioso, colocó frente a mi lo que parecía espagueti con albóndigas y a su lado una taza de queso parmesano en tiras, le sirvió a Jesse lo mismo, nos deseó buen provecho y se fue, Jesse levantó la copa.

- Feliz san Valentín amor mío. – dijo.

- ¡Cállate! – dije tratando de esconder una risita tonta.

- ¿Te estás riendo de mí? – bajó la copa y yo negué.

- Te daré una razón para reírte de verdad.

Jesse se levantó de la mesa y me observó con una mirada juguetona, en un primer instante supe lo que se avecinaba, levantó las manos y mi creativa imaginación lo dejó al descubierto, grité en cuando me tocó, sus dedos se desplazaron juguetones entre mis costillas sacándome enormes carcajadas.

- No, para, para, lo siento. – le suplique entre risas.

Jesse se detuvo y volvió a su asiento, él también se estaba riendo, su sonrisa era tan hermosa que si sonreía solo un segundo más la noche desaparecería y todo sería de día, mis mejillas ardían, los músculos del rostro me dolían a causa de tanto movimiento, intente recuperar la compostura y levanté la copa.

- Feliz día de los enamorados mi amor. – dije a Jesse y chocó su copa con la mía.

- Me encanta tu risa, – confesó – es muy divertida, podrías contar un chiste y la gente terminaría riendo contigo por lo contagioso de tu risa y no por lo gracioso del chiste.

- ¿Tengo una risa graciosa?

- Graciosa, bulliciosa y adictiva, – sonrió – también me encanta cuando te sonrojas.

- Deberíamos comer, la comida se va a enfriar. – enfaticé.

- ¿Ahora quién es la que no dice cosas románticas? – me guiñó el ojo y tomó un bocado de comida.

- ¡Cállate! – le saque la lengua y luego ambos estábamos comiendo.

El mesero y chef nos retiró los platillos cuando habíamos terminado, minutos después nos trajo helado de postre, ambos comimos, se sentía demasiado bien en mi boca, fue hasta el momento de irnos que me di cuenta lo bien que me la había pasado, lo feliz y emocionada que había estado a lo largo del día, me sentía tan viva con algo tan simple, durante años lo único que me dio vida fue hacer surf, pensaba que salir con mis hermanas o amigas me divertía, pero fue hasta ese momento, con tantos sentimientos golpeándome el pecho que fui consciente cuán aburrida era antes de conocer a Jesse.