5
Amy
No tenía que trabajar en noche buena, pero quise hacerlo porque me iban a pagar doble, no era día feriado, pero era mi día libre de la semana y como esperaba ir a la fiesta de navidad, quería tener algo de dinero para comprar aunque fuera un par de tragos, como cada diciembre, el veinticuatro fui a la misa por la mañana con mi tía, mi mamá, los abuelos y mi hermana y por la tarde me fui a trabajar.
El bar cerraría temprano, pero no le había dicho eso a nadie, quería sorprenderlos al llegar un par de horas antes de medianoche, sabía que estaban triste porque no la pasaría con ellos, era ya una tradición compartir juntos, cocinar, pasarla bien en general, yo también los extrañaría, a este punto ya no lo hacía por ver a Jesse el día siguiente, incluso dudaba que se fuese a aparecer porque no lo había visto en todo ese tiempo.
La única razón por la que trabajaba ese día era por el dinero, porque quería pasar un buen rato con mis hermanas y mi amiga, tenía tanto tiempo de no salir a bailar que mi cuerpo lo pedía a gritos, deseaba perrear hasta el suelo. Si algo me gustaba además de hacer surf o leer era tomar alcohol y emborracharme, aunque no lo hacía tan seguido, disfrutaba cuando lo hacía y esta vez no temía pagar las consecuencias.
Samanta, al contrario de mí, decidió quedarse en casa, tenía familia visitando de otras partes del país y quería pasar tiempo con ellos, solo había pocos bares trabajando ese día, no había mucha gente afuera, incluso nosotros en el bar éramos pocos, Dionisio y yo estábamos atendiendo las mesas y para cuando Jesse llegó, fui yo la que tuvo que servirle, mi corazón comenzó a latir un poco más rápido cuando lo vi entrar, luego respiré profundo y me obligué a relajarme.
Faltaba una hora para cerrar cuando apareció, traía el cabello dorado hacia un lado, y sonreía como siempre, se veía hermoso, y comenzaba a fastidiarme que me gustase tanto, porque ni si quiera lo conocía, era un crush muy fuerte, y ya me estaba cansando de combatirlo, Jesse no se sentó, vino directo a mí y me pidió dos cervezas, me extendió el dinero y fui por ellas, cuando volví para entregárselas solo tomo una.
- La otra es para ti, – me dijo – ven conmigo. – tomó mi mano y caminó conmigo hacia la playa.
- Oye, estoy trabajando, – le expliqué – no puedo.
- Ya hablé con Salvador, – mi jefe – Dionisio te va a cubrir.
- ¿Sabes algún secreto con el cual estás extorsionando a mi jefe? – no había manera en que él me dejaría ir una hora antes – si lo sabes, quizás deberías considerar compartir ese secreto conmigo, nunca sabes cuándo podré necesitarlo. – él se rio y mi corazón estuvo a punto de derretirse.
- No hay mucha gente, tampoco harás falta.
Voltee a ver a la gente que estaba en el bar, tenía razón, y aunque no confirme que habló con mi jefe decidí crecerle, lo seguí, cuando estuvimos muy cerca del agua y lo suficientemente lejos del bar y la música, solo éramos nosotros dos con el sonido de las olas, la humedad sobre la arena debajo de nuestros pies y el olor a sal, él se sentó y yo hice lo mismo, luego se recostó y yo lo imité.
- No creo que podamos tomar cerveza si estamos acostados sobre la arena. – le recordé.
- Solo quería ver las estrellas un momento.
- ¿Y me necesitas a mí para eso? – pregunté.
- También quería estar un momento a solas contigo.
- ¿Por qué? – pregunté con curiosidad, no se había dignado en aparecer por casi cinco días y de pronto ¿Quería verme?
- Porque me gustas. – dijo sin más girándose para verme.
Me quedé sin palabras, esperaba que dijera cualquier cosa menos eso, Jesse estiró la mano y tomó la mía, de repente fui consciente de mi propia respiración y sentí que perdería todo el aire que llenaba mis pulmones y terminaría muriendo asfixiada, me levante rápidamente para dejar de verlo y tomar la cerveza que había puesto sobre la arena a un lado, tome un sorbo y me llevó unos segundos tranquilizarme.
- Sé que te gusto. – agregó.
- ¿Cómo puedes saber eso? – ¿es que es arrogante?
- No hubieras venido conmigo a mi hostal la otra noche si no te sintieras atraída por mí, – tiene razón – pero, algo te detuvo esa noche, no sabía que, y no me lo dirías por tu cuenta así que le pregunté a tu amiga.
- Y ella te dijo que no salgo con extranjeros. – él se sentó a mi lado y asintió.
- Me preguntaba ¿Por qué? No podía ser porque no te atrajera, he visto como me ves y no es muy diferente a como te veo yo, así que deduje de lo que me dijiste el otro día, sobre que “los gringos solo vienen para divertirse una temporada y luego se van” – citó mis palabras – no crees que sea capaz de quedarme y tienes miedo de que no vaya a regresar, – tomamos otro sorbo de cerveza – quiero probarte lo contrario, quiero tomarme el tiempo de conocerte y que me conozcas para que confíes en mí, cambié mi vuelo de la semana que viene y lo extendí a los noventa días que se me permite quedarme. – gire de inmediato para verlo a los ojos.
- No es verdad. – dije sin poder creerlo, un hombre no haría eso por una mujer que apenas conoce ¿o sí? Lo observe sacar su celular.
- Acá está, – me mostro el correo de confirmación de cambio de vuelo, lo leí y pestañé dos veces para comprobar que no era un sueño – ¿lo ves?
- Lo veo, lo que no creo es que hayas hecho eso solo por mí.
- Bueno, no solo por ti, – tomó otro sorbo de cerveza – en eso tienes razón, también porque este país tiene las mejores playas para hacer surf y la comida es deliciosa, – eso hace más sentido – eso es lo que había estado haciendo estos días, rente una casa por los próximos dos meses y medio, esperaba que pudieras venir conmigo.
- No, no puedo hacer eso. – me apresure a decir.
- ¿Por qué no? – me preguntó.
- No puedo irme a vivir contigo solo porque si, apenas nos conocemos, ni si quiera somos nada.
- Ese es el punto, conocernos, para ser algo.
- Mi familia… – me detuve unos segundos antes de continuar – Nosotros no creemos en lo de vivir juntos antes de casarse.
- Entiendo. – dijo luego de un largo rato de silencio.
- Lo siento Jesse, – dije con cierto tono de decepción – en realidad me gustas…
Jesse había puesto su mano sobre la mía dejándome muda, nuestros ojos se encontraron de nuevo y en su mirada pude ver esperanza y una necesidad absoluta por tenerme, él había hecho algo por conseguirlo y yo había hecho nada, tomé su mano entrelazando sus dedos con los míos, estaba confundida, quería que tantas cosas pasaran y al tiempo estaba aterrada que ocurrieran.
- Déjame besarte. – pidió.
La mirada de Jesse bajo a mis labios y el deseo se apoderó de mi cuerpo, asentí por inercia y observé como apretó más fuerte mi mano, se inclinó hacia mí, se detuvo a milímetros de mis labios, mi respiración se sentía pesada y podía observar al mismo tiempo la suya, ser consciente de la emoción que invadía su cuerpo despertó sentimientos que no había sentido jamás, así que me incliné para romper la poca distancia que nos separaba y lo besé.
Mis labios tocaron los suyos y todo perdió sentido, la resistencia que se interponía entre los dos, mi familia, la ausencia de mi padre, mis miedos, todo se esfumó en un segundo, mientras nuestros labios se rozaban, Jesse se inclinó un poco más y colocó un brazo sobre mi espalda para pegarme a su pecho, yo coloqué una mano sobre su cabello y abrí los ojos, estar así de cerca me hizo querer más y no lo solté, volví a cerrarlos para abrir un poco más mi boca y darle paso a su lengua, su mano se deslizó un poco a la parte baja de mi espalda y la mía cayó a su cuello y luego a su pecho, poniendo distancia entre nosotros.
Deje descansar mi frente sobre la suya, con nuestras narices rozándose, mientras me observaba juntar ambas manos en su pecho, mi respiración estaba agitada, lo que había comenzado como un beso dulce había tomado intensidad ¿Por qué me estaba sintiendo así? Un beso no puede excitarte tanto me dije a mi misma. Levanté la vista y me encontré con la mirada oscurecida de Jesse.
- No quiero darme por vencido tan fácil contigo, quiero que lo intentemos. – me dice y de pronto sus ojos tornaron el fuego en súplica.
- Nadie puede saberlo por ahora, – dije – mi familia es muy estricta.
- Está bien, – aseguró – será como tú quieras y con lo que te sientas cómoda.
Y de cierta forma esas palabras me dieron la tranquilidad que necesitaba, estaba aterrada, pero no dejaría que el miedo dominara mi vida, si Jesse decidía defraudarme y me rompía el corazón, el recibiría su karma o la justicia divina, después de todo alguien tenía que romperme el corazón en algún momento, es algo natural de la vida, y en ese instante solo quería que fuera Jesse quien lo hiciera.
No quería ser ingenua al pensar que Jesse y yo viviríamos felices por siempre, aún no estaba segura de que él regresaría después de irse, por lo mismo me prometí también que no me acostaría con él, al menos haría el intento, por los siguientes meses lo único que estaba dispuesta a darle era el beneficio de la duda y el de conocerme, quizás no era la más bella a la altura de sus amigos, pero eso no me hacía menos en ningún sentido, sabía lo que tenía para dar y por lo mismo lo atesoraba tanto.
- Y nada de sexo. – agregué.
Él se separó más de mí y me observó extrañado, consideré la idea de explicarle en ese momento que no había tenido sexo con nadie, pero preferí no hacerlo.
- ¿Cómo se supone que nos vamos a conocer si no tenemos sexo? ¿Cómo voy a saber lo que te gusta y lo que no?
- Jesse, hace ¿qué? Menos de dos semanas que te conozco, quiero tomármelo con calma ¿Ok? Puede que estés acostumbrado a hacerlo de buenas a primeras, pero yo no, no he tenido una pareja antes y si vamos a hacer las cosas a mi modo, no tendremos sexo, soy una persona mucho más interesante que mi propio cuerpo y si quieres llegar a eso primero tendrás que conocer a la persona.
- ¿No vamos a tener sexo nunca? ¿Tienes problemas? – preguntó algo dudoso – ¿Eres… frígida? ¿Anorgasmia?
- No – negué – es solo que…