Jayce. Algo más que prohibido 79 ​​ Jayce #2
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79 ​​ Jayce #2

Empecé a colaborar con una pequeña iglesia.

Al principio solo ayudaba como médico, pero acabé implicándome en muchas más cosas.

Asistí a funerales, acompañé a familias y pasé demasiadas noches hablando con personas convencidas de que los muertos necesitan descanso para que los vivos puedan seguir adelante.

Y yo no podía seguir adelante.

Llegué a obsesionarme con la idea de sacar a Ben y a Agnes de aquella casa, enterrarlos como merecían y bendecir sus cuerpos antes de morir. No sé si eso habría servido de algo. Probablemente no. Pero necesitaba creer que todavía podía hacer algo bueno por ellos después de haberles arrebatado todo.

Y todo cambió cuando tu madre me llamó para contarme lo de su enfermedad.

Aunque no había vuelto a Silver, seguía manteniendo contacto con ella y también con mi hijo.

A Nancy la perdí muchos años antes, algo que, siendo sincero, era inevitable.

Cuando conseguí estabilizarme en Minneapolis y sentí que podía recuperarla, ya era demasiado tarde, así que terminé centrándome únicamente en Blake.

Entonces regresé a Silver para estar al lado de Maren. Mi padre me llamó y me pidió que volviera, que olvidáramos el pasado y despidiéramos a tu madre como ella merecía, como una familia de verdad.

Y poco después llegaste tú, Ava.

Esa parte ya la conoces.

Lo que no sabes es que, poco tiempo después de regresar, volví a pedirle a mi padre lo mismo de siempre. Le hablé de la religión, de todo lo que había aprendido durante aquellos años y de mi necesidad de sacar a Ben y Agnes de aquella pared para enterrarlos como merecían y bendecir sus cuerpos.

Pero volvió a negarse.

Y un día me hizo una promesa.

Me dijo que aceptaría hacerlo cuando él muriera. Que estaba muy enfermo y que, cuando la casa pasara a mis manos, podría ocuparme de todo.

Y yo le creí.

Me conformé porque pensé que, después de tantos años, aquello por fin terminaría. Así que me centré en la clínica, en tu madre, en ti, en mi hijo y también en él, porque sabía que no le quedaba demasiado tiempo. Llegué incluso a perdonarlo y quise que muriera en paz.

Pero, cuando abrimos el testamento, entendí que me había engañado otra vez.

Por eso intenté convencerte de que me dejaras estar a solas en la casa. No podía contarte la verdad, Ava.

Cuando volví a insistir y me dijiste que sabías lo del tesoro, que el abuelo te había hablado de él y que incluso te había pedido que no me dejases entrar en la casa, me hundí.

No esperaba algo así. Creí que engañarme con la herencia había sido suficiente, pero se aseguró de seguir siendo un obstáculo incluso después de muerto.

Así que seguí la corriente del tesoro.

Sabía perfectamente que él había utilizado esa historia para humillarme más de una vez, pero nunca imaginé que llegaría al extremo de manipularte también a ti.

Y no solo a ti, Ava.

También manipuló a Blake.

Solo que a él no le habló de un tesoro. A él le contó la verdad.

Lo descubrí hace unos días, después de discutir contigo en la clínica.

Blake vino a verme a casa y me pidió que dejara de acosarte con esa historia.

Discutimos y terminó confesándomelo todo.

Me dijo que sabía perfectamente que yo no buscaba ningún tesoro, sino los cuerpos de Ben y Agnes, porque el abuelo se lo había contado antes de morir.

Le hizo creer que debía impedir que yo llegara hasta ellos.

Le metió en la cabeza que, si la verdad salía a la luz, Richard jamás se lo perdonaría; le habló de vergüenza, de escándalos, de perder su carrera y de destruir la vida que había construido junto a Richard. Le convenció de que yo terminaría cometiendo un error y arrastrándolo a él conmigo.

Yo intenté hacerle entender que no era así. Le dije que el único responsable era yo, que Richard jamás podría culparlo de nada y que el abuelo solo lo había manipulado para protegerse a sí mismo incluso después de muerto.

Pero Blake no quiso escucharme.

Y entonces repitió unas palabras del abuelo que todavía no consigo sacarme de la cabeza:

«Protege esa pared si no quieres que tu vida se acabe, Blake. Y, si tienes que sacrificar la de tu padre, hazlo.»

Eso le dijo mi propio padre, Ava…

Y Blake me lo repitió como una amenaza.

Me dijo que haría cualquier cosa para proteger su vida, su reputación y todo lo que había construido junto a Richard.

Y entonces me eché atrás.

Quise olvidarme de todo porque lo que vi en sus ojos me asustó. No por mí, Ava, sino por lo que mi propio hijo podía llegar a hacer para proteger el mundo al que siente que pertenece.

Pero ya no podía seguir viviendo así.

Hoy he decidido terminar con todo esto.

He aprovechado que tú estabas fuera de la clínica y que Blake también había salido para intentar recuperar los cuerpos.

Solo quería sacarlos de allí y enterrarlos de una vez.

Creía que, cuando descubrieras el agujero, podría explicártelo con calma alegando que teníais razón y que el tesoro no existía.

Mi objetivo solo era sacarlos de allí; el agujero era lo de menos siempre que ya no hubiera nada al otro lado.

Pero has vuelto antes de tiempo...

Y luego han llegado los nervios, el sheriff y Blake.

Ya no he sido capaz de pensar con claridad.

Cuando te he visto apuntándome con un arma he sentido que todo se había roto definitivamente. Después, cuando ha llegado el sheriff, Blake le ha pedido hablar conmigo a solas.

Y ha vuelto a amenazarme.

Me ha dicho que se avergüenza de mí, que le doy asco y que jamás va a permitir que arruine su vida por algo ocurrido antes incluso de que él naciera. Me ha dicho que, si vuelvo a intentarlo, será capaz de matarme con sus propias manos. Y sé que es capaz. Nunca había visto esa mirada en él.

Y quizá me lo merezca.

Más tarde he ido a casa de Leanne.

Ya sabes que la aprecio muchísimo y que siempre ha sido una buena amiga. Ella no sabe nada de esto, pero he ido allí porque necesitaba contárselo a alguien antes de volverme completamente loco.

Y no he sido capaz. Creí que podría hacerlo, pero no fue así.

Entonces Blake me ha llamado.

Pero ya no parecía el mismo hombre que me había arrinconado horas antes.

Me ha pedido perdón. Ha dicho que ha estado pensando, que entiende por qué necesito hacerlo y que quiere ayudarme. Incluso me ha asegurado que ha encontrado un lugar perfecto donde Ben y Agnes podrían descansar sin que nadie los encontrara jamás.

Me ha citado allí, a las tres de la mañana.

No creo que realmente se trate de eso, Ava.

No sé qué ha podido pasar por su cabeza para pensar que yo querría enterrarlos en el lugar donde íbamos de acampada cuando erais pequeños, un sitio lleno de recuerdos felices para mí.

Quizá ha creído que eso me enternecería.

O que, si me lleva allí, recordaré al Blake que perseguía ranas junto al lago y se dormía abrazado a una linterna dentro de la tienda de campaña, no al hombre asustado y lleno de rabia en el que se ha convertido.

Tengo que terminar este vídeo.

Dentro de unas horas iré a ese encuentro con mi hijo y necesito llenarme de fuerza, aunque ya no me quede.

Blake me ha pedido que acuda allí asegurándome de que nadie me ve; incluso me ha proporcionado la ruta para hacerlo.

Pero ya da igual. Yo ya he tomado una decisión.

Voy a acudir porque quiero decirle que pienso contarlo todo.

Ya no puedo más, Ava.

Intentaré convencerlo de que la verdad no tiene por qué destruir su vida, aunque entiendo perfectamente por qué tiene tanto miedo. Quizá todavía quede algo del Blake que yo recuerdo.

Quizá solo necesita que alguien le diga que esto puede terminar de otra manera. Que es mi carga, y no la suya.

Y, si no lo consigo… me temo que puede pasar cualquier cosa.

Pero ya no tengo miedo.

Sé hasta dónde puede llegar Blake para proteger su reputación y su relación con Richard y, si ese termina siendo mi destino, me pondré en manos de Dios para que ocurra lo que tenga que ocurrir.

Si estoy equivocado, volveré y me entregaré.

Y, si no regreso, no quiero llevarme este secreto a la tumba.

Por eso he grabado este vídeo.

Para que conozcas la verdad.

Para que, pase lo que pase, puedas entregárselo al sheriff.

Y, si regreso… entonces lo haré yo mismo.

Leanne te lo dará. Así voy a pedírselo.

Pero no directamente. No tengo valor para preocuparla antes de tiempo. Voy a dejarlo escondido en un rincón de su casa que sé que es especial para ella y, si algo me ocurre y no volvemos a vernos, ella terminará encontrándolo.

Perdóname, Ava.

Aléjate de Silver Bay todo lo que puedas.

Es lo que tu madre quería.

Sé feliz, hija.

Te lo mereces.

Y que Dios me perdone.