Jesse's girl 9
18%

9

Amy

Jesse me llevó de regreso al trabajo, donde pretendí finalizar una jornada laboral, agradecí a mi amiga Samanta, le conté el chisme y luego me fue a dejar a la casa, el día siguiente, Jesse sugirió que nos viéramos y yo lo ignoré, me había comprometido con mi abuela y mis hermanas a preparar la cena de noche vieja, mi mamá y mi tía estaban terminando de armar un muñeco gigante al que llenamos de pólvora y generalmente a media noche lo lanzamos en medio de la calle para prenderle fuego y simbolizar la muerte del año que ha pasado y darle la bienvenida al nuevo año.

Teníamos pensado preparar pavo, que en mi pueblo le llamamos chompipe, el abuelo Raúl había comprado y matado al animal él mismo, pero mi abuela se había olvidado de varios vegetales, así que mientras mis hermanas y yo preparábamos el resto de los ingredientes tuvimos que esperar solas en la casa a que los abuelos regresaran del mercado de comprar lo que faltaba y como era un día festivo sabíamos que los mercados estaban llenos y prácticamente tendríamos que limpiar y arreglar la casa solas.

- ¿Saliste ayer con Jesse? – preguntó Fátima y yo asentí.

- ¿A dónde fueron? – preguntó Wanda.

- Si quieres que te cuente el chisme, tienes que ponerte a trabajar, – le apunte con el dedo – no vamos a hacer todo el trabajo solo nosotras.

- Apúrate, – le dijo Fátima – agarra una escoba que me muero por saber que pasó. – Wanda le hizo caso y comenzó a barrer.

- Fuimos a un restaurante en san Jorge cerca de la playa y luego caminamos por el puerto, me pidió que me fuese a vivir con él. – Fátima abrió los ojos en grande.

- ¿Qué le dijiste? – preguntó Wanda.

- Pues que no, – me encogí de hombros – no ves que sigo viviendo aquí con ustedes.

- ¿Por qué no? – preguntó.

- Uno no se va a vivir con alguien sin estar casado. – le respondió Fátima.

- Ese pensamiento es anticuando, – dijo Wanda – si quieres que el matrimonio dure lo mejor que puedes hacer es tomarse un momento previo para vivir juntos y conocerse

- No es que tenga nada en contra de vivir juntos antes de casarnos, – admití – pero me da miedo irme y que no funcione y luego volver arrepentida como el perro con la cola entre las piernas, sabes cómo son mi mamá y mis abuelos, me lo recriminarían toda la vida ¿y qué tal si no me quieren recibir de vuelta?

- Los abuelos aceptaron que mi mamá nos tuviera a nosotras, – dijo Wanda con ironía – claro que te recibirían, mamá no tendría nada que decir, es la casa de los abuelos no de ella.

- Wanda, mi mamá amenazó con correrme. – le recordé.

- No lo ha dicho en serio, – negó – solo ha sido para asustarte.

- Yo tampoco creo que lo dijera en serio, – dijo Fátima – ella no tiene ningún poder en esta casa y los abuelos nos quieren, tampoco creo que no te reciban de regreso.

- Pero siempre existe la posibilidad de que no me acepten.

Por un momento nos quedamos en silencio, porque sabía que ese miedo de quedarnos sin un techo en el cual vivir, sin una familia que nos acepte y nos aprecie, no era solo mío, era un miedo que compartiamos las tres, luego de un momento Wanda fue la primera en hablar.

- Propongo un trato, – dijo alegremente – como un pacto de hermanas, – Fátima y yo nos mostramos interesadas – yo digo que, si mis abuelos o mi mamá corren a una de nosotras, las otras dos nos vamos con ella, no nos pueden perder a las tres, se verán obligados a dejar que las tres nos quedemos aquí o en el caso que una se vaya y quiera volver, se verán obligados a aceptarla de vuelta.

- Esa es una gran idea, – dijo Fátima – las tres podríamos trabajar y alquilar una casa juntas y seguiríamos siendo una familia.

- ¿Wanda, trabajar? – pregunté incrédula.

- No es que me guste la idea, – dijo Wanda – preferiría y confío en que los abuelos nos dejarán quedarnos, pero en caso de que no fuera así, estaría dispuesta a dejar de estudiar para trabajar y que podamos independizarnos.

- ¿Si sabes que se puede trabajar y estudiar al mismo tiempo? – preguntó Fátima – No necesitas dejar de estudiar, yo he hecho eso.

- ¿En serio? – le preguntó.

- Cuando estaba en la universidad les cobraba a mis compañeros por hacer sus tareas, me ganaba un buen dinerito extra. – le respondió Fátima.

- Sería genial, podríamos irnos a vivir a Managua. – dijo Wanda con entusiasmo y Fátima asintió.

- Entonces – Fátima y Wanda me observaron directamente a los ojos – ¿tenemos un trato de hermanas?

Un sentimiento muy agradable me invadió el corazón completamente, nuestra hermandad me hizo sentir amada, apoyada, comprendida y feliz, fue como un abrazo directo, se me llenaron los ojos de lágrimas, pero no fui lo suficientemente egoísta como para aceptar.

- No me gustaría arrastrarlas conmigo. – dije.

- Se que la que está saliendo con alguien ahora eres tú, – dijo Fátima – pero este es un pacto por las tres, cualquiera de las tres podría enamorarse y/o salir embarazada en cualquier momento.

- Te puede pasar a ti, – dijo Wanda – pero también me podría pasar a mí o a Fátima y necesitamos saber que estaremos ahí para apoyarnos, que tú estarás por nosotras como nosotras estaremos por ti. – yo asentí llena de orgullo.

- ¿Sería muy raro un abrazo en este momento? – pregunté.

Fátima negó y todas dejamos lo que estábamos haciendo y nos dimos un abrazo, luego Wanda ofreció el dedo meñique y susurró: “pacto de hermanas”. Fátima y yo asentimos y aceptamos el dedo meñique y cuando nuestros tres dedos estaban entrelazados movimos la mano de arriba abajo para cerrar el pacto.

Cuando los abuelos regresaron ya teníamos la casa limpia, la abuela y yo terminamos de preparar la cena mientras mis hermanas ayudaban a vestir y arreglar maquillaje y cabello de mi mamá y mi tía, al llegar la noche todo estaba listo, pusimos la música en alto y nos sentamos en la sala a conversar con los vecinos que llegaron a visitarnos. Wanda usaba un vestido nuevo que le había comprado el abuelo Raúl en el mercado, se había acordado de que la última vez que salieron juntos ella le dijo que quería ese vestido.

Wanda se veía demasiado bonita, el vestido corto, con escote estilo corazón, mangas abultadas y pliegues en la falda, hacia que se le vieran los pechos grandes y las piernas largas y estilizadas, se hizo una trenza francesa que le resaltaba su rostro redondo como a mamá y su maquillaje se enfocaba en los ojos, resaltando el negro azabache, le hice un cumplido y ella lo aceptó sin pretensiones, mi mamá por otro lado estaba de tan buen ánimo que me hablaba como si no nos hubiésemos peleado hace menos de una semana.

Al final simplemente pretendíamos como que no pasó nada entre nosotras y nos olvidábamos de nuestras diferencias y peleas fuertes, después de todo, los padres no se disculpaban con los hijos, los hijos eran los únicos que debían pedir disculpas, y no pretendía ser hipócrita, no sentía que merecía una disculpa, después de todo le había mentido, pero guardaba cierto resentimiento por su falta de empatía y su crudeza.

Luego de un par de tragos de ron con coca cola, mi tía y yo estábamos bailando y casi a las diez de la noche todos estábamos cenando y todos alababan lo deliciosa que nos había quedado la comida a mi abuela y a mí, la noche se pasó muy despacio, faltando cinco minutos para media noche pusimos la canción “faltan cinco pa las doce”, a medianoche mi tío y mi abuelo quemaron al “viejo” y salimos a la playa con el resto de los turistas a ver los fuegos artificiales que lanzaron algunos hoteles.

Estaba algo ebria, así que no estaba segura si era imaginaciones mías, pero me pareció ver a Jesse en la playa con una chica a su lado, besándola, el corazón se me apachurro y luego recibí un mensaje suyo “feliz año nuevo” y supe que no era él, no podía besar a una chica y mandar un mensaje al mismo tiempo, le respondí y luego recibí otro mensaje de mi amiga Suset, ex compañera de clases.

Feliz año nuevo ¡te extraño!

También te extraño

¿Cuándo vienes a Managua? Abren la universidad el diez de enero, deberíamos ir juntas a solicitar el título, te puedes quedar en mi casa si quieres.

Gracias, yo te aviso.

Todos estaban bastantes distraídos y aunque me había parecido un día excelente, decidí distanciarme para tener un momento a solas, me fui a la habitación y me senté en la cama, cerré los ojos y traté de imaginarme mi vida sola, con Jesse, lejos de la familia, no solo sin lo malo, sino también sin lo bueno, se me hizo el corazón chiquito y me desperté de dicha fantasía cuando el celular comenzó a vibrar.

- ¡Feliz año nuevo! – gritó Samanta probablemente borracha en cuanto respondí.

- ¡Feliz año nuevo! – le dije.

- ¿Qué haces? ¿Cómo están todos?

- Todos están bien, están afuera viendo los fuegos artificiales y conversando.

- ¿Y vos?

- Yo estoy en la habitación, escondiéndome para que no me den más alcohol y no tener resaca mañana.

- ¿Con quién hablas? – mi mamá apareció de pronto en la habitación, puse el teléfono en altavoz y dije:

- Amiga estás en altavoz, saluda a mi mamá que se vino a acompañarme.

- Hola Ana claudia – le dijo Samanta – ¡Feliz año nuevo!

- ¡Feliz año nuevo! – le respondió cambiando el semblante.

- Ana, hay una fiesta acá en mi casa, le estaba diciendo a su hija que se viniera ¿me la presta? Yo la voy a traer ahorita y la regreso mañana. – eso era nuevo y no lo esperaba, pero fingí estar informada.

- ¿En tu casa? – preguntó mi mamá.

- Si, todo sano.

- ¿Quiénes más están ahí contigo?

- Ah, mis papás, mis abuelos, mis tíos, mis primos, ya sabe, ya los conoce, estamos todos.

- ¿A qué hora la regresaría?

- Después de comer o que se traiga ropa y de aquí nos vamos a trabajar.

- ¿Tienen trabajo mañana? – preguntó mamá insegura.

- Si, dígale a Salvador que no sea tan esclavista, no, mejor no le diga, nos va a terminar corriendo, – mamá negó – présteme a la Amy, yo sé la regreso después del trabajo.

- Bueno, – dijo al fin – pero la vienes a traer ya, no se vayan para ningún otro lado. – le advirtió.

- ¿Cómo cree? Es más, vengase usted también – mi mamá me observó un rato y dijo:

- Yo me quedo acá, pero te llevas a las hermanas también.