Jesse's girl 15
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Amy

Jesse me escribió al día siguiente, un “te extraño” sin dar explicaciones de porque no había escrito, ni un saludo de por medio ni mucho menos una disculpa, pero estaba tan abrumada con lo que había descubierto de mi hermana, que no era capaz de estar molesta con él, ni si quiera le respondí.

Fátima y yo fuimos con el abuelo a dejar a mi hermanita a la estación de buses para que ella fuera a la universidad por el próximo semestre, le dimos un gran abrazo y dijimos adiós, luego hice surf mientras mi hermana trabajaba, me quedé sentaba sobre la tabla por un largo tiempo reflexionando en todo lo que había pasado, me dolía la cabeza, casi no había dormido, no había nadie con quien pudiera hablar de eso.

Quería desahogarme con alguien, en ese momento pensé en todas mis amigas, pero sentía que no era correcto revelarles un secreto que no era mío, por alguna razón cuando pensaba en Jesse sabía que, si le contaba solo una parte, sin detalles, él podría servirme de apoyo, y entonces caí en cuenta que, si lo extrañaba, volví a la casa y le respondí el mensaje.

¿Puedes venir a traerme?

No esperé una respuesta en el teléfono, tome la mochila que usaba para la universidad, la llene de ropa y le envié un mensaje a Fátima diciéndome que iba a casa de Jesse y que no le dijera a nadie, necesitaba un momento para pensar, Jesse no respondió, pero no esperaba que lo hiciera, sino venía por mí, yo iría de todas formas, sino lograba quedarme con él, al menos lo descubriría engañándome o encontraría una explicación de porque no me había hablado en casi una semana.

No hubo necesidad de que hiciera nada, media hora después tenía un mensaje que decía, que me esperaba en el bar donde solía trabajar, agarré la mochila y cuando estaba por cruzar la puerta mi abuelo me vio y me preguntó que para dónde iba, le dije que, “a ver a Samanta”, y antes de escuchar que no me habían dado permiso cerré la puerta tras de mí y caminé hacia el bar, no me tomó mucho tiempo, Jesse estaba en una moto, viendo a su celular, en cuanto me miró lo bajó.

- Estaba por llamarte – dijo con una sonrisa – ¿Todo bien? – yo negué.

Jesse se bajó de la moto y me recibió con brazos abierto, lo rodeé con mis brazos alrededor de su espalda y me deje sentir acogida, él me ofreció un casco y me quitó la mochila, me preguntó si deseaba ir a su casa y le dije que sí, subimos a la moto y durante todo el viaje fui incapaz de decir una palabra.

- ¿Te vas a quedar? – preguntó una vez que aparcó frente a la casa y yo asentí.

Entramos a la casa y todo estaba hecho un desastre, en especial la cocina ¿Qué hacia ese hombre tanto tiempo solo? Negue, era imposible que estuviera engañándome, no podría traer mujeres allí y tener todo sucio, me puse manos a la obra con la esperanza que limpiar su desastre me distrajera de mis propios pensamientos, fui directo a lavar los trastes.

- ¿No te quitarás la ropa esta vez? – preguntó y yo negué – ¿Quieres decirme que pasó?

- Podría preguntar lo mismo ¿puedo saber qué pasa? porque no me has respondido los mensajes los últimos días.

- Lo siento, – dijo – estaba algo alterado con una charla que tuve con mi mejor amigo y no quería desquitarme contigo, pensaba hablarte cuando me sintiera de mejor ánimo.

- Oh. – dije.

- ¿Piensas quedarte mucho tiempo? Puedes quedarte el tiempo que quieras, solo pregunto porque noté que la mochila está llena y me has tomado por sorpresa, pensé que no querías vivir conmigo.

- Solo unos días, para pensar. – aclaré.

- Quizás unos días es suficientemente para convencerte que te quedes definitivamente, me da gusto que vinieras, – admitió – te extrañé mucho.

- Yo también. – le dije.

- No tienes que hacer nada de eso. – aseguró.

- Si no lo hago yo, no creo que tú lo vayas a hacer, – confese – parece que nadie ha limpiado desde que lo hice yo la última vez.

- Y no te equivocas.

- ¿No te da pena? – él negó – oh, mi abuela estaría pegando cuatro gritos y mi madre me hubiera dado con la escoba.

- Tu familia no parece agradable.

- ¿Y la tuya Jesse? ¿Por qué nunca hablas de ellos?

- Porque tampoco son agradables, – confesó – a veces me gusta fingir que soy hijo único.

- ¿Quieres decirme por qué?

- No, no me siento con ganas de hablar de eso.

- Bien, – dije – se acabó el jabón líquido ¿Tienes más? – el negó.

- Mañana iré a comprar, si necesitas algo más avísame, podemos hacer una lista de lo que necesites ¿está todo bien? te noto algo alterada.

Detuve lo que estaba haciendo, Jesse se acercó a mí con cautela, tenía razón, estaba demasiado abrumada, intente respirar despacio, pero se me terminaron saliendo algunas lágrimas ¿cómo hacer para no pensar en Wanda? ¿Cómo hacía para que no me doliera? Jesse me apoyó sobre su pecho permitiéndome llorar.

- Todo va a estar bien, – me dijo – todo estará bien. – yo asentí.

- Jesse ¿Cómo ayudas a alguien que no quiere recibir ayuda?

- Haces lo que está en tus posibilidades para ayudar desde afuera, en lo que no requieras de esa persona para su mejora.

- ¿Pero y si todo depende de la otra persona?

- Entonces no hay nada que hacer, pero ¿por qué alguien te haría saber que necesita ayuda si no la quiere?

- Porque cargar con el peso de su dolor le estaba agobiando.

- Quizás disfruta siendo la víctima.

Me separé de él de inmediato para verlo a los ojos ¿cómo puede decir eso? ¿cómo nadie podría disfrutar del sufrimiento? Negué.

- Quizás no sufre tanto. – sugirió y yo abrí la boca.

- Quizás es demasiado complicado como para que la gente privilegiada como tú lo entienda. – dije poniéndome a la defensiva.

- Quizás lo entendería si me dijeras de que se trata, así no asumirías que soy privilegiado, por qué no lo soy, no tengo ni un centavo y aun así todo lo que tengo te lo he ofrecido de buen corazón.

- Tienes razón, – dije sintiéndome terrible – lo siento mucho.

- Amy, si estás conmigo porque crees que tengo privilegios o que soy rico o esperas algo de mí, lamento advertirte que vas a llevarte una decepción muy grande, – dijo seriamente – vengo de una familia pobre, – De una familia pobre en los estados unidos. Pensé – quizás tan disfuncional como la tuya.

- Creo que no te das cuenta de nuestras diferencias, – le dije – Jesse, tocas la guitarra y el piano y eres excelente en deportes, tuviste acceso a tantas cosas.

- Pero porque yo las busqué, – dijo – sino estaría muerto como mi hermano.

Me quede muda ¿Acababa de confesarme que su hermano falleció por las circunstancias en las que creció? No esperaba algo así, genial, eso me hizo sentir peor.

- Lo siento, – dije luego de un largo silencio – te juro que no estoy esperando sacar ventaja de nuestra relación, no quise darte esa impresión, lo lamento, no quise…

- Está bien, ven, – me abrazó de nuevo – todos tenemos días malos, recuérdalo cuando yo tenga los míos.

- ¿Qué pasó con tu hermano? – pregunté.

- No quiero hablar de eso ¿Tú quieres hablar de por qué estás aquí?

- Estoy aquí porque me siento segura a tu lado. – confesé.

- Me alegra escuchar eso.

🏄??‍♀️🏄??‍♀️🏄??‍♀️

Estaba tan cansada que poco después de comer quedé completamente dormida, desperté a medio día del día siguiente, sin Paco haciendo ruido, sin mi abuela gritando en la cocina, sin mis hermanas, Jesse me preparó unos huevos de desayuno y café y luego fuimos al mercado a hacer compras. Estábamos por preparar la cena cuando recibí una llamada de Samanta.

- Hola – le salude con el teléfono en la oreja.

- ¿Le dijiste a tu mamá que pasaste la noche conmigo? – preguntó.

- No ¿por qué?

- Porque se apareció en el bar preguntando por ti y le dije que estabas en la casa y que no habías querido decirme que pasó y le pregunté a ella que pasaba, pero parecía preocupada, tampoco sabía.

- Le dije a mi abuelo que iba a verte cuando salí de la casa. – recordé en voz alta.

- Yo llame a mi casa para avisar por si acaso decidían aparecer ¿dónde estás? sabes que no pasará mucho para que sepan que estamos mintiendo y ya no confíen en mí.

- Puedes decirles que me fui hoy, estoy con Jesse, mi hermana sabía.

- Si, pero tu hermana no te va a delatar ¿vas a volver?

- No, no estoy lista.

- Pero dime ¿Qué pasó? no me puedes dejar así.

- No puedo decirte, es algo privado.

- ¿En serio? después de todo lo que hemos pasado, me vas a salir con esto.

- No puedo decirte, es un secreto que no es mío, no me conviene decirte, ni si quiera mi familia sabe y primero me van a matar antes de hacerme confesar. – admití.

- Entonces no cuentes conmigo para nada de lo que sea que estés planeando, hasta aquí llegó mi ayuda, – dijo molesta – buena suerte, Amy. – colgó.

Jesse estaba preparando una ensalada, me observó en silencio, no había entendido nada porque la conversación la tuve en español, parecía preocupado, negué y suspire, esperando que esto no se hiciera más grande, tomé la carne que compramos en el mercado y comencé a prepararla, Jesse me abrazó por la espalda y me dio un beso en el cuello.

- Lo que sea que está pasando, – me dijo entre susurros – va a pasar, todo va a pasar y todo va a estar bien y si no está bien, de todas formas, yo estoy aquí.

Jesse me dio otro beso sobre la cabeza y yo me gire para darle el próximo beso en los labios, lo vi a los ojos, tan hermosos cuando brillaban de esa forma que hacían que me derritiera, el beso se tornó más cálido, Jesse me puso sobre la encimera en la cocina, apartando con una mano toda la comida que está en nuestro camino.

Nuestros labios desbordaban pasión, sus manos bajaron a mis piernas y las recorrió acariciando delicadamente, apretó su cuerpo con el mío mientras tenía atrapada sus mejillas entre mis manos, noté como el calor iba aumentando, me sentía casi borracha de deseo que cuando un celular sonó estuve por ignorarlo, giré pensando que era el mío, pero noté que era el de Jesse.

- Déjalo. – me dijo.

- Es tú madre. – dije al ver la pantalla.

- Ya la llamaré luego. – me aseguró.

El teléfono dejó de sonar, pero yo lo tome en mis manos y lo puse frente al rostro de Jesse para desbloquearlo y de inmediato al abrir mire las aplicaciones y entre ellas Tinder, Jesse me arrebató el celular de las manos y lo puso a un lado de la mesa, intentó volver a besarme y yo me moví hacia atrás para evitarlo.

- No vuelvas a hacer eso, – me dijo – no toques mi teléfono sin mi permiso, no está bien.

- ¿Tienes Tinder en tu teléfono?

- No. – dijo rápidamente.

- No me tomes el pelo, lo acabo de ver.

- No uso Tinder. – me aseguró con confianza.

- No es eso lo que pregunté y si no usas Tinder ¿por qué lo tienes en tu teléfono?

- Debí olvidar borrarlo, – abrió la pantalla de su celular y lo observé borrar la aplicación frente a mi – listo, ya está.

- Borraste la aplicación, no tu cuenta. – dije.

- Amy, estás haciendo drama innecesario, no voy a volver a descargar la aplicación, puedes estar tranquila.

- Jodete Jesse, – dije elevando la voz – ya me hice la idiota con lo del condón, ahora quieres que me crea esta cuando te desapareces por cinco días justo luego de que no quise tener sexo contigo.

- Mierda Amy, si no tener sexo es lo que te pone tan insegura hagámoslo de una vez y listo.

- Me voy. – dije bajándome de la encimera.

- ¿A dónde vas? no vas a ningún lado hasta que resolvamos esto. – me dijo.

- Pues de malas, porque estoy por pedirme un taxi.

- Amy, dime exactamente por qué estás enojada.

- Por qué me quieres ver la cara de idiota, – grite – dices que no te importa que no tengamos sexo, pero claro que te importa, me mentiste, estoy molesta porque me hiciste creer que podíamos estar juntos.

- Amy, – me dijo con mucha paciencia – la única razón por la que a ti no te importa el sexo es porque aún no lo hemos hecho, cuando comenzamos esta relación sabía que iba a ser complicado ¿Ok? sabía que tenía que comprometerme y eso es lo que he hecho, pero tienes que confiar en mí, no puedes dejar que tus inseguridades se pongan en nuestro camino, si no, no funcionaremos, en todo caso si la relación se acaba es por ti no por mí.

- Está bien, – dije retándolo – dame tu celular, si es verdad que no usaste la aplicación y que me has sido fiel no tendrás problemas de que revisé los mensajes.

- Amy – negó – ¿Qué pasa si te doy mi celular y encuentras algo que no te gusta?

- Si no me has engañado no voy a encontrar nada.

- ¿Qué tal si se me olvidó borrar algunas fotos viejas de antes de conocernos y tú piensas que es reciente?

- Las fotos tienen fecha de cuando las tomaste en el icono de información, – le dije – solo bórralas, no me voy a enojar por nada que pasó antes de mí.

- Si te doy mi celular y lo revisas vas a sentirte mejor porque no vas a encontrar nada, pero entonces no habrá confianza entre nosotros y así no quiero estar en una relación ¿Estás segura de que quieres revisar el celular? – yo asentí de todas formas, porque no le creí – si te doy mi celular habremos terminado, voy a darte el teléfono, dejaré que lo revises y luego te voy a llevar de regreso a tu casa, no querré saber nada de ti.

El corazón me palpitaba con fuerza ¿en realidad estaba haciendo un gran drama por nada? ¿era verdad que estaba exagerando debido a mis inseguridades? en parte tenía razón, si hubiéramos tenido sexo quizás no estaría tan preocupada, pero quizás también si me hubiera respondido mensajes y llamadas no hubiera estado tan molesta ¿valía la pena arriesgarlo todo?

- No voy a revisar tu teléfono, – dije – pero tampoco siento que deberíamos tener secretos, en este momento estoy molesta, voy a regresar a mi casa, no me siento cómoda contigo.

- Bien, yo te voy a dejar ¿estás segura de que no quieres cenar antes? – yo asentí.

Terminé de empacar mis cosas, me puse la mochila sobre mis hombros, aún molesta y lo encontré en la salida, me subí detrás de él y por media hora ninguno de los dos dijo nada, cuando me baje de la moto frente a la casa, mi mamá y mis abuelos me observaban junto a Fátima y supe que estaba jodida.

- ¿Puedes irte pronto? – le pedí.

- ¿Vas a estar bien? – preguntó y yo asentí, aunque no estaba segura.