Jesse's girl 13
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Amy

Ya no trabajaba y no tenía excusa para salir, no podía ver a Jesse, mi única comunicación con él era a través de mensajes de texto y honestamente prefería no poner nuestra relación en riesgo, lo estaba comenzando a querer tanto que deseaba proteger nuestra relación a toda costa, si me escapaba para verlo y nos veían y le decían a mi madre ella se daría cuenta y yo estaría en problemas, pero extrañaba a Jesse y comenzaba a cuestionarme si debería irme a vivir con él.

Jesse y yo habíamos compartido tanto tiempo juntos que sentía que lo conocía, pero cuando alguien me preguntaba sobre él no tenía una respuesta, ¿Tiene familia? ¿Hermanos? Si ¿Cuántos? 3 o 2, no estaba segura ¿sus nombres? No sabía ¿Sus padres? Ni idea ¿Amigos? Mencionaba a un tal Rick ¿Que estudió? Solo sabía que fue marine de los Estados Unidos desde los dieciocho años hasta hace poco ¿Por qué lo dejó? Ni idea. Lo más básico que se supone debes saber de alguien no lo sabía sobre Jesse.

Jesse nunca hablaba de su familia, nos escribíamos todo el día y hablábamos de cosas que teníamos en común, música, películas, surf, éramos muy compatibles, teníamos muchas pasiones y eso era lo que nos conectaba, pero al contrario de mí, que perfectamente podía hablar con él sobre mi familia, mis dramas, mis amistades, inseguridades y sueños, Jesse se mantenía reservado en esa parte, era como si solo quisiera mostrar a mí y al mundo su parte buena, como si él fuera inmune a lo malo.

Se que había algo malo detrás de toda su historia familiar, porque de otra forma hablaría de ello, nunca lo cuestione al respecto, no había querido indagar por respeto a su privacidad, pero principalmente por qué sentía que esa parte le dolía y le era muy difícil compartirla, quería a Jesse y sabía que en algún momento me contaría un poco más de su pasado, le estaba dando su tiempo, así como también le estaba dando la oportunidad de demostrarme que valía la pena luchar por nuestra relación.

Un día me preguntó si había considerado la idea de decirle a mi familia que salíamos y le prometí que lo haría una vez le tocará irse del país y volviera, no quería ser la tonta a la que ilusionaron y abandonaron, nos habíamos puesto de acuerdo para vernos a fin de mes, mi título estaba listo, lo iría a traer, había dicho en casa que tenía que hacer la certificación y el registro como pretexto para pasar más de un día con él.

viaje a Managua sola, me encontré con Suset para almorzar juntas luego de ir por nuestro título, ella tenía programada una sesión de fotos, yo me conformé con unas selfis que nos tomamos, mi amiga que es hija única y de familia de clase media deseaba complacer a sus padres al colgar una foto suya con el título en la sala de su casa, yo ni si quiera quise asistir a la graduación, era mucho gasto para el que no tenía dinero y con el que no quise molestar a mis abuelos, sé que ellos hubieran conseguido un préstamo, pero me hubiera sentido como una carga.

Mi hermana Fátima tampoco fue a su graduación, aunque sus compañeros de clase insistieron en pagar su parte para que asistiera, ella no quería ir y yo sabía eso, mis abuelos estaban pasando por un mal momento económico, una tormenta había arrasado con parte del techo de la casa y tuvimos que reponerlo, así que estuvieron ocupados con eso, mi madre tampoco quiso ir, Wanda acababa de salir de la secundaria y había gastado en ella, todo se veía complicado y no quiso estar sola.

No pretendía seguir los pasos de mi hermana ni formar un patrón, pero la vida era complicada, en especial para quienes no tenemos dinero, esa gente que se vuelve rica ¿de dónde le salían las oportunidades? Sentía que a mí me tomaría varias generaciones convertir a mi familia en adinerada, mis abuelos eran pobres, sus padres también lo eran, mi madre se embarazó joven y no pudo hacer nada con su vida, no que su vida no fuese valiosa, pero sentía que estaba estancada, que sacrificó sus sueños para que nosotras al menos tuviéramos la oportunidad de estudiar y superarnos.

Mi amiga y yo estábamos en el café las flores, ella se había pedido algo con matcha, yo opté por un café helado.

- Entonces ¿Cómo vas con tu nuevo trabajo? – pregunté.

- Bien, es complicado, hay un muchacho que me coquetea.

- ¿No tenías novio?

- Sí, y ya se lo he dicho, pero este chico es atento conmigo, cada mañana me lleva algo de comer y de repente tiene detalles, el otro día me llevó una rosa, luego me dedicó una canción en la radio, la gente hoy en día ya ni escucha la radio, pero me pareció de lo más bonito.

- ¿Piensas dejar a tu novio?

- No lo sé, llevamos casi dos años juntos y a veces siento que estoy aburrida, pero cuando estamos hablando del futuro y de ahorrar para casarnos, me ilusiono más.

- Parece complicado.

- Lo es ¿y tú cómo vas con tu gringo daddy?

- ¿Mi qué?

- ¡Tu novio!

- Ah, no nos hemos visto desde que regresamos a Rivas, ya no estoy trabajando y me ha dado miedo salir, nos veremos mañana en su casa.

- ¿Por qué no vino esta vez?

- Por qué los hoteles son caros y no quiere gastar. – le expliqué.

- No pensé que fuera tacaño ¿No trabaja? – negué – ¿Cómo hace dinero? – me encogí de hombros ante su pregunta porque no tenía respuesta – ¿Qué es lo que hace por ti entonces? ¿No te da regalos?

- No, la gente no tiene que dar regalos todo el tiempo, esas cosas no me importan.

- Pareces molesta ¿dije algo que te ofendió?

- No estoy molesta, pero tengo el presentimiento que no te gusta Jesse y en lugar de decírmelo directamente, me dices cosas innecesarias que realmente no vienen al caso, solo para mostrar tu insatisfacción, es como si quisieras hacerme saber que él no es bueno para mí, como si yo no tuviera juicio para valorarlo por mi cuenta.

- No es que me desagrade Jesse, es más que siento que tú eres una reina y que mereces a alguien que te dé el sol y las estrellas, te quiero y quiero asegurarme de que solo estés rodeada de gente que te quiera.

- ¿Por qué crees que no puedo juzgar eso por mí misma? – la cuestioné.

- Porque estás rodeada de personas que te hacen sentir insegura, tu madre, tus abuelos, e incluso tus hermanas y antes de que las defiendas, porque sé que las quieres mucho, déjame recordarte como tú piensas que Wanda es la más bonita y Fátima la más divertida e inteligente, pero no logras ver tus propias cualidades.

- No es que no vea mis cualidades, pero es que Wanda es la más bonita.

- Yo creo que tú eres la más bonita, a ver, cada una es bonita a su manera, es solo que Wanda camina llena de seguridad y de cierta forma eso te intimida, tú no eres presumida en lo más mínimo y bien por ti, pero no quiero que pienses que Jesse esta fuera de tu alcance solo porque es guapo, no quiero que nadie se aproveche de tus inseguridades para evitar darte lo que te mereces.

- Aprecio mucho tu intención de protegerme, sé que tienes razón en mucho de lo que has dicho.

- ¿Pero?

- Pero nada, es verdad, tengo inseguridades, pero ¿quién no? Tú te pusiste una malla en la lengua hace dos años porque querías bajar de peso.

- Y me funcionó, – me recordó – cuarenta libras menos. – dijo orgullosa.

Mi amiga y yo nos despedimos, yo regresé a Rivas y Jesse me estaba esperando en el mercado para ir directo a su casa, le di un gran abrazo al verlo porque lo extrañaba, ya teníamos más de un mes siendo novios y aunque no me estaba llenando de regalos sabía que me quería, simplemente ese no era su lenguaje del amor, subí al taxi y nos besamos la media hora que nos tomó llegar hasta la casa.

En cuanto llegamos note el desorden, la ropa sucia tirada, los trastes sin lavar y le ofrecí ayudarle a limpiar, él me dijo que no era necesario, pero de todas formas lo hice, podía visualizarme viviendo con él.

- ¿Sabes que sería mejor que tener a mi mujer haciendo los quehaceres en la casa? Verte hacerlo desnuda. – me dijo con una voz muy seductora.

Me quite la ropa despacio frente a él y Jesse sonrió maliciosamente, si decidiera venir por mí, esa vez no tendría un ataque de pánico, si no usara protección me tomaría la pastilla de la mañana siguiente, no pensaría tanto.

Desaparecí de su vista y fui al baño, no me tomó tiempo limpiar el lavado y el espejo, que una vez sin marcas de pasta de dientes, pude observar mis pechos con dos tonos irregulares en mi piel, cayendo a la misma altura, un tanto separados, admiré mi vientre plano y marcado, al tener más tiempo libre hacia más surf, se me había marcado más las piernas, el vientre y mi trasero se miraba mejor.

- La comida está lista – me dijo Jesse desde la puerta – ¿Qué haces?

- Intentando ver lo que tú ves. – expliqué.

Jesse se colocó detrás de mí, se sacó la camisa dejando su torso al descubierto, luego colocó sus manos sobre mis hombros y las bajó hacia mis pechos, comenzó a masajearlos. Me gire para tenerlo de frente, Jesse me tomó de la cintura y me elevó hasta el mueble del lavado, me colocó sentándome frente a él con mis piernas abiertas, expuestas y listas para su disposición, las empujó un poco más con su cuerpo, mi corazón palpitaba apresuradamente, al punto que estaba segura que Jesse podía escucharlo y sentir como se me intentaba salir del cuerpo, él se acercó, me besó el cuello, luego bajó, deslizando su lengua hacia mi pezón izquierdo, lo lamio, primero en círculos, luego succionó, arrancándome un gemido.

Jesse masajeaba el pecho que no tenía en su boca con una mano y con la otra me acariciaba el clítoris ¡Dios! Iba a morir ahí mismo, los gemidos eran cada vez más constante y mi respiración cada vez más pesada, tenía mis manos apoyadas sobre el respaldar, Jesse comenzó a bajar, dándome cortos besos en el vientre y provocando cosquillas que me hacían reír.

- Mi vientre es algo sensible. – dije.

Jesse me observó en silencio, se puso de pie y luego se quitó los pantalones sin apártame la mirada, sus ojos estaban cargados de determinación, estaba totalmente relajada, dedicada en mente y alma a ese momento.

- Te amo Amy – me dijo con sus ojos clavados en los míos – y dios sabe que todo esto es nuevo para mí y que me estoy esforzando por hacer las cosas bien contigo, pero no puedo esperar un día más.

- No lo hagas.

Se inclinó para besarme, Jesse era muchísimo más alto que yo, incluso sentada sobre el lavado no alcanzaba su boca, pero él hacía que nuestros labios se encontraran, mientras me besó colocó sus manos por debajo de mis piernas para elevarme y cargarme hasta la cama, estábamos en el baño del primer piso, así que subió conmigo cada escalón hasta el segundo piso, sosteniéndome con mis manos alrededor de su cuello y mis piernas brazado su cintura sin dejar de besarme, una vez ahí me colocó despacio sobre la cama.

- Voy a hacerte el amor, – dijo – y nunca he hecho el amor, así que, si sientes que algo no está bien, si soy algo brusco, perdóname y dime cómo mejorarlo. – yo asentí.

Jesse se posó sobre mí, mientras me besaba parecía nervioso, como si le preocupase arruinarlo, colocó una mano sobre mi mejilla y con el pulgar me acarició, me dio un beso, luego otro, seguía acariciándome mientras me observaba, él se separó un poco, alcanzó un condón que estaba sobre la mesa, lo sacó del envoltorio y se lo colocó, se volvió a posar sobre mí, podía sentir su peso encima, volvió a besarme con tanta pasión que no pude dejar mis manos quietas, enrede mis dedos en su cabello hasta despeinarlo, deambule por su espalda y sus brazos, estaba jadeando y lo necesitaba.

Jesse colocó su miembro en mi entrada, y empujó, solo un poquito, le estaba costando, lo podía notar, sentía que parte de él no se quería detener, pero lo hacía de todas formas, colocó una de sus manos sobre mi pecho y me acaricio a la vez que volvió a empujar otro poco más y entonces lo sentí, dolía, aprete los ojos al sentir el impacto e intenté ahogar un grito.

- ¿Estás bien? – preguntó y yo asentí enérgicamente – Estás temblando otra vez.

Era verdad, al menos mis piernas temblaban, no podía evitarlo, quería detenerlas, pero no sabía cómo, no quería ponerlo más nervioso de lo que yo estaba.

- No vas a llorar ¿verdad? – preguntó preocupado, yo negué y él asintió.

Jesse empujó otro poco más delicadamente, pero aun así dolía, era horrible, sabía que dolería, pero no imaginaba que tanto, Jesse empujó otro poco más, siempre despacio y esta vez no pude evitarlo, grité, lo suficientemente alto como para asustarlo.

- Lo siento – dijo – ¿Quieres que pare?

- Solo dame un momento para adaptarme. – le pedí.

Baje la mirada hacia abajo, Jesse ni si quiera había entrado la mitad ¿cuánto más iba a dolerme? ¿En realidad quería hacer esto? Toda la excitación que tenía había desaparecido al momento en que sentí la primera punzada de dolor, ni si quiera podía describirlo, volví mi rostro frente a Jesse, él se acercó para besarme y en pocos segundos me di cuenta de que no estaba lista.

- ¿Qué tan molesto estarías si te pido que paremos? – pregunté.

- No voy a molestarme. – me aseguró.

Jesse salió de mi inmediatamente y se recostó a mi lado, observé su erección y no pude evitar sentirme culpable, como si le quedase a deber algo, pero tampoco me sentía con ganas de hacer algo al respecto, estaba demasiado abrumada con mis propios sentimientos.

- ¿Vas a molestarte si no resuelvo tu asunto? – señalé, Jesse negó.