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Amy
Mis hermanas y yo nos despertamos la mañana siguiente para limpiar el desastre de la noche anterior, eso es lo que hacemos cuando queremos que nos den permiso, increíblemente hacemos buen equipo. Un par de horas más tarde, luego de comer el relleno de la vecina comenzamos a alistarnos para la fiesta.
Me puse el vestido que antes era de Wanda, lo divertido fue verla a ella intentar meterse en el vestido talla pequeña cuando su cuerpo era de contextura media, no consideraba si quiera que ella fuese gorda, de hecho, su talla le permitía tener las curvas que tanto a Fátima como a mí nos hacían falta, se podría decir que ella era la más bonita de las tres.
- Para nada me purgue esta semana. – se quejó.
- Debiste pensar en el vestido cuando te estabas llenando de cerveza ayer. – le recordó mi madre.
- No es la cerveza, – dijo Wanda – es el periodo que me tiene hinchada.
- ¿No tienes cómo una semana ya con el periodo? – preguntó Fátima.
- ¿Te purgaste estando con la regla? – preguntó mamá molesta.
- ¿Qué tiene de malo? – pregunté yo.
- ¡Es malísimo! Se deshidrata el cuerpo, por eso pasa durmiendo todo el día.
- Pasa durmiendo todo el día todos los días. – le respondí a mi madre.
- Y porque es una holgazana. – agregó Fátima.
- No mamá, el periodo me vino después de purgarme y estoy bien. – dijo Wanda, luego se dirigió a Fátima y a mí señalando con los dedos una V sobre sus ojos y luego a nosotras.
Fátima me hizo alació el cabello y Wanda me ayudó con el maquillaje, ambas estaban emocionadas por conocer a Jesse, y yo de verlo y pasar más tiempo con él. Pero también por divertirme con mis hermanas y Samanta, que llegó prácticamente al mismo tiempo que el taxi.
La fiesta estaba llena de turistas, tanto locales como extranjeros, me tomaría tiempo dar con Jesse, pero no quería enfocarme en encontrarlo así que apenas llegamos tome la mano de Samanta para ir a la pista de baile. Ella no se dejó llevar, se quedó estoica y me dijo.
- Espera, vamos por unos tragos primero para ponernos en ambiente.
La música que sonaba era tecno, algunas personas bailaban solo meneando la cabeza y otros parecían estar teniendo un ataque epiléptico, Wanda me tomó la mano y fue a bailar conmigo mientras Fátima y Samanta iban por unas bebidas. Una chica lanzaba purpurinas en el aire y de pronto vi como el rostro de mi hermana brillaba en fucsia fluorescente.
- Esta música es aburrida, quiero que me pongan a Bad bunny. – dijo Wanda.
La vi alejarse de mí y caminar hacia el Dj, de pronto me quedé sola y noté como alguien me tocó el hombro, me giré esperando encontrar a mi hermana, pero era una persona que no conocía, un joven extranjero, posiblemente europeo, bastante simpático.
- Hola – enseguida reconocí el acento español – ¿quieres bailar? – preguntó sobre la música.
- Gracias, pero ya tengo pareja de baile.
Giré para observar a mi alrededor y ninguna de mis hermanas estaba a la vista, el joven se alejó de mí y me quedé sola en el centro, meneando la cabeza al ritmo de la música, seguí observando a mi alrededor, la mayoría de las personas estaban descalzos sobre la arena, las chicas vestían top del bañador y shorts, los chicos algunos tenían el torso al descubierto y otros se cubrían con camisetas.
En una esquina un grupo de extranjeros fumaban de una pipa, recordé la única vez que había consumido marihuana y fue durante la universidad, mi amiga Suset y compañera de cuarto insistió para que fuéramos a un concierto, y luego de embriagarnos esa noche terminamos fumando unos porros con los de la banda, lo más gracioso fue que la marihuana lo único que me provocó fue sueño, así que regresamos casi de inmediato a los dormitorios.
De pronto volví a ver a Samanta, mi amiga era un poco más baja que yo, casi tan delgada cómo Fátima, de piel morena, ojos grandes y oscuros, nariz pequeña y labios grandes, su cabello era lacio, negro y lo lleva en V a la mitad de la espalda, se podría decir que era atractiva, aunque ella no estuviera tan conforme consigo misma, de vez en cuando es un poco insegura y no la culpo, hace poco más de un año que salió de una relación abusiva donde su ex no hacía más que ridiculizarla por su apariencia.
Cuando la conocí ella pesaba mucho más, era cómo una versión más baja de Wanda y observé cómo en los dos años que estuvo con su ex fue bajando de peso, luego que terminó con él comenzó su proceso de auto descubrimiento, aún no sabía si ya lo había superado, de vez en cuando la escuchaba decir que estaba ahorrando para ponerse nalgas en Venezuela, pero la mayor parte del tiempo me sonaba a broma. Ella se acercó con dos bebidas en las manos.
- ¿Dónde está Fátima? – pregunté.
- En el baño, no tarda en venir ¿y Wanda?
- Creo que fue a hablar con el DJ, pero ya no la veo.
Segundos después escuchamos a Bad Bunny por los parlantes con la canción callaita, vi a Wanda acercarse bailando y cantando a todo pulmón “Tiene un culito ahí que le acabo de textear, eh, Pero en bajita, ella no es de frontear” pronto vi también a Fátima con otras dos bebidas, le ofreció una a Wanda, yo tomé la que tenía Samanta e hicimos un brindis.
- Arriba – dijimos todas a la vez que levantamos las botellas de cerveza Victoria – abajo, al centro y pa´ dentro.
Todas chocamos las cervezas antes de dar el primer trago y seguimos cantando “Pero pa'l sexo es atrevida, yo sé Marihuana y bebida, Gozándose la vida como es” bailamos por un buen rato hasta que la canción terminó, le siguió otra de bad bunny, titi me preguntó y con esa nos terminamos las cervezas.
Bad bunny sonó un par de canciones más que no reconocí y cuando Wanda se dio cuenta volvió a desaparecer para pedirle al DJ que siguiera reproduciendo la música que a ella le gustaba, Samanta y Fátima volvieron a ir por más cerveza y casi creí que estaba sola cuando mire a Jesse a lo largo, en short blanco y una guayabera del mismo color, lucia exquisito, su cabello peinado hacia atrás y sus maravillosos ojos color miel estaban sobre mí.
- ¿La estás pasando bien? – preguntó al estar cerca y yo asentí.
Jesse posó su mano sobre mi mejilla para levantarme el rostro y darme un beso corto, en cuanto nuestros labios se rozaron sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo, me alejé de él y observé a mi alrededor, en busca de alguien conocido y a las únicas que vi fue a mis hermanas que estaban junto a Samanta viéndonos, Wanda me guiñó el ojo y yo negué.
- Ven, te voy a presentar a mis hermanas, – Lo tome de la mano y me acerque a ellas – a Samanta ya la conoces, ella es Wanda, la menor y Fátima, la mayor.
Jesse les estrechó la mano, las saludó con un beso en la mejilla y esa sonrisa arrebatadora capaz de conquistar el mundo, Wanda sonrió de oreja a oreja cómo boba y Fátima también, hasta parecían orgullosas de mí.
- ¿Ustedes no habían ido por más cerveza? – pregunté.
- Ah si, solo tienen Toña, – dijo Samanta – estaba pensando en tequila.
- Ni se te ocurra mezclar, – le amenacé – la abuela dijo que nada de embriagarnos.
- Ay no, si aún tengo resaca de ayer. – admitió Fátima.
- La resaca solo se saca con otra resaca, – dijo Wanda – si nos embriagamos las tres no es posible que nos castiguen a todas.
- Entonces ¿tequila? – preguntó Samanta, todas nos observamos y asentimos – ¿y tú Jesse?
- Tequila, – le respondió – yo invito.
Jesse se alejó de nosotras hacia la barra de los tragos, en cuanto estaba lo suficientemente lejos las chicas se acercaron hasta formar un círculo y por un momento me sentí el centro de atención y era extraño.
- ¿Cuál es el plan? – preguntó Samanta – ¿los dejamos solos?
- Podemos hacer como que queremos ir al baño y luego te lo llevas, – sugirió Fátima – trata de regresar a tiempo, sabes que el taxi vendrá a recogernos.
- Está tan guapo como en las fotos, – admitió Wanda – pregúntale si tiene amigos para nosotras.
- Nada para nosotras, – le riñó Fátima – no estés de loca.
- Ey ¿por qué ella puede y nosotras no?
- Porque esto no es una competencia. – afirmó Fátima
- ¿Y a dónde se supone que voy a ir? – pregunté – ¿no se supone que venía a pasarla bien con ustedes?
- Vienes a pasarla bien, – dijo Samanta – fin.
Jesse regresó con una bandeja de shots con sal en el centro y rodajas de limón en los lados, cada uno tomó el suyo, hicimos un brindis “salud” y luego bebimos hasta el fondo, los únicos que no arrugaron la frente fueron Wanda y Jesse, luego él nos avisó que dejó la tarjeta en la barra con la cuenta abierta para que pudiéramos pedir cualquier cosa a su nombre y las chicas agradecieron antes de desaparecer para ir al baño.
- Te tengo un regalo, – me dijo – está en mi casa, – me tomó la mano – vamos.
Lo seguí bajo el ruido de la música tecno, todo el mundo parecía estar en lo suyo, salimos hacia la playa y caminamos en silencio por un largo rato, mis pensamientos quedaron en blanco, y así a medida que nos alejábamos la música cesó y mi ansiedad también, de pronto estábamos frente a una casa de dos pisos pequeña, no directamente frente al mar, había quizás dos frente a esa.
Jesse sacó las llaves de su bolsillo y abrió la puerta, observe hacia adentro, sillones de madera con cojines color rojo vino, paredes en un azul marino, la luz se encendió y la iluminación me permitió ver un poco más adentro, una cocina espaciosa, escaleras que llevan a lo que supuse era su habitación, lo observe a él esperando que entrara mientras seguía sosteniendo la puerta a su espalda, di un par de pasos y pase frente a él, la puerta se cerró.
- ¿Quieres un recorrido? – me preguntó y yo asentí.
Me mostró la sala, sobre la pared había una pintura del atardecer que hacía juego con el sofá, en la cocina todo parecía estar desordenado, habían bolsas con frutas y vegetales que aún no había desempacado, trastes sucios y botellas abiertas que no terminó de beber, subimos las escaleras hacia la habitación, la cama era grande, estaba desordenada, había un balcón, abrió las puertas de madera y salimos, desde una esquina se podía ver el mar en la oscuridad, el viento sopló un poco de aire fresco y yo me cubrí con los brazos.