5 #2
- ¿Eres virgen? – preguntó al fin y no pude decir nada, solo asentí – ¿Es por tu religión? – negué – Entonces ¿No estás cerrada a la idea de intimar?
- No. – dije finalmente y el asintió.
Jesse se quedó en silencio por un largo rato, uno o dos minutos, de pronto sentí que necesitaba otra cerveza, lo observé fruncir el ceño, procesando mis palabras, como si estuviera decidiendo si valgo la pena o no y de pronto fui consciente como su decisión podría afectarme, si dijera que no ¿estaría definiendo él mi valor? No, claro que no, no podía permitirme darle ese poder.
- ¿Sabes qué? – le interrumpí – Entiendo que eres un hombre sexualmente activo que tiene necesidades y sé que estar conmigo puede hacerte salir de tu zona de confort, no te estoy pidiendo nada, si tienes que cambiar el vuelo nuevamente o quieres estar con alguien más, está bien por mí, no vas a lastimar mis sentimientos si decides que no quieres intentarlo conmigo.
- Si, – dijo tan rápido que me costó entender – si quiero intentarlo contigo.
Su voz estaba llena de confianza, y aunque no quería, me hizo sentir bien, y a pesar que no deseaba demostrarlo no pude evitar sonreír, le dije a mi cuerpo que no, pero no me escuchó cuando decidió lanzarse sobre él con mis manos abrazadas a su cuello para besarlo nuevamente, él me recibió como si hubiera estado esperando por ese beso toda su vida, sus labios tomaron el control del ritmo bajando la intensidad, pasando de lo apasionado a lo tierno, su mano acarició mi mejilla y me hizo sentir un escalofrío que terminó separándonos.
- Yo tampoco he estado con una chica virgen, espero estar a la altura.
Jesse y yo nos quedamos un rato más sobre la arena contemplando las estrellas, me contó sobre lo que había hecho los días que no había estado en la playa, me dijo que fue a Managua a solicitar una extensión de visa y que en el camino conoció a personas que estaban viajando de regreso a Rivas y que en San Juan del sur tenían un bote en el que hacían pesca deportiva.
Me mostró fotos del grupo de personas nuevas que conoció, lo habían invitado a pescar y él había ido con ellos, me enseñó los peces que logró atrapar, cuando me preguntó sobre mi le hablé sobre mis hermanas y mi madre, le conté que mi hermana recientemente lo había agregado en Instagram, no quería que pensara mal cuando la conociera al día siguiente.
Cuando se hizo las diez y cerraron el bar, decidí quedarme otra hora con él, de todas formas, mi familia no sabía que saldría temprano y aún llegaría una hora antes de medianoche, Jesse y yo caminamos sobre la playa y hablamos un poco más, hablamos sobre surf, me contó sobre sus experiencias cuando aprendió a los dieciséis años en Malibú, me contó sobre su primera tabla y luego me preguntó sobre mí.
- Mi hermana mayor, Fátima, tenía un pretendiente, yo tenía trece y ellos dieciséis, lo conocíamos desde pequeño porque íbamos a la misma iglesia y estaba en la misma escuela que nosotras, pero nunca habíamos hablado con él, cuando se estaban graduando de la secundaria le confesó que siempre había estado enamorado de ella.
- ¿Y le confesó su amor cuando ya no iban a tener tiempo juntos? – preguntó y yo asentí.
- Mi hermana pensó que era un poco patético, que no tuviese el valor de hacerlo antes y que lo hizo hasta que supo que no la volvería a ver, ya que si lo rechazaba no tendría que verla. Lo peor de todo es que a ella le gustaba él y cuando pasó todo eso se sintió un poco decepcionada.
- Cualquiera pensaría que estaría feliz de que le correspondiera. – comentó y yo negué.
- En nuestra familia no tenemos permitido tener novios, nuestros abuelos nos habían dicho que hasta que hubiéramos terminado nuestra carrera universitaria no podríamos salir con nadie, que deberíamos estar enfocadas en estudiar y salir adelante, – comenté – por eso ella fue clara y le explicó que lo único que podía ofrecerle era una amistad.
- Pudieron salir a escondidas. – dijo Jesse y yo negué.
- Fátima estaba decepcionada por lo que dije anteriormente, le parecía patético y le dejo de gustar, pero en cuanto él supo que ella gustaba de él pensó que tenía oportunidad y que la podía hacer cambiar de opinión, así que salíamos de vez en cuando.
- ¿Salían los tres? – preguntó extrañado.
- Salíamos los cuatro, en mi familia mis hermanas y yo no salimos si no vamos todas juntas, Wanda es la menor, en ese momento tenía 10 años, por lo general íbamos a la playa, él sabía surfear desde pequeño porque su padre era instructor y le había enseñado, él intentó enseñarnos a las tres.
- ¿Y las tres aprendieron? – preguntó y yo negué nuevamente.
- Wanda tuvo un accidente en las prácticas, se golpeó con la tabla y se rajó la frente, cuando mis abuelos la vieron llegar con la herida nos prohibieron que la dejáramos practicar surf de nuevo, ni si quiera querían que se metiera al agua y Fátima era demasiado delicada, decía que se le resecaba demasiado el cabello cada vez que se metía al mar, luego de un tiempo Fátima se fue a estudiar a la capital, pero él y yo éramos buenos amigos, así que seguí practicando con él, con supervisión de mi madre. No había forma de qué mis abuelos nos dejaran solas a ninguna de nosotras con ningún hombre.
- ¿Y qué pasó con él?
- Luego de un año consiguió trabajo y se mudó a la capital, me dejó su tabla de regalo, aún viene por estos lados para las vacaciones a visitar a su familia, de hecho, es posible que esté acá, es primo de Samanta.
- ¿Aún son amigos? – quiso saber y yo asentí.
- No como antes, ambos hemos cambiado mucho, cuando me mudé a Managua para estudiar, el intentó ponerse en contacto, pero nunca salimos, me parecía mal salir con el chico que estuvo interesado en mi hermana.
- Pero no fueron novios.
- Veras, entre mujeres existe un manual secreto de la amistad que habla sobre la lealtad, no salimos con novios, ex o crush de nuestras amigas, pero cuando se trata de hermanas, ese manual se intensifica, la lealtad es lo más importante.
- Entonces ¿Cómo hacen si a las dos les llega a gustar el mismo chico?
- Ninguna de las dos se queda con él, – expliqué – hay demasiados hombres sobre la tierra como para pelearse por uno, todo crush es superable. – me encogí de hombros.
- ¿Y si el chico está interesado en una de las dos?
- Si fuese yo, por ejemplo, si supiera que mi hermana tiene sentimientos por ti, no saldría contigo, no haría algo que lastimase a las personas que más amo.
- ¿Crees que ellas harían lo mismo por ti?
- No lo sé, por eso dije “si fuera yo” pero sé que, si alguna llega a tener una relación con alguien, ninguna de las otras interferiría.
- ¿Ninguna de ustedes ha tenido novio? – preguntó y yo negué.
- No uno formal que hayamos presentado a nuestras familias, por cierto, creo que ya es hora de que vaya con la mía.
Jesse y yo nos despedimos, nos dimos un beso corto en los labios, él se ofreció a llevarme, pero yo lo rechacé, llegué a casa y pude escuchar la música cumbia de los parlantes de mis abuelos, los gritos de mi mamá y mi tía ya ebrias y las risas de mis hermanas que posiblemente también estaban alcoholizadas, al entrar todas gritaron de emoción y mi madre se puso a llorar.
- Mi bebé – mi mamá me recibió con los brazos abiertos – ¿no tenías que trabajar hasta la madrugada? – negué.
- Ya cerramos, – le expliqué – quería darles la sorpresa.
- Ya no es una bebé. – dijo mi tío.
- Vamos a bailar. – me dijo mi tía mientras meneaba las caderas.
La cumbia de don Martín sonaba de fondo, Wanda se levantó a hacerme compañía, mi abuela nos extendió un par de cervezas y Fátima nos grababa con su celular mientras hacíamos el ridículo, a medianoche todos nos abrazamos para desearnos feliz navidad, incluso los vecinos llegaron con un poco de relleno para compartir y se quedaron para la tanda de karaoke.