Jesse's girl 3 #2
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Mi abuela me jaló los pies para despertarme y arrastrarme con ella a cocinar, mi mamá y Fátima se encargaban de limpiar la casa, el loro como siempre nos entretenía y Wanda como era costumbre desapareció cuando se le necesitaba, cuando pregunté por ella me dijeron que estaba en el salón de belleza cortándose el cabello y haciéndose las uñas, o, mejor dicho, desperdiciando la plata que a mí me había costado, como si nosotros fuéramos ricos.

Mi tía llegó justo a medio día para el almuerzo, comimos todos juntos mientras contábamos los chismes más recientes de los vecinos, al terminar fui a tomar una siesta, mi mamá me despertó un par de horas después para que me alistara y fuésemos juntas a misa, mis hermanas y yo nos dimos “la paz” en la iglesia y así volvimos a la normalidad de siempre.

Por la noche mi mamá y Wanda estaban viendo una película con mis abuelos, pero Fátima y yo nos quedamos en el cuarto, y aunque pareciera que teníamos algo de intimidad por estar en habitaciones diferentes, no era así, no había nada que aislara el ruido, tanto la película se escuchaba en la habitación, como lo que habláramos de escuchaba afuera si no éramos precavidas al hablar entre susurros.

La casa era de madera, el techo de zinc, no había cielo raso, y las habitaciones no tenían puerta, tanto la de mis abuelos como la de nosotros tenía cortinas y lo mismo pasaba con los baños, habíamos vivido de esa forma desde siempre y soñaba con el día en que mi trabajo me pudiera permitir pagarnos una casa, pero incluso mi hermana que se había graduado hacía dos años no encontraba trabajo en lo que había estudiado.

Fátima tres años mayor que yo, estudió inglés en la universidad, al igual que yo obtuvo una beca que le permitía vivir en los dormitorios del campo universitario, viajaba únicamente los fines de semana para vernos, mi mamá se mataba trabajando para poder apoyarle con dinero y pagarle los pasajes de los viajes, por eso yo comencé a trabajar en las vacaciones, para que cuando yo tuviera que irme a estudiar, ella no tuviese que matarse con más de dos trabajos para darme dinero.

Pero mamá estaba acostumbrada a trabajar de esa forma, así que cuando yo fui a la universidad ella siguió haciendo dinero y se lo daba todo a Wanda, creo que de ahí y de que por varios años fueron ellas dos, es lo que la convirtió en una mimada, Fátima y yo fuimos a universidades diferentes, yo estudie veterinaria y esa carrera no la ofrecían donde ella estudiaba, prácticamente nunca nos veíamos en la capital, sin embargo, cuando tocaba volver a casa, nos poníamos de acuerdo para volver juntas.

Ella y yo éramos muy unidas, siempre nos contamos todo y habíamos estado en los momentos más bajo de cada una, por ella fue que aprendí inglés, porque cuando volvía nos enseñaba lo que había aprendido, aunque Wanda no le ponía mucha atención, así que no aprendió mucho. Mis abuelos lo intentaron, pero decían que eran demasiado viejos para aprender y se dieron por vencidos, mi madre solo decía que no tenía tiempo.

Fátima daba clases de español a los turistas que intentan aprender, no tenía un horario fijo como yo, pero le funciona, los abuelos trabajaban por temporada en la siembra y cosecha de las granjas del área, y mamá trabajaba de servicio doméstico en las casas de la gente adinerada. Wanda era la única que vivía como princesa, se le había brindado todo y quizás por eso desarrollé un tipo de resentimiento hacia ella, me había alejado de ella porque no hacía nada y creía que tenía más derechos.

Nunca hablamos de cómo ella era la favorita, simplemente se sabía, en un principio Fátima intentó decir algo, pero nuestros abuelos y mamá la defendían y decían que nos querían a todas por igual, nosotras sabíamos que no era así, y al final del día Wanda no tenía la culpa de ser la consentida, seguía siendo nuestra hermana y aunque la resintiéramos la seguíamos queriendo, aunque mentiríamos si no dijéramos que tanto yo era la hermana favorita de Fátima a como ella era la mía.

- Te tengo un chisme. – le dije en voz baja en ingles.

Me acerqué a ella en la cama y le conté todo de Jesse, sabía que podía confiarle eso porque jamás me delataría, yo sabía tantas cosas de ella que su lealtad era algo que se daba por sentado. Ella me escuchó atenta y luego me preguntó.

- ¿Ni si quiera se besaron? – preguntó y yo negué.

- Fue raro, la despedida fue extraña.

- ¿Lo piensas volver a ver?

- Supongo que lo veré en el bar.

- Sabes a lo que me refiero. – siseó.

- No sé, tengo mucha curiosidad, es que es guapísimo.

- A ver, vamos a buscarlo.

Sacó su teléfono y lo busco en Instagram, intentó con las últimas fotos en la ubicación del bar, la de la playa y lugares a los alrededores, nada. Luego fuimos a Facebook, buscamos entre los amigos del jefe, en páginas de hoteles, etc. nada. Incluso indagamos en TikTok y no lo encontramos.

- Quizás no tiene redes sociales. – sugerí.

- Eso es una bandera roja hermanita, solo los infieles no tienen redes sociales ¿qué oculta?

Entonces fue cuando me acordé, que me había escrito su número en el recibo, el que le había dado a Samanta y si la conocía ella debió de haber guardado su número, Fátima y yo salimos y avisamos que iríamos a caminar un rato a la playa, cuando estuvimos lo suficientemente lejos llamamos a Samanta y le pedimos el número. Lo agregamos a contactos solo para darnos cuenta de que no tenía WhatsApp.

- ¡Ya se! – dijo Fátima – Lo buscaré en Instagram desde sugerencia de contactos.

Minutos después habíamos dado con la cuenta privada de Jesse Bailey y su más de 6500 seguidores, hizo que mi cuenta con 650 seguidores se mirase ridícula, Fátima le envío solicitud para seguirlo, pero no lo acepto de inmediato, así que lo único que tenía para mostrarle de foto a mi hermana era la de su perfil, donde salía en cuclillas por debajo de una ola en su tabla de surf, no se definía su aspecto a la perfección, pero cualquiera, incluso con una foto borrosa podría notar lo apuesto que era.

- Wow. – dijo ella.

- Ya sé, es el hombre más bello que he conocido en toda mi vida.

- Sabes que yo no te juzgaría si quisieras perder tu virginidad con él.

- Es que no va a volver, no tiene caso, no quiero entregarme a alguien solo porque me atrae físicamente, creo que me sentiría rara.

- No, – negó – te sentirás en la gloria, imagina toda la experiencia sexual que debe de tener ese hombre, estoy segura de que debe de saber lo que hace, tiene cara de que sabe satisfacer a las mujeres, solo asegúrate de que use condón.

- ¿Y si me enamoro? – pregunté con miedo.

- De lo único que te puedes enamorar es de su pene, – ambas nos reímos – míralo de esta forma, incluso si esperas por “el indicado” que sea tu novio, corres con el riesgo que las cosas no funcionen, incluso si pones corazón al acto, no garantizas que sea para siempre, por el contrario, corres el riesgo de que te lastime más.

- No estoy esperando por “el indicado” – le corregí.

- Entonces ve por él, si se te vuelve a dar la oportunidad tómala, es mejor que te desvirgine un guapo que está de paso, a un feo de acá al que le tendrás que ver la cara incluso después de que las cosas salgan mal, aparte los hombres son una mierda, la mayor parte del tiempo solo se comportan bonitos y perfectos mientras consiguen lo que quieren, una vez se lo das empiezan a mostrarse tal como son, lo sabes muy bien.

Claro que lo sabía, lo sabía por ella y lo sabía por mamá, sabía que el padre de Fátima había salido corriendo del pueblo a penas se enteró que mamá estaba embarazada, dejándola abandonada y con un bebé, sabía que mi madre tuvo que pasar la vergüenza en el pueblo de ser una adolescente de 16 años con una hija sin padre, sabía también que mi padre existía, más nunca le había visto la cara, pero no pasaba oportunidad de que la gente me recordaba cómo me parecía a él, sabía que mamá lloró mucho cuando se embarazó de Wanda y nunca se nos dijo quién era el padre, pero habían rumores que era un hombre casado.

Sabía que la gente esperaba que mamá volviera a quedar embarazada tres años después, solo para criticarla, culparla por hacerse responsable cuando hombres habían fallado, nunca entendía porque la gente hacía eso, pero así eran las cosas en el pueblo, y por eso cuando Fátima había quedado embarazada un par de años atrás y me dijo que quería abortarlo, yo estuve con ella todo el tiempo y me tragué ese secreto junto con ella.

- No puedo, – dije – no quiero.