17 #2
- Le he contado a Samanta, al parecer el chisme corrió muy rápido y esta mañana ya casi medio barrio sabía que mi abuelo te había pegado y que te habían corrido de la casa por andar con un hombre, me llamó para preguntarme y antes de venir a dejarte tus cosas he pasado a verla y le he contado personalmente, dice que vendrá a verte mañana por la mañana antes de ir al trabajo.
- Genial, ahora soy el “qué dirá” de la gente, justo lo que necesitaba, – me queje – al menos no podré salir por las próximas semanas mientras se me desinflama el rostro y desaparecen los morados, a lo mejor cuando pueda salir la gente ya ha dejado de hablar.
- Lo siento Amy, espero que un día puedas perdonarnos a mí y a mamá, voy a pedirle a Dios que entre en tu corazón.
- ¿Por qué putas hablas como si yo fuera la tirana? – alce la voz irritada y eso me creo más dolor en el cuello – ¡Ay! – me queje y baje la voz.
- No estoy diciendo eso, – dijo Fátima – no lo tomes de esa forma.
- No voy a permitirte que defiendas a mamá después de lo que pasó y después de lo que nos ha hecho a Wanda y a mí, no olvides que fue por el miedo a ella y a que te pasara lo que me pasó a mí que terminaste abortando cuando quedaste embarazada. – le recordé.
- Amy, no fue mi madre la que te pegó, – dijo calmada – no deberías estar tan molesta con ella a como deberías estar molesta con el abuelo.
- Oh, créeme que lo estoy y ese señor no es más mi familia, – le dije – ellos mismos lo dejaron muy claro ¿Se te olvida que dijeron que no soy más parte de la familia? – ella negó ante mis palabras – no me sorprendería que se molestarán contigo por estar aquí conmigo.
- Ya lo he pensado, – me dijo – anoche no pude dormir de la culpa y la impotencia, esta mañana mientras empacaba tus cosas no podía parar de llorar, la abuela ni si quiera ha hablado en toda la mañana, Paco es el único que ha hecho ruido y mi madre le ha callado, te extrañamos mucho, deseaba estar contigo para poder abrazarte y cuidarte.
- Un abrazo no se sentiría bien, – admití – me duele todo.
- Lo sé, Jesse es mi nuevo héroe por mantenerte a salvo, ha sido bueno contigo, ¿Verdad? Me la he pasado orando, pidiéndole a Dios que llegarás con bien y te recuperarás rápido.
- Jesse ha sido muy bueno conmigo. – le aseguré.
- Voy a seguir orando porque su relación funcione, pero y si no ¿Qué vas a hacer?
- No quiero pensar en eso.
- Pues yo sí pienso en eso y como me siento responsable de lo que paso contigo y con Wanda, voy a hacer algo al respecto, voy a irme de la casa, – dijo – no soporto estar yo sola y aunque no lo creas también estoy molesta con mamá, – levanté una ceja – mi papá y su familia están en Costa Rica, me escribieron hace como tres años.
- Eso lo recuerdo. – le dije.
- Les escribí anoche en la desesperación, me ofrecieron recibirme y hospedarme si quería ir a visitarlos, papá me dijo que, si quería conocerlo que él pagaría el viaje, así que le dice que aceptaba, que quería un cambio de ambiente, le pregunté si podía quedarme por un tiempo, que quería conseguir trabajo allá y me dijo que él me ayudaría a encontrar un trabajo y que podía quedarme con el cuánto tiempo quisiera.
- Ay Fáti…
- Aún no le he dicho a mi madre, le dije a la abuela que tenía una entrevista de trabajo en Managua mañana, pero la verdad es que voy a viajar para sacar mi pasaporte, mi papá me ha enviado dinero hoy, solo voy a necesitar como cien, en lo del pasaporte, la visa y el pasaje del bus, voy a dejarte cincuenta dólares por si necesitas algo, vendré directamente a verte mañana luego de que regrese de Managua, Amy, – me tomó de la mano – estamos para protegernos la una a la otra y lamento no haberte protegido lo suficiente.
- Fátima, esto es demasiado arriesgado, no conoces a tu papá ni a su familia, no tienes que hacerlo.
- Pero quiero, – aseguró – no va a ser tan malo y si no es lo que me espero, con mucha suerte el trabajo me permitirá conseguirme mi propio apartamento de renta, o me pongo en alguna aplicación de citas y me consigo un novio con el que pueda irme a vivir.
Pensar que todo eso le causó tanto estrés a mi hermana al punto de obligarla a vivir con el hombre que la abandonó cuando aún estaba en el vientre de mi madre me desilusionó por completo.
- ¿Estás segura de que quieres hacer esto? Porque por mi estaré bien, Jesse me está cuidando y…
- Estoy segura, – me interrumpió – y yo sé que estás bien con Jesse, se nota que te quiere mucho, pero también lo hago por Wanda, tenemos que trabajar para poder ayudarla con sus estudios y que no dependa más de la abuela o de mamá, ella tendrá que dejar los lujos de sus uñas y el cabello y se acabó su obsesión a las compras de vestidos, no podré darle nada de eso, pero al menos ya no tendrá miedo a volver y que le hagan daño, voy a pagarle la renta de un cuarto o algo durante las vacaciones y nosotras podremos visitarla y seremos las tres como habíamos planeado en un principio.
- ¿Tú crees que Wanda dejará a los abuelos? – pregunté.
- Creo que cuando Wanda te vea y sepa lo que te pasó no pensará lo mismo de ellos, creo que los idolatraba tanto que no se imaginaba de lo que eran capaces, siento que le será difícil, pero ella fue la que sugirió este pacto y siento que se va a aferrar a eso, Wanda ama a los abuelos, pero también nos quiere a nosotras y aunque es la menor también tiene un instinto protector, puede que ni si quiera les perdone lo que te hicieron y los que más van a sufrir en todo esto son ellos.
- ¿Crees que se van a arrepentir? – pregunté.
- Estoy segura, creo que hasta son capaces de venir a pedirte disculpas para que vuelvas a la casa con tal de tener a Wanda con ellos.
- No creo que se vayan a disculpar, nunca se han disculpado por nada, ni ellos ni mi madre y aún si lo hicieran, tendrán que ponerse de rodillas, me gustaría ver a mi madre toda la procesión de Jesús del rescate con los ojos vendados y de rodillas en el sol suplicando por un milagro, porque no hay forma que vuelva a esa casa.
- Me duele escucharte hablar así. – dijo con cierta tristeza en su voz.
- Bienvenida a mi mundo, a mí me duele la cabeza, las costillas, sin mencionar las náuseas que tengo, ah, también me arden los ojos y me duele el alma ver como a las mujeres de la casa, aunque somos mayoría, les convino quedarse sin mover un dedo cuando me estaban matando, porque eso es lo que estaba haciendo mi abuelo, si no recuerdo mal estaba buscando un machete.
- No te iba a matar, – dijo Fátima – el abuelo es hablador, admito que se le pasó la mano esta vez, pero…
- ¿Pero qué Fátima? Estoy harta de excusar sus arranques de ira, de tener que pagar por los pecados de mi madre ¿Por qué nosotras tenemos que vivir bajo las expectativas de los errores de ella? Ella fue la que se embarazó Fátima, ella, no nosotras ¿Por qué somos nosotras quienes tenemos que vivir con el miedo? Estoy harta, ya no puedo más, ya no quiero, – se me acumularon las lágrimas en los ojos – me duele no poder ser yo misma, no poder divertirme como los demás, quiero ser una chica normal que sale con chicos y que puede ir a fiestas sin tener que llevar a sus hermanas, ya no quiero escucharte defender a personas abusivas que nos han humillado y reprimido, me duele que te pongas de parte de nuestros agresores y que los defiendas o justifiques, estoy feliz de que vayas a salir de ahí, en serio lo estoy y espero que un día cuando ya estés lejos puedas ver las cosas desde otra perspectiva y entiendas cómo me siento.
- Amy.
- La única razón por la que no denuncie al abuelo es porque sé que en este pueblo no hay justicia, de lo contrario… – deje la frase en el aire imaginando las posibilidades – es mejor que te vayas, estoy cansada.