8 #3
Estaba sonriendo mientras conversaba, hasta que Jesse sugirió ir a la isla, que a simple vista parecía una idea genial, realmente no conocía, me gustaría, pero pensar en que no tendría una buena excusa para darle a mi madre y que eso aumentaría sus sospechas, me llenaba de miedo solo imaginarme las consecuencias, negué con la cabeza porque era incapaz de decir que no en voz alta, especialmente porque deseaba esas libertades.
- Bueno, – dijo Blaze – Samara conoce a mucha gente en san Jorge, vamos a ir a comer al restaurante de uno de sus amigos y a caminar por el puerto.
- Genial. – dije al tiempo que me obligué a sonreír.
El viaje duró aproximadamente una hora, el restaurante tenía vista al lago y desde la playa podíamos ver la isla con dos volcanes, en cuanto nos bajamos del vehículo Jesse abrió la boca en asombro y sacó el celular para tomar fotos, había estado en esa playa un par de veces antes y cada vez que venía me encantaba la vista.
- ¿Los volcanes están activos? – preguntó Jesse.
- Uno de ellos, creo. – le respondió Samara.
La playa estaba abarrotada de gente, niños bañándose en el lago, vendedores ambulantes y mucho ruido, el restaurante estaba casi lleno, pero igual entramos y nos sentamos, revisé el menú y me pedí un pescado frito, por alguna razón luego de que yo ordenara, todos pidieron lo mismo, estuvimos conversando un buen rato y cuando terminamos de comer, nos separamos para caminar por el muelle, Jesse me tomó la mano y una sensación de pertenencia y orgullo me invadió.
- Te he extrañado. – me dijo en cuanto estábamos a solas.
- Yo también. – admití.
- Salvador me dijo que tuviste un incidente con tu madre por mi culpa, no había querido llegar para no causarte problemas.
- ¿Cómo supo Salvador? – ni siquiera terminé la pregunta.
- ¿Es verdad que te golpeó? – preguntó y yo asentí – ¿Por qué sigues en esa casa con ella? Deberías venir a vivir conmigo.
- ¿Y luego qué? ¿Qué va a pasar cuando te vayas? – levanté una ceja.
- Te puedes quedar en la casa, no voy a irme por mucho tiempo.
- ¿Y si esto no funciona? ¿Qué pasará conmigo? Si dejo mi casa y esto no funciona en algún momento tendré que volver y me tendré que tragar todas mis palabras, no es solo mi orgullo lo que está en juego, también mi dignidad. – le expliqué.
- No tienes por qué volver, si no funciona y no te gusta vivir conmigo, eres una mujer adulta con una carrera y un trabajo, puedes hacer tu vida por tu cuenta, puedes alquilar una casa con amigas o un cuarto y ser independiente.
- Ojalá fuera tan fácil, – negué – mi trabajo es temporal, Salvador solo me contrata por la temporada, justo en una semana ya no tendré trabajo, usualmente iba a la universidad, pero ya acabe, el problema es que mi título aún no sale, y mientras no lo tenga no puedo pedir trabajo como veterinaria.
- Yo te podría ayudar, – dijo Jesse con entusiasmo – incluso si no te gusta estar conmigo y quieres terminar, la casa tiene una habitación extra en la que podrías vivir mientras te estabilizas, ya está alquilada por un par de meses, aún si yo decidiera irme, tú te podrías quedar ahí mientras consigues tu título y tu trabajo.
- No lo sé, no es tan fácil encontrar trabajo, sobre todo en mi rubro.
- No me gusta que estés en un lugar donde te hacen daño, – me tomó ambas manos – creo que estoy empezando a desarrollar sentimientos, a lo mejor solo estoy siendo egoísta y te estoy pidiendo que vivas conmigo por mi necesidad de tenerte a mi lado.
Me acerque más a él y apoye mi cabeza sobre su pecho, sus brazos me recibieron en un abrazo, sentí una necesidad muy grande de llorar, en mi mente al cerrar los ojos imagine que tomábamos un Ferri, que nos dábamos un beso mientras el barco avanzaba, llegábamos a Ometepe y nadie nos conocía, nadie nos juzgaba, nadie le llevaría a mi familia el chisme que nos habían visto juntos, en mi mente era capaz de quedarme esa noche y pasarla con él, dormir a su lado, pero abrí los ojos de nuevo y la realidad era otra.
- Quiéreme. – le pedí en español.
- ¿Qué?
- En español tenemos querer y amar para la palabra “love” – le expliqué – querer es cuando comienzas a sentir algo bonito, amor es algo más profundo, pero hasta ahora solo siento que me deseas.
- Te deseo, – dijo sin rodeos – y no creo que ningún amor, desamor u odio evitará que te siga deseando siempre.
- Está bien, pero quiero que me digas que me quieres.
- ¿Por qué? ¿No prefieres que te lo diga cuando lo sienta?
- No te vas a dar cuenta, – le dije – si me dices que me quieres ahora, y luego me lo dices de nuevo mañana y lo dices cada día, no te vas a dar cuenta cuando verdaderamente lo sientas, de la nada un día caerás en cuenta que estas perdidamente enamorado de mí, lo único que tienes que hacer es repetirme cada día que me quieres, pero tienes que decirlo en voz alta. – él asintió y luego dijo:
- Te quiero.
Y con sus palabras mi cerebro dejó de pensar, me llevó dos segundos ponerme de puntitas y elevarme hacia su boca, donde lo encontré con un beso y en mi mente le dije “yo también te quiero” y así supe que estaba encaminada a entregarme a él, estaba solo un paso más cerca de ser suya, totalmente.
En voz alta respondí:
- Confío en ti.