10
Amy
Jesse y yo estuvimos en el balcón conversando por horas, hasta que el frío comenzó a hacer mi cuerpo temblar y tuvimos que regresar a la habitación y cerrar puertas y ventanas, en ese momento luego de risas, confesiones y unos cuantos besos estaba segura de que quería estar con Jesse, el alcohol se me había bajado y comenzaba a sentirme nerviosa.
Jesse apagó el abanico del techo y se acercó de nuevo a mí, envolviéndome en sus brazos y dándome el calor que necesitaba, me incliné para encontrarme con sus labios y besarlo, despacio, mientras el sonido de los grillos y las chicharras vibraba en el ambiente, las manos de Jesse se deslizaron a la parte baja de mi espalda y solo dejó de basarme para mirarme a los ojos y decir.
- Te quiero, pero también te deseo y mucho.
Volvió a mis labios con más intensidad, haciéndome difícil poder resistirme, sus manos bajaron hacia mi trasero y despegó una mano por unos segundos y luego la dejó caer con fuerza, el sonido de dicha palmada hizo que me sobresaltara y dejara de besarlo.
- He visto a Samanta hacerlo tantas veces que me he quedado con las ganas de hacerlo yo también y saber que se siente. – dijo.
- ¿Qué se siente? – pregunté y su mano me apretó el trasero.
- Es casi como lo esperaba.
- ¿Cómo esperabas que fuera?
- Te he imaginado desnuda, en cuatro, mientras te… – se detuvo analizando si decirlo o no.
- Continúa. – le animé y él negó.
- Decirlo y volverlo a imaginar me pone… – no terminó la frase, tomó mi mano y la colocó en su entrepierna – ¿Quieres que hagamos lo de la otra noche? – preguntó – ¿Sin ropa? – yo asentí – Quizás esta noche no te pueda mostrar las cosas que he imaginado, pero haré un esfuerzo porque tú puedas imaginarlo también.
Asentí y note como su mano bajó los tirantes de mi blusa por mis hombros, dejándolos al descubierto para que pudiera besarlos, sentí un escalofrío por todo mi cuerpo, sus labios avanzaron hasta mi cuello y lo escuche susurrarme cuando me desea, poniéndome la piel de gallina y haciendo que mi respiración fuese cada vez más pesada, se separó de mí y me saco la camisa por la cabeza, no estaba usando brasier y eso captó su atención, se tomó unos minutos para admirar mi pecho y ponerme aún más nerviosa.
Sus manos cayeron finalmente a mis senos, los cubrió por completo y los masajeo, haciéndome sentir cada vez más calor, fui en busca de sus labios y lo besé, sus manos se deslizaron hasta mi falda, dejándola caer al suelo y revelando mi ropa interior, que era roja, porque atraía el amor y la pasión, sus manos se metieron entre mi ropa íntima, empujando mi cuerpo para rozarlo contra el suyo, mi cuerpo ardía y sentía que lo necesitaba, que moría de ganas por más.
- ¡Oh! – gemí junto a su boca.
Mis manos apresuradas y torpes arremetieron en busca de su camisa, levantándola para sacársela, él me ayudo a quitársela, y por un momento solo fui tocar y explorar por su pecho, como si fuese la primera vez que lo veía y a la misma vez familiarizándome con él, la curiosidad me llevó hasta sus pantalones y sin darme cuenta estaba intentando quitárselos, actué casi dominada por la lujuria.
- Sube a la cama. – me ordenó mientras se quitaba los pantalones.
Obedecí y me senté sobre la cama arrastrándome de espaldas hasta llegar al centro, me recosté y Jesse vino a mi como una fiera que va tras su presa, sus dientes cayeron en mi ropa interior y sin usar las manos jaló de ella, levanté un poco mis caderas para facilitarle el trabajo, con éxito consiguió sacarla. De pronto, volví a sentirme nerviosa.
Jesse me observó de pie frente a la cama, pasó un minuto, luego dos y mi mente comenzó a llenarse de inseguridades ya no quiere estar contigo, te ha visto desnudada y no te desea, le pareces fea, le das asco, traté de decirme que no era así, un bulto sobre su bóxer me aseguraba lo contrario. Está intentando imaginarse a otra ¡no! – me dije a mí misma – ¡Te está admirando! Está decidiendo cómo decirte que ya no te quiere, siguió mi mente.
- ¿Puedo tomarte una foto? – preguntó al fin.
- ¿Qué? – dije saliendo de mis pensamientos.
- Quiero recordar este momento siempre. – me aseguró.
- No, sin fotos.
- No tiene que salir tu rostro si lo que te preocupa…
- No – le interrumpí – aún si mi rostro no saliera, cualquiera reconocería mi cuerpo.
El asintió, y luego se quitó la única pieza de ropa que le cubría, dejándome al descubierto su miembro, largo y duro, el corazón me palpitaba fuerte, me comenzaba a doler el pecho, Jesse se deslizo sobre la cama con fluidez y acerco a mí, me besó, con una mano sostuvo su cuerpo y con la otra tomo su pantalón y saco algo del bolsillo, lo coloco a un lado y luego su mano bajo a mi cuerpo, me acarició y me hizo desearlo aún más, obligando a mis piernas a abrazar sus caderas.
- Jesse. – dije entre quejidos.
- ¿Estás lista? – preguntó y yo asentí.
Se separo de mí, cogió lo que había puesto a un lado y note que era un lubricante, se colocó un poco y luego me observó.
- Estás temblando ¿Estás segura de que quieres hacerlo? – yo asentí y él asintió conmigo – Bien, relájate, no voy a hacerte daño.
- Pero lo harás, – dije – va a doler.
- Si quieres parar solo tienes que pedirlo. – dijo y yo asentí.
Jesse colocó su miembro en mi entrada, lo primero que note fue que no se había puesto protección ¿Cuántas mujeres han quedado embarazadas solo con la puntita? cerré los ojos, tenía que pedirle que se detuviera ¡pídele que use condón! Por alguna razón estaba muda, las palabras no salieron de mi boca, pude visualizarme llorando con una prueba de embarazo positiva en la mano, escuchando a Jesse decir “no quiero ser padre”, abrí los ojos, Jesse me acariciaba.
- Estás temblando más fuerte, te siento helada ¿está todo bien? – Di algo, dile que se ponga protección – ¿Quieres que me detenga?
Intenté negar, pero mi rostro no pudo hacer mucho, no sabía si había dicho no o si, estaba demasiado nerviosa ¿y si ya me embaracé? No, eso no puede pasar, ni si quiera ha entrado. Jesse se acercó de nuevo, me beso los labios, besos cortos y despacio, acaricio mi cabello e intentó mirarme a los ojos.
- Todo estará bien – me aseguró – ¿Quieres que continúe? – entonces asentí.
Sin dejarme de ver a los ojos se volvió a colocar en la posición de la entrada y pude sentir como fue deslizándose poquito a poco… sin protección y no fui capaz de decir nada ¡Estúpida! ¡Te va a embarazar! ¿Qué estaba haciendo? Jesse colocó una mano sobre mi mejilla y la acarició sutilmente, intentaba que me relajase, pero no podía.
- Voy a detenerme, – dijo – estás llorando y ni si quiera he entrado por completo.
- ¿Qué? – por fin palabras salieron de mi boca.
- ¿Es por esto por lo que sigues siendo virgen? – preguntó – ¿Porque te pones a llorar? Eso haría que a cualquiera se le baje. – era una broma, pero no podía reír.
Llevé las manos a mi rostro y me di cuenta de que era verdad, me dejé llevar por el miedo, y comencé a sentirme culpable, mi llanto se intensificó, me senté sobre la cama y oculte mi rostro entre las rodillas, llena de vergüenza.
- Está bien, – dijo colocando su mano sobre mi espalda – dime que pasa. – negué.
- No. – seguía temblando y él me llevó hacia si para abrazarme.
- Está bien, no pasa nada, todo está bien.
No sé cuánto tiempo pasó y estuvimos así, pero en algún momento deje de llorar y de sentirme estúpida, quería compensarlo por el mal rato que le había hecho pasar, seguramente ya no me querría después de eso, quería demostrarle que estaba lista para él.
- Perdón, – le dije – solo ha sido un ataque de nervios, – expliqué – estoy lista otra vez, quiero ser tuya. – él negó.
- Como verás ya no puedo. – Bajo la vista a su miembro, pequeño y apachurrado.
- Puedo… – Coloqué mis manos para tocarlo y él negó.
- Podemos intentarlo mañana, – me dijo – vamos a dormir. – asentí.
Dormimos abrazados, no supe muy bien si fue él quien se separó o yo, pero la mañana siguiente cada uno estaba en una esquina de la cama, fui la primera en despertar, Jesse se veía divino, pero tenía miedo de que despertase y pensara que era una pérdida de tiempo y que no valía la pena, fui una estúpida ¿Por qué me puse a llorar? Jesse se giró y me miró.
- Buenos días, – me dijo – me encanta despertar con una mujer desnuda junto a mí.
- ¿Te despiertas con mujeres desnudas muy a menudo?
- No mujeres a las que quiero. – me dijo.
Lo vi estirarse a la vez que bostezaba, se acercó a mí y me dio un beso, no estaba decepcionado después de todo, me preguntó si quería café y yo asentí, me quede en la cama, lo observe salir y volver con un café en mano, me lo extendió y luego me miro a los ojos, con dulzura, haciendo que le creyera cuando me decía que de verdad me quería, dándome un poquito más de confianza.
- ¿Quieres hablar? – preguntó – me gustaría saber qué pasó anoche ¿fue algo que hice? – negué – Entonces dime lo que piensas.
- Es que… No sé, es, solo, yo, no – estaba balbuceando y él se dio cuenta, me tomo la mano y dijo:
- Puedes decirme, está bien.
- Yo, no estabas usando protección, entré en pánico, no quiero quedar embarazada. – él sonrió ante mis palabras y asintió.
- Está bien, – me aseguró – no vas a quedar embarazada, pensaba ponérmelo después, pensé que el látex te molestaría al principio, por la fricción, de todas formas, no voy a hacerte eso, ni si quiera pensaba venirme dentro de ti.
- Hay personas que se han embarazado, aun así. – él negó.
- No lo creo, confía en mí, por algo hasta el momento no he embarazado a nadie.
- Pero, estaríamos practicando sexo, el sexo conlleva a resultado como embarazos ¿Qué pasaría si…? ¿Tú quieres tener hijos?
- No – dijo secamente – ¿Tú?
- No, o sea, si, no ahora, no en los próximos diez a quince años al menos.
- Bien, tendremos hijos en quince años – me aseguró – ¿cuántos quieres? ¿Uno? ¿Dos? – me tomo la mano y la besó.
- Uno, dos, no sé, pero ¿y si pasa antes? ¿Y si no somos cuidadosos?
- Si tanto miedo tienes de que pase ¿por qué no usas tú anticonceptivos? – preguntó.
- Soy virgen, no me dan anticonceptivos a menos que esté casada o sea sexualmente activa. – expliqué.
- Tienes que confiar en mí, no vas a embarazarte, vamos a disfrutar el uno del otro y todo va a estar bien, la gente hace esto todo el tiempo, la gente no se embaraza si el hombre no se viene dentro y yo no voy a venirme dentro, lo prometo. – dijo y yo asentí.
Me terminé el café, y recibí una llamada de mi amiga Suset, respondí, nos pusimos de acuerdo para ir juntas a la universidad por nuestro título, luego colgué y baje a la cocina, los trastes estaban limpios y Jesse estaba terminando de preparar el desayuno, huevos revueltos y tocino, desayunamos juntos y luego corrimos al mar y nadamos juntos, solo eso, solo nosotros.
- Voy a ir a Managua, mi amiga Suset me ha ofrecido quedarme con ella, fue mi compañera de cuarto durante la carrera y ahora se ha establecido en la capital.
- ¿Quieres que vaya contigo? – preguntó.
- Si quieres venir, podríamos hacer cosas y salir juntos.
- ¿Cuántos días?
- No lo sé aún, voy a avisar en casa, es posible que, de dos a tres días, el trámite no me tomara mucho, podría hacerlo en un solo día.
- Tres días, dime cuando, nos conseguiré un hotel.