Jayce. Algo más que prohibido 80 ​​ Ava
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80 ​​ Ava

Resaca

Han pasado horas desde que terminó el vídeo y sigo sentada en el mismo sofá de la casa de Leanne, mirando un punto fijo de la pared sin ser realmente capaz de verlo. No sé cuántas veces he intentado convencerme de que nada de esto puede ser verdad.

Blake podría haber matado a Daniel…

No me entra en la cabeza.

Ahora mismo pienso en él como si fuera un extraterrestre, un ser desconocido, lejano, de otro mundo… Ese no es Blake.

Blake es mi mejor amigo, mi familia, la persona con la que crecí; mi confidente, mi apoyo…

Y ahora resulta que también podría ser capaz de matar a su propio padre para protegerse.

Me paso las manos por la cara lentamente.

Siento el cuerpo entumecido, agotado, como si el vídeo me hubiera vaciado por dentro.

Leanne sigue llorando a ratos al otro lado del salón y Jayce apenas ha hablado desde que terminó la grabación.

Se ha limitado a caminar por la casa, detenerse frente a las ventanas y volver a sentarse, como si necesitara mantenerse ocupado para no pensar demasiado.

Jayce está aquí…

Lo pienso como si hasta ahora no me hubiera dado cuenta. Pero es que llevo un par de días sin levantar cabeza por su marcha y ahora está aquí.

—Jayce, ¿por qué has entrado por la ventana?

Me mira como si no se creyera que mis primeras palabras pudieran ser para preguntar algo así.

—Ya te lo he dicho, porque, equivocadamente, he creído que corrías peligro.

—¿Por Blake?

Asiente con la cabeza.

El silencio vuelve a instalarse entre nosotros, pesado y asfixiante, hasta que finalmente consigo reaccionar otra vez.

—Si llevamos el vídeo al sheriff… ¿condenarán a Blake? —pregunto con la voz rota.

Jayce levanta la vista hacia mí y tarda unos segundos en responder.

—No, Ava.

La respuesta me golpea más de lo que esperaba.

—¿Qué pasaría? —interviene Leanne secándose las lágrimas.

—El vídeo es importantísimo, pero Blake puede decir que su padre estaba desequilibrado, que llevaba años obsesionado, que todo son delirios de culpa. Y ni siquiera tenemos el cuerpo. Puede que Daniel estuviera confundido o que simplemente haya desaparecido. Necesitamos algo más.

—Que Dios me perdone, pero yo no tengo dudas de que haya sido Blake…

—susurra Leanne completamente rota—. Conozco muy bien a Daniel y no estaba mintiendo ni estaba desequilibrado.

Estaba desesperado. Él no habría hablado jamás así de su hijo.

Nunca habría llegado tan lejos. Yo lo vi antes de desaparecer y ahora sé que estaba atormentado, pero sabía muy bien lo que decía.

—Se abrirá una investigación, claro está, y el fiscal acabaría imputándole un delito, sobre todo si su cuerpo aparece enterrado donde él ha dicho. Pero hay muchas posibilidades de defensa. ¿Conoces ese lugar, Ava?

—Sí, sé perfectamente a qué lugar se refiere. Leanne, tú también has estado.

—Sí, sé dónde es —dice afligida.

—Si Daniel no miente… significa que Blake sabía lo que había en esa pared —comento con la voz rota.

—Claro que lo sabía —suelta Leanne enfadada.

—He sentido mucha angustia pensando que el fiscal, el sheriff o quien fuera podía creer que yo le había hecho algo a mi tío. Y Blake ha estado siempre ahí, sabiéndolo todo…

—Ava, tenemos que hablar con Pierce —dice Leanne.

Se crea un nuevo silencio. Esta vez me levanto y soy yo la que empieza a pasear por el salón. Sé que están pendientes de lo que voy a decir y probablemente hartos de verme dar vueltas.

—Quiero que Blake me mire a los ojos y me diga si lo ha hecho o no. ¿Eso es posible, abogado?

Los dos se miran. Leanne confundida; Jayce, bastante menos.

Él se levanta y se acerca a mí.

—Habría que estudiar de qué manera hacerlo.

—¿Me ayudas? —le pregunto sin contener una lágrima.

—¿Estás dispuesta?

—Sí.

—Vamos a trabajar —me contesta muy afectado.

Leanne se acerca a nosotros y mira a Jayce completamente perdida.

—Estoy un poco perdida, pero contad conmigo. ¿Qué hay que hacer?

—De momento, pedirle al sheriff que venga aquí.

—¿Que venga él?

—Sí, Leanne. Para lo que estoy pensando, tenemos que empezar por ahí. No debemos salir de esta casa.