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Rick
Durante quince años Jesse y yo habíamos sido como hermanos, puede que se debiera a que él era el menor de cuatro hermanos y que supiera mejor que yo cómo tratar a los demás como familia, siempre pensé que él era extrovertido porque provenía de una familia caótica y yo era introvertido porque era hijo único.
Nuestra forma de socializar no era lo único que me diferenciaba de Jesse, puede que tuviéramos la misma edad, pero en muchas ocasiones sentía que mental y emocionalmente era muchísimo mayor que él. El hecho de que jamás sentara cabeza, de que no se dignara a tener una relación seria, me parecía un poco infantil de su parte, pero esas eran las cosas que lo hacían ser él.
Jesse y yo asistíamos a la misma escuela secundaria y por diferentes razones pasábamos poco tiempo en nuestras casas, yo me la pasaba metido en la biblioteca leyendo o en actividades extracurriculares como las clases de piano que mis padres me habían pagado, o las de violín y las de canto, mi madre sabía que me encantaba la música, mi padre, él hubiera preferido que en lugar de inclinarme hacia el arte lo hubiera hecho hacia los deportes.
Mi padre era un exmarine, siempre fue grande y fornido, conoció a mi madre en la secundaria y estaban juntos desde entonces. Mientras mi papá trabajaba, mi madre dedicó su vida al hogar, iba al brunch con sus amigas los sábados, íbamos a misa los domingos, me ayudaba con las tareas, íbamos de compra juntos, visitábamos museos, gracias al tiempo que pasé con ella fue que aprendí a vestirme bien y a cultivar mi mente.
Mi padre pasaba tan poco tiempo en la casa que era difícil que quisiera tomar algún interés en sus gustos, de pronto quería jugar baloncesto, instaló en el garaje una canasta y jamás encesté el balón, luego intentó hacer que aprendiera a jugar soccer y nunca supe a cuál cancha tenía que lanzar el gol, intentamos con varios deportes y el único en el que fui medianamente decente fue el tenis y eso porque lo practicaba esporádicamente con mi madre.
Lo intentaba y creo que por eso mi padre nunca fue tan obvio en lo decepcionado que estaba de tener un hijo varón que no fuese el prototipo ideal de un macho alfa, siempre que fallaba y notaba que no mejoraba, él ocultaba su frustración, me daba una o dos palabras de ánimo y luego lo dejábamos, nunca estuve totalmente seguro de cuan decepcionado estaba hasta que notó que al menos en el tenis no era tan malo y no pudo ocultar su emoción, al final de cuenta no fui lo suficientemente bueno para entrar en torneos y decidí dejarlo.
Ver tan orgulloso a mi padre me hizo querer ser bueno en algo que a él le gustara, si había algo en lo que destacaba y tenía potencial era la natación, así que a los quince años me inscribí en el equipo de natación, fue ahí donde conocí a Jesse, él era el mejor de nuestro grupo, y aunque yo era bueno, no lo era tanto como él, así que luego de que el instructor me gritara que lo estaba haciendo mal la primera semana, Jesse se ofreció a enseñarme cómo hacerlo mejor luego de clases.
Jesse me ayudó a perfeccionar varias técnicas para que fuera tan bueno como él y una semana más tarde de haberlo conocido le invité a mi casa para que nadáramos en la piscina que teníamos, recuerdo su rostro de asombro luego de atravesar la puerta de la casa, hizo un wow en silencio, pasó su mano por el piano y luego se dirigió hacia mí y me dijo.
- ¿Eres rico?
- Creo que mis abuelos son ricos. – le respondí
No me consideraba rico, las personas de dinero hacían cosas que nosotros no, nosotros no poseíamos casas para vacacionar, ni yates u aviones privados, pero era consciente que económicamente estábamos bien, nunca nos faltó nada, jamás escuché a mis padres quejarse por dinero, podían pagarme institutrices y clases de música, etc. Mis abuelos, los padres de mi padre vivían en Malibú, siempre íbamos a pasar vacaciones de verano con ellos, ellos tenían autos deportivos, pinturas de Monet y un acuario con tiburones.
Los abuelos de mi mamá también tenían dinero, pero casi no los veíamos porque casi siempre estaban viajando por el mundo, mis abuelos paternos nos acogían en su casa de playa un par de meses al año desde que tenía memoria, compartíamos tanto que éramos muy unidos, así que cuando estuve ese verano con ellos les conté que había entrado al grupo de natación y que había conocido a Jesse, les hablaba tanto de él que me pidieron que lo invitara las próximas vacaciones.
No le dije a Jesse de inmediato, no estaba seguro de querer compartir tanto con él, pocas semanas después de volver de vacaciones Jesse y yo comenzamos a pasar más tiempo juntos, él se interesó por mis gustos, le gustaba la misma música que a mí, así que cuando le comenté de las clases de canto y música, pensó que era genial y me preguntó si podría observar, pronto mi madre estaba pagando clases para los dos.
Aprendimos a tocar varios instrumentos juntos, nos divertíamos tanto que incluso pensamos en tener una banda de rock juntos, cuando le comenté la idea a mi padre durante la cena, me pidió que invitara a Jesse a cenar y cuando mi padre lo conoció fue amor a primera vista. En un principio solo veía la aprobación de mi padre hacia el amigo que había hecho. Me sentía feliz, era como ganar un hermano.
Teníamos seis meses de ser buenos amigos cuando le comenté a Jesse sobre pasar el verano en casa de mis abuelos, me dijo que le encantaría, pero que primero tenía que conocer a sus padres. Fue la primera vez que pisé su casa que fui verdaderamente consciente de las diferencias entre Jesse y yo. Quisiera decir que me dio alegría conocer a su familia, pero en realidad solo sentí una profunda tristeza.
La casa de Jesse no era nada de lo que me había imaginado. Pensaba que encontraría un hogar humilde, pero no tan deprimente. Su hogar se encontraba en uno de los barrios más pobres y con más delincuencias en toda la ciudad, había demasiadas cosas acumuladas en la entrada, luego Jesse me explicó que cuando se mudaron no habían alcanzado todas sus cosas porque la casa era más pequeña que la anterior.
Entramos y me di cuenta de que su madre no estaba porqué trabajaba hasta tarde, su padre se había peleado con su madre porque lo habían despedido del trabajo y no apoyaba económicamente, Jesse tenía semanas sin verlo, pero volvería, eso me dijo él. Dos de sus hermanos mayores estaban en casa, Cory quien estaba fumando un porro y era tres años mayor y Frank quien era cinco años mayor y estaba con una chica. Cada uno en su mundo.
Luego de abrirse conmigo entendí porque Jesse pasaba tanto tiempo fuera de su hogar, nadie querría estar en un lugar así, la casa se estaba cayendo a pedazos. Sus hermanos eran unos holgazanes buenos para nada y su padre los había abandonado cuando más lo necesitaban. Su madre a quien conocí esa misma noche, Fay, era la mujer más hermosa que había visto, se acercaba a los cincuenta años y era guapísima y elegante.
La madre de Jesse era adorable, ella y mi madre se llevaron de maravilla incluso con sus diferencias, al punto que no puso peros para que Jesse viniera conmigo en las próximas vacaciones. Fay era como una segunda madre para mí, o al menos así la quería y sé que ella me llegó a querer mucho también, aunque el resto de sus hijos no me mirase con buenos ojos.
Jesse y yo entramos en competencias de natación en grupo y ganamos varias. Sin embargo, mi padre no parecía tan emocionado de que hubiésemos ganado, celebraba con nosotros y asistía a la mayoría de los torneos, pero no sentía que hiciera lo que él quería, cuando le comenté a Jesse sobre mi insatisfacción con los deportes y mi padre. Me sugirió que entráramos juntos al equipo de futbol americano, no pensaba que pudiera hacerlo, pero Jesse creía en mí.
Practicamos por meses y cuando hicimos la prueba, Jesse entró al equipo y yo no, insistió en que siguiéramos practicando y así dejamos el equipo de natación y nos enfocamos en entrenar hasta que pudiera entrar. Estando en el equipo de futbol fue cuando descubrí el poder que los deportistas influyen en las chicas, de pronto había chicas acercándosele a Jesse, algunas bonitas y otras no tanto. Sin embargo, nosotros no teníamos mucho tiempo para eso.
Quería entrar en el equipo, pero tampoco quería que por pasar tiempo el uno con el otro nos perdiéramos de experiencias con chicas, le comenté a Jesse que si quería salir con alguien yo no tenía problema y me dijo que su principal objetivo era que yo hiciera orgulloso a mi padre. Insistió tanto al entrenador en que me diera una oportunidad que el entrenador aceptó que yo entrara a bancas si él hacía que ganaran el próximo partido y así fue.
Normalmente no me seguían tantas chicas como a Jesse, yo era atractivo, varias gustaban de mí, pero la que me traía loco era Debbie. Tenía el cabello largo, oscuro y unos hermosos ojos verdes, su cuerpo era atlético, era hermosa, pero también era muy lista, le encantaba la literatura, lo supe cuando leyó su ensayo en la clase de inglés sobre sus más grande pasiones. Estaba enamorado de ella y no fue hasta que entré al equipo de futbol que me decidí a hablarle.
Mi padre fue a los partidos para apoyarme incluso cuando yo no jugaba, luego supe que no era precisamente por mí que iba sino por Jesse. En lo que quedó del año no jugué ni un partido, ni si quiera el único que perdimos. El verano llegó y Jesse y yo pasamos vacaciones con mis abuelos, obviamente lo amaron en seguida. Ese verano practicamos toda clase de deportes acuáticos juntos, jet ski, waterboarding, buceo, e incluso aprendimos a hacer surf.
Quisiera decir que me gustaba tanto el surf como a Jesse, habíamos sido amigos y compartido por más de un año muchos pasatiempos, pero este no sería uno más, no era bueno y no me gustaba hacer algo en lo que no fuera bueno; sin embargo, Jesse era excelente, tanto así que no hacía más que hablar de surf cuando volvimos a clases luego de las vacaciones, habíamos hecho muchas cosas, pero él solo contaba lo relacionado al surf.
- En serio, no puedo esperar a las próximas vacaciones para que mi mejor amigo me vuelva a invitar a casa de sus abuelos. – Dijo Jesse.
Ese año durante mi cumpleaños descubrí que en casa de Jesse nadie celebraba fiestas, ni si quiera eran religiosos, mi madre intentó convencer a Fay de que se uniera con nosotros a misa, pero no hubo forma de persuadirla, Jesse tampoco iba, para ese entonces ya estaba saliendo con una chica del colegio. Yo, por mi parte, comencé a enamorar Debbie, le escribía notas que dejaba en su casillero y la invité a salir luego de que me permitieran jugar por primera vez en el equipo.
Ella y yo comenzamos a salir formalmente cuando la invité al baile de invierno, al cual Jesse llevó a una chica diferente con quien yo pensaba que estaba saliendo inicialmente. Salir con chicas no impedían que siguiéramos pasando tiempo juntos, siempre estábamos en prácticas o en clases de música, pero tener novias nos brindó una clase de individualismo que no poseíamos hasta el momento, y quiero decir que presentarle a Debbie a mi padre lo hizo tremendamente orgulloso y verme ganar un partido también y no hubiera hecho ninguna de ambas cosas si Jesse no hubiera sido mi amigo.
El tiempo comenzó a pasarse más rápido, cuando las vacaciones de verano llegaron el siguiente año mis abuelos le obsequiaron a Jesse una tabla para hacer surf, ese año también me acompañó Debbie, mi novia, aunque fue solo por una semana y fue en casa de mis abuelos que ambos hicimos el amor por primera vez. Jesse había intentado darme consejo, puesto que el perdió la virginidad antes que yo, el problema es que lo hizo con una mujer mayor y que además era casada, le dije que lo que había hecho no estaba bien y que aparte no era legal, esa fue la primera discusión fuerte que tuvimos.
Realmente no quería estar molesto con Jesse, así que me disculpé por ser tan prejuicioso y escuché su consejo, pero al momento de estar con Debbie en lo último que pensé fue en lo que él me había dicho. Ambos éramos inexpertos y torpes, pero nos amábamos y lo disfrutamos, con el tiempo fuimos mejorando. El tiempo se pasó demasiado rápido a partir de ahí. En un abrir y cerrar de ojos estábamos en último año, casi tres años habían pasado y ni Jesse ni yo sabíamos que queríamos hacer con nuestras vidas. Un día de la nada me dijo.
- Creo que voy a unirme a los marines.
- ¿Por qué querrías hacer algo así? – le pregunté.
- No sé, realmente no tengo nada más en mente y creo que servir a nuestro país es una buena forma de invertir mi tiempo y hacer algo valioso.
- ¿Entonces no lo haces por mi padre?
- Quizás si ¿te molestase si también quisiera hacerlo orgulloso? – sonreí al escucharlo y negué.
- Para nada, después de todo somos como hermanos. – Jesse me vio con determinación
- Somos hermanos. – dijo.
- Sabes que yo tampoco tengo nada por hacer, no hay una universidad que me interese ni una carrera que me apasione, – dije luego de un rato – quizás yo también me uno a los marines, aunque sea solo para probarle a mi padre que puedo hacerlo.
Y así fue, ambos nos enlistamos a los marines después de acabar la escuela y así fue como nuestra amistad terminó fortaleciéndose aún más, como hermanos.