Jesse's girl 7 #2
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7 #2

Jesse se retiró dejándome sola, cuando regresó traía con él una bolsa de regalo un poco arrugada, me la entregó, la abrí y note una caja, cuando la saqué puse la bolsa sobre una de las sillas en el balcón, sostuve la caja con una mano mientras utilicé la otra para abrirla. Un celular, no un iPhone como el que tenía anteriormente, un Samsung de gama media, no era extravagante, pero era funcional.

- Gracias. – le dije.

Pensaba comprarme uno, pero no iba a decirle eso, estaba agradecida porque el hombre que estaba interesado en mí y que recién me conocía me había comprado un regalo pensando en mis necesidades sin que yo se lo pidiera y sin que yo le hubiera comprado algo, esperaba que no deseara algo a cambio.

- Así tendremos forma de comunicarnos cuando no esté en el país. – dijo.

- No te compré nada, ahora me siento mal.

- Tu presencia es más que suficiente.

Sonreí y él se acercó a mí, me tomó por la cintura para atraerme a su lado, y luego me besó, aún con el celular en mano lo rodeé con los brazos alrededor de su cuello y me deje perder en su boca, su piel contra la mía se sentía demasiado bien, el tacto al besarlo era adictivo, lo mordí y abrí los ojos, observe como se detuvo unos segundos para devorarme con la mirada antes de volver a arremeter contra mi boca, el beso se tornó más apasionado, mis pechos estaban presionando su cuerpo, el beso se extendió dando paso a un fuego en mi interior, exteriorizándose entre mis labios en un gemido.

Me separé de inmediato, avergonzada por tal cosa, ninguna persona me había provocado eso antes, de todos los que bese en la universidad, ninguno me hizo sentir ese fuego, si había hecho a hombres gemir, a veces los tocaba provocando erecciones que terminaban en pantalones mojados y eso era todo, porque las únicas veces que había estado excitada antes de esta ocasión había estado sola.

- Lo siento. – dije y él negó.

- De saber que un teléfono te pondría así de ardiente te hubiera comprado el más caro. – bromeo.

Le golpee el hombro y me reí, me alejé hasta sentarme sobre la cama, encendí el teléfono para configurarlo, mientras esperaba que cargara observé el piso, había algo extraño, me agache y jale un pedazo de ¿látex? que casi desaparecía entre la cama y la sábana que caía, lo recogí y descubrí que estaba usado con fluidos totalmente asquerosos, lo deje caer y me levante rápidamente asqueada.

- ¿Todo bien? – Jesse me sostuvo cuando al retroceder choqué con él.

- ¿Estuviste aquí con otra mujer? – pregunté.

- ¿Qué? no.

- ¿Por qué hay un condón usado debajo de la cama? – no pierdas la dulzura de tu carácter me recordé a mí misma.

- No lo sé. – me movió a un lado con delicadeza para pasar frente a mí y observarlo – debe de ser del dueño de la casa, creo que se estaba quedando aquí antes que yo, puede que no limpiaran bien, se lo dejaré saber. – dijo con mucha calma.

Tanta calma que parecería convincente, si no fuese porque yo misma sostuve el condón en mis manos y no parecía viejo, negué, parte de mi estaba molesta porque sabía que mentía, y la otra parte que no tenía pruebas de lo contrario me hacía sentir frustrada, estaba obligada a creerle, realmente no llevábamos mucho tiempo saliendo, apenas había reconocido que estaba dispuesta darnos una oportunidad, aún si hubiera estado con otra mujer, no me había traicionado.

- ¿No has estado con otra mujer? – pregunté – en el tiempo que llevas pretendiéndome.

Jesse se quedó en silencio por un largo rato, y estaba decidida a tomar el silencio como una afirmación cuando decidió hablar de nuevo.

- No he estado con ninguna mujer desde que te confesé que me gustabas y decidimos darnos una oportunidad y sé que dijiste que no tendríamos sexo y yo estuve de acuerdo con eso, pero quiero que sepas que voy a seguir intentándolo, no te voy a fallar, me interesas de verdad.

- ¿Cómo sabes que no me vas a fallar? ¿Cómo sabes que no vas a ceder ante tus necesidades cuando yo me niegue a satisfacerte?

- ¿Si sabes que me puedo masturbar? Podría hacerlo aquí mismo, – dijo – frente a ti, podría satisfacerme y tú seguirías siendo virgen, no necesitaría fallarte para satisfacer con mis necesidades.

- ¿Podrías? – pregunté temiendo de mis propias palabras.

- Solo con verte. – lo observé bajar la cremallera y entonces lo detuve.

- ¡No! – exclame temerosa, el me observó y se detuvo.

- Ven, – me pidió – hazlo tu.

Me acerqué a él, coloqué mi mano sobre su entrepierna y note como un bulto crecía a medida que apretaba, él me observo y asintió.

- Este es mi regalo de navidad, así que no creas que se va a repetir. – le aseguré.

Mi mano siguió masajeando sobre su miembro, el bulto cada vez estaba más duro, parte de mi deseaba liberarlo, pero sabía que si lo hacía no podría detenerme, mi mente ya estaba demasiado distraída imaginándose como sería, levanté el rostro y lo vi a los ojos, que pasaron de un tono miel claro a un dorado más opaco, todo su cuerpo gritaba de deseo, sus caderas comenzaron a moverse hacia mi mano.

Sabía que se estaba reprimiendo, que me estaba permitiendo darle todo lo que era capaz en el momento, sabía que anhela más y también deseaba dárselo, pero mis miedos me lo impedían. quería que avanzara un poco más, rompiendo las líneas del respeto y los límites, que me tomara con locura y me arrebatara mis temores, pero no lo hizo, entonces lo solté, coloque ambas palmas de mis manos sobre su pecho y lo empuje hacia la cama, él se dejó caer sentado, me levante el vestido solo un poco y me senté sobre él.

volví a besarlo y deje que mi cuerpo tomara su ritmo natural, sus manos cubrieron mi espalda y bajaron hacia mis caderas, indicándome el ritmo que deseaba, lo sentía desesperado y ardiente en cada rose, comencé a cuestionarme absolutamente todo ¿deberíamos hacerlo? ¿Aquí? ¿Ahora? Su mano se deslizó sobre mi ropa interior, entrando en contacto con mis glúteos.

Jesse presionó sacando de mi otro gemido y me pregunté ¿es esto placer o tortura? Sus labios descendieron de mi boca hacia mi cuello ¿qué tanto debería permitirle hacer? ¿Cuánto es suficiente? ¿En qué momento deberíamos parar? ¿Cómo evito llegar demasiado lejos? Mi cabeza estaba por explotar no estoy haciendo nada malo me recordé. No quedaré embarazada con solo rozarnos.

Jesse se dejó caer sobre la cama y me llevó consigo, estaba encima de él, con sus manos sobre mis caderas, guiándome en movimientos apresurados, lo seguí besando con desesperación, mis quejidos se volvieron cada vez más constantes y supe que si no hacia algo para detenernos pronto terminaría cediendo, dejé de besarlo sin dejar de mover mis caderas, me levante un poco con mis brazos alargados entre nosotros sosteniéndome sobre sus hombros.

Escuche a Jesse gemir debajo de mí, lo observé, estaba a mi disposición, para lo que yo quisiera y eso me hacía sentir poderosa y fuerte, ver que era yo la que tenía el control, que podía frustrarlo y dejarlo sin terminar a cómo podría hacerlo venirse debajo de mí, sin si quiera habernos quitado la ropa, su rostro estaba cargado de toda la tensión sexual que habíamos creado, de placer y expectativa, de deseo, note sus manos soltar mis caderas y elevarse hacia mis senos, los acarició por encima del vestido, su necesidad por tenerme me hizo sentir sexi, pronto perdí el control y me moví con más fuerza, más rápido.