Jesse's girl 8 #2
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Cuando la jornada laboral terminó estaba casi que caía de sueño y cansancio, caminé hacia la casa, mi hermana me esperaba despierta y le pedí que habláramos la mañana siguiente, solo llegue a colapsar. Al día siguiente fui la última en despertar, pero mis hermanas estaban que comían ansias por saber lo que pasó con Jesse, así que tomamos la taza del café y avisamos que iríamos a caminar por la playa.

- ¿Le dijiste algo a mi mamá? – le pregunte a Wanda en cuando estábamos solas.

- No, – abrió los ojos en grande – te lo juro, – dijo en cuanto notó la mirada de Fátima sobre ella – me llevo al trabajo para interrogarme.

- Lo sabía, – dijo Fátima – era demasiado raro que te llevara a trabajar.

- Me preguntó si sabía algo de un Jesse. – confesó Wanda.

- ¿Cómo supo su nombre? – se cuestionó Fátima.

- No sé, pero obvio le dije que no y le pregunté por qué y me dijo que cree que estás saliendo con alguien a escondidas, luego me preguntó sobre la fiesta y yo obvio que evadí contarle de hombres y te incluí en todo, al final solo me pidió que te echara un ojo, pero no voy a traicionarlas.

- Wanda, – me detuve y ellas se detuvieron detrás de mí – tú dijiste que no eras virgen ¿Con quién perdiste la Virginidad?

- Cuando tú pierdas tu virginidad y me cuentes cómo fue, entonces te contaré de mi experiencia. – dijo cómo si nada.

Seguimos caminando sobre la playa, aunque insistí en saber sobre Wanda ella esquivó respondernos, hasta pensé que lo había inventado, porque ella era bonita y coqueta, pero también fría y nunca la vimos con ningún chico, se me hacía difícil pensar que mi hermana la inalcanzable, se dejara seducir.

Les conté con poco detalle lo que pasó con Jesse, porque seguía desconfiando un poco de Wanda, ellas se emocionaron por mi cómo si hubiera sido suya la experiencia y me preguntaron si tenían que planear algo para que lo volviera a ver, aunque tuve miedo de la amenaza de mi madre, y vergüenza de admitir que era así, entonces dije.

- Prefiero que sea él quien haga el esfuerzo.

- Podemos planear algo para que se vean previo a año nuevo. – dijo Fátima.

- Uy, yo por ese hombre dejaría que mi mamá me deje la cara entera roja – soltó Wanda y nos pusimos a reír.

- Tranquilas, se me va a quitar, voy a salir a hacer surf mañana, el agua siempre me mantiene una piel bonita.

En cierta parte es verdad, el agua del mar mantiene una mejor piel, pero a la vez tenía miedo de estar solo fingiendo seguridad, porque cada vez que estaba estresada las manchas en mi piel incrementaban, aunque había aprendido a vivir con vitíligo, aún me sentía un tanto insegura al respecto, era cómo si entre más se expandirán mis manchas yo cambiara de cuerpo cómo los cangrejos.

Me daba miedo que todo ese incidente hiciera que me viera diferente y que dejase de gustarle a Jesse, hasta pensé en dejarlo, pero cada vez que hablaba con mis hermanas o mis amigas de él me sentía más motivada a seguir con la relación.

La mañana siguiente estaba sentada frente al mar aplicando parafina sobre mi tabla con la intención de hacer surf, seguía cansada y me dolía todo el cuerpo, pero quería hacerlo para distraer mi mente, no tenía intención de montar olas, solo nadar y quedarme varada en medio de la nada meditando, había algunas personas en el agua, no reconocí a ninguna, así que cuando estuve lista solo los ignoré y me metí al océano.

Dentro del agua comencé a recordar el campeonato mundial de surf que fue en Nicaragua, lo mucho que me emocionaba ver a la gente y cuán geniales yo pensaba que eran, yo quería ser así, y a pesar de eso y de lo buena que soy, no tuve en valor de meterme a ningún campeonato, recordé la vez que me pidieron que me uniera, estaba tan insegura de poder hacerlo y estaba tan segura que los abuelos y mamá no me dejarían que les dije no sin considerarlo.

Ya había dicho que no a demasiadas cosas en mi vida ¿No merecía decir que si a esto? Incluso si Jesse no fuese quien decía que era, si tuviera novia o esposa y se fuese y no regresara, aún podría permitirme solo explorar ciertas cosas con él, tenía miedo de tantas cosas, pero en ese momento recordando sobre mi tabla, cuando hice las cosas bien nadie me felicitó, me estaba dando cuenta que mi miedo más grande era no vivir.

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Jesse me dio un nuevo teléfono para que nos comunicáramos, pero prácticamente nunca me escribía, si yo le escribía él era cortante, en ciertos momentos hasta pensé que no le interesaba tanto, al punto de cuestionarme si verdaderamente valía la pena enfrentar a mi madre y decepcionar a mi familia por un hombre que decía una cosa, pero hacia otra.

No era una persona obsesionada con las redes sociales, pero desde que tenía el teléfono estaba constantemente revisando a ver si Jesse había compartido algo, posiblemente porque quería saber si era que simplemente pasaba de mí o si verdaderamente estaba tan ocupado, para mi tranquilidad cada vez que lo había visto activo en sus redes también me había respondido mensajes.

Pasaron varios días sin que viese a Jesse, y esos días tampoco hablé con mi madre, estaba tan enojada con ella como ella estaba enojada conmigo, si se sentía culpable de haberme golpeado no lo demostró y mis abuelos no cuestionaron su acción cuando me preguntaron que quien me había golpeado y les dije que mi madre, el golpe dilató dos días en desaparecer del todo y eso dice que tan fuerte fue, al menos Jesse no tuvo que verlo.

Mi día libre era el treinta y uno de diciembre, pero el de Samanta era el treinta, así que Jesse se ofreció a pagarle por hacer mi turno ese día y que yo me pudiera escapar con él, paso a traerme al trabajo en un Todoterreno, en la parte del conductor estaba un joven cabello rojo con muchas pecas que jamás había visto en mi vida con una chica muy guapa sentada a su lado, ella parecía mayor que él, pero no se notaba mucho, Jesse desde el asiento de atrás me invitó a subirme.

- Hola, – Jesse me dio un beso en los labios en cuanto me subí al vehículo – chicos esta es mi novia Amy, – me presentó – ellos son mis amigos Blaze y Samara.

- Mucho gusto. – saludé.

- El placer es nuestro. – dijo Samara.

- ¿Estás lista para divertirte? – preguntó Blaze – Jesse nos ha contado que te gusta el surf – con una mano hizo la seña de Shaka.

- Me encanta – le respondí el saludo Shaka con mi mano derecha – ¿ustedes también hacen surf?

- No realmente, – dijo Blaze – Jesse se ofreció a enseñarnos, quizás algún día aceptemos la invitación.

- No vamos al mar, – me explicó Jesse – vamos al lago, Samara es dueña de un hotel en Ometepe.

- ¿Vamos a Ometepe? – pregunté incrédula.

- No, – dijo Samara – en este momento estaría difícil encontrar un ferri que nos llevase y nos trajera, incluso si lo encontráramos, tendríamos que quedarnos para poder disfrutar de la isla.

- ¿Has estado en la isla? – preguntó Blaze.

- Mis abuelos me llevaron una vez cuando estaba pequeña, pero no recuerdo.

- ¿Te gustaría quedarte? – preguntó Jesse.