Jayce. Algo más que prohibido 82 ​​ Ava
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82 ​​ Ava

Cara a cara

Blake me ha contado una pequeña anécdota de su trabajo, pero enseguida se ha dado cuenta de que no mostraba demasiado interés. Igual que con la comida. Solo he sido capaz de acabarme el café en pocos segundos.

—No has probado bocado, Ava.

—No tengo hambre, la verdad.

—¿Mañana volverás a la clínica?

—Sí, eso creo.

—¿Sabes algo de tu abogado?

Mierda.

Eso no estaba en el plan. ¿Cómo no he pensado que podía hablar de Jayce? Si no hemos hecho otra cosa en los últimos días…

—No, no sé nada, y no quiero hablar de eso.

—¿Has hablado con tu padre?

—Sí, todo bien —le digo con sequedad.

—¿Te ha dicho algo sobre él?

—No, Blake, no quiero hablar de eso.

—Ava, sé que estás mal, que le echas de menos, así que no hace falta que lo ocultes.

Mierda y más mierda.

—Blake, no quiero hablar de eso, por favor.

—Vale, no hablemos. Nada de comentar que desde que tu abogado se ha ido no levantas cabeza…

—¿Quieres dejar de hablar de eso? —le digo en un tono mucho más alto de lo que esperaba.

Se queda quieto, sorprendido.

Menuda mierda. Si le dejo seguir hablando es capaz de decir algo que haga que quiera morirme delante de Pierce, Jayce y cualquiera que esté escuchando.

—¿Qué te pasa?

—Que tengo otras cosas en la cabeza. Cosas que me preocupan bastante más.

—¿Qué te preocupa?

—En lo que te has convertido, Blake.

No era exactamente el inicio que aparecía en el guion, pero podría darse por válido. He tenido que improvisar o enfrentarme a que el abogado escuche cosas que no quiero que escuche.

—¿Yo? ¿En qué me he convertido?

Me levanto. Necesito que me mire.

—¿Qué pasa, Ava?

Me acerco lentamente a él.

—Lo sé todo, Blake. Todo.

Palidece ligeramente y me observa con atención.

—¿Qué sabes?

—Lo que le has hecho a tu padre, entre otras cosas.

—¿De qué estás hablando, Ava?

—Te he dicho que lo sé todo, Blake… ¿Cómo has podido hacer algo así?

—¿De qué coño estás hablando?

Por un momento siento que no voy a poder hacerlo. ¿Y si me equivoco?

—Le has hecho daño, ¿verdad?

—¿Qué? ¿De dónde has sacado eso?

—Me lo ha contado él, Blake. Ayer. Me lo contó todo, con detalles.

—¿Qué te lo ha contado él? Venga, Ava, has perdido el juicio. No sé qué coño te pasa.

—¿Por qué te parece tan raro? ¿Y si hubiera aparecido, Blake? ¿No te alegras? ¿O es que eso te parece imposible?

—¿Quieres dejar de hablarme así? Te estás pasando…

—Deja ya de interpretar, joder. Estás hablando conmigo, no necesitas hacer ese paripé. Yo no soy Richard ni el sheriff; ten valor y dímelo a la cara.

—¿Decirte qué? —grita.

Hago una pausa, una larga e intencionada. Sigue observándome; sé que está pensando en cómo dirigir la situación. Duda. No sabe cuánto puedo saber realmente. Tiene miedo.

—Me ha contado que el abuelo te explicó lo que había detrás de la pared, lo que Jayce y yo encontramos.

—Ava, ¿qué estás diciendo?

—Vale, probemos con esto. Me ha contado que mató a Ben por accidente, y a Agnes por necesidad, porque los sorprendió ocultando el cuerpo de Ben y lo iba a contar todo al sheriff.

—¿Sabes lo que estás diciendo?

—El abuelo te explicó toda la verdad. Tú sabías lo que había en esa pared.

Y tenías instrucciones de impedir que tu padre accediera a ella.

A cualquier precio, te dijo el abuelo. Aunque fuera el precio de la vida de tu padre.

¿Cierto? Y tú, acojonado porque el abuelo te convenció de que sería el final de tu carrera y de toda la protección que recibías de la familia Kensington, le hiciste caso.

—Deja de decir estupideces, Ava. Esto ya roza el delirio.

Lamentablemente, hace rato que sé que debo seguir. Ya no tengo dudas; me basta con mirarlo a los ojos. Lo conozco bien y ahora mismo sería capaz de vender mi alma sabiendo que tengo razón.

Tal y como me dijo Jayce, aunque no le gustara lo que estaba escuchando, dejaría de cuestionarlo y me permitiría seguir hablando para averiguar cuánto sabía.

—Y también me ha contado que, cuando vino aquí y se coló por la ventana, después, antes de volver a su casa, le dijiste cosas terribles. Te avergonzabas de él, te daba asco y hasta le amenazaste con quitarle la vida.

—Estás loca…

—Y después lo llamaste para idear un plan y decirle que ibas a ayudarlo.

Lo citaste a las tres de la mañana en la colina Dein, donde siempre acampábamos.

Sabías que me había tomado una pastilla para combatir la ansiedad de aquel día y que dormiría toda la noche.

Dormí demasiado; quién sabe si alguien me alteró la dosis…

—Ava… No sigas por ahí. Estás mal, es evidente.

—¿No quieres escuchar el final? Vale, vete.

—Sí, claro que quiero. Quiero saber hasta dónde eres capaz de llegar. Sigue. ¿Qué barbaridad más vas a decir?

—Basta de fingir, Blake. Hoy he encontrado esto —le digo cogiendo el pen drive de la mesa—. Tu padre lo escondió en este jardín y yo he tardado dos meses en encontrarlo.

Sigue el movimiento del pen drive con la mirada.

—Es un vídeo y me lo cuenta todo. Y yo no lo he encontrado hasta esta maldita mañana…

Me lo cuenta todo, Blake. Todo, joder. Y ahora soy yo quien tiene que decidir qué hacer con esto.

Debería haber acudido a ver al sheriff, pero…

¿sabes lo que significa eso, Blake? Buscarán en esa colina en cinco minutos…

y tú estarás detenido cinco minutos después —le digo sin poder contener las lágrimas.

El problema es que son completamente reales.

—Ava, tenemos que hablar. Espera.

—¿Qué tengo que hacer, Blake? ¿Tengo que delatarte? ¿A ti? ¿Cómo quieres que viva con eso? ¿Tengo que callarme? Dímelo, joder. Dime algo con sentido de una puta vez.

Grito tan alto que hasta yo me sobresalto.

—Ava, dame ese pen drive. Quiero ver qué hay.

—Ayúdame a entenderlo, Blake, por favor. Dime por qué has matado a tu propio padre. Dime cómo has podido hacer algo así… Él era un buen hombre. Te quería, Blake. Nunca habría permitido que te hicieran daño. Te adoraba…

—Basta. Cállate. No tienes ni idea. Le pedí que se olvidara de esos malditos cuerpos. Que me dejara vivir, que no me jodiera la vida… otra vez, bastante lo hizo ya. Y él seguía y seguía. Quería entregarse, contárselo todo al sheriff. ¿Qué querías que hiciera?

—Era tu padre, Blake. Dime al menos que no sufrió, joder… Dímelo. Necesito escucharlo. Dime que no permitiste que sufriera —le digo dejando escapar una nueva lágrima.

—No sufrió, joder. ¿Crees que soy un monstruo?

Lo golpeé y se acabó, eso es todo. No me gustó hacerlo, Ava, pero no podía permitir que me jodiera la vida igual que su padre le había hecho a él.

He luchado mucho para llegar a donde estoy y él solo quería arrastrarme con toda su mierda.

Quería sacar los cuerpos… ¿qué crees que hubiera pasado?

Antes o después habrían aparecido, no es tan fácil como él creía.

—Ha salido todo a la luz y no te ha pasado nada. Sigues conservando tu trabajo, tu carrera sigue intacta, tu relación con esa familia también… No ha pasado nada. Lo mataste para nada.

—Todavía tengo que trabajar mucho mi relación con ellos. No es como antes.

—Eres un maldito asesino.

—No me llames así.

—Voy a ver al sheriff, Blake. Esto se ha acabado. Tengo que hacerlo, me obligas a hacerlo.

—No vas a ir, Ava.

—¿Qué vas a hacer? ¿Matarme como a él?

—Quiero que entres en razón. No puedes entregar eso. No puedes hacerme esto, tú no.

—Dame una razón.

—Somos hermanos, Ava, amigos… Nos queremos con locura. Y los errores nos los perdonamos.

—Esos errores no se perdonan, Blake. Estás hablando de la vida de una persona. No puedo seguir como si nada sabiendo que eres un maldito asesino.

—Dame ese pen drive, Ava. No quiero hacerte daño.

—¿Me harías daño, Blake?

—Te aseguro que nadie va a joderme la vida nunca más.

—¿Me matarías?

—No quisiera, Ava.

—¿Cómo ibas a hacerlo? ¿Cuántos cadáveres quieres ocultar?

—Ava, dame ese pen drive.

—¿Qué te hace pensar que este es el original y que no se lo he entregado ya a alguien más?

Me mira desconcertado.

—¿Qué has hecho, Ava?

—¿Qué te hace pensar que esta conversación no está siendo grabada y que detrás de esa pared hay gente escuchando?

De forma instintiva mira hacia atrás.

—No te veo capaz de algo así.

Lo miro fijamente en silencio. Me acerco a él.

—Yo tampoco te creía capaz de asesinar a tu padre. Eres un monstruo, Blake. Me das asco —le digo sin poder contener las lágrimas—. Esto se ha acabado.

Esa es la frase que debía utilizar voluntariamente si quería que intervinieran.

Y lo hacen.

Primero entra Pierce.

Blake lo mira y luego me mira a mí con desprecio.

Después entra Jayce.

Y eso parece sorprenderle todavía más.

—Blake… tenemos que irnos a comisaría… ¿lo entiendes?

Asiente rápidamente con la cabeza.

Antes de salir me mira de una forma que me hiela el alma. Y entonces entiendo la mirada a la que se refería mi tío. Esa que le hizo creer que iba a intentar quitarle la vida.

Unos minutos después, cuando se cierra la puerta, siento que me fallan las piernas.

Me derrumbo por segunda o tercera vez; ya he perdido la cuenta.

Y lo hago de nuevo en brazos de mi abogado, que me sostiene mientras me susurra que lo he hecho muy bien.