70 Ava
Consuelo
—Hace tiempo que me había dado cuenta de que había algo más entre vosotros —me dice Blake después de que por fin le haya contado lo que me está destrozando desde ayer.
Ya no podía seguir guardándomelo.
Ha sido el día más largo de mi vida y, aunque evitar al abogado no soluciona absolutamente nada, tampoco soy capaz de tenerlo delante mientras siento que mi cabeza va a explotar.
Mi padre no me mintió.
Ayer, durante la cena, Jayce estaba raro. Callado. Ausente. Y no dejaba de devolverme las preguntas preguntándome constantemente si estaba bien o si me pasaba algo.
—No nos esforzábamos demasiado en disimular. Al fin y al cabo, somos oficialmente pareja —le explico a Blake.
—Pero no para mí, Ava.
—Te lo iba a contar, Blake, pero no puedes reprochármelo después de las últimas semanas que hemos vivido.
—Tienes razón. Bastante teníamos ya con sobrevivir a toda la mierda que salió a la superficie.
—No sé qué hago contándote todo esto cuando tú tampoco estás bien.
—Claro que tienes que contármelo, como siempre. Toda esta mierda no va a cambiarnos.
Hace una pausa y baja la mirada unos segundos.
—Está siendo muy duro, no voy a mentirte, pero al menos por fin he hablado con Richard y todo parece haber vuelto un poco a su sitio.
Lo he pasado fatal, Ava. Llegué a pensar que iba a perderlo todo.
A Richard, a su familia e incluso el trabajo.
Pero me explicó cómo se siente y entendí que estos días simplemente no quería hablar con nadie.
No me ha metido en el saco de mi padre y del abuelo como temía.
—Es que no sería justo. Richard es un hombre inteligente y, sea lo que sea lo que hicieran tu padre o el abuelo, tú no tienes nada que ver con eso. Ni siquiera conocimos a Ben y Agnes. Era cuestión de tiempo que reaccionara, pero necesitaba espacio para asumir algo tan horrible. Igual que tú y yo.
—Pero tú no has venido a hablarme de Richard —dice mirándome fijamente—. Has venido a hablarme de Jayce.
—No hay mucho más que decir, Blake. Ya sabes lo que hablé con mi padre, lo que escuché y cómo fue la cena de ayer…
—Jayce lleva mucho tiempo fuera de Boston. Es lógico que quiera volver, pero no entiendo que después de la obsesión que ha tenido con tu declaración quiera dejarlo todo a medias.
—Esa declaración ha perdido muchísima fuerza, Blake.
Pierce me lo dijo ayer. Sigue adelante y la lista de declaraciones cada vez es más larga, pero ya no gira alrededor de mí ni de la desaparición.
La teoría de que tu padre… se quitó la vida sin dejar rastro es la que más peso tiene ahora mismo.
Están buscando otra vez por la zona del río y alrededores.
—Sí, lo sé.
—Por eso él quiere volver. No sé cómo piensa solucionarlo, pero le pidió a mi padre que lo arreglara y le permitiera marcharse. Y yo…
—¿Tú qué, Ava?
No me molesto ni en secarme la lágrima que me recorre la mejilla. Lo hace Blake por mí.
—Yo… sin darme cuenta… estoy…
—Enamorada, Ava. Se llama así.
—Enamorada… —repito casi en un susurro—. Nunca me había planteado nada más allá de este lugar y jamás hemos hablado del futuro, Blake. Ni siquiera lo hemos necesitado. Pero yo… creía que esto…
—Creías que habría algo más —termina él por mí—. Que tarde o temprano dejaríais todo esto atrás y seguiríais juntos en Boston.
—Supongo que sí. Es la única forma de explicar cómo me siento ahora que sé que para él esto no es tan importante como para quedarse un poco más. Si sigue aquí será porque mi padre prácticamente va a obligarlo.
—No mezcles el trabajo con lo que siente por ti. Puede que quiera volver a Boston para recuperar su vida y simplemente esperarte allí.
—No, Blake. No pienso engañarme con eso.
—Lo siento, Ava… Empezaba a caerme bien —dice intentando hacerme sonreír, aunque solo consigue que otra lágrima termine bajando por mi cara.
—¿Qué se supone que debo hacer?
Me abraza con fuerza.
—Liberarlo, Ava. Si quiere marcharse… libéralo.