Jesse's girl 11
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Amy

Jesse me visitó en el bar cada día después de año nuevo, a veces solo pasaba un par de horas, a veces se quedaba toda la noche, la temporada alta ya había acabado, así que tenía más tiempo libre para nosotros, lo que me había pasado no había cambiado nada entre nosotros, ni había disminuido su interés por mí, aún no se lo contaba a mis hermanas, les había dicho que me quedé dormida, me daba demasiada vergüenza contarles que había tenido un ataque de pánico.

Samanta fue la única a quien se lo conté, porque sabía que no me juzgaría y porque también necesitaba desahogarme ¿Era a la única a la que le pasaba? Eso no era normal, ¿O sí? Nunca había tenido una crisis nerviosa de ese tipo antes, por lo general cuando estaba abrumada solo me encerraba en los baños y lloraba sola, jamás lo había hecho delante de otra persona, para mi fortuna mi amiga no me criticó, por el contrario, me dio un enorme abrazo y me sugirió que exteriorizara mis miedos.

Cuando mi contrato acabó, recibí mi pago y me despedí de mis compañeros, aliste mis maletas y me fui con Jesse a Managua, ojalá hubiera podido estar con él esa semana, pero mi periodo comenzó y físicamente no me sentía del todo bien, él también lo comprendía, no le apetecía tener relaciones con una mujer que sangraba, pero aun así me acompañó, solo para pasar más tiempo a solas conmigo.

En cuanto llegamos él se quedó en el hotel y yo fui con Suset a la universidad a hacer el trámite, fue rápido, así que decidimos ir a la zona donde están los bares y las discotecas para bailar un rato, a mi amiga le gustaba cantar y era muy buena, entramos a su karaoke favorito y le envié la ubicación a Jesse para que nos encontrara ahí, sin mi madre ni mis abuelos obligándome a salir con mis hermanas ni haciéndome las mil preguntas, aproveché ese momento de libertad.

- Ya conseguí trabajo. – me dijo.

- ¿En serio? ¿Dónde? – pregunté entusiasmada.

- En una clínica veterinaria que queda cerca del centro comercial. – me dijo.

- ¡Felicidades! – le dije, y entendí porque estaba alquilando apartamento en la ciudad y no había regresado a su pueblo como todos los demás internos.

- Gracias, – me dijo – tenía tantas ganas de contarte y tú sin teléfono, me moría, gracias a Dios que tu novio te salvó, pero cuéntame ¿Desde hace cuánto andan? ¿Cómo lo conociste?

- Lo conocí haciendo surf y porque iba al bar donde trabajaba, hace como tres semanas, pero no sabría decir hace cuanto andamos, creo que hubo química desde el principio.

- Está muy simpático, es una lástima que mi novio esté trabajando hoy, hubiera sido como una doble cita, pero es un poco mayor ¿no? – me encogí de hombros.

- ¿Qué tiene de malo?

- No sé, pero ¿no eres virgen?

- Pues sí, pero ¿eso que tiene que ver? Tú también y tienes novio.

- Es que, no sé, tú sabes que los hombres tienen necesidades y cuando uno no los satisface luego buscan a otra, – lo dijo porque su ex le puso el cuerno, pero no lo mencione – me preocupa que te vaya a lastimar, yo mejor que nadie se lo que es eso.

- Lo sé.

Jesse llegó y me salvó de tener que seguir con tan incómoda conversación, quería mucho a Suset con todo mi corazón, durante los cinco años de carrera estuvimos apoyándonos siempre, cuando regresaba de Rivas con algún drama familiar, ella me escuchaba y me daba la razón, pero mi amiga también podía ser un tanto protectora y de mente cerrada, y así como ella se preocupaba porque me lastimasen, a mí me preocupaba que ella se convirtiera en alguien demasiado prejuicioso.

Jesse se sentó a mi lado y me dio un beso en los labios, pidió una cerveza y se anotó para cantar un par de canciones, él y Suset que se habían conocido previamente en el hotel cuando ella llegó a buscarme antes de ir a la universidad, conversaron un poco más, estábamos a mitad de la segunda cerveza cuando llegó uno de los trabajadores a nuestra mesa a entregarnos el micrófono, la canción que elegimos mi amiga y yo fue: my oh my de Camila Cabello.

No era tan afinada, aun así, sentí que no estuviéramos mal, varias personas nos aplaudieron al terminar, Jesse a mi lado me grabó con su teléfono y quizás era el alcohol, pero la forma en que mi miraba, casi fascinado, como si estuviera perdidamente enamorado de mí y no fuese consciente de eso, lo disfrutaba, él no tenía miedo, confiaba en mí, y eso me hacía sonreír, Suset y yo acabamos las cervezas y pedimos otra.

- Jesse ¿Qué es lo que te llamó la atención de Amy? – preguntó Suset.

- Es una excelente surfista, – explicó – es muy sexy – me guiñó el ojo – y también es divertida cuando está ebria.

- Eso parece muy superficial, dime que es lo que en verdad te gusta de mi amiga.

- No tienes que responder eso. – le dije a Jesse, aunque moría por saberlo.

- ¿Debe tener algo? ¿No puede ser simplemente ella y gustarme sin más?

- Es que es raro, por la diferencia de edad, tenía curiosidad de saber que ve un hombre de treinta en una chica de veintiuno.

- Pensé que había dejado a mi madre en Rivas. – negué.

- ¿Te parece que los treinta te hacen viejo? – la cuestionó y luego se refirió a mí y me dijo en tono de broma – Entonces creo que eso me convierte en tu sugar daddy.

Reímos y luego Suset me tomó de la mano y me sacó a bailar, la regañé por ser tan imprudente, minutos después se me pasó el enojo y me olvidé de lo que había dicho, la noche se pasó rápido y al momento de irnos, estaba tan ebria que no recordaba el viaje de regreso al hotel, tampoco como me cambié de ropa, la mañana siguiente me desperté en la cama con Jesse desnudo y yo en pijamas.

- Jesse ¿Qué? ¿Cómo?

Él abrió los ojos, No logré articular una oración ni finalizar una pregunta, la cabeza me dolía, estaba demasiado confundida ¿dormía desnudo o había pasado algo entre nosotros? Jesse se sentó a mi lado y me dio un beso en la mejilla.

- Buenos días. – me dijo.

- Buenos días – dije con más calma – ¿Por qué estás sin ropa?

- Ah, es que hace mucho calor.

- ¿No pasó algo entre nosotros?

- Tú, – me sonrió maliciosamente mientras recordaba – eres traviesa.

- Dios ¿Qué hice?

- ¿No lo recuerdas? – se levantó de la cama – Espera voy al baño.

Lo vi alejarse al baño, estaba orinando con la puerta abierta, podía ver su hermoso trasero, me di cuenta de que habíamos llegado a un nivel de intimidad que no había previsto, cuando se giró de nuevo hacia a mí, me di permiso de haber cometido cualquier locura.

- ¿Deje de ser virgen? – pregunté y él negó.

- Tu boca sí. – dijo y yo abrí los ojos en grande.

- ¿Qué? – pregunté.

- ¿En serio no te acuerdas? – volví a negar – Me dejaste grabarte ¿Quieres que te enseñe?

Estaba segura de que me había sonrojado, estaba muerta de miedo y vergüenza ¿Cómo era posible que lo dejara grabarme? El sacó su teléfono y me mostró la pantalla, presionó reproducir y se nos observaba a ambos, desde el brazo de Jesse alargado hacia arriba, su rostro mientras observaba la cámara cuando me dijo “ahora” yo me agache hacia su miembro que tenía en mis manos y lo metí en mi boca, no pude ver más.

- ¿Podrías eliminar ese video? – pregunté.

- ¿Por qué? No se lo pienso enseñar a nadie.

- Es que estaba demasiado borracha, ni si quiera recuerdo cuánto tome, y me gusta tomar ¿sabes? pero mi yo borracha no me representa, es como si otra persona se apoderara de mí, alguna clase de alter ego, no sé, pero no soy yo, la persona que te autorizó a grabar no soy yo.

- Está bien, – dijo – lo borraré y solo para que conste, yo sí creo que eres la misma persona, solo que sin restricciones.

- Ni inhibiciones. – acordé.

- Igual me gustas, – dijo – me gustas mucho estando alcoholizada, eres divertida y ruidosa y atrevida, eres más consciente de lo sensual que eres, te vuelves provocativa y pasional, me enloqueces.

- Y sobria soy aburrida.

- No, sobria sigues estando que ardes, y eres humilde, servicial, responsable, amable y podría seguir, pero creo que tú ya sabes lo que eres y creo que sabes que eres suficiente por si sola para tenerme aquí contigo.

Mi corazón palpitaba demasiado rápido, es bonito escuchar a otra persona reconocer tus cualidades enfrente de ti, sobre todo si es alguien que te importa.

- Te quiero, – dijo – y de verdad lo siento ¿Qué tal si ahora te digo te amo? Para practicar. – mi corazón se detuvo, y luego volvió a latir increíblemente rápido.

Me lancé sobre él para darle un beso, él me tomo las piernas y me levanto hacia él, eso era lo que quería, quería estar con alguien que sintiera algo por mí, que me viese por quien era y me quisiera así, no solo algo carnal, sino algo más profundo, si Jesse se fuese y no regresara me rompería el corazón, y habría valido la pena, él era mi primer amor y eso era lo que se quedaba conmigo en este momento, en todos los momentos que vivimos juntos.

- ¿Aún sigues sangrando? – me preguntó y yo asentí – ¡Mierda! – me colocó de nuevo en el piso y observé que se había puesto duro.

- Podemos repetir lo de ayer. – sugerí y a él se le iluminó el rostro.

Jesse y yo fuimos a desayunar a un restaurante de comida peruana, luego visitamos varios de los lugares más turísticos de la capital, el puerto Salvador Allende, la vieja catedral, la laguna de tiscapa y por último visitamos el volcán Masaya, al final de la noche volvimos al hotel y nadamos un poco en la piscina.

El tercer día fuimos a Granada, la ciudad colonial, dimos un paseo en coche a caballo, tomamos un tour por las isletas de Granada y volvimos a Rivas, fueron tres días en los que dormimos juntos y conversamos de todo, nos divertimos y conocimos un poco más el uno del otro, yo ya estaba completamente enamorada de Jesse.