Jesse's girl 17
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Amy

Jesse tuvo que cargarme escalera arriba hacia la habitación, me colocó sobre su cama con sumo cuidado, pendiente que no me lastimara más, pero todo me dolía y no hacía otra cosa que quejarme en cada movimiento, gracias a Dios la casa estaba equipada con un botiquín de primeros auxilios, Jesse era demasiado práctico como para conseguir cosas tan simples como bandas y alcohol por su cuenta.

- Debería llevarte a un hospital.

Jesse intentaba quitarme la ropa, mi blusa estaba manchada de sangre, lo observé rebuscar en mi mochila por algo más cómodo, la ropa que traía puesta estaba sucia y apestaba a orín, me quite yo sola los pantalones con mucha dificultad, Jesse colocó la ropa nueva sobre la cama y llevo la sucia a la lavandería.

Intenté vestirme sola, pero ya había hecho mucho esfuerzo, así que solo me quedé a reponer fuerzas mientras Jesse regresaba, al volver me observó por unos segundos y pude ver el dolor en sus ojos, estaba llena de vergüenza, deseando morir, pensaba que había acabado y no era así, los recuerdos estaban demasiado frescos y me impedían respirar.

- Debería llevarte al hospital. – dijo de nuevo y yo negué.

- No. – dije cortante.

- ¿Por qué? ese animal casi te mata y ¡nadie hizo nada! Dios, debí haber tirado esa puerta en cuanto te escuché gritar por primera vez.

- La policía no haría nada, – le hice saber – así funcionan las cosas aquí, son problemas de familia y ellos no se meten.

- ¡Mierda! Esto es violencia ¡esto no puede ser legal en ningún país!

- Jesse ¿Tu padre nunca te pegó?

- Amy, ese hombre es tu abuelo no tu padre.

- Es lo mismo.

- No es lo mismo ¡mírate!

Juro que escuché su corazón romperse, le dolía verme así, pero no había nada que pudiera hacer.

- Voy a estar bien, – le aseguré – los morados van a desaparecer, los cortes en mi boca se van a curar, la hinchazón bajará, voy a estar bien, solo necesito tiempo.

- Amy, sabes que no voy a permitirte que vuelvas ahí, – yo asentí ante sus palabras – no me importa que sea tu familia, no permitiré que te vuelvan a hacer daño y si lo hacen vas a tener que enojarte conmigo porque llamaré a la policía de todos modos.

- Jesse, – le tomé la mano – voy a estar bien.

- Amy – me da un beso en los nudillos – ¿Qué te hicieron?

Jesse pasó su mano sobre mi cabello, luego intento limpiarme cuidadosamente con una toallita húmeda sobre la suciedad y los restos de sangre del rostro, me quejé un poco cuando rozó la cortadura cerca de mi boca y agradecí a Jesucristo que no se me cayó ningún diente.

- Lo que daría por ser yo quien sintiera tu dolor. – dijo.

Jesse me ayudó a vestirme y luego fue a prepararme algo para comer, sentía tanto dolor que lo único que deseaba era dormir, no quería seguir sintiendo, era una tortura, cuando Jesse volvió, traía en sus manos una sopa de tomate, agradecí que no fuese algo duro que requiera masticar y comí, con mucha dificultad y con mi novio sirviéndome como si fuese una niña que aún no sabe usar los cubiertos.

Ni si quiera bajé a comer, Jesse me había traído la comida a la habitación y el mayor esfuerzo que hice fue sentarme, él me dejó sola una vez que terminé y yo me quedé dormida, no me pareció la mañana siguiente que Jesse hubiese dormido conmigo esa noche, cuando desperté estaba sola. Jesse me preparó un batido de frutas como desayuno y me preparó el baño para que pudiera darme una ducha.

Jesse se agachó un poco para que pudiera apoyarme de su hombro y caminar hacia la ducha, me había tomado una pastilla para el dolor junto al desayuno, pero no había hecho mucho efecto desde entonces, mi cabeza seguía sintiéndose enorme y a punto de explotar, mi visión me seguía fallando, por momentos me mareaba y todo se veía borroso, y mi apetito era fatal, comer me daba náuseas.

- Mierda Amy, – soltó Jesse al momento que me colocó en la tina – yo sé que no soy un total caballero todo el tiempo, pero jamás se me ocurriría nunca pegarle a una mujer.

- Es por que no tienes hijos. – le explique.

- Una cosa es que te peguen con el cinturón como castigo o un par de nalgadas cuando eres niño y otra es que te revienten la cara de un puñetazo siendo una mujer adulta, – negó – me está tomando mucho trabajo, créeme, no partirle la cara a él y enseñarle cómo se trata a una mujer.

- No me dio un puñetazo, – aclaré – fue más una bofetada.

- Oh, claro, – dijo con sarcasmo – y eso lo hace menos ¿verdad? – el negó otra vez mientras me enjabonaba la espalda – la mano de un hombre es pesada, si te iba a pegar para darte una lección o algo debió medirse, pero aquí solo veo un hombre abusando de su poder, dime ¿ha pasado esto antes? ¿le golpea así a tu madre y tu abuela? ¿les ha pegado a tus hermanas?

- No, a Wanda jamás le pegarían, es la favorita, es más, siempre la defienden, por mi madre no podría hablar, supongo que le pegaban de niña, lo más que he visto es a mi abuela abofeteándola en la boca cuando le responde mal, una o dos veces la he visto a hacer eso, con Fátima, – me detuve al pensar en mi hermana mayor – cuando era pequeña le pegaban bastante, lo peor que recuerdo es a mi abuelo tomando una rama del árbol y pegarle con ello, le saco sangre, eso fue todo, tenía como doce años creo.

- Eso no está bien, –dijo – nadie además de tu madre debería…

- Vivimos en su casa. – dije como si esa fuese una explicación.

- ¿Y por qué siguen ahí? Un lugar de violencia no es un lugar seguro.

- ¿A dónde voy a ir? Tampoco paso todo el tiempo allí y mi abuelo no me pegaba desde que tenía como catorce años.

- No creas que eso es consuelo para nadie – dijo molesto – ¿Por qué alguien haría algo así? No tiene sentido, tu abuelo debe tener alguna clase de problemas psicológicos, es un psicópata.

- Es que lo que les hice les molestó. – Jesse me observó como si he dicho algo absurdo.

- No les hiciste nada, te quedaste a dormir en casa de tu novio, lo que sea que creen que hiciste te lo harías a ti misma y no a ellos y no hay justificación alguna para lo que hicieron, a mí no me ha gustado nada lo que te han hecho y no por eso les he roto la cara ni le he caído a patadas y puñetazos a tu abuelo, – dijo Jesse – ganas tengo y muchas, pero un verdadero hombre no actúa de esa manera, estar molesto no es justificación para la violencia y entiendo que una persona pueda tener deslices, pero si vas a pegarle a algo, que sea una almohada o la pared, no una mujer. – cada palabra que decía parecía pesarle en la boca – Amy, no sé qué trataron de inculcarte desde niña, pero ningún amor es a base de golpes, si quieres tener una vida sana, vas a tener que desligarte de tu familia y vas a tener que desaprender todos esos patrones de abuso que te han enseñado a través de los años, – se acercó un poco más a mi – no voy a poder estar contigo si insistes en que te sigan maltratando, no quiero ser testigo de tu dolor.

- Jesse – dije con la voz entrecortada – ¿Cómo ayudas a alguien que no quiere recibir ayuda?

- ¿Te estabas refiriendo a ti cuando me hiciste esa pregunta antes? – yo negué ante su pregunta – en ese caso, daré una respuesta desde mi perspectiva, porque esto es lo que haría yo, pero no estoy seguro si es lo que se debería de hacer…

Un pitido me atravesó mi oído y me sentí tan mareada que no escuche una palabra de lo que dijo, toda esta conversación me había dejado exhausta, me estaba costando respirar, intente tomar aire y el esfuerzo hizo se me nublara la visión, de pronto lo borroso se convirtió en oscuro y no fui consciente de nada más.

Cuando desperté estaba en la cama, abrí los ojos y lo primero que vi fue el abanico de techo sobre la cama de Jesse, girando, y dándome náuseas. Cerré los ojos nuevamente, la luz era cegadora, casi gire la cabeza hacia un lado, pero sentí un dolor en el cuello, me quejé y luego escuché voces, Jesse, y una chica, estaban conversando ¿Jesse está con una mujer? La voz me parecía conocida.

- Fátima, – dije en voz baja – Jesse. – llamé un poco más alto.

Escuche pasos subiendo las escaleras, el volumen de las voces aumentó ¿qué pasó? ¿Por qué estaba en la cama? abrí los ojos otra vez, despacio, permitiendo a la luz entrar poco a poco adaptándome a ella, intente sentarme y note que unas manos muy cálidas me ayudaron a empujarme hacia arriba ¿estaba desnuda?

- Amy, – me dijo con cariño – tu hermana está aquí ¿Quieres que pase? – yo asentí.

- Ay ¡Amy! – soltó Fátima al verme – ¿Por qué esta desnuda?

- ¿Nunca se han visto sin ropa? – preguntó Jesse.

- Lo siento – dijo algo apenada – ¿Podrías dejarnos a solas? – le pidió a Jesse.

Jesse me observó con recelo, sin saber lo que debería hacer, mi hermana no me haría daño, no en ese momento, cuando éramos niñas sí que nos agarrábamos a golpes, pero ya no éramos más unas niñas, y sabía que verme así también le era difícil a ella, yo asentí indicándole a Jesse que se retirara.

- Oye – me dijo –¿no crees que deberías rasurarte? – señaló mi parte íntima.

- Como verás hermanita, no es como que pueda moverme mucho, tampoco entiendo porque actúas como si es la primera vez que me vieras desnuda.

- Quizás solo estoy intentando evadir el tema del que tenemos que hablar – confesó.

- No tenemos que hablar de eso. – sugerí.

- Ay, Amy, me siento tan culpable, debí de hacer algo.

- No había mucho que pudieras hacer.

- Pude recibir uno o dos golpes por ti, – dijo – pero…

- No tenías por qué pagar las consecuencias de mis actos.

- Teníamos un pacto de hermanas y te fallé terriblemente, me acobardé como una gallina ¡Por Dios! Hasta Paco intentó interferir haciendo ruido, y yo solo me quedé a ver, como una maldita cobarde, soy tu hermana mayor y debí protegerte.

- No, – dije – mi madre debió protegerme y ella no hizo nada, ella fue la que se quedó de brazos cruzados. – dije con resentimiento.

- Mi madre también estaba asustada.

- No la defiendas, Wanda tenía razón y no voy a perdonarla jamás.

- Wanda está herida, al igual que tú.

- ¿Por qué la estás defendiendo? – pregunté casi molesta. – ¿Le has contado a Wanda lo que pasó? ¿Te ha dicho lo que piensa? – ella negó – me lo imaginé.