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Ella negó y de pronto ya no tenía fuerzas, nada, perdí la voluntad, y las ganas de vivir, Fátima la abrazó y yo me uní a ellas, estábamos llorando las tres y el dolor que se sentí fue indescriptible, no era solo la traición, sino la rabia ante la injusticia, la impotencia de no poder hacer nada, el terror de que se repitiera, la insatisfacción de no poder matarlo.
- Quiero matarlo, – dijo Fátima – quiero matarlo.
- Tenemos que decirle a alguien. – dije.
- Nadie me va a creer, – dijo Wanda – cuando dijo que me vino la regla todos le creyeron, cuando le comenté a mi mamá si notaba algo raro me dijo que no, todos creen que soy coqueta y ya.
- Nosotras te creemos. – le aseguré.
- Gracias, – dijo – pero me prometieron que no dirían nada, ahora tienen que cumplir o sino no les volveré a confiar nada.
- Pero Wanda… – insistió Fátima.
- Me lo prometieron. – dijo casi gritando.
- ¿Cómo esperas que estemos tranquilas después de lo que nos acabas de contar? – pregunté.
- Así como lo he hecho yo todos estos años, no he dejado de pensar que era mi culpa por ser como soy.
- ¿A qué te refieres? – le cuestiono Fátima.
- A qué no todas las veces fue malo, la primera vez no me lo esperaba, la segunda tampoco, pensaba que la primera sería la única y última vez, pero la tercera, me dije a mí misma que debía esperármelo y que era una posibilidad que se fuera a repetir y que si iba a pasar al menos debería permitirme disfrutar.
- ¿Qué? – soltó Fátima.
- La tercera vez no puse resistencia, solo me quedé en la cama dejando que hiciera lo que él quería, aún dolía, pero noté que si me quedaba quieta podía llegar a relajarme y por momentos llegaba a sentir algo de placer.
- No me digas que te enamoraste de ese viejo asqueroso. – pregunté.
- No me enamoré, nunca me llegó a gustar, – dijo ofendida – pero admito que llegue a sentir placer y fue más de una vez, la cuarta, la quinta y todas las otras veces es lo mismo, al principio duele, pero si me quedo callada acaba más rápido y me llega a gustar.
- No puede ser. – dije.
- Sigue siendo una violación. – Fátima dijo la palabra que me negaba a creer.
- No es una… no voy a decirlo porque no lo es, – dijo Wanda – ya ni siquiera le digo que no.
- Pero sigue sin ser consensuado, – insistió Fátima – así no son las cosas Wanda, así no es como debe de ser ¿has estado con otro hombre? – Wanda negó.
- Ni si quiera siento que me gusten los hombres. – admitió.
No, ella no podía estar sugiriendo ser lesbiana, era imposible, había cosificado a mi novio desde que lo conoció ¿Estaba fingiendo?
- ¿Qué me dices de todos tus comentarios acerca de Jesse? – pregunté.
- Primero, estaba bromeando y segundo tengo que mantener las apariencias, en este pueblo no es muy bien aceptado las personas con diferentes preferencias y menos en nuestra cerrada familia, aparte, Jesse si está muy guapo y eso lo puedo ver, no es que esté ciega.
- Entonces, estás diciendo que ¿Te gustan las chicas? – preguntó Fátima muy confundida.
- Sí, es que estar con chicas es diferente, se siente bien ¿sabes? De principio a fin, sin dolor, me gusta.
- ¿Has estado con chicas? – pregunté aún más sorprendida y ella asintió.
- Mi compañera de cuarto de la universidad y yo tenemos algo, no es nada serio, es como que salimos y tenemos intimidad de vez en cuando, pero no es nada serio, creo que ambas sabemos que nuestras familias no lo aceptarían, así que mientras estamos allá somos nosotras sin problemas y cuando estamos aquí pretendemos que no existimos, – dijo con algo de tristeza – ella es la única que sabe lo que me pasó, ha estado insistiendo por años que les diga a ustedes y por fin hoy lo consiguió.
Era demasiado para procesar. Mi hermana fue abusada por años, se lo había callado, ahora quería que nosotros nos callásemos también, además de eso nos confesó que era bisexual o lesbiana ¿Cómo se suponía que iba a manejar esa información?
- ¿Ella sabe lo de mi tío? Por qué es el esposo de mi tía, no mi abuelo – intentó saber Fátima y Wanda asintió.
- Sabes que es divertido, – dijo con odio – que mi tía ha pensado todo el tiempo que ella es el problema que nunca pudo tener hijos y el problema es su marido – ella fingió una risa, pero no me pareció gracioso – ¿Ustedes por qué creen que yo soy como soy con mi madre?
- ¿A qué te refieres? – pregunté.
- A qué al contrario de ustedes no busqué un trabajo al entrar a la universidad, no voy a hacer el trabajo de mi madre, soy su responsabilidad, esa zorra decidió tenerme.
- No le digas zorra. – le reprendí al instante.
- Por favor, – dijo con mucho desprecio – lo de Fátima es entendible, se embarazó en la escuela, estaba joven y el chico salió huyendo del pueblo, nunca supimos nada de él, es entendible, luego contigo intentó tener una familia y el tipo resultó ser peligroso y acabo en la cárcel antes de que nacieras, pero ¿Conmigo? Ya debió pecar de ilusa y estúpida para embarazarse una tercera vez, ya no era la niña de dieciocho años ni la ingenua de veintiuno, ya era una mujer adulta de veinticuatro
- A los veinticuatro aún puedes cometer errores, – le aseguró Fátima tenía esa edad.
- Ya lo sé, a los treinta y tantos cometió el error de creerle a mi tío ¿Crees que algún día voy a perdonarle eso? Se supone que es mi madre y que debía protegerme mientras ustedes estaban en la universidad, lo mínimo que pudo hacer como madre era mantenerme y darme una vida digna, ninguna de ustedes debió tomar la responsabilidad de cuidarse sola y trabajar siendo menor de edad, disculpen si no puedo sentir ningún pesar por una mujer que ha sido tan estúpida.
- ¡Wanda! – le reprendió Fátima.
- Mi madre no se merece el menor pesar y ¿sabes qué? a veces siento que ella sabe la verdad y simplemente está tratando de compensarme mientras se hace la ciega porque es incapaz de hablar del tema o reconocer que se equivocó una vez más, mucho menos es capaz de pedir disculpas, todavía va con la frente en alto a golpear a Amy a su trabajo, nada más humillante e hipócrita, no sé cómo ustedes pueden tener alguna clase de compasión o respeto por alguien así.
- Es nuestra madre. – dije en respuesta.
- Exacto, es su obligación, nadie la mandó a tenernos, lo abortos existen desde hace mucho tiempo.