18
Rick
Después del divorcio me dediqué por completo a trabajar, no salí con ninguna otra chica durante años, dos años después Debbie se casó nuevamente, mentiría si dijera que no me dolió, dentro de mi corazón aún conservaba un gran amor por ella, mis padres asistieron a su boda y me contaron que estaba embarazada y fue cuando entre tanto dolor pude sentir algo de felicidad.
Aún nos seguíamos en redes sociales, después de todo habíamos terminado en buenos términos, verla compartir su felicidad con su hija ayudó a que pudiera superar esa parte de mi vida, realmente no pasaron muchas cosas interesantes durante esos años. Jesse y yo seguíamos siendo amigos, aunque ya casi no nos veíamos.
Luego de diez años en los marines estaba bastante cansado, mi abuela había enfermado de Alzheimer y mis padres se estaban haciendo cargo de las compañías mientras mi abuelo intentaba combatir el cáncer, sabía que me necesitaban, así que decidí renunciar y apoyar a mi madre, quien no había trabajado por años y ahora tenía demasiado estrés encima, mi padre se mostró comprensivo al respecto y valoró el aporte que di a la familia.
Mi abuela murió un año después de mi divorcio, mi abuelo falleció seis meses luego de mi abuela, fue in golpe duro para todos, Jesse y Fay estuvieron para darnos apoyo emocional, incluso cuando ellos también pasaban por su propio drama familiar, sabía que el padre de Jesse tenía problema con las drogas y que uno de sus hermanos tenía problemas mentales, el cual había desaparecido por varios días y nadie sabía nada de él.
Jesse siempre evadía hablar de temas familiares, no le gustaba compartir lo malo que sucedía en su vida, se había dedicado a vivir la suya intensamente sin importarle que pasara alrededor de él, quizás era un poco egoísta, pero lo entendía perfectamente, algunos temas simplemente eran demasiado dolorosos. Mi vida, en los años de los veinticinco a los treinta, fue la época más infeliz que pude vivir, la terapia fue lo que ayudo a entender en que momentos debía de ser fuertes y en cuales ser vulnerable.
En el testamento mis abuelos me habían heredado todo, lo que significaba que ahora tenía mucho dinero y responsabilidades, comencé a relacionarme más con gente de negocios y así fue cómo conocí a Bev, una mujer muy diferente a Debbie, físicamente Bev lucía cómo modelo, alta de piernas largas, cintura pequeña y pechos grandes, su cabello era rubio, largo y siempre tenía el maquillaje intacto, era el tipo de mujer a la que todos giraban a ver en una habitación, de las que detienen el tiempo y causan guerras.
Bev era brillante y hermosa y además una gran amiga, cuando yo la conocí ella salía con un hombre veinte años mayor, así que no intenté tener nada con ella por respeto a su relación, ella me había apoyado con el manejo de los negocios, la administración de mi dinero, incluso me dio grandes consejos y era la única que sabía que estaba en terapia, no era difícil enamorarse de ella, cualquiera hubiera estado a su disposición con solo que ella tronase los dedos.
Mientras yo comenzaba a ver la luz, la tragedia se avecinó en la vida de Jesse, once meses después de la muerte de mi abuelo, supimos que su hermano se había suicidado y semanas de la muerte de su hermano, el padre de Jesse murió de una sobredosis de drogas, Fay estaba destrozada, pero por alguna razón Jesse no pudo estar ahí, me dijo que había renunciado a los marines y que dejaría el país, no lo cuestioné, cuando me pidió que cuidara a su madre me quedé con ella.
Bev estuvo conmigo y con Fay al momento de pasar todo eso, Jesse no respondía llamadas, pero sabíamos de él porque nos enviaba mensajes de vez en cuando, supimos que había viajado a Nicaragua, no entendíamos porque había escogido ese país, él decía que podría practicar surf y porque también era barato, pero yo creía que era porque sabía que ahí nadie lo seguiría.
La carga emocional de Jesse solo fue tolerable porque tenía a Bev a mi lado, estaba profundamente enamorado y no quería estar con alguien que no fuera ella, así que hice la locura más grande que había hecho por amor, compré un anillo de diamantes, me aparecí en su casa a medianoche y en cuando abrió la puerta me puse de rodillas frente a ella.
- Déjalo, – supliqué mientras ella me observaba confundida y en pijamas – deja a tu novio y cásate conmigo.
- Rick…
- Te daré todo lo que tengo, – abrí la caja y le mostré el anillo – enamorarme de ti ha sido lo único que me da paz en los últimos años, no hay nada que tú desees que yo no muera por darte.
- ¿Te has vuelto loco? – me preguntó con una sonrisa que intentaba ocultar.
- No podría ser más sensato ni estar más sobrio, loco estaría si dejo pasar otro día sin tenerte.
- Rick, – negó – hay algo que tengo que decirte.
- ¿Estás embarazada? – me puse de pie y ella negó.
- Ni si quiera deseo tener hijos – dijo – odio a los niños.
- ¿No te sientes atraída por mí? – pregunte y ella volvió a negar.
- Claro que me siento atraída por ti, eres inteligente, apuesto y apasionado.
- ¿Es tu novio?
- Terminé con él hace días. – dijo.
- ¿Por qué no me lo habías dicho?
- Porque, – hizo una pausa y miró hacia el piso – Rick, yo…
Volvió a levantar la vista para mirarme a los ojos, Bev cerró la caja del anillo frente a mí y me tomó de las manos para llevarme adentro de su apartamento, cerró la puerta tras de sí y me ofreció asiento, la observé ir a la cocina y servir una copa de vino que luego me extendió cuando se sentó frente a mí, parecía que algo le estaba atormentando y que tenía miedo de compartir conmigo.
- Yo, no sé si sería buena para ti, – comenzó y de pronto estaba confundido – has sufrido tanto, que no quiero ser yo quien te cause otro sufrimiento, – noté como sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas – quiero estar contigo más que nada, – negó – pero no podemos, no voy a arruinarte la vida.
- ¿De qué hablas Bev? Estoy comenzando a preocuparme.
- Rick. Me detectaron VIH, – dijo por fin – mi expareja también lo tiene, me han dicho que si sigo el tratamiento puedo vivir una larga vida, pero…
Estaba atónito ante su confesión, pero, no la dejé que terminara, coloqué la copa al lado y la abracé tan fuerte como su pequeño cuerpo me lo permitió, ella comenzó a llorar y pude sentir la humedad de sus lágrimas sobre mi cuello, nos quedamos así un largo rato, también quería llorar, sin embargo, por alguna razón no logre hacerlo, entendía lo difícil que debía ser para ella, así como fue difícil para mí darme cuenta de que no podría tener hijos, debía de sentir que su vida se ha acabado, que nadie más la iba a amar, o que era una carga.
- Entiendo cómo te sientes, – le dije aun sosteniéndola entre mis brazos – oye, tú tienes VIH y yo soy estéril, ves como ambos tenemos algo que nos hace sentir que no seremos suficientes para la otra persona, aun así, sabiendo que no podré darte un hijo me atreví a venir a pedirte matrimonio.
- Es porque no sabías mi problema. – me dijo entre sollozos.
- El único problema que yo veo en ti es que aún no tienes el anillo que te compré en tu mano. – ella me soltó y me miró a los ojos.
- ¿Quieres casarte conmigo aun sabiendo que tengo VIH?
- Bev, te amo ¿Parece eso demasiado loco? Que quiera seguirte amando en la salud y en la enfermedad. – dije y ella asintió.
- Tengo miedo, no quiero contagiarte como mi ex lo hizo conmigo. – dijo.
- Escucha, vamos a ir con un médico y él nos va a decir que medidas de precaución tendremos que usar y tú vas a ir a terapia y yo estaré contigo siempre que me necesites. – le aseguré.
- No quiero ser una carga para ti, tú ya pasaste por esto con tus abuelos. – me recordó.
- Mis abuelos enfermaron al mismo tiempo, no pudieron estar el uno para el otro, nos necesitaban y estoy feliz de haber podido estar cuando ya no se tenían, no hubiera soportado la idea de verlos pasar solos su últimos días, incluso cuando vivieron una vida larga y feliz, todos merecemos tener a alguien en los momentos difíciles y tú me necesitas a mí, – ella me soltó una mano para limpiar las lágrimas de su rostro – jamás serías una carga, – le asegure – un carga para mi es el dolor que sientes cuando no tienes a la persona que amas a tu lado, tener a esa persona en tu vida, incluso estando enferma, eso no es una carga, eso es un privilegio.
Bev se lanzó sobre mí y me besó con fuerza, como si en el momento en que dejase de besarme el mundo desaparecería, la besé con la misma intensidad y me deshice entre sus labios, el dolor que cargaba por dentro brotó por mi cuerpo y alcanzó mis ojos, deseaba gritar de frustración, mientras la besaba por mis mejillas corrían tanto sus lágrimas como las mías, estaba enojado con la vida y tan agradecido por tenerla a mi lado.
Los sentimientos mixtos se fueron esparciendo, casi como nuestro beso apasionado se transformó en una inagotable fuente de besos cortos y torpes, no estaba seguro de saber cómo amar a esa mujer, pero pronto aprendería, porque en cuanto deje de besarla ella me extendió la mano y asintió, yo saqué el anillo de la caja y lo coloqué en su dedo, estaba hecho para ella, mire sus ojos vidriosos, detrás de su mirada se escondía el miedo, la angustia, la pena y la esperanza, ella sonreía a pesar de lo mal que la había pasado y yo no podía estar más orgulloso de ella.
Intenté contactar a Jesse para intentar persuadirlo que viniera a la boda, pero no respondía ni mis mensajes ni llamadas, su madre también había intentado dar con él y ni ella ni mis padres tuvieron éxito, Bev y yo visitamos a un médico antes de casarnos, quien nos indicó que mientras tomara el tratamiento antirretroviral y presentara una carga viral indetectable no había posibilidad de contagio, dicho tratamiento constaba de varios fármacos y podría durar entre uno a dos años.