Jayce. Algo más que prohibido 71 ​​ Ava
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71 ​​ Ava

Liberando

—Cuando llego a casa encuentro al abogado en el jardín, acomodado en una hamaca mientras mira algo en el móvil.

Solo asomo la cabeza.

—Hola —murmuro.

Marcando distancia, justo como me he propuesto hacer.

Aunque, siendo sincera, ni siquiera tengo claro qué puede salir de todo esto.

Solo sé que necesito observar. Y entender. Y liberarlo de cualquier cosa que siga reteniéndolo aquí.

Levanta la vista lentamente y sonríe, pero hay algo apagado en él, igual que anoche.

No lo he visto desde entonces y reconozco que todo lo que me pasa por la cabeza resulta mucho más sencillo cuando no lo tengo delante.

Al poco tiempo se reúne conmigo en el salón.

—La clínica y tu primo deben de estar desbordados —me dice con un tono que suena demasiado serio para ser casual.

—Eso suena a reproche, abogado.

—No lo es. No osaría reprocharte nada.

—Bien, pero me alegro de que hayas sacado ese tema porque me viene bien para lo que quiero decirte.

—¿Qué quieres decirme? —me pregunta con aparente normalidad.

No le respondo.

Desaparezco en dirección a la cocina y vuelvo con dos refrescos. Acepta el suyo sin decir nada y me mira con curiosidad.

No necesitaba un refresco, sino una excusa para coger aire.

Me armo de valor para aparentar una seguridad que no siento.

—No quiero tener la sensación de que estás aquí, solo, sin nada que hacer. No tiene sentido que sigas en Silver.

—¿No lo tiene? —me pregunta recuperando esa frialdad tan suya que hacía tiempo que no mostraba.

—No, Jayce, y lo sabes. Tengo demasiadas cosas en la cabeza y ni siquiera soy capaz de ordenarlas.

Necesito tiempo. Tengo una casa con la que no sé qué hacer, una clínica sobre la que debo tomar decisiones y, sinceramente, no tengo ni idea de cuál será mi próximo paso.

Hasta me he planteado quedarme aquí una temporada y ocuparme de la clínica.

O quedarme para siempre. O volver a Boston… No lo sé. Necesito pensar.

—¿Has dicho quedarte aquí?

—No tengo nada claro. Pero, haga lo que haga, hay que ser realistas. Tu trabajo aquí ha terminado, Jayce, y alargarlo dos semanas más no sirve de nada. Solo conseguiríamos que pasaras el día sin nada que hacer, que yo me sintiera incómoda por no poder dedicarte tiempo y… sinceramente, ¿para qué?

—No necesito que me entretengas. Y no olvides que sigue habiendo una declaración pendiente.

—¿Por qué estás a la defensiva?

—Porque estás intentando decirme que me largue y… me estoy esforzando por entenderlo.

—No te estoy echando, Jayce, no es eso. Solo intento ser realista.

Y confieso que, por estúpido que suene, me ha gustado notar que mi propuesta le molesta.

—¿De qué realidad hablas?

—De que aquí ya no pintas nada, Jayce. Y de que debes tener ganas de volver a tu vida, a tu trabajo, a tus amigos, a tu casa, a tu familia, a tu novia…

—¿Mi novia?

—Bueno, si la tienes, y si no, no. Mi padre me comentó una vez que tenías novia.

—¿Y no se te ocurrió preguntármelo?

—No es asunto mío, Jayce. Si no me lo has contado será por algo.

—No te lo he contado porque no es verdad. Se lo dije a tu padre antes de venir para que dejara de torturarme con que no me acercara a ti. Eso es todo.

—Bien, pues aclarado. Pero aun así tendrás ganas de volver a tu vida y aquí ya no haces nada.

Sabes perfectamente que esa declaración ha perdido importancia y hablaré con mi padre para solucionarlo.

He hablado con Pierce y puedo marcharme cuando quiera.

Si hiciera falta volver solo para declarar, podría hacerlo.

Incluso podría solicitar hacerlo por videollamada. Eso ya lo sabes.

Hago una pausa y fuerzo una sonrisa.

—Quién sabe. Podría hacerlo así, desde Boston. Contigo a mi lado, o con mi padre, o… con los dos… —añado utilizando ese tono suave y ridículamente calmado con el que le hablarías a un niño para convencerlo de algo, aunque cada palabra me esté costando la vida.

—Veo que lo tienes todo muy estudiado.

—Porque es necesario, Jayce. Te agradezco muchísimo todo lo que has hecho. Sin ti jamás se habrían descubierto esos cuerpos. Has dedicado muchísimo tiempo, muchísimo esfuerzo y me has ayudado más de lo que imaginas, en todos los sentidos.

Hago una pausa.

Ahora es cuando necesito que proteste. Que me diga que estoy equivocada, que estoy diciendo tonterías o cualquier cosa que lo desmonte todo.

Pero no lo hace.

Y sigo intentándolo.

—Viniste por un tiempo determinado y no tiene sentido alargarlo.

Espero.

«Sí lo tiene. Quiero estar contigo», necesito que diga.

Pero no lo hace.

Nada.

Silencio.

—Tu vida está allí y dos semanas más no son necesarias.

«Mi vida también está aquí contigo», quiero escuchar.

Nada.

Silencio.

—Necesito tomar decisiones.

«Tómalas conmigo», necesito que diga.

Nada.

Silencio.

—Jayce, tal y como dijiste… te he cogido cariño —sonrío.

«Lo que tenemos es mucho más que cariño, Ava».

Pero no dice nada.

Silencio.

—Nunca pensé que diría esto, pero lo hemos pasado bien.

No todo ha sido malo. De hecho, hemos disfrutado muchísimo…

—le digo mientras hago una estúpida mueca seductora que me cuesta horrores mantener—.

Pero todo tiene que volver a la normalidad cuanto antes.

Yo necesito pensar. Y sé que podremos seguir siendo amigos.

«Una mierda amigos. Estoy loco por ti», quiero escuchar.

Pero no dice nada.

Silencio.

—Nos veremos en Boston. Muchas veces, eso espero.

En cuanto vaya te llamaré y recordaremos todo esto…

la parte buena, claro. Y no te lo niego, voy a echarte de menos, pero lo de ser novios, que ha sido divertido, tiene que terminar.

Ha sido una experiencia interesante —añado soltando una risa que incluso a mí me suena forzada.

Jayce sigue callado y yo siento que me estoy deshaciendo por dentro.

—¿De verdad quieres que me largue?

—No es que quiera hacerlo, es que es lo más lógico.

—Tienes que declarar.

—Vamos, Jayce, eso puede arreglarse. Lo hablaré con mi padre.

—Él no va a querer que me vaya.

—Pues tendrá que joderse, porque yo también decido.

Ya lo arreglaré, no te preocupes. Déjamelo a mí.

Y… te guardaré el secreto de lo que hemos hecho.

No pienso contarle nunca nada. No sentirá que lo has traicionado.

He estado prohibida todo este tiempo —suelto una pequeña carcajada completamente absurda.

Ahora sí.

Ahora es cuando debería decirme que le importa una mierda lo que piense mi padre.

Que yo soy especial.

Que no quiere marcharse.

Que volveremos juntos.

Y que me ayudará con las decisiones.

Y que su familia, sus amigos y su trabajo pueden esperar.

—Lo tienes claro… —comenta con una expresión de hielo.

—Sí. Necesito centrarme en mí. Pero me da pena que te vayas. Lo hemos pasado bien, ¿no crees? Podemos quedarnos con un buen recuerdo. Si te echo de menos, te llamaré. Venga, ahora tú. Dime que también vas a echarme de menos alguna vez. Y… dime que me has cogido cariño.

—No puedo marcharme, Ava. Esperaré a la declaración. Es lo que tengo hablado con tu padre. No voy a molestarte.

—Sí puedes marcharte, Jayce. Es lo mejor.

Y deja de preocuparte por mi padre. Necesito estar sola.

Y vuelvo a decirte que ha sido estupendo conocerte y que voy a agradecerte siempre todo lo que has hecho.

Pero ahora necesito centrarme en la clínica y en Blake, que me necesita. Y tú… tienes cosas mejores que hacer.

Espero.

Ahora sí.

Ahora necesito que diga algo que lo desmonte todo.

Pero no lo hace.

Seguramente mi padre lo ha convencido para que se quede. Porque eso es lo único que le preocupa: no decepcionarlo.

—Hablaré con tu padre —dice por fin.

—No. Solo conseguirás que vuelva a presionarte para que te quedes. Prepara el viaje y vuelve a Boston. Cuando te hayas marchado, hablaré yo con él. Confía en mí.

Asiente con la cabeza y se levanta.

Debo seguir con este juego absurdo.

—Jayce… dime que estamos hablando el mismo idioma.

—Claro. Te he entendido perfectamente, Ava.

Sale del salón mientras yo, sin fuerzas, me dirijo al jardín.

Aire. Necesito aire.

Cuando vuelvo, él está en la cocina.

Y entonces continúo con este plan estúpido.

—Tengo que irme. Blake… está mal. No puedo dejarlo solo.

—Claro. Te necesita. Atiéndelo, Ava. Yo estoy bien. Tengo las ideas bastante claras.

—Seguro que te sientes liberado después de lo que te he dicho.

—Claro. Tanto como tú. No pierdas tiempo… Blake no debería esperar.

Me acerco a él sabiendo que probablemente será la última vez.

Aproximo mis labios a los suyos.

Él me mira. Yo lo miro. Y ambos sonreímos con una tristeza que empieza a doler demasiado.

—Supongo que Blake puede esperar… —murmura con una media sonrisa.

No hay nada en el mundo que desee más que sentir sus manos sobre mí, que perderme una última vez en él y convertir esta noche en el recuerdo más bonito y más triste de todos.

Pero no puedo.

Porque si lo hago acabaré diciéndole algo que no debería decirle.

Acabaré confesándole que me he enamorado de él y que no tengo ni puta idea de cómo se sobrevive a algo así.

Y sé que él solo está intentando regalarme una despedida bonita.

Una última noche fácil. Sin complicaciones.

Mientras yo estoy a punto de romperme entera.

—No está bien, debo irme. Pero… no creas que no me habría gustado quedarme. En otro momento, quizás.

Y salgo de casa sin rumbo.

Rota.

Completamente rota.

Pero no voy a llorar.