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- Pero ella decidió tenernos, – admitió Fátima – ha sacrificado mucho por nosotras, – dijo con la cabeza gacha – se requiere de mucha valentía tomar dicha responsabilidad y yo la admiro por eso.
- Lo siento, – dijo Wanda – pero ese es el pensamiento de la gente perdedora, por eso nunca se superan en la vida, porque andan por ahí elevando y aplaudiendo la miseria, va y se embaraza joven ¡Que valiente! – exclamó con sarcasmo.
- Entiendo tu punto de vista, – dijo Fátima – entiendo que estés molesta con mamá, en cierta forma yo también lo estoy, no me ha sido fácil trabajar y estudiar al mismo tiempo, pero somos una familia, ayudarnos es parte de lo que hacemos, mis abuelos tampoco tenían porque hacerse cargo de nosotras y aun así vivimos en su casa.
- En eso tienes razón, los abuelos son la mar de bondadosos, y son la única razón por la que me he quedado callada y quiero que esto se quede en secreto, me moriría saber que les he roto el corazón, si supieran lo que me ha pasado podría hasta provocarles un infarto o incluso cambiar la forma en que me ven, no quiero cambiar eso, es lo más normal y bonito que tengo.
Esa parte la entendí, mis abuelos la adoraban tanto que si supieran la verdad todo sería caos, culparían por completo a mi madre, el abuelo sería capaz de matar a ese hombre, y sabía que lo haría de verdad, mi abuela se enfermaría, solo pensar en las obvias posibilidades la entendí, ella no quería que ellos sufrieran lo que Fátima y yo estábamos sufriendo en este momento, mi corazón estaba hecho un desastre.
- ¿Entonces vas a seguir aguantando esto? ¿Pretendes que siga pasando delante de nuestras narices mientras sabemos lo que pasa? – preguntó Fátima.
- No, ya no pasa, tiene más de un año que no pasa, quizás porque entre a la universidad y ya casi no lo veo o quizás solo le gustan las niñas. – dijo con ironía.
- ¡Por dios! Lo has tenido que ver en navidad y año nuevo. – soltó Fátima.
- Y ni si quiera dice nada, siempre está tan callado. – agregue.
- Está bien chicas, ya mañana me iré para la universidad de nuevo y no volveré hasta que se me acabe el dinero o las vacaciones, lo que pase primero, no lo tengo que ver tanto y tampoco soy la misma niña indefensa, apuesto a que si ahora intento volver a escaparme lo lograría.
- Pero no lo harías, – admitió Fátima con tristeza – has dicho que ahora solo te quedas quieta y lo dejas hacerte lo que quiere, es porque te daría miedo salir corriendo y la reacción de los demás, tener que admitir que ha pasado muchas veces.
- ¿Cuándo fue la última vez? – pregunté.
- No lo recuerdo, – miente – ya ni se si cuenta cómo última vez, porque de todas formas esa vez no sentí nada, creo que lo disfrutaba antes de saber lo que era estar con una chica.
- Es que tu experiencia con hombres no ha sido normal, – explicó Fátima – no es así cómo se supone que debe de ser, no es con fuerza ni utilizando el poder, es con amor y…
- ¿Y tú eres la experta Fátima? – le preguntó con resentimiento – ¿qué sabes de relaciones?
Fátima me observó, se limpió las lágrimas, no creía fuera contar lo que le pasó a ella, sobre todo porque ese momento era de Wanda, sobre su dolor, sin embargo, dijo:
- Yo también me enamoré en la universidad, de un chico.
- ¿Y qué pasó con él? – preguntó Wanda – te defraudó cómo lo hacen todos los hombres ¿no? es que no hay ni uno bueno.
- No, – dijo ella – fui yo la que lo defraudó a él, pero no voy a entrar en detalles, quizás otro día, mi punto aquí es, Wanda, que hacer el amor debería de ser sobre disfrutar el uno del otro, debería de haber caricias de por medio, besos, excitación, sentimientos, es cómo una aventura de emociones, es puro placer y entrega, ni si quiera la primera vez debería doler, excepto la parte donde rompe el himen, eso sí duele, pero después de ahí todo debería ser puro amor.
- Casi me olvido de que esta conversación había comenzado por la Amy, – soltó Wanda – espero que mi terrible experiencia no te haya confundido en tus expectativas y también espero que ustedes no me traten diferente por lo que les acabo de confesar.
- ¿Y piensas que? ¿Seguir escondiendo quién eres toda tu vida? No piensas que puedes lastimar a la muchacha con la que sales. – pregunté.
- No, nosotras estamos claro cómo es el mundo, sabemos que lo de nosotras se tiene que quedar en secreto, pecan de ingenuas si creen que los abuelos me aceptarían por mucho que me quieran, pero por algo estoy estudiando, algún día voy a salir de esa casa asquerosa, no tendré que verle la cara a ese hijo de puta, ni soportar la histeria de mi madre.
- No tienes que esperar tanto tiempo, – sugirió Fátima – somos tus hermanas mayores y nos haremos cargo de ti.
- No tienen por qué hacerse cargo de mí, – respondió – no soy su responsabilidad.
- Si lo eres. – le aseguré.
- No, soy la responsabilidad de mi madre.
- Técnicamente no eres la responsabilidad de nadie, – agregó Fátima – eres una adulta de dieciocho años, tendrías que hacerte cargo de ti misma a estas alturas, pero no dejaremos que lo hagas, te vamos a apoyar, tu hermana y yo nos ingeniaremos algo, – le prometió – ya lo verás.