14
Amy
Jesse me escribió el día siguiente para preguntar si estaba bien y respondí que sí, pero luego de eso no hubo nada, por tres días desapareció, no respondió mis llamadas, ni mis mensajes de buenos días o buenas noches, ni si quiera cuando pregunté si todo estaba bien entre nosotros, después de esos tres días era como si me hubiera bloqueado porque ya ni si quiera miraba mis mensajes.
Durante tres días me pasé cuestionando si había hecho mal en pedirle que parásemos, me guardé aquello para mí porque me daba vergüenza admitir frente a cualquier otra persona que llevaba más de un mes saliendo con este hombre tan guapo y carismático y las veces que habíamos estado cerca de intimar había terminado en un ataque de pánico o acobardándome, todos pensarían que era ridícula.
Comenzaba a cuestionarme ¿Qué podría hacer para mejorar las cosas? No lo quería perder, pero tampoco quería obligarme a hacer algo que no quería, aún no me sentía cómoda y me gustaba estar con Jesse, lo quería, pero para resistir aquel dolor tendría que haber algo mucho más de por medio. Pensé en aparecer en la casa de Jesse, pensé en escribirle una carta, pensé en varias cosas, pero ¿de verdad tenía que hacer algo para demostrar mi valor? ¿No había dicho él que yo era suficientemente por ser yo? ¿Por qué entonces tenía que acostarme con él para tenerlo a mi lado?
No lo entendía y estaba comenzando a quitarme el sueño ¿Qué tanto le costaba a mi novio responder un mensaje? Todo ese estrés estaba ya pasándome factura, me cargaba una ojeras enormes por la falta de sueño y me sentía una mierda, quería llorar y ni si quiera para eso tenía privacidad, la única vez que lo hice fue una mañana que hice surf y no había nadie más alrededor, después de caerme por tercera vez no soporté más la presión y me senté sobre la tabla a llorar hasta que ya no me quedaba nada.
Le había tomado mes y medio a un chico enamorarme, solo para hacerme derramar lágrimas por él ¿era ese nuestro final? ¿se habría ido? ¿estaría con otra? ¿me hacia gosthing? ¿qué pasaba? ¿no merecía una explicación? Las otras parejas ya estaban haciendo planes para san Valentín y él y yo ¿habíamos terminado? Me planteé hablar del asunto con mis hermanas, así que les pedí que me acompañaran a comprar un helado y así nos desaparecimos las tres por la noche.
- Quizás su teléfono está muerto. – dijo Fátima.
- ¿Por cinco días? – pregunté.
- ¿Crees que ya está viendo a alguien más? – preguntó Wanda.
- No lo sé, – respondí – pero si es así al menos debería de tener la decencia de decírmelo.
- ¿Has hablado con Samanta? – preguntó Fátima – Quizás ella lo ha visto en el bar.
- Hemos hablado por mensajes, pero no hemos hablado mucho de él, me va a decir que es mi culpa por no acostarme con él.
- ¿Qué? – preguntó Wanda – ¿Aún no lo han hecho? Pensé que ustedes… ya habían, ya sabes, hecho eso. – negué.
- ¿Pero no te viste con él hace menos de una semana? – pregunto Fátima.
- Si, y lo intentamos, pero…
- No me digas que no pudo – preguntó Wanda – ¿Tuvo problemas con “su amigo”?
- Oh no, su “amigo” funciona bien, de hecho, fui yo la del problema.
- ¿Qué pasó? – preguntó Wanda.
- Duele. – admití.
- Pues sí, duele. – concordó ella.
- Pero, o sea, si lo hace despacio no duele tanto – explicó Fátima – ¿Fue rudo o algo así? – negué.
- No, es que ni si quiera llegamos tan lejos, estaba intentando, ya sabes, entrar… y sentí la punzada de dolor, pegué un grito y comencé a temblar.
- Pero eso es normal ¿No? – preguntó Wanda observando a Fátima.
- No – Fatima nos observó atónita – ¿Es que la tenía grande o qué?
- Es el único que he visto, a ver tampoco tengo mucha experiencia para definir si es grande o no.
- Cuéntanos los detalles. – me pidió Fatima.
- Vamos. – me animó Wanda.
Estábamos caminando sobre la playa y nos habíamos detenido en un lugar sin nadie alrededor, en comparación a los últimos meses que había estado abarrotado de gente sin un lugar para tener la más mínima privacidad, nos sentamos en la arena, y les conté sobre la poca experiencia que había tenido cuando viaje a managua con él y luego lo que paso la última vez que lo vi.
- ¿Ustedes creen que esta insatisfecho conmigo? ¿Estoy siendo tonta? ¿Qué tanto duele?
- Yo no creo que esté insatisfecho si al final se la estás chupando, – dijo Wanda – yo jamás le haría eso a un hombre.
- No estás siendo tonta, es raro que no te responda, debe de haber una explicación y si no te la da, la respuesta es simple: Es un idiota – dijo Fátima y Wanda asintió – y con respecto a si duele, es solo al principio, pero no debería doler tanto, si él tiene cuidado, ya sabes poco a poco y despacio, mientras te toca y te besa para que estés excitada se disfruta.
- Pero es que si lo hizo – le expliqué – y por alguna razón la excitación desapareció cuando sentí dolor.
- Es lógico – dijo Wanda – yo no sentí nada de placer la primera vez, fue horrible – negó – la experiencia más dolorosa de mi vida.
Fátima y yo la observamos en silencio, nunca habíamos hablado de esto con ella, parecía ofuscada por recuerdos que se esforzaba en mantener lejos de su mente.
- Wanda – dije preocupada – ¿Qué pasó? – ella me miró a los ojos y parecía esforzarse por no llorar – dinos que pasó. – le supliqué.
- Me da mucha pena. – dijo y Fátima le tomó la mano.
- No te vamos a juzgar, somos tus hermanas y tenemos un pacto. – le recordé, ella asintió.
- ¿Prometen que no le van a decir a nadie? – ambas asentimos e hicimos la pinky promise con el dedo meñique – Es una persona que todos conocemos, y la verdad no sabía que le gustaba, yo pensaba que estábamos siendo amables y que le caía bien, pero él, una vez que estábamos solos, fue solo como quince minutos.
La voz de Wanda se transformó, un tanto temblorosa, parecía que estaba rebuscando las palabras antes de decirlas, coloqué una mano sobre su espalda para que supiera que la sostenía sin importar que, note que estaba helada, no era capaz de continuar, pero fue Fátima quien la animó a seguir.
- Está bien, – le aseguró – todo está bien, – le apretó la mano – sigue por favor.
- Estábamos solos y yo estaba en la habitación y él cerró la puerta tras de él.
En seguida me di cuenta de que no estaba hablando de nuestra casa, no tenemos puerta en nuestra habitación, tuvo que estar sola en la casa de él, pero ¿en casa de quién pudo estar sola? Nunca nos dejaban solas, a menos que…
- Me dijo “ya basta de jueguitos” – su voz se quebró – se comenzó a quitar la ropa frente a mí.
Fátima palideció, estaba pensando lo mismo que yo, sabia lo mismo que yo, mi corazón latió muy rápido, no sabía si podía seguir escuchando sin ponerme a llorar.
- No entendía lo que estaba pasando, – continuó Wanda – me preguntó ¿confías en mí? Y yo confiaba en él, pero no sabía que decirle, ya no sabía si confiar en él, no había jugado ningún juego y me daba miedo pensar lo que me quería hacer.
- Wanda – la interrumpí – ¿Quién fue?
- Déjala que termine. – me ordenó Fátima.
Fátima estaba a punto de llorar y era capaz de hablar con precisión, yo en cambio estaba destrozada y no podía mantener la compostura, sentía el corazón romperse en mil pedazos cada vez que Wanda avanzaba en su historia, me dolía solo imaginar que mi hermanita pequeña tuvo que pasar por eso y con una persona que yo conocía.
- No quiero decir quién es, – dijo – solo quise contar esto porque pensé que ayudaría a Amy a entender un poco su situación.
- Wanda, – le dijo Fátima – vas a decirnos quién es, pero primero vas a terminar de contarnos que pasó.
Por un instante pensé que no sería así, pensé que lo había arruinado al poner presión en ella y pedirle que nos cuente algo que en definitiva era duro de contar, pero por alguna razón luego de varios segundos de silencio asintió, y continuó.
- Me preguntó dos veces si confiaba en él y a la segunda le respondí que sí, luego me dijo “no hagas ruido” y me pidió que me sentara sobre la cama, le hice caso, pero por dentro estaba asustada, llevaba puesto un vestido corto, él me quito un calzón, cuando iba a preguntarle que estaba pasando me dijo “tranquila, te va a gustar, confía en mí”
- ¡Ay dios! – chilló Fátima sin poder contenerse esta vez.
- “Esto no me gusta” le dije, pero el solo me hizo “Shhhh” y luego me dijo que no le íbamos a decir a nadie y se subió encima de mí.
- Dime que le diste una patada en los huevos y que saliste corriendo. – le suplicó Fátima.
De todos los conocidos con quienes pudieron dejar a Wanda, solo había dos personas en las que ella confía tanto como para callarse esto ¿Por cuánto tiempo habría cargado con ese secreto? Mi pobre hermanita, le tome la otra mano, en ese momento ya no necesitaba que continuara, solo quería asesinarlo.
- Lo intenté, – le dijo – quise escaparme, pero él me retuvo de los brazos y su cuerpo era pesado, no fue poquito a poquito ni despacio, fue rápido y doloroso, solo recuerdo tener su cuerpo encima con su mano cubriéndome la boca para que no se escucharan mis gritos y su asquerosa cara llena de placer cuando terminó, lo peor es que les dijo a todos que la cama estaba llena de sangre porque me había venido el periodo y le creyeron.
No, no podía ser, eso lo recordaba, hacia cuatro años, mi madre la golpeó con el cinturón por haber arruinado las sábanas de mi tía y tener que comprar nuevas, ella ni si quiera menstruaba, todos creímos esa historia y ahora me sentía una basura por no haber indagado al respecto.
- Wanda, – me limpie las lágrimas – perdóname.
- No es tu culpa, – me dijo – no fuiste tú quien me hizo eso.
- Si es nuestra culpa, – le dijo Fátima – por eso siempre estamos las tres juntas, para cuidar la una de la otra, debimos estar contigo en ese momento.
- Voy a matarlo – le dije – ¡maldito!
- ¿Es quien creo que es? – preguntó Fátima y ella asintió – hijo de puta, ¡le voy a quemar la verga!
- No, – le pidió – por favor no.
- Wanda, – y me dio miedo preguntar – esa fue la única vez ¿verdad?