19
Amy
Jesse me ayudó a ponerme cómoda en la casa, tenía espacio en el closet para mi ropa, el cepillo de dientes junto al de él en el baño y algunos libros en la estantería. Luego de que Fátima se fuera aquella tarde me preguntó si todo estaba bien y le dije que sí, se recostó conmigo en la cama y tomamos una siesta abrazados.
Wanda había hablado con Samanta al día siguiente y le informó de todo, le mandó una foto, Samanta había tomado algunas fotos porque quería tener pruebas en caso de que algo peor pasara, me pidió disculpas por no apoyarme más, se sentía mal por haberse puesto de mal humor la última vez que hablamos, pero también estaba feliz de que me fuera de casa.
Wanda me llamó en la noche luego de que Sam le contase, me preguntó qué había pasado y como estaba, cuando le conté, ella me apoyó y no justificó a nadie, estaba decepcionada del abuelo por hacer algo así, aunque parte de ella lo esperaba, cuando le conté lo que Fátima y yo hablamos y acordamos se mantuvo firme ante nuestro pacto.
Fátima fue a Managua para solicitar su pasaporte y visitó a Wanda para hablar con ella, ese día hicimos una video llamada las tres, ya que regresó tan tarde y no pudo visitarme. No la volví a ver hasta casi una semana después, las cosas fluyeron mejor, ya me estaba recuperando, las náuseas habían desaparecido, la hinchazón del rostro también, las costillas y los músculos del cuerpo estaban volviendo a la normalidad, me sentía mucho mejor.
Aún se notaban varios morados, esos tomarían más tiempo en sanar, aún me ardía la boca cuando intentaba lavarme los dientes o ponía algo ácido cerca de las cortaduras, ya no me dolía tanto la cabeza, si tomaba medicina se me pasaba, todo porque Jesse había cuidado muchísimo de mí, me cocinada, me ayudaba a levantarme, a bajar o subir las escaleras, me hacía masajes, me abrazaba cuando tenía ganas de llorar, me ayudó a ir al baño cuando lo necesite, y me contaba historias de cuando él estaba los marines.
Jesse por semanas me había dado un hogar, comida, apoyo emocional, y todo sin pedir nada a cambio, no me había presionado para denunciar a nadie, me había dado mi espacio y había respetado mis barreras, había mostrado su desacuerdo compartiendo su opinión, pero no me la había impuesto, aceptaba las visitas con gran alegría y me había enamorado más cada día, Jesse intentaba demostrarme con sus acciones que la vida con mis abuelos nunca había sido dignificante.
Jesse no había salido de la casa ni si quiera para hacer surf, se había pasado todo el tiempo pendiente de mí, por si necesitaba algo o por si se aparecía alguien a intentar hacerme daño de nuevo, la comida la había pedido a domicilio, había hecho los quehaceres de la casa, quizás no bajo mis estándares, aún habría un par de cosas más que se podrían hacer para mantener la casa impecable, pero hacía su esfuerzo y se valoraba, por primera vez en todo ese tiempo, Jesse había decidido salir.
Estando sola en la casa me vi tentada a salir, tomar la tabla de surf y meterme al mar, pero no lo hice, era catorce de febrero, tendría ya dos meses de conocer a Jesse y aún no habíamos tenido intimidad, estaba enamorada de él y lo amaba tanto como estaba segura de que él me amaba a mí, ya no teníamos impedimento para estar juntos excepto que aún tenía marcas visibles de golpes en el cuerpo.
Caminé hacia el espejo del baño y me observé a detenimiento, ya casi lucía normal, de pronto noté algo, gire un poco el rostro dejando al descubierto mi oreja, una de las manchas en mi piel se había extendido hasta cubrir por completo la oreja, cerré los ojos con fuerza y me recordé no pasa nada, esto no cambia quién soy, solo es una mancha, es como tener acné. abrí los ojos y respiré profundo.
- Jesse te quiere así, – me dije en voz alta – si Jesse te quiere así tú también puedes quererte así, – asentí – todo va a estar bien.
Me quité la ropa ¿había perdido peso? Los primeros días no había comido muy bien, era posible, o quizás la falta de ejercicio y de moverme estaba haciendo que perdiera la musculatura, tenía que hacer algo, tendría que comenzar a ejercitarme más seguido, Jesse lo hacía todos los días, a veces me gustaba solo observarlo hacer pechadas, saltar la cuerda, etc.
Viéndome desnuda me di cuenta de que a Jesse ya no le importaría tocarme, sería difícil que me hiciera daño cuando estaba recuperada casi del todo, aún seguía viéndome atractiva, una mancha más una mancha menos, no iba a detenerme esa noche, estaría con Jesse, aceptaría el dolor y luego el placer, tal como Fátima y Samanta me habían explicado que sería, tome la rasuradora y me metí a la ducha.
Me depilé todo el cuerpo, todo lo que se suponía, luego busqué mi ropa íntima más sexy a juego, aunque no tuviera mucha, y aunque no hubiese tenido pareja anteriormente, por lo general buscaba la comodidad, guardaba algunas piezas solo por placer, y ahora me parecía más que lógico tenerlas, sabía que Jesse no recordaba que era una fecha especial, pero yo igual quería celebrarlo.
Quería decirle a Jesse “te amo” no solo con palabras, me sentía la más cursi y ridícula del mundo y me gustaba serlo, Jesse era mi primer amor y deseaba que fuese el único, no me arrepentiría de nada. Si valió la pena o no la paliza que me dio mi abuelo, diría que eso ni si quiera debió suceder, pero que, si pudiera retroceder el tiempo, aún seguiría escogiendo tener a Jesse en mi vida.
Jesse llegó un par de horas más tarde, cargado con bolsas llenas de compras que hizo, le intenté ayudar, pero no me lo permitió, así que me quedé sentada en el sofá de la sala observando como desempacaba y ponía todo en el refrigerador, luego que terminó se acercó a mí con una bolsa en la mano.
- Te tengo un regalo. – dijo.
- ¿Sí? – eso no me lo esperaba pensé.
- Le pedí a Samanta que me acompañara a escoger algo bonito para ti, vamos a ir a cenar fuera.
- ¿A dónde? La mayoría de los restaurantes cerca han cerrado por la temporada. – recordé en voz alta.
- ya lo había pensado, hablé con uno de mis amigos que tiene restaurante, lo va a abrir solo para nosotros, él mismo nos va a cocinar, nos esperará a las cinco y media.
- ¿En serio? ¡qué emoción!
- Si, te compré esto para que te lo pongas hoy, – me entregó la bolsa y saque un vestido muy parecido al que le quité a mi hermana – Samanta escogió la talla, pero el vestido lo escogí yo, ella dijo algo como “le quedará bonito con las sandalias de plataforma” – dijo imitando su voz – intenté llamar a Fátima para que me ayudara con maquillaje o algo que necesites para el cabello, pero dijo que no puede salir y Samanta tenía que trabajar, así que te compré algunas cosas que te podrían facilitar el trabajo.
Revisé el fondo de la bolsa, había algunas piezas de maquillaje en su caja, un par de labiales, un set de brochas que las necesitaba porque mis hermanas y yo usábamos las mismas, que en su mayoría le pertenecían a Fátima, también había una paleta de sombras pequeña, delineador de ojos en negro y café oscuro, máscara de pestañas, iluminador, toallas desmaquillantes y algunos accesorios para el cabello, lazos, diademas y un rizador de pestañas.
- Samanta dijo que la base la tienes que comprar según tu tono de piel, que no sirve si no estás ahí, necesité una explicación de que es y luego le dije que no la necesitabas, que no tendrías que cubrir nada de tu piel, porque me encanta a como es.
- Gracias, – dije algo sonrojada – es muy generoso de tu parte.
Volví a admirar el vestido, corto, tipo corsé, lila oscuro, de mangas estilo campana, Jesse me observó complacido, ese hombre me amaba y no tenía dudas de ello.
- Me encanta, – dije imaginando como se vería con los tacones – no puedo esperar a ponérmelo, te lo agradezco. – le di un beso en los labios.
- Y yo no puedo esperar a quitártelo. – dijo y me hizo reír.
- Eso no suena nada romántico, por un momento pensé que dirías “no puedo esperar a vértelo puesto” – negué.
- No siempre tengo la respuesta correcta. – dijo y me guiñó el ojo.
- Así veo, me da gusto que fueras con Samanta, apuesto a que ella consiguió buenos precios, si has ido tú solo te cobran más. – resalté.
- Eso me dijo ella y estaba muy feliz, como si fuese todo para ella, ni si quiera lo pensó dos veces en acompañarme, te quiere mucho.
- Si, eso y que le gustan las compras. – dije.
Corrí en seguida a mi habitación, aunque no literal, sino en lo que mis capacidades me lo permitieron y más como una forma de mostrar mi entusiasmo, me retiré para probarme todo, lo primero que me puse fue la ropa, me quedaba a la medida, el ojo de mi amiga era infalible, me lo quité y me limpié el rostro para comenzar a ponerme el maquillaje, Jesse me encontró desnuda frente al espejo, me dio una palmada en el trasero y luego se retiró dejándome una enorme sonrisa.
Me tomó alrededor de dos horas terminar de arreglarme, lo que más me llevó tiempo y se me dificultó fue el cabello, elevar las manos por largo tiempo hacía que me cansara los músculos y me dolieran los huesos, pero ver el resultado en el espejo me dejo satisfecha, me veía bien, quizás no tanto como si Fátima o Wanda hubieran interferido en maquillaje y peinado, pero lo suficiente para sentirme orgullosa de mí misma.
Le avise a Jesse que estaba lista y al ver que no se había arreglado nada me dijo que él solo necesitaba cinco minutos, así que me senté en la cama con el teléfono en la mano y puse el cronómetro, para mí sorpresa lo logró, me dejó con la boca abierta, porque faltando solo segundos para el tiempo estimado ya estaba listo, con una camisa que brillaba en sus ojos y un pantalón que lo hacía ver más elegante, me extendió la mano y se la tome al levantarme.
- Te ves radiante. – me dijo.
- Gracias, tú también te ves muy apuesto. – respondí.